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El amor tiene caducidad
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Es posible que la información vertida aquí te resulte redundante, pero te aseguro que la
finalidad de ella es que domines el tema y lo apliques en tu vida.
El amor siempre va a ser fuente de investigación por el mundo científico.
Comprobaciones sobre su origen, los motivos de atracción o por qué se siente amor, son
algunas de las interrogantes que se han intentado dilucidar.
Ante tales cuestionamientos, Helen Fischer, quien es antropóloga de la Universidad
de Rutgers, en Nueva Jersey y especializada en los comportamientos humanos sobre el
amor, confirmó que este sentimiento efectivamente tiene fecha de caducidad, ya que
produce efectos químicos -como la feromona- que en el cuerpo no duran por siempre.
Según Fischer, existen tres etapas en el sentimiento del amor que el ser humano
experimenta; el enamoramiento, donde lo prioritario es el aspecto sexual y que es la parte
más primitiva de los ciclos; el cariño, que es cuando se tienen afectos que incluyen
hechos o situaciones más trascendentales, como tener hijos; y la separación, donde -por
recuerdos o simple temor al desapego- también se siente amor.
De acuerdo a la investigación, en la primera fase, el cerebro segrega altos niveles
de dopamina (hormona neurotransmisor producida por el sistema nervioso
central), norepinefrina (estimula funciones fisiológica del cerebro) y testosterona
(hormona sexual presente mayormente en los hombres), que son los que provocan
fuertes sensaciones.
La sobrecarga de estos tres elementos químicos no es posible que el cuerpo los aguante
por largo tiempo, por eso la intensidad del enamoramiento termina por desvanecerse y
finalmente desaparece.
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Aun así, lo más importante es que esta fase dura unos dos o tres años, o incluso
hasta cuatro, pero no pasa de este tiempo.
El sexólogo alemán Dietrich Klusmann añadió que las mujeres pierden el deseo sexual
después de cuatro años de relación, porque su fin evolutivo es tener descendencia, es
decir, lograr tener hijos. El hombre conserva el apetito sexual únicamente para mantener
la fidelidad de su pareja.

El amor tiene fecha de vencimiento

Al menos, así lo afirma un estudio italiano, que limita la duración del amor a 4 años.
Las encuestas y los psicólogos dicen que la gran crisis de pareja aparece siempre a los siete
años… si se llegan claro. Sin embargo, no todos están de acuerdo. Un estudio reciente limita el
amor a cuatro años. Si el amor es alimento para el alma, recuerde, que como los yogures,
también caduca.
Un estudio elaborado por el Instituto italiano de Estadística (Istat) ha revelado que los italianos
cada vez se casan menos.

No nos extraña, según han dicho especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM) que analizaron las implicaciones neurológicas del amor, este sentimiento dura máximo
cuatro años y se caracteriza por ser un "estado demencial temporal".
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La estadística señala que el llamado "divorcio exprés", al que las parejas españolas pueden
recurrir desde hace dos años para romper su matrimonio en tiempo récord, ha reforzado
la tendencia al alza en el número de disoluciones matrimoniales en España.
Esta conclusión se desprende de los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadísticas
(INE) español sobre nulidades, separaciones y divorcios en 2006, años en el que se produjeron
un total de 145.919 disoluciones matrimoniales, un 6,5 más que en 2005.
AMOR Y SEXO
El amor debe distinguirse del apego y del atractivo sexual, porque el enamoramiento activa
sustancias químicas en el cerebro que ocupan todas las neuronas y no se puede sino pensar en
el ser amado, afirmó en un comunicado Georgina Montemayor Flores, de la Facultad de
Medicina de la UNAM, la mayor universidad de Latinoamérica.
Montemayor, que dirige un grupo de investigación sobre el tema, explicó que cuando un individuo
se enamora "se accionan las zonas que controlan emociones, como el tálamo, la amígdala, el
hipotálamo, el hipocampo, el giro cingulado y las partes del sistema límbico".
Este estado físico químico también acaba, aseguró la especialista. "Suele durar un máximo de
cuatro años o hasta que aparece otro ser que despierta esa pasión romántica, y sólo pervive el
apego o la compañía hacia una persona", afirmó.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO
En la medida en que piensa recurrentemente en la misma persona, la condición sicológica del
enamorado puede ser comparable "con un estado obsesivo compulsivo", sostuvo.
Ello lleva a Montemayor a concluir categóricamente que "solo se puede estar enamorado de una
persona a la vez", al contrario del apego o del deseo sexual.
En sus inicios, el amor deviene en una obsesión de tales dimensiones "que las personas dejan
de ser productivas (...) de hecho las grandes obras de arte nunca se crearon cuando los autores
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estaban apasionados, sino después, en el proceso del desamor".
La especialista en anatomía precisó que las personas entran y salen de ese estado de
enamoramiento porque el cerebro no podría resistir tanto desgaste si se mantuviera así
constantemente.
LIBERAR SUSTANCIAS
"Lo asombroso es que el encéfalo se acostumbra a las sustancias liberadas, por lo que en su
caso, está a la espera de que otra persona inicie este proceso", puntualizó.
"Aunque ello no tiene sustento moral, le sucede a todos los humanos", apuntó.
Sin embargo, advirtió que el amor romántico "es tan fuerte como el impulso de ingerir alimentos o
tener sed, se puede controlar en las primeras etapas, pero una vez activado es imposible
detenerlo inmediatamente, aunque es temporal".
En cambio, desenamorarse de una persona, según la investigadora mexicana, se explica en que
el cerebro aumenta los niveles de oxitocina, la llamada hormona del apego, "incompatible con la
pasión romántica, que se convierte en el cariño familiar", dijo.
Para la experta "el amor tiene un precio. Por principio, se pierde la libertad y también se vuelve
dependiente de otra persona, por ello, se debe recordar que el desamor libera".

El amor (casi) tiene fecha de vencimiento
Y vivieron felices, y enamorados, para siempre. Esa es la versión oficial que hoy la
ciencia pone en duda: el enamoramiento dura hasta los dos años. Pero no todo es tan
malo, a los 20 años retorna.

Ampliar
6

EN LA novela que se escribe a partir de la segunda parte de Piratas del Caribe, El Cofre
del Hombre muerto, Elizabeth Swann le pregunta al capitán Jack Sparrow sobre el
matrimonio. En la mira y responde irónico: “¡Me encanta! Es como una apuesta para ver
quién se desenamora primero”. Lo interesante es que, por muy de piratas que sea, la
frase es respaldada por la ciencia, la que en recientes estudios se ha preocupado de
aclarar que el enamoramiento tiene fecha de vencimiento. Con el tiempo se va
desvaneciendo, pierde fuerza y se termina transformando en algo parecido al cariño de
hermanos.
Así mostró un estudio, divulgado en New York Times por la sicóloga de la U. de California,
Sonja Lyubomirsky. La investigación, que duró 15 años y se hizo sobre más de 1.700
matrimonios europeos y estadounidenses, demostró que en promedio el enamoramiento
dura hasta los primeros dos años de relación.
La teoría de los dos años, en tanto, fue explicada por un estudio de la U. de Pisa (Italia),
que mostró que las personas en una nueva relación, y atravesando por la fase del amor
apasionado, muestran altos niveles de neurotrofinas (proteínas cruciales en la
supervivencia y crecimiento de las neuronas) en la sangre. En cambio, en quienes
superan la barrera de dos años, manda la oxitocina. Donatella Marazziti, directora del
Laboratorio de sicofarmacología de la U. de Pisa (Italia), quien dirigió la investigación, dijo
que “si los amantes juran que sus sentimientos serán eternos, las hormonas cuentan otra
historia”.
Y esto se ve a nivel local. Según datos del Departamento de siquiatría de la U. de Chile,
en nuestro país entre el 25% y 30% de las parejas no logra superar la crisis de los dos
años.
De acuerdo a Lyubomirsky, esto ocurre porque el nuevo amor es… como todo lo nuevo.
Igual que un nuevo auto, trabajo o casa, es atractivo hasta que pierde la novedad y se
vuelve rutina. Aunque el estudio tiene un lado positivo: después de 20 años juntos,
cuando los hijos ya se han ido, las parejas recuperan los índices de enamoramiento del
primer año de matrimonio.
La responsable de ese regreso a los inicios es lo que la sicología llama adaptación
hedónica, la capacidad del hombre para adaptarse a una nueva situación, buena o mala,
volviendo a los niveles de satisfacción de la situación anterior. Esto pasa porque “en vez
de la tormenta neuroquímica que provocan las características típicas de estar enamorado
(con los años) casi todo vuelve a la normalidad. Y si la relación continúa se produce una
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fuerte síntesis de oxitocina, que se puede considerar una especie de adhesivo para
mantener las parejas juntas”, dice a Tendencias Marazziti.
Pero no es sólo el enamoramiento el que decae con el tiempo. También lo hace la
atracción sexual.
En la novela El largo adiós, el detective Philip Marlowe es invitado al bar Víctor por su
cliente Terry Lennox. Ahí pide una ronda de gimlet para después teorizar: “El alcohol es
como el amor, el primer beso es mágico, el segundo es íntimo, el tercero es rutina”. La
frase del personaje de Raymond Chandler no deja de ser cierta. Estudios de las
universidades de Melbourne (Australia) y Stony Brook (Estados Unidos) han demostrado
que tanto hombres como mujeres pierden el impulso sexual después de haber visto varias
veces las mismas imágenes eróticas y participado de las mismas fantasías sexuales.
Evolución pura
“¿Sabías que la institución del matrimonio fue creada cuando las personas vivían en
promedio hasta los 30 años”, pregunta Kim a Michael en El último beso, adaptación
americana de la película italiana L’ultimo bacio, relativizando el sentido del “para toda la
vida” en la sociedad moderna. Y quizás no está tan equivocada. En su artículo,
Lyubomirsky explica que el desvanecimiento del enamoramiento con los años no es un
viraje antojadizo, sino que las personas están biológicamente diseñadas para desear
variedad. Al igual que con las drogas, cuando enfrentamos diversidad y novedad el
neurotransmisor dopamina activa el sistema de recompensa en nuestro cerebro,
entregando placer.
Aunque eso no es todo. Los biólogos evolutivos creen que la variedad sexual es
adaptativa y evolucionó para evitar la endogamia y el incesto en nuestros antepasados.
La función es sencilla: cuando una pareja llega a ser tan familiar como hermanos dejan de
sentirse sexualmente atraídos. En un fenómeno que se da con mayor frecuencia y más
rápidamente en mujeres.
Un estudio de la U. de Guelph (Canadá) pidió a 170 hombres y mujeres que llevaran de
un mes hasta nueve años juntos, que informaran sobre los niveles de satisfacción con su
relación y el deseo sexual. Ellos se reportaron generalmente satisfechos con ambos
aspectos, pero para ellas los niveles de deseo fueron menores. “Específicamente, por
cada mes adicional que las mujeres se encontraban en una relación con su pareja, su
deseo sexual había disminuido”, dice el estudio presentado en el Journal of Sex & Marital
Therapy.
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Así, en ellas el tiempo en pareja era el mejor predictor del deseo sexual, en ellos se
mantenía. Esto también tiene una razón evolutiva: mientras el deseo sexual masculino
debe perdurar para producir muchos hijos, el de la mujer, por el contrario, disminuye en la
medida en que éstos llegan y se aboca a la crianza.
20 años no es nada
Pero, como está dicho al comienzo, si se logra superar los 18 a 20 años de relación -plazo
que establecen como simultáneo a que los hijos se vayan de la casa-, la recompensa es
grande: estudios han mostrado que ese es el período en que la felicidad marital alcanza
los puntos más altos. Así reveló una investigación dirigida por Bianca Acevedo, sicóloga
de la U. de California, quien a través de una encuesta telefónica, recolectó datos de 274
hombres y mujeres en relaciones estables, midiendo sus escalas de felicidad conyugal y
amor apasionado. Sorpresivamente, halló que cerca del 40% continuaban registrando
altos índices de enamoramiento y el otro 60% no eran necesariamente infelices,
alcanzando varios altos niveles de satisfacción en la relación.
De este grupo, 17 hombres y mujeres aceptaron someterse a análisis de escáneres
cerebrales. A los voluntarios, que tenían en promedio 21 años de relación estable, se les
pidió que vieran una foto de su pareja y, para comparar, otra de dos amigos cercanos.
“Los resultados mostraron (que al ver la fotografía de la pareja se producía) una
activación del sistema de recompensa, similar a la observada en individuos en estado
temprano de amor romántico, así como en estudios de adicción. Además, los amantes a
largo plazo también mostraron una activación en áreas que muestran lazos entre los
padres”, dice a Tendencias Acevedo. Es decir, los matrimonios con más de 20 años
tienen lo mejor de las dos etapas: el vértigo del enamoramiento y el apego de la
estabilidad.
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¿Cuánto dura el amor?
Los matrimonios de hoy duran una media de 15 años

