Los tres autores discuten varios mitos comunes sobre la educación a distancia. 1) Que no es tan rigurosa como la educación presencial, 2) que los maestros deben estar conectados las 24 horas y 3) que los materiales de aprendizaje son siempre efectivos. También señalan que aunque la educación a distancia promete igualdad de oportunidades, en realidad puede aumentar las desigualdades entre países ricos y pobres. Finalmente, argumentan que para que la educación a distancia sea verdaderamente democrática y beneficiosa