Los ecosistemas se autorregulan a través de las interacciones entre sus componentes. La complejidad de las interacciones hace que los ecosistemas sean más estables. La intervención humana reduce esta complejidad y estabilidad al modificar los ecosistemas, lo que puede ser irreversible. Las poblaciones se regulan a través de la natalidad, mortalidad y emigración/inmigración. Las sucesiones ecológicas transforman progresivamente las comunidades hacia estados más complejos y estables conocidos como clímax.