Una mujer llamada Deolinda Correa caminó exhausta 62 kilómetros con su hijo hasta caer muerta. Días después, unos gauchos encontraron su cuerpo aún amamantando a su hijo. La historia de su sacrificio se extendió y el lugar donde murió se convirtió en un santuario, convirtiéndola en un símbolo para el pueblo argentino.