Este documento discute el dolor como un derecho humano y un problema de salud pública. Explica que el dolor agudo sirve una función biológica de alerta, mientras que el dolor crónico persiste más allá del período de curación esperado y ya no tiene un propósito útil. También señala que el 19% de los adultos sufren dolor crónico moderado a severo y que el 40% recibe un tratamiento insuficiente o inadecuado para el dolor.