Dos de cada cinco matrimonios acaban en divorcio. Las razones, según un estudio
estadounidense, son la falta de comunicación (6,7%) y la infelicidad (59,9%).
Después de estudiar muchas culturas y tribus, la antropóloga Helen encontró dos
patrones que se repetían: las mujeres tenían hijos cada cuatro años, justo el tiempo
de caducidad media del matrimonio. ¿Casualidad? Desde luego que no. La
antropóloga concluye que en las parejas se suele repetir el siguiente ciclo: una etapa
inicial de enamoramiento en el que lo prioritario es el contacto sexual; otra, a la que
denomina del cariño, en la que la crianza de un hijo es el objetivo; y una última que
termina con la separación. Algo a lo que las neurociencias han dado una explicación
científica: al principio de una relación de pareja se producen sensaciones con un altísimo
nivel de intensidad fruto de los altos niveles de dopamina, testosterona y norepinefrina
que segrega nuestro cerebro y que nos hacen sentir eufóricos, hiperactivos y provoca
pérdida de apetito. También se han registrado bajos niveles de serotonina, que es la
responsable de la obsesión por el objeto de nuestro amor. Pero biológicamente, nuestro
organismo no puede soportar esta situación durante mucho tiempo, por lo que provoca el
descenso de esa sobrecarga química. Se estima que el período en el que vivimos esas
sensaciones tan intensas que identificamos con el amor dura unos dos o tres años,
con un máximo de cuatro.
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De hecho, según una investigación realizada por el sexólogo Dietrich Klusmann, las
mujeres pierden el deseo sexual precisamente tras cuatro años de relación,
mientras que los hombres lo mantienen intacto. ¿Su explicación? Puramente
evolutiva: el fin de la mujer es sellar el vínculo con su pareja, mientras que el del hombre
es que su pareja le sea fiel.
También parece que el NGF, o factor de crecimiento nervioso, presenta niveles muy
altos cuando nos enamoramos de una persona nueva, y vuelve a sus niveles
primigenios al cabo de un año. Entonces es cuando las parejas monógamas desarrollan
cierta tolerancia mutua, se pierde la euforia romántica y nos resulta más difícil activar
los centros neuronales de nuestra pareja.

¿El amor tiene fecha de caducidad en la pareja?
La evolución vs la determinación
¿Cuándo se acaban las maripositas en el estómago, el aceleramiento del corazón, las
ansias locas por estar todo el tiempo con ese ser tan amado?

Según la psicología evolutiva, para poder sobrevivir como especie, los humanos
desarrollamos la capacidad de permanecer juntos como pareja, al menos
el tiempo necesario como para criar a un hijo (período de gestación y lactancia), por su
parte en el área de la antropología helen Fisher, después de estudiar muchas culturas y
tribus, encontró dos tendencias que se repetían: se tenían hijos cada cuatro años y la
mayor probabilidad de divorcio se producía a los cuatro años del matrimonio la
antropóloga concluye entonces que, en la pareja, se tiende a producir un ciclo consistente
en una etapa inicial de enamoramiento con exclusividad sexual relajada, pasando por una
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fase de crianza de un hijo y culminando en la separación, como dicha secuencia se solía
dar durante la vida fértil con una periodicidad de aproximadamente cuatro años, denominó
a su teoría como el “ciclo reproductor de 4 años”.

Recientemente las neurociencias han aportado una explicación científica al fenómeno
anterior.
Al inicio de una relación de pareja se suscitan sensaciones de tan alto nivel de intensidad
- como resultado de la activación de ciertos circuitos cerebrales y de la acción de
determinadas sustancias bioquímicas – que se habla de la presencia de una suerte de
“borrachera de amor” confundible, incluso, con una psicosis en la que se mezclarían
síntomas de manía, demencia, obsesión y extraños comportamientos, “ad doc” con la
frase ”locura temporal de amor”, en- enamorados( en-in- dentro) del estado de amar, en el
amor, pero biológicamente, nuestro organismo simplemente no puede soportarlas en
forma continuada y permanente, so pena de correr riesgos de locura, agotamiento físico y
de quedar exhaustos sin energía para otras actividades, por lo que esa urgente atracción
bioquímica inevitablemente va a decaer con el transcurso del tiempo
12

.
aunque nuestro cerebro sea un órgano muy flexible, la bioquímica y la neurofisiología no
permiten variaciones demasiado marcadas de un individuo a otro, por lo que se
presuponen determinados lapsos de tiempo y el organismo no puede alargar mucho el
plazo durante el cual se secretan en abundancia las hormonas asociadas a la etapa del
enamoramiento romántico e, indefectiblemente, toda la locura de la pasión se va
desvaneciendo gradualmente se estima que el período en el que se “vivencian” –se
sufren o se disfrutan- tan marcadamente esas sensaciones que normalmente
identificamos con el amor (con mayúscula) dura, en general, un promedio de solamente
dos o tres años, con un máximo de los “famosos” cuatro años, lo cual estaría determinado
orgánicamente y tendría un sentido evolucionista en este sentido se ha descubierto que
la molécula proteínica conocida como (ngf) presenta niveles elevados cuando nos
enamoramos de una nueva persona, pero vuelve a sus niveles previos al cabo de un año;
por lo tanto, esa tan alta intensidad física y emocional, sólo sucede una vez en los inicios
de una relación de pareja, por supuesto que se seguirán produciendo momentos de
placer y alegría – ambas definidas necesariamente como emociones pasajeras - pero
serán menos frecuentes y menos abundantes en términos biológicos lo que sucede, en
el fondo, es que cuando una pareja se estabiliza en el tiempo, va desarrollando una suerte
de acostumbramiento a la presencia del otro. Aunque la unión sea muy satisfactoria, se
13

irá generando una tolerancia similar a la que experimentan los drogadictos, haciéndonos
resistentes a los estímulos repetidos; es decir, si la relación se ha vuelto rutinaria se
debe a que nuestro cerebro está menos sensible a su “propia” hormona de amor preferida
(para que se secrete dopamina se requiere de la novedad) por tanto cuando las parejas
monógamas desarrollan dicha tolerancia mutua y se pierde la euforia romántica, no
significa que nos hayamos equivocado de persona ni que la relación sea aburrida, sino
que nuestros cerebros plásticos se han adaptado tan bien el uno al otro que nos resulta
mucho más difícil estimular los centros del placer, para lo cual ayuda el realizar juntos
nuevas actividades) claro… para añadir novedad a la relación y producir dopamina…

No obstante, esto no significa que sea imposible mantener un tipo de amor
con componentes pasionales y románticos, eventualmente, durante toda la vida pues
veamos con detenimiento esto… si existen elementos de enojo, mala comunicación
efectiva, resentimientos, mala cama, pocos deseos sexuales, etc.
14

Es sumamente importante ir a terapia de pareja e individualcon el fin de reconocer y
cerrar círculos de dolor y prácticas de mala comunicación verbal y sexual, es importante
sanar y reforzar el deseo de innovar de hacer cosas juntos para crear la ansiada “novedad
generadora de dopamina” enfrentar en que se han permitido ser aburridos, pausados y
abandonados en su relación en efecto, los trabajos con terapia de pareja cíclicamente
monitorizados en múltiples espacios de diversos sitios desde gran Bretaña, Alemania,
España, chile, EU . con resonancia magnética se ha demostrado que se puede lograr que
el sistema de recompensa del cerebro continúe activándose y que sigan apareciendo
algunas de las manifestaciones típicas de los comienzos, ante la novedad después o en
el proceso de tener terapia de pareja en dichos estudios se compara el funcionamiento
neuronal, al mostrarles la foto del ser amado, de matrimonios casados hace décadas con
parejas que llevan menos de dos años juntos, en el primer caso se pudo observar que no solamente habían desarrollado las zonas del cerebro coligadas al apego, calma y
supresión del dolor - sino que también presentaban actividad en aquellas regiones
asociadas al amor romántico, las que no eran las mismas que se activan en la
atracción sexual (aunque algunas sean comunes en ambos), sino que eran áreas
específicas del enamoramiento
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Cuando las personas enfrentan un proceso de terapia pueden darse cuenta, de lo que es
su realidad y deciden suprimir defectos desde el consciente para el colectivo de la pareja
y entienden lo que sí tienen en ésta mientras que aquellos casos que aún no habían
llegado a los dos años de relación, fuera de las zonas ligadas al romanticismo,
presentaban también mayor actividad en las relacionadas con la obsesión y la ansiedad
puede acentuarse por la mala comunicación y malos hábitos de interrelación, baja
inteligencia sexual e incluso emocional en conclusión, el mantenimiento de la pasión
durante décadas parece ser minoritario pero no inasequible, no se trata de un asunto
poco común o inalcanzable, sino que es realizable requiere compromiso y acciónes así
como la pasión rutilante va cediendo espacio a otras manifestaciones de convivencia
tales como el afecto, ternura, apego, pertenencia, seguridad, compañerismo y
aceptaciónello no supone la desaparición del amor, sino que comienza una nueva fase
de la relación, más consolidada y más responsable se trata de un amor más sereno y
calmado, donde la comunicación es más fluida, de mayor complicidad. poniendo atención
a su cuidado y el sanar todo lo que la afecte.
Los circuitos cerebrales asociados a la adhesión, a la conservación y al compromiso a
largo plazo se vuelven más dinámicosdichos circuitos se activan con la mayor afluencia
de oxitocina y vasopresina, facilitada por ciertas experiencias gratificantes tales como
caricias y el contacto físico en general.
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Al inicio venían en grandes cantidades derivadas de cada orgasmo. estas dos neuro
hormonas, a su vez, aumentarán los niveles de dopamina y toda esta combinación actúa
como una poderosa base química que mantiene unida a la pareja en una forma
cualitativamente satisfactoria para poder arribar a esta nueva fase, debe existir la
disposición a estar abierto a estas nuevas transformaciones y rutas neuronales; a no
quedarse aferrado tratando de mantener a pulso – artificialmente - las sensaciones de la
época anterior y saber que tampoco se trata de resignarse a que ya no se van a suscitar
ninguna de las sensaciones de antes.
El amor sexual maduro, término acuñado por kernberg, se refiere a la capacidad de darse
el tiempo necesario para poder pasar a esta nueva etapa y así poder llegar a construir
relaciones personales de calidad, “auténticas, comprometidas, que integren todos los
elementos importantes de la vida personal: las pasiones, los instintos, el deseo
sexual, en una relación simétrica, respetuosa, en libertad y profunda”
(capponi)caminar unidos en el deseo de permanencia, de complicidad de innovar en lo
posible juntos y mantener creativo el sentido del humor.
Reflexionar en que la fecha de caducidad es cuestión de cuidado y de trabajo personal en
una empresa que es de dos. La bioquímica y el amor, pueden con intención hacer de la
relación de pareja un asunto de toda la vida.
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Nada funciona si no existe "Recompensa"

He querido rescatar un concepto aparecido del especialista en neuromarketing Christian
Scheier de la Consultora DECODE. Este especialista señala que se sigue haciendo
hincapié en las emociones, pensándose que a través de ellas se pueden generar
intenciones e compra. Pero en opinión de Scheier, las emociones están actualmente
sobrevaloradas en publicidad. Los directivos de marketing tienen que preguntarse más
bien si su marca apela al sistema de recompensas del cerebro. .
Es en ese preciso momento de la lectura que he quedado enganchado en el concepto que
propone Scheier, que si bien es cierto, es un concepto antiguo de marketing, basado en
el hedonismo, y que señala que las personas en cualquier acto buscan sensaciones
gratificantes. Esto a veces es un poco complejo explicarlo ya que se tienden a confundir
conceptos, de allí mi valoración a la proposición de Scheier. Según el especialista, cuando
una persona no compra una marca, no es porque no entienda su mensaje o porque no
crea en él, sino porque el significado de la marca no le ofrece suficientes recompensas.
Todo consumidor sabe de forma implícita qué significa una marca, según Scheier, pero su
recompensa no basta para todo el mundo. Las personas clasifican las marcas en función
de su valor de recompensa. El cerebro no deja de preguntar "¿Cuál es la recompensa?”.
Según el neurólogo Manfred Spitzer, la secuencia es la siguiente: "Las personas se
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motivan cuando consideran que algo es bueno, y lo consideran bueno porque reciben o
recibirán una recompensa".

Un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge estudió qué ocurre en el
cerebro cuando se mira la carta de platos de un restaurante: la amígdala, el centro
emocional, está totalmente activada. Ella es la responsable de responder a la pregunta de
si un plato es bueno o no, cuando en la carta todos los platos suenan bien. Sin embargo,
el sistema de recompensas (la corteza orbito-frontal), no se pronuncia hasta el momento
en que hay que decidirse por un plato.
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Si no hay recompensa, no hay acción, afirma Scheier. Y esto demuestra en su opinión
qué poco tiene que ver el ser humano con un ser movido por el instinto y las emociones.
Entre la emoción y la acción se interpone el sistema de recompensas, precisamente la
región del cerebro que se activa cuando se está frente a la marca favorita. Así, el valor de
recompensa de la marca resulta decisivo.
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El amor
El impulso de unión con otros organismos, precursor del
amor, con más de tres mil millones de años, permitió
superar el mundo de la clonación para acceder al de la
individualidad y diversidad, pero supuso aceptar la finitud
y la muerte. La mayor diversidad genética, propia de la
reproducción sexual, ha facilitado la adaptación de los
organismos complejos a entornos extremadamente
cambiantes.
El nivel de felicidad aumenta a
partir de una edad avanzada…

El amor se encuentra en el cerebro al ser el recurso
fundamental para sobrevivir, aunque de una forma
diferente según el género. En los hombres, el es dos veces
y media superior que en las mujeres, mientras que en
éstas, son más numerosos los circuitos cerebrales
activados con el oído y las emociones.

Evolutivamente, los hombres manejan el espacio y resuelven sistemas inanimados con
mejor soltura que las mujeres, más especializadas en la percepción de los
sentimientos. La empatía, o capacidad de reconocer y responder los pensamientos y
emociones de otras personas, permite reconocer las necesidades de los bebés con
mayor facilidad, aumentando la probabilidad de supervivencia. A su vez, las hembras
cuentan con un grosor mayor del cuerpo calloso (región cerebral que separa ambos
hemisferios), lo que les proporcionan una mayor versatilidad y posibilidad de atender
con más soltura a varios asuntos a la vez.
El Cortejo
Nos fascina que nos entretengan y nos arranquen de la soledad. Ante un estímulo
externo positivo, el cerebro activa una sensación de bienestar, pero para que esta
sensación se transforme en un sentimiento de amor o una emoción de felicidad hace
falta que el pensamiento se ponga a husmear en la memoria, en busca de datos o
recuerdos similares. Así, los nueve meses del embarazo y los dos primeros años de
vida constituyen los cimientos del amor, al construirse un mapa mental con
asociaciones, experiencias y hechos fortuitos y porque antes se es incapaz de poseer
recuerdos. De esta forma se modula el cerebro social y se establecen los recursos
emocionales de una persona.
Para elegir a un organismo en particular en lugar de otro, intervienen factores como la
simetría y la compatibilidad entre los sistemas inmunológicos de la pareja a través de
las feromonas. En los humanos, el órgano vomeronasal, encargado de detectar las
señales de las feromonas, está atrofiado, aunque es el responsable, entre otros, de la
sincronización del ciclo menstrual en las mujeres. También se ha sugerido, que
tendemos a enamorarnos de personas con tipos de personalidad conformados por un
perfil químico complementario al nuestro.
21

Está demostrado que los hombre más simétricos tienen más
parejas sexuales que los hombres con más fluctuaciones
asimétricas. Esta simetría masculina facilita el orgasmo
femenino, responsable de una mayor succión de esperma
cuando se produce haciendo el amor. También se ha detectado
la preferencia de los bebés por determinados rostros,
eliminándose así los condicionamientos culturales que pudieran
aducirse. La seducción es un fenómeno cultural e indistinto del
género, que se ejerce en aras de agradar al otro.
El ser humano es curioso por naturaleza, por lo que la
ostentación, tanto como su inversa, obligan a ejercicios
mentales cada vez más complejos, con los que intuir lo que
piensan los demás de nosotros. El lenguaje no verbal equivale
a más del 60% del contenido reflejado en la conversación.
Cuando dos rostros pretenden expresarse, la mirada absorbe
un 70% del esfuerzo. Así, en el amor, es imposible enamorarse
sin mirar fijamente a los ojos.

La creciente mezcla de
poblaciones y culturas
redundará en un planeta más
sano y bello…

El Enamoramiento
El casi centenar de neurotransmisores o neuropéptidos del cuerpo humano son los
responsables de los flujos. Durante el embarazo son responsables de las diferencias
relativas a la orientación sexual y a la conducta que tendrá el feto de adulto. Cuando
encontramos a la persona deseada, el hipotálamo, a través del sistema nervioso,
ordena a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de
adrenalina y noradrenalina, provocando el aumento del latido cardiaco y presión
arterial, se incrementa la liberación de grasas y azúcares para aumentar la capacidad
muscular, se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por
la corriente sanguínea, etc.
La mayor parte de las regiones del cerebro humano que contienen receptores de las
hormonas vasopresina y oxitocina se activan tanto en el enamoramiento como en el
amor maternal por la producción de feniletilamina, un compuesto de la familia de las
anfetaminas. Los niveles de oxitocina se disparan en los enamorados y tanto los
hombres como las mujeres la segregan al copular. Esta hormona juega un papel
fundamental en la conducta sexual, al sustentar la fidelidad y la creación de vínculos
afectivos en la pareja. Está presente en todas sus fases: en el enamoramiento, en el
posparto y en la lactancia. De hecho, la leche contiene niveles altos de oxitocina y
prolactina, que facilitan el vínculo entre la madre y el recién nacido
El enamoramiento es un paso indispensable para que florezca el amor pero son
distintas y sólo pueden consumarse si a la primera fase le sigue la segunda. El amor
romántico y el parental coinciden en lo que concierne al sistema nervioso con el fin
evolutivo de perpetuar la especie. El amor se apoya en dos cimientos que también
conforman las enfermedades psicológicas: los recuerdos inconscientes y los
mecanismos de defensa. Así, enamorarse depende en gran medida de nuestras
experiencias y de aprendizajes pasados, y por ende de la memoria. La experiencia
amorosa más reciente debe superar siempre el umbral alcanzado por los anteriores.
Las regiones ricas en oxitocina y vasopresina, las hormonas del amor, se superponen
22
con fuerza sobre aquellas ricas en dopamina, el neurotransmisor tradicionalmente
asociado con el circuito de recompensa del cerebro. Así, se asociará a la pareja con
una sensación satisfactoria de recompensa.

El orgasmo femenino requiere de una
inhibición casi total de las
preocupaciones...

La serotonina, por el contario, encabeza la lista de las
sustancias que modelan el desamor. La ausencia de
este neurotransmisor, que tiene un efecto sedante
sobre el cerebro, está relacionado con la agresividad, la
depresión y la ansiedad. Las personas que presentan
un trastorno obsesivo compulsivo, caracterizados por
niveles bajos de serotonina, son conscientes de que sus
obsesiones son algo irracionales, similares a los de las
personas enamoradas. Éstas, a su vez, presentan
índices de cortisol elevados, reflejando así el estrés que
producen los estímulos asociados a los inicios de una
relación sentimental y que es necesario para iniciar una
relación.

La testosterona en el caso del amor se comporta de manera de forma diferente según
los géneros. En el hombre enamorado disminuye mientras que en las mujeres
aumenta. La dopamina es fundamental en la biología del amor, en lo que se refiere a
los mecanismos de señalización y placer, jugando un papel determinante en la elección
de pareja.
La Relación de Pareja
La intensidad de la atracción sexual no es la misma entre varones y hembras. El
orgasmo de la mujer requiere de una inhibición casi total de su cerebro emocional, es
decir, precisa de la desconexión de ciertas emociones como el miedo o la ansiedad. En
el varón, predominan las sensaciones de placer físico vinculadas a la excitación por
encima de las circunstancias reinantes. Esto es así porque el varón compite con otros
de su misma especie para merecer los favores de la hembra. Sin embargo, la hembra
pone un especial cuidado en la elección del hombre con el que se empareja.
Mientras que la mujer necesita para engendrar un hijo la energía equivalente a correr
una maratón, el macho sólo emplea la energía requerida para calentar una taza de
agua.
Fisiológicamente, las hembras y los machos aportan de diferente grado en la inversión
parental. Las primeras pueden producir un hijo o dos al año, empleando un óvulo de
sus cuatrocientos, mientras que el hombre podría fecundar miles de hijos al año (tres
mil espermatozoides por segundo).
Los rasgos exageradamente masculinos resultan menos
atractivos que los exageradamente femeninos ya que
se han asignado a estos últimos atributos como
honestidad, maternidad, altruismo, etc. Aún así,
durante la fase de fertilidad del ciclo menstrual, las
mujeres cambian sus preferencias a favor de rasgos
marcadamente masculinos.
Los bebes humanos requieren de los cuidados de sus

Un estímulo negativo equivale a cinco
23

padres debido a su indefensión, al nacer un año antes
de tiempo. Al erguirse sobre los primeros homínidos,
pero disminuyó, justo cuando aumentaba el del
encéfalo craneal, por lo que fue necesaria esta
estrategia para sobrevivir.

estímulos positivos…

Criar niños y prepararlos para que se puedan valer por sí solos es una tarea que
supera con creces la capacidad de una sola persona. Además, como consecuencia de
que nuestros antepasados homínidos se irguiesen, para mejorar su rendimiento
energético, el tamaño de su pelvis disminuyó a la vez que aumentaba el del encéfalo
craneal, haciendo necesario que los bebés humanos naciesen un año antes de tiempo.
Así, para la perpetuación de la prole se requiere un vínculo emocional como el amor,
que se encarga de eliminar el pensamiento consciente del macho para permanecer con
sólo una hembra.
Así, la selección natural también ha primado a los genes de los varones que también
invertían en sus hijos, al mantenerse en la descendencia. De ahí que los hombres
también sean selectivos y celosos, por el miedo de que su inversión sirva para
alimentar los hijos de los demás. De esta forma es como surgieron las relaciones de
pareja. Dado que este comportamiento se encuentra totalmente establecido, se cree
que podría deberse a la acción de un gen, que sería el responsable del vínculo de
fidelidad en la pareja. Entre las personas que se consideran a sí mismas buenos
compañeros estables, valoran gradualmente la fidelidad, el atractivo físico, el
compromiso para formar una familia, la riqueza y el estatus social.
La información canalizada a través del tacto y, por tanto, del contacto físico es
primordial. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días
de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, viven unos cinco años
más Y ganan de un 20% a un 30% más. Una cuarta parte de los niños que no han sido
acariciados a menudo tiene un comportamiento más inestable que el resto en la
pubertad.
Está comprobado que un estímulo negativo equivale a cinco estímulos positivos,
además de que un niño que convive con expectativas negativas y estresantes se
amolda fácilmente a los que se espera de él. También es sabido que la ausencia física
durante mucho tiempo mata el amor. Si todos los estímulos se agolpan
conjuntamente, la sensación será intensa. Si se espacian en el tiempo, la sensación
será débil.
24

Psiconeurobiologia de la atracción y el amor
Autor: Dr. Pablo R Cólica -Médico- Julio 2009 – Asociación de Medicina del Estrés de
Córdoba (AMEC).
El siguiente artículo ha sido redactado tomando como base y en
parte reproduciendo conceptos y párrafos contenidos en la bibliografía mencionada al final
del ltexto.
El amor y el estrés están muy ligados. El ser humano debió adaptarse al amor en la
pareja, a partir de un comportamiento instintivo primario, que era puramente reproductivo.
Aún hoy le cuesta esta adaptación, costos que en muchos casos se acumula como
carga alostática (La alostasis puede definirse como la habilidad de adaptarse
exitosamente a los cambios) y sobrepasa los beneficios del estrés sano, puramente
adaptativo. El amor como toda emoción, en realidad, no es en si mismo ni bueno ni malo:
depende de su magnitud. En su justa medida es seguramente una de las emociones más
sublimes; pero en exceso o defecto, seguramente se irá convirtiendo en un calvario, para
quien lo sufre y para quien lo recibe.
En la práctica clínica, es una de las causas más comunes de estrés psicoemocional.
Veamos ahora, algunas modificaciones tangibles que provocan en nuestro organismo
“mente-cuerpo” esa indescifrable emoción o impulso. He encontrado muy interesantes dos
trabajos que reproduciré: uno de la Dra. Donatella Marazziti y otro de la Antropóloga
Helen Fisher.
En la revista New Scientist N° 2446, se publican los resultados de la investigación de
Donatella Marazziti (Universidad de Pisa) www.donatellamarazziti.com, donde se
observa que en los recién enamorados se reducen las diferencias hormonales entre
sexos, el nivel de testosterona disminuye fuertemente en el hombre enamorado, mientras
que el de esta misma hormona crece en su compañera. Es decir que en la fase turbulenta
25
del enamoramiento reciente los hombres se hacen menos masculinos y las mujeres se
parecen más a ellos.
Este sería un cambio natural que tiende a eliminar las diferencias entre hombres y
mujeres, para, de este modo, hacer más fácil y profundo el encuentro. “Es como si la
naturaleza quisiera eliminar lo que pueda ser diferente entre el hombre y la mujer, porque
lo más importante es sobrevivir y formar pareja en esa etapa” dice Marazziti.

También se demostró que durante los seis primeros meses de relación de pareja, el nivel
de cortisol, había aumentado de forma notable, tanto en hombres como en mujeres.
Todos sabemos que el enamoramiento provoca estrés; sobre todo la primera vez que
enfrentamos esta emoción esperada pero desconocida. También provoca estrés el no
enamorarse nunca y mucho peor el no ser correspondido.
En 1999 Marazziti ya había constatado que en los enamorados caen los niveles
de serotonina (un neurotransmisor con efecto calmante) muy por debajo de lo normal,
dando base científica a la “locura del amor”. De hecho, este bajo nivel de serotonina
también se da en personas con desorden obsesivo-compulsivo. Por eso se dice que la
etapa del enamoramiento se vive como un trastorno obsesivo-compulsivo.
26
Unos y otros pierden la cabeza, aunque por causas muy diferentes. Lo cierto es que con
buenas bases biológicas todo esto ha dado lugar a que se diga que el enamoramiento es
una “locura temporal” y que produce diversos grados de estrés.
Más adelante veremos que el inicio de estos procesos, es consecuencia de fenómenos
aparentemente ligados al instinto evolutivo puesto que no sería muy diferente a la
secuencia de otras especies. Los receptores olfativos del ser humano reciben diferentes
feromonas (lo mismo que en otras especies e incluso las plantas) que traen el aroma de
la persona adecuada, lo que comienza a inquietarnos en un proceso que no registramos
racionalmente pero que nos lleva a buscar el origen de la perturbación. Así los ojos
chocan con la persona indicada y podemos quedar fascinados por alguien en fracciones
de segundos, incluso antes de tomar plena conciencia de su existencia.
Inmediatamente se produce una sustancia en el SNC que actuaría como indicadora, la
feniletilamina (FEA) de un proceso neuroquímico que puede dividirse en dos fases
sucesivas: atracción y enamoramiento. La FEA es una sustancia derivada del aminoácido
fenilalanina y se la considera un neuromodulador catecolaminérgico que desencadena el
mecanismo simpático. Su estructura química es muy similar a la alfa-metil-anfetamina y
es inactivado por una enzima MAO-B. Justamente con ello se activa el mecanismo
simpático del estrés con producción de adrenalina y NA. La FEA desencadenará la
secreción de dopamina en el SNC que activa el circuito de la recompensa y se alterarán
los niveles de serotonina, dando paso al enamoramiento. Ya vimos como estos procesos
ocurren en consonancia con alteraciones hormonales.
Pero el relámpago amoroso pasa pronto, una vez pasada esa primera fase intensa, donde
las diferencias entre los sexos disminuyen considerablemente, todo tiende a volver a su
cauce natural. Así, en los estudios realizados al cabo de un año, Marazziti comprobó que
todos los niveles hormonales se habían normalizado.
Entre tanto, seguramente la testosterona aumentará cuando se deja paso a la pasión. En
muchos casos la respuesta pasional se produce antes del enamoramiento y en otros
después.
¿Qué mecanismos cerebrales se activan cuando estamos enamorados? ¿Son iguales en
ambos sexos? ¿Por qué seguimos amando a pesar de haber sido rechazados?
La antropóloga Helen Fisher, profesora del Departamento de Investigación de la Rutgers
University de New Jersey –EEUU-, identifica en el cerebro humano tres aspectos del
amor:
a) Lujuria; b) Enamoramiento y c) Unión o apego.
La lujuria – deseo sexual- es producto de la testosterona.
El enamoramiento, se atribuye a la dopamina, que es el neurotransmisor de la búsqueda
de la recompensa y los cambios en los niveles de serotonina.
27
La unión o apego –más permanente- llega cuando el amor se consolida, el vínculo y la
atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura y tienen que ver
con la oxitocina.
Pudiendo agregar la certeza de la felicidad a la vasopresina.
Según esta teoría de Helen Fisher, existen tres sistemas cerebrales relacionados con el
amor que interactúan entre sí:
·
·
·

El impulso sexual.
El amor romántico.
El cariño o apego tras una larga relación.

A partir de esta premisa, realizó una investigación con un grupo de 32 personas que
declaraban estar enamoradas a las que se les hizo escaneo cerebral por resonancia
magnética para ver que activaciones se producían en el cerebro; 17 de ellas decían ser
correspondidas y 15 habían sido rechazadas. Entre las que estaban enamoradas y eran
correspondidas hallaron actividad en la zona tegmental ventral del cerebro, que
produce dopamina, y en el núcleo caudado. Ambas zonas forman parte del sistema
básico de búsqueda de placer y recompensa, que se asocia con la motivación por
conseguir determinados objetivos.

El área de la zona tegmental ventral en la que encontraron actividad es la misma que se
activa cuando la persona experimenta con la cocaína. Esto indicaría que “el amor
romántico no es una emoción, sino que es un impulso, una necesidad fisiológica del ser
humano”, y por tanto, buscada a lo largo de la vida. [del transcriptor: ¿ O las emociones
tienen una expresión fisiológica? Desde la bioenergética y su visión holística nos hace
pensar que las complejas funcionalidades humanas conforman un todo funcional y quizá
no haya una cosa excluyendo otra sino siendo ambas a la vez. La Dra. Ann Brennam
habla de realidad holográfica en su libro “Manos que Curan” ].
Entre las 15 personas que habían sido rechazadas encontraron actividad cerebral en
otras áreas del mismo sistema de recompensa:
·
·
·

En parte del núcleo acumbens, que se relaciona con las conductas aditivas
(como al juego, tabaco, comidas, etc.).
En la corteza insular, que se asocia con las percepciones del dolor físico, y
En la corteza orbito-frontal lateral, relacionada con los pensamientos obsesivos
cuando baja la serotonina.
28
Esto explicaría porque algunas personas siguen enamoradas a pesar de haber sido
rechazadas ya que estas áreas siguen perteneciendo al sistema de búsqueda del placer,
que en estos casos se seguiría buscando. A pesar de no recibir lo que uno quiere, la
dopamina sigue activando esas zonas. De esta manera se comienza a comprender el
mecanismo neurobiológico de los celos y de ciertos comportamientos obsesivos.
Según Fisher, algunos de los mecanismos descriptos son iguales en hombres y mujeres,
involucrando el núcleo caudado y el área tegmental ventral. Sin embargo, existen
diferencias. “En hombres hemos encontrado más actividad en parte del lóbulo superior,
que se asocia con la integración de los estímulos visuales, mientras que en la mujer, las
áreas que entran en juego se relacionan con la memoria y los recuerdos”.

Además, ha añadido que las actividades cerebrales que se producen cuando se está
enamorado sólo suceden una vez en la relación de pareja, pues “a lo largo del tiempo el
amor se va convirtiendo en cariño y apego.
Las áreas del SNC, involucradas son las células del área ventral (tegmental) segmentaria
ubicada cerca de la base del cerebro, que tienen proyecciones a las regiones frontales
cerebrales, corteza frontal, núcleo acumbens, siendo sus neurotransmisores la serotonina
y esencialmente la dopamina, que es el neurotransmisor motivacional y del sistema de
búsqueda de recompensa y se libera según el estímulo. Las hormonas relacionadas con
29
la fisiología del estrés como la oxitocina, cortisol, VP, actúan en el SNC a nivel del eje
hipotalámico –límbico- olfatorio, zona que se relaciona tanto con la saciedad como con el
sexo.
El amor ciego
El enamoramiento provoca cambios que impiden ver los defectos de la pareja. Algo
parecido les pasa a las madres con sus bebés.
Helen Fisher ha procurado explicar por qué se dice que el amor es ciego. “Cuando
estamos enamorados así como vimos las áreas que se activan, hay un área del
cerebro que se desactiva, una parte de las amígdalas cerebrales, que se relaciona con el
miedo. Por eso no vemos los aspectos que no nos gustan”.
Con estudios con resonancia magnética funcional, se corroboró que cuando las personas
estudiadas veían fotos de sus seres amados se activaban las áreas que pertenecían
al “sistema de recompensa cerebral, medidas por dopamina” y que contienen una alta
densidad de receptores para las hormonas oxitocina y vasopresina. Dichas hormonas son
producidas “durante los placeres táctiles del acoplamiento”, según afirma un estudio.
Por otra parte, el neurobiólogo británico Semir Zeki, en relación al amor romántico,
observó una activación de la corteza cingulada anterior, de la corteza prefrontal derecha y
la corteza temporal de los dos hemisferios. Se explicaría así por qué el “amor es ciego”
vinculando así esta expresión que se da paralelamente a esa activación, y que desactiva
los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas (la amígdala, que como
vimos, está estrechamente relacionada con el peligro y el miedo) y de la evaluación
social, por lo que se inhibirían las emociones negativas, afectándose el circuito neural
involucrado en realizar un juicio social sobre otra persona. Eso provocaría que cuando
alguien gusta mucho de otro, sólo lo juzgue por sus aspectos positivos y “no vea” los
negativos.
Interesante es la publicación en New Scientist de otro equipo de investigación, dirigido por
Bartel, quienes también corroboraron que cuando la gente contempla a su enamorado, se
suprimen los circuitos neuronales que normalmente están asociados a la “evaluación
crítica” de la otra persona.
Ya hemos visto como en el estado de enamoramiento, en el comienzo de una relación,
hay zonas del cerebro que se activan específicamente, y que neurotransmisores como la
dopamina y la serotonina están relacionadas con las emociones románticas; mientras que
las hormonas oxitocina o vasopresina tendrían que ver con el apego y la fidelidad.
30

Vasopresina
Al enamorarse se activan algunos procesos cerebrales y se segregan sustancias que
hacen cambiar al individuo. De hecho, cuando uno se enamora cambia hasta su forma de
ser y entre otras cosas, como dice Bartel, se suprimen circuitos que sirven para la
evaluación crítica.
Estos cambios tienen que ver con que la oxitocina aumenta la confianza, y es un factor
importante en el desarrollo de una relación amorosa. En una experiencia de un juego de
laboratorio ideada por el neuroeconomista Ernst Fehr, de la Universidad de Zúrich (Suiza),
casi la mitad de los que tenían el papel de inversores dieron su dinero a un administrador
anónimo, sin garantías de que se les devolviera, si aspiraban oxitocina antes de jugar.
Inspirados en este estudio, el equipo de Andreas Meyer-Lindenberg, del Instituto Nacional
de Salud Mental (EEUU), estudió que pasaba en los cerebros de los voluntarios que
aspiraban la oxitocina. Encontró que la hormona reducía la actividad de una parte del
cerebro conectada con el hipotálamo, donde se detecta el temor, y su acción parece
ayudar a sobreponerse al “temor social”, lo que facilita el unirse a otra persona.
Sin duda, para que el lazo pueda tener lugar, el varón y la mujer deben estar juntos y para
muchas personas eso significa pasar por los pros y los contras de enamorarse. Pero en el
amor romántico parece “incendiarse” el cerebro y perderse muchas de las posibilidades
de evaluación objetiva.
Los neurotransmisores son fundamentales. “Enamorarse es una transitoria tormenta de
neurotransmisores al servicio de la fusión monógama imperfecta, es decir la pareja”.
Hay que remarcar que cuando se habla del amor, el romántico, los enfoques para
abordarlos pueden ser variados. “Las manifestaciones afectivas o emocionales, entre las
que están el amor, la alegría, la ira, el miedo, estas tienen un componente psicológico y
otro físico; expresándose éste último, a través de cambios somáticos y viscerales”,
31
(Roberto E. Sica, Jefe de División Neurología del Hospital Ramos Mejía).De manera que
muchas manifestaciones físicas también pueden evidenciarse en estos casos.
Hemos visto que los mismos patrones neuronales implicados en la formación de
relaciones románticas están implicados en la adicción a las drogas. El proceso cerebral de
emparejarse (formar pareja) con otra persona podría ser similar al de convertirse en adicto
a las drogas puesto que ambos activan los circuitos del sistema de búsqueda de
recompensa del cerebro.
Esto impide descubrir defectos en el enamorado, y presta más soporte científico al dicho
popular “el amor es ciego”. Pero, en la ciencia del amor también se observa que existe
una respuesta natural que obedece algunas reglas instintivas como las feromonas y
estéticas indicadas por el cerebro en relación a aquello que mejor nos impresiona al
primer golpe de vista. O quizá sigamos pensando así porque preferimos seguir viendo al
amor como espontáneamente poético, incidental y sin control. Lo cierto es que no todo
debe ser hormonal o debido a una buena interacción entre neurotransmisores. En el
amor, se sabe, hay otros misteriosos ingredientes.
FIDELIDAD Y PROMISCUIDAD
Con respecto a la fidelidad y la promiscuidad son interesantes los hallazgos de
investigadores del “Centro Nacional de Investigación de Primates YERKES de la
Universidad de Emory y del Centro de Neurociencia Conductual de Atlanta (BNC)”,
que han logrado, transfiriendo un gen en el sistema de recompensa cerebral, y convertir el
comportamiento promiscuo de un macho de ratón del campo en monógamo.
Este descubrimiento, publicado el 17 de junio de 2006 en la revista “Nature”, podría
ayudar a entender mejor la neurobiología subyacente en el amor romántico.
Richard Dawkins (“el gen egoísta”) y Jared Diamond (“¿Por qué es divertido el sexo”? o
¿”El tercer Chimpancé?), expertos en biología evolutiva y etología, exponen en sus libros
y artículos científicos innumerables ejemplos de comportamiento animal, tanto monógamo
como polígamo. Tanto estos expertos como otros han tratado de ver en los
comportamientos animales una tendencia a perpetuar su especie. Ahora, se empiezan a
conocer los genes, es decir, los mecanismos biológicos, que determinan este
comportamiento.
Las diferencias en los niveles del receptor de la vasopresina entre los ratones de campiña
y del monte o pradera podrían explicar sus opuestos comportamientos a la hora de
aparearse.
Estudios previos de ratones del monte o pradera (Microtus Ochrogaster), machos,
monógamos, que forman relaciones sociales o parejas de larga duración con una sola
compañera, revelaron que los cerebros de los animales contenían altos niveles de
receptores de vasopresina en, una de las principales regiones del cerebro relacionadas
con la recompensa, el área tegmental ventral.
32
Entre las especies comparativas de ratones, el ratón de campiña promiscuo (Microtus
Pennsylvanicus), que se emparejaba frecuentemente con diferentes parejas, tenía poca
cantidad de receptores de vasopresina en esta área.
Los científicos usaron un virus no dañino para transferir el gen receptor de la vasopresina
de ratones de pradera en el área tegmental ventral de ratones de campiña, lo
que aumentó el número de los receptores de la vasopresina en estos últimos hasta los
niveles de los ratones de pradera.
Como los ratones del monte o pradera, los anteriormente promiscuos ratones de campiña
experimentaron una fuerte preferencia hacia sus actuales parejas en lugar de hacia
nuevas hembras.
Este descubrimiento corrobora, además, investigaciones previas que relacionan la
formación de relaciones sociales con la adicción a las drogas, también asociadas con el
sistema de recompensa cerebral.
Tom Insel ha demostrado que un determinado estímulo externo provoca un aumento en el
número de receptores para oxitocina y para vasopresina en sitios límbicos, los cuales se
activan al liberarse la hormona correspondiente para conferir un valor de refuerzo
selectivo en una pareja o, dicho poéticamente, se produce el enamoramiento.
En una nueva observación notamos que los ratones de pradera que viven en pareja y son
monógamos: ambos cuidan a sus crías, no observando lo mismo en los ratones de
campiña, en que el macho es polígamo y la hembra no cuida a sus crías.
Los trabajos de Insel revelaron una gran diferencia en la distribución de los receptores
moleculares en el cerebro de ambos tipos de ratones pero no en la magnitud de secreción
(expresión) de las dos hormonas. Son, pues, los receptores moleculares los responsables
de la estimulación de las neuronas en respuesta a las hormonas. El grupo de Insel
también logró transformar la conducta de los ratones por manipulación genética. Quizá la
evolución natural del ser humano llegue a que se modulen sus genes hacia la fidelidad.
Algunos antropólogos creen que no se llegaría a ser como los pingüinos, que son
monógamos aún post mortem de la pareja, o los cisnes de cuello negro; pero sí como
algunas especies de primates que son monógamos mientras dura la relación pareja pero
pueden tener parejas sucesivas. Entre nosotros, la tendencia cultural sería esta, por lo
que finalmente se está imponiendo en todas las sociedades el divorcio en condiciones
más igualitarias. Esta tendencia cultural indudablemente está influida por los conceptos
religiosos. Es así que en EEUU socialmente se admite mucho menos la infidelidad que el
divorcio, en cambio la sociedad dónde habría mayor infidelidad y menos divorcios, todo
“culturalmente” aceptado, al menos hasta la década del noventa, es Italia. Como en tantos
otros casos, no hay estadísticas confiables en nuestro país.
Este ejemplo de participación de la modulación ambiental y cultural de los genes en el
comportamiento, así como los experimentos transgénicos antes relatados, trasladado a
los humanos, contribuyen a una aproximación al conocimiento de la neurobiología del
amor.
33
El amor romántico y el maternal compartirían circuitos neuroquímicos. Pero sólo el
romántico incluye la activación de las áreas hipotálamo donde se induce la producción de
testosterona. La sensualidad, la parte sexual del amor, está conectada con el amor
romántico, pero no con el maternal.
Sin embargo se sabe que en el orgasmo femenino se segrega gran cantidad de prolactina
y puede haber secreción mamaria. Los perinatólogos deben instruir a las madres que
amamantan que no es anormal sentir cierta forma de placer “sensual” en el acto del
amamantamiento, dónde naturalmente predomina la acción de la oxitocina. Es que las
vías de señalamiento están muy interconectadas. Al final de la preñez, altos niveles de
estrógenos aumentan el número de receptores de esa hormona en algunas partes del
cerebro. El instinto maternal en ratas se despierta durante el alumbramiento, el trabajo de
parto dispara la liberación de oxitocina y cuando la hormona llega a los receptores
produce en la madre una adicción a sus pequeños y a su particular olor.
Cada vez que la madre huele a sus hijos es posible que sienta la sensación de inminente
recompensa parecida a la de un adicto al pensar en la droga. Es impresionante la
experiencia de las regiones de África asoladas por guerras genocidas, donde abuelas de
avanzada edad que quedaron a cargo de bebés, por asesinatos de sus padres, en esos
terribles éxodos a que fueron sometidos los sobrevivientes en medio de grandes
hambrunas, comenzaron a producir leche en sus magros senos para alimentar a esos
niños y mantenerlos vivos. Quizá una de las mayores evidencias del poder del amor
entremezclado con el instinto de conservación.
En uno de sus últimos trabajos, Fisher ha estudiado 58 culturas de todo el mundo,
comprobando que en todos los lugares las pautas de las relaciones amorosas eran
similares. El estudio constató que las mujeres tendían a tener hijos cada cuatro años y
que el momento en que una pareja tiene mayores probabilidades de divorciarse se ubica
en el cuarto año de relación. Así elaboró la teoría del ciclo reproductor de cuatro años;
Fisher cree que este ciclo es el remanente de la temporada de reproducción de nuestros
ancestros ya que considera que es el tiempo en que un hombre y una mujer deben
permanecer juntos al menos hasta que su hijo camine y se destete y para que pueda ser
cuidado por otros.
Esto habla de que las relaciones más permanentes serían producto de la evolución
cultural de la civilización.
Pero, ¿qué sucede con formas más amplias de amor? Como el amor religioso o espiritual,
a Dios y la humanidad. El amor que se siente por los marginados y hasta por los
enemigos es fundamental en el mensaje espiritual de todas las religiones. El budismo,
aun no siendo una religión, es una de las filosofías que incluye prácticas de meditación
para desarrollar estos sentimientos.
Al buscar correlación entre este amor espiritual más amplio y los cambios en el cerebro no
es entonces sorprendente que los científicos se hayan dirigido a los monjes budistas
34
tibetanos, que practican la meditación relacionada con la compasión amorosa. Ellos
consideran que llegar a sentir compasión es el máximo sentimiento que se puede lograr.
Los primeros resultados mostraron que los monjes tibetanos tienen una actividad cerebral
inusual cuando meditan en la compasión amorosa. Richard Davidson, de la Universidad
de Wisconsin-Madison, encontró excepcionalmente niveles altos de actividad eléctrica
integrada durante la meditación, especialmente en la corteza prefrontal derecha, también
muchos experimentos han demostrado que esas áreas pre frontales de la corteza son las
mismas que se activan cuando una madre observa la foto de su hijo. Por supuesto que lo
que hoy se puede evidenciar por estos métodos de escaneo cerebral revelan solo una
muy pequeña parte de lo que realmente ocurre a nivel molecular o mono molecular.
Estos son solo los primeros pequeños pasos en buscar las raíces del amor. Una encíclica
del Papa Benedicto XVI afirma que “el amor es una sola realidad, pero con diferentes
dimensiones”.
Estrés y Fidelidad
Cuando el ser humano está sometido a situaciones de estrés prolongado, en la segunda
fase (de resistencia) del mecanismo de estrés, están permanentemente aumentadas la
secreción de las hormonas CRH hipotalámica y VP (Vasopresina o ADH) hipofisaria, que
se potencian mutuamente. Según predomine una u otra habrá comportamientos
conductuales distintos. Si el predominio es CRH habrá más manifestaciones de ansiedad
y depresión, además del estímulo sobre los ejes hipófiso tiroideo y cortico adrenal. Si
predomina la secreción de VP las manifestaciones serán más relacionadas con la
agresividad y hostilidad, que se da más en hombres porque se necesita mayor respuesta
de testosterona, junto a mayor respuesta hipertensiva.
Es probable que este comportamiento agresivo y hostil y los niveles de testosterona,
tengan relación con el desarrollo de mayor cantidad de receptores de VP en otras áreas
cerebrales, que induzcan a la promiscuidad e hipersexualidad ligada a búsquedas
insatisfechas de recompensas en relación al esfuerzo realizado, que se observa en
algunos tipos de respuesta al estrés, como por ejemplo en el Burnout (síndrome del
profesional fatigado). Como sabemos, en el Burnout es muy común que quien lo padece
encuentre una gran desproporción entre el trabajo realizado y su reconocimiento
(recompensa).
Antes vimos que en la respuesta al estrés del eje CHHA se producía secreción de CRH
por parte del hipotálamo, sustancia predominantemente ansiogénica y depresógena y por
acción de la misma sobre la hipófisis, por ruptura de la POMC (Pro-opio-melano-cortina)
se segregan ACTH y VP u hormona antidiurética (Adenocorticotrophica y Vasopresina),
además de TSH, Endorfinas, pro Melatonina, etc.).
Ambas CRH Y VP potencian sus acciones mutuamente. La VP tiene más relación con
conductas de agresividad y hostilidad en el mecanismo del estrés, en proporción al pool
de testosterona, naturalmente mayor en el hombre. Esto explica el predominio de ciertas
conductas ante el estrés según el género.
35
En un estrés normal, tal como sucede en el enamoramiento, hemos visto que estas
hormonas sirven para fijar comportamientos positivos. La mayor disponibilidad de
receptores a VP en determinadas áreas de los sistemas de recompensas, parecen estar
relacionados, como ya vimos con la fidelidad. Pero, cuando el estrés se sostiene (fase de
resistencia y de agotamiento), en aquellas personas con predominio de producción de VP
por sobre el CRH, primero puede desencadenarse un mecanismo de baja regulación
(down regulation) de los receptores “de la fidelidad” y luego la activación de receptores en
otras áreas del cerebro, tal como se postula en las experiencias que intentan explicar la
promiscuidad, la poligamia y la hipersexualidad.
También se ha postulado que la tendencia masculina a la poligamia tendría una raíz
cultural asentada en la necesidad de mantenimiento de la especie, en función de la menor
cantidad de hombres que habría sido casi constante en la antigüedad, puesto que morían
proporcionalmente más por las luchas tribales, el enfrentamiento a los animales
depredadores y luego por las guerras. Tal conducta cultural se habría fijado
filogénicamente. O sea que la naturaleza habría hecho por su cuenta un experimento
transgénico parecido al de los ratones que vimos anteriormente y que ahora podía
comenzarse a revertir por las influencias culturales.
Desde los experimentos de Fisher se reconoce que las turbulencias de las primeras
etapas deja luego paso a lo que denominamos el “apego”.
La oxitocina sería la hormona responsable de que la atracción inicial de paso a un vínculo
de amor duradero. También las investigaciones de Gareth Leng, de la Universidad de
Edimburgo, coinciden que esta hormona ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes
tras la primera oleada de emoción.
La oxitocina está involucrada en muchos aspectos del amor, desde el maternal hasta el
hecho de que según sea su nivel, algunos logren permanecer felices por décadas con la
misma pareja, y que otros sean incapaces de forjar una relación duradera. Varias
investigaciones han descubierto que la hormona, que es producida en grandes cantidades
por el cerebro durante el parto, la lactancia y cuando hay actividad sexual, es importante
para incitar el comportamiento maternal en los animales.
Se ha demostrado que las neuronas oxitocinérgicas no sólo secretan este péptido al
torrente sanguíneo, sino que también lo contienen y liberan en las terminales sinápticas
de las neuronas, lo que significaba que, además de funcionar como una hormona, lo hace
también como un neurotrasmisor. Partiendo del razonamiento de que durante el parto se
produce una liberación masiva de oxitocina, Kurt Pedersen, de la Universidad de Carolina
del Norte (EEUU), propuso que esta hormona además de liberarse en el torrente
sanguíneo, pudiera también secretarse dentro del cerebro y postuló que probablemente
se relacionaba con el inicio de la conducta maternal.
Experimentos hechos con ratas de laboratorio confirmaron su teoría. Cuando las ratas no
están embarazadas ni lactando, rechazan a las crías, tanto incluso se las comen. La
hembra tiene que pasar por el periodo de gestación para que esta conducta cambie, de tal
36
manera que antes del parto, si se le acercan crías, puede llegar a aceptarlos. La oxitocina
provocó el mismo efecto en sólo una hora después de su administración en los ventrículos
cerebrales de ratas vírgenes. Las ratas que una hora antes eran caníbales, se
transformaron en madres amorosas por la acción de la hormona.
Ya hemos hablado de los trabajos de Insel, que revelaron una gran diferencia en la
distribución de los receptores moleculares en el cerebro pero no en la expresión de las
hormonas VP (vasopresina) y OxH (oxitocina). Son, pues, los receptores moleculares los
responsables de la estimulación de las neuronas en respuesta a las hormonas.
Varias experiencias han demostrado que el contacto físico, las caricias, el abrazo
protector o contenedor, el “acurrucarse” de la pareja entre si, libera gran cantidad de
oxitocina y de endorfina.
De esa manera los circuitos psiconeurobiológicos van activándose ante el hecho
emocional del deseo de permanecer juntos, así se construye una nueva forma de
erotismo en la pareja, con menos testosterona y más oxitocina. De esta manera se siguen
liberando y se activan los circuitos de la recompensa.
No obstante, se ha comprobado en experiencias con parejas estables que conviven desde
hace muchos años que más de la mitad lo hacen por cuestiones convencionales, sociales,
económicas, etc. Sin experimentar ningún contacto físico de este tipo. Sin duda que con
toda seguridad, estas últimas, son mucho más vulnerables a las enfermedades por estrés
que las mencionadas anteriormente.
Muchas veces, el necesario “cambio de la calidad de vida” puede empezar con cosas muy
simples, desde el punto de vista emocional. Es posible que una predisposición distinta,
una redefinición reflexiva sobre los vínculos pueda desencadenar la multiplicación de
receptores cerebrales a las hormonas del apego y fidelidad. Luego, el abrazo y la caricia
oportunos se traducirán en mayor producción de oxitocina (OxH) que se fijará en los
receptores correspondientes y de endorfinas con sus efectos placenteros.
Filosofía y “Química” del amor
La visión del amor es una condición que se ha tratado de explicar desde varios puntos de
vista como el filosófico; sociológico; étnicos; religiosos; sexuales; etc.
Conocemos que el amor es un fenómeno neurobiológico complejo, que además se
relaciona con las creencias, el placer y las recompensas.
Este proceso involucra a la oxitocina, vasopresina, dopamina, serotonina y las endorfinas
y mecanismos morfinérgicos endógenos que se unen a las vías de autorregulación con el
óxido nítrico y con las citoquinas proinflamatorias originadas en el estrés, todo lo que tiene
gran importancia en los mecanismos de envejecimiento cerebral.
Repasemos algunos de los principales neurotransmisores:
37
Dopamina (DA): ha sido involucrada en varias funciones, entre las cuales se
incluye la motivación, el movimiento, la atención, el aprendizaje y básicamente con
los mecanismos de la búsqueda del placer y recompensa. Relacionados también
con los efectos de ciertas drogas y otras adicciones.
Noradrenalina (NA): involucrada en una variedad de fenómenos cognitivosconductuales tales como el estado de alerta, la vigilia, el control del hambre y la
conducta sexual. Aumenta desde el comienzo del mecanismo del estrés.
Serotonina (5HT): relacionada con la sensación de bienestar, actúa en el
mecanismo del sueño por la proyección que hay desde los núcleos del Rafe del
Ponto al Ponto Geniculado Occipital, también se relaciona con el aprendizaje y la
pérdida de su modulación con distimia, ansiedad, depresión y TOC.
Acetilcolina: se la considera un mediador en los procesos de la memoria y el
aprendizaje en el SNC.
GABA: neurotransmisor inhibitorio por excelencia y en cuyo Complejo Receptor
actúan los principales ansiolíticos como las benzodiacepinas.
Glutamato: Neurotransmisor excitatorio que ha sido relacionado con procesos de
aprendizaje y memoria.
Testosterona; Oxitocina y Vasopresina: Las cuales hemos visto modulan
respuestas emocionales mediante la mayor o menor expresión de sus receptores
cerebrales – ídem para estrógenos, progesteronas y muchas otras sustancias
producidas por distintos órganos y sistemas-.
La recompensa natural o de actividades placenteras son necesarias para la supervivencia
y motivación diarias, Existen signos comunes y hallazgos neurobiológicos que
interrelacionan los conceptos del amor, combinando aspectos fisiológicos relacionados
con la maternidad, el romance o el sexo.
El amor, como una sensación indescriptible, se refiere a un sentimiento elevado
que une a las personas más allá de la necesidad de procrear y en la actualidad se
considera única a esta concepción del amor.(siendo esto materia de discusiónJuan C Orozco).
En la historia de la humanidad ha sido difícil el amor, un sentimiento paradójico por
excelencia, que a la vez es éxtasis y tormento. Los filósofos y los poetas no han dejado de
generar escritos tratando de acotarlo en palabras. Pero eso es imposible: como la fe, no
se puede explicar con palabras ese profundo sentimiento universal.
Hemos visto como investigaciones científicas recientes sobre el tema intentan darle una
dimensión bioquímica. Desde hace 10 años, los científicos se han dedicado a investigarlo
y han descubierto que tiene una importante base biológica, por lo que su estudio ha
dejado de pertenecer exclusivamente a la antropología y a la psicología.
Existe a sí mismo una tendencia genética hacia el amor: “estamos programados por
nuestros genes para amar y para despertar en los humanos esa compulsión”. Los genes
utilizan la química cerebral.
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El amor es una emoción muy compleja en la que intervienen numerosos tipos de
moléculas necesarias para producir los característicos arrebatos sentimentales. Así como
nuestros sentidos son la puerta de entrada de todo lo que ocurre fuera de nosotros, en el
amor no sabemos muy bien como entra y da comienzo a una guerra química, hormonal y
eléctrica que produce toda una nueva alquimia corporal.
Encontrar a la persona que nos atraiga es el primer paso para la amistad y el amor, dónde
intervienen el sentido de la vista y del olfato, afirmación que se debe al descubrimiento de
sustancias llamadas “feromonas” (volátiles), que viajan en el aire sin destruirse.
Constantemente los receptores olfativos del ser humano reciben diferentes feromonas,
hasta que el aroma de la persona adecuada comienza a inquietarnos en un proceso que
no registramos racionalmente pero que obliga a buscar el origen de la perturbación. Así
los ojos chocan con la persona indicada
Y se produce el contacto visual, lo que ocasiona una descarga eléctrica que pone al
cerebro en una situación de alerta máxima. Ni hablar si hay contacto de “piel a piel”. Se
secretan diversas sustancias entre las que destaca una que actuará como directora:
la “feniletilamina” (FEA). El proceso químico puede dividirse en dos fases neuroquímicas
sucesivas: 1) atracción y 2) afecto o enamoramiento. En la primera la FEA orquesta la
secreción de sustancias como la dopamina o la norepinefrina, dos “anfetaminas”
cerebrales que producen desasosiego.
Para evitar este último efecto, existe la posibilidad de que el amor ponga en marcha una
segunda fase neuroquímica inmediata. En ella primeramente se producen “endorfinas y
encefalinas” (opiáceos cerebrales), que confieren por un lado afecto hacia la otra persona
y en las parejas estables gran seguridad, paz y calma.
Finalmente un péptido la oxitocina, llamado del abrazo, que provoca una necesidad de
acercamiento físico. Los afectos no lo saben, pero un día cuando se les acaba la ración
de droga cerebral, por la separación o por la muerte de uno de los amigos o amantes,
llegan las depresiones, las angustias, el miedo, etc. Ocasionando un caos biológico que
produce un estado de enfermedad.
Los neurotransmisores como la “dopamina” y “serotonina” se relacionan con las
emociones románticas y las hormonas “oxitocina” y “vasopresina” tienen efecto sobre la
afinidad y fidelidad con alguien para quedarse en una relación duradera.
La liberación de dopamina afecta cuatro puntos cerebrales; el nudo acumbens, el septum,
la amígdala y la corteza prefrontal. Las cuatro juntas activan el hipotálamo como centro de
las emociones.
Durante el estímulo las neuronas liberan “dopamina” y se activan los receptores que
provocan los mecanismos del deseo y el placer, activando a su vez otras neuronas.
Cuando hay exceso de dopamina liberada al ver al amado, la persona siente una
profunda sensación de bienestar y así se cierra el circuito del amor.
39
Enamorarse es provocar una transitoria tormenta de neurotransmisores para la función
monógama en la pareja, el erotismo es el correlato fisiológico del enamoramiento que
ocurre en el cerebro y se proyecta en el cuerpo con el acto del amor.
Existe un cuarto paso, que sería “una fase neuroendócrina” conocida para los amantes
como “la pasión”. Esta última puede llevar su tiempo en desatarse, dependiendo de la
biología individual y del tipo de educación que se tenga. En esta fase se tienen cambios
en la producción de “Melatonina” que participa en la regulación de nuestras etapas de
vigilia y sueño; la disminución de “serotonina” y el aumento en la producción de
“testosterona” que provoca el impulso sexual.
Por lo que se ve, para que una persona nos atraiga de tan irresistible manera, se
conjugan una serie de factores que tienen que ver con la evolución, la genética, la
bioquímica y la neurobiología; todo esto crea en nuestro cerebro un mapa del amor, un
molde mental hecho con recuerdos que determinan lo que nos excitará y nos llevará a
querer o a enamorarnos de alguien especial, que se solidifica en la adolescencia.
Pero, las personas no pueden enamorarse a voluntad. No pueden voluntariamente hacer
que todos estos centros nerviosos, hormonas y neurotransmisores se pongan en
funcionamiento. No pueden manejar voluntariamente a sus feromonas ni a la
interpretación cerebral de sus impulsos visuales o táctiles. Esto sucede sin que nos
propongamos y sigue constituyendo uno de los tantos misterios de la creación.
Por último, podemos decir que al contrario de lo que comúnmente se piensa, el amor no
es eterno. [Pero sí, en cambio, es posible reeditarlo en forma cíclica disponerse a
disparar las baterías hormonales dirigidas en el sentido amoroso que pueden dirigir la vida
dándole el sentido monogámico al vínculo amoroso de pareja –nota del transcriptor Juan
C Orozco-] , el autor sigue diciendo: El cuerpo lo sabe, considerando que el arsenal
pirotécnico del amor con el que estamos dotados se agota con el tiempo: se ha calculado
que entre las dos fases “neuroquímicas y la neuroendocrina” pueden transcurrir en
promedio de 4 a 7 años.
Se ha encontrado en algunos animales un péptido conocido como “la señal de la
fidelidad” que les permite vivir toda su vida en pareja, como los cisnes de cuello negro. De
cualquier manera, una vez que se rompe el encanto y ante el hecho fisiológico de que el
amor se puede acabar no significa que se deba “morir de amor” y aún con el caos que
esto puede ocasionar, la melancolía no nos ahoga por completo. En los humanos se sabe
que lo único que permite a una relación amorosa continuar, cuando esta ya no es
impulsada por la fuerza desconocida que provoca las alteraciones neuroquímicas, es
convertir a éstas en un reto del intelecto y la voluntad. El amor es cómo las plantas, debe
ser cuidado y regado constantemente.
[Es en este sentido de recreación permanente que he expresado lo antes dicho,
reconociendo “el querer” como una fuerza de voluntad especial a efectos de
permanecer junto a su pareja cada ciclo de reelección.- nota del transcriptor Juan C
Orozco-]
40

El “amor sin límites”. Los celos.
También hay que destacar el tipo de “amor sin límite”, no egoísta de acciones generosas
que ayuda a vivir más tiempo saludable y feliz. El perdón, la compasión y conductas
positivas como expresión de amor, cuándo el amor es fuerte, hacen mucho bien.
En Ohio, Estados Unidos, existe un instituto de investigaciones sobre el “amor sin límites”.
Su presidente, Stephen Post, explicó que es: “En nuestro instituto investigamos ese tipo
de amor sin límites, no egoísta, con acciones y emociones generosas que ayudan a
otros”. El perdón, la compasión y muchas otras emociones y conductas positivas son
analizadas científicamente como bien y vivir bien. “Las personas que hacen el bien,
pueden tener una vida más larga, saludable y feliz”, asegura Post.
Sobre el amor romántico, opina parecido. “Estar enamorado remite al amor romántico o al
eros. Los estudios científicos relacionan esto con sustancias químicas en el cerebro que
nos hacen sentir bien”, como la dopamina, la serotoninalas endorfinas.
“Sus latidos cardiacos –los de ella- llegaban a 200 pulsaciones por minuto. Mientras
tanto, su frecuencia respiratoria – las de él- no bajaba de los 20. Las mejillas – de ambosestaban inequivocadamente sonrojadas, y el sudor les brotaba. Por sobre todo, sus
zonas sexuales más activas – el hipocampo, el cíngulo y el resto del sistema límbico –
estaban en un pico de actividad. No cabía duda: estaban enamorados”, escribió el
biólogo Diego Golombeck en “Sexo, drogas y biología”.

Si bien hay correlato en algunas cosas con varios hechos fisiológicos, como dilatación en
mejillas y liberación de feromonas, muchos de esos síntomas se relacionan más con
la “ansiedad” que con el “amor”.
Las investigaciones no hacen sino mostrar el sustrato orgánico que sustenta todos los
procesos mentales. O sea, muestran el error de separar la mente razonante del cuerpo
“no pensante”.
El amor duradero y correspondido reduce el estrés y promueve un potencial de salud,
acarreando la habilidad de ayuda o beneficios motivacionales con un importante con un
importante estado de bienestar. El diccionario define al amor como una intensa sensación
de afecto profundo a una persona o a algo.
Algunos investigadores sostienen que podría suprimirse a voluntad el enamoramiento
obteniendo sustancias que neutralicen a las que producen el amor. Hace pocos años
podía resultar ciencia ficción cortar la lactancia de una mujer. Hoy día se puede cortar
hasta la ovulación y se cambia el psiquismo de un individuo como un travesti.
El alcohol, que es una molécula muy sencilla de dos átomos de carbono, seis de
hidrógeno y uno de oxigeno (C2H6O), es capaz de producir optimismo, eliminar
41
inhibiciones e infundir valor en nuestro espíritu. Vemos, pues, que sustancias químicas
elementales son capaces de producir efectos tan extraordinarios en nuestro sistema
nervioso. Si eso se lograra quizá podría suprimir mucho dolor psíquico inútil, suicidios por
amor, sufrimientos por la falta de correspondencia del enamoramiento, que es como una
corriente impetuosa. Todo eso se podría suprimir, aunque seguramente se perdería en
romanticismo, en creatividad artística, etc.
Los celos, que son normales, a partir de cierto umbral, resultan patológicos y se
comportan como un trastorno obsesivo. Activan áreas de la corteza órbito-frontal lateral,
relacionada con los pensamientos obsesivos.
Esto explicaría por qué algunas personas siguen obsesivamente enamoradas a pesar de
haber sido rechazadas, como si tuvieran necesidad de mantener activadas áreas que
pertenecen al sistema de recompensa, en el que actúa la dopamina. A pesar de no
obtener lo que quieren, consiguen así que la dopamina siga trabajando.
Se postula que en el futuro, podremos detectar y modular ese umbral de los celos
mediante fármacos. Pero entramos al posible control farmacológico de las emociones, con
todas sus consecuencias bioéticas, terreno que excede a este trabajo.
Amor y Genes
Durante la década 1980 – 1990 el paradigma biológico dominante lo constituyó la
importancia máxima atribuida a los genes en la especialidad de numerosas actuaciones
fisiológicas, patológicas, conductuales, antropológicas, etc. Desde entonces el público ha
estado inundado con noticias sobre los nuevos avances en la clonación y función de los
genes. Esta atmósfera alcanza su clímax con el anuncio hecho por Craig el Venter, en
febrero de 2001, de la secuenciación de prácticamente todo el genoma humano (que no
contenía 100.000 sino 30.000genes). Se cumplía así el objetivo de lo que se
consideraba “el proyecto más importante y significativo que la especie humana haya
jamás intentado”, el PROYECTO DEL GENOMA HUMANO, aclamado como
esperanzadora fuente de la que fluirían grandes beneficios para la humanidad. Así surge
una corriente reduccionista que asegura que la clave misma de nuestra condición humana
es el genoma humano, el cual definiría nuestras debilidades y límites en cuanto miembro
de la especie Homo Sapiens.
Sin embargo, pocos logran aceptar aún que la vida y el hombre mismo se han convertido
en objetos de investigación y no sólo de revelación.
Han surgido voces de destacados científicos haciendo notar que constituiría un gran error
quedarse con el enfoque reduccionista y pensar que saberlo todo acerca de un gen nos
dará la capacidad de predecir su papel en el conjunto de factores que inciden en el
funcionamiento normal y patológico del cuerpo humano, pues los genes actúan en el
contexto del organismo “in toto”, entero, y también del entorno (ambiente), al que Ortega y
Gasset se refirió como “el hombre y sus circunstancias” al decir “vivir es ocuparnos con
las cosas entorno. Es a la vez estar dentro de si (intimidad reclusa del organismo) y fuera
de si (el mundo exterior)” [Ortega y Gasset 1961: 271-272]. Se ha terminado con la
42
división de los biólogos frente a esta alternativa o dilema de si la clave de nuestros actos
como seres humanos reside en el entorno (ambiente) o en los genes (herencia,
naturaleza).
La naturaleza humana es una mezcla de los principios generales de Darwin, la herencia
adquirida, los instintos o impulsos, los genes, las leyes de la herencia, los reflejos
condicionados, el entrenamiento, las asociaciones, la cultura, el desarrollo, el aprendizaje
y la creación de lazos afectivos descritos por Lorenz.
Todos estos fenómenos confluyen en la mente humana y constituyen la naturaleza de la
personalidad y el comportamiento del hombre.
Aceptamos que los genes son los que permiten que la mente aprenda, recuerde, imite,
cree lazos afectivos, absorba cultura y exprese instintos.
Pero los genes no son sólo portadores de la herencia. Permanecen activos durante toda
la vida; se activan y desactivan mutuamente, responden al ambiente y a la
experiencia. Constituyen causa y consecuencia de nuestras acciones.
A pesar de su inevitabilidad y poder, no cabe duda de que los genes no sean inmutables,
pueden ser modificados por el entorno. Así como hay neuroplasticidad hay también
plasticidad genética.
Los genes hox, cuya función es trazar el plano del cuerpo durante su desarrollo precoz,
codifican para la producción de los ‹‹factores de transcripción››, que son proteínas que se
une a una región específica del DNA llamada ‹‹promotora›› y que actúan como
termostatos permitiendo que se exprese o no el gen correspondiente. Es por medio de
estas regiones promotoras, donde los científicos esperan explicar la mayor parte del
cambio evolutivo en animales y plantas.
Suponen que la evolución de las especies es una diferencia de grado, no de clase, y los
animales evolucionan adaptando los “termostatos” o promotores, situados en el exterior
de los genes. Así, se estimula la expresión de un gen cuyo producto estimula la expresión
de otro gen el cual suprime, a su vez, la expresión de un tercero, y así sucesivamente. En
esta pequeña cadena, actuarían los efectos del entorno y la experiencia. Algo externo –
como la educación, la alimentación, una riña, un fármaco, una carencia bioquímica o un
amor correspondido, por ejemplo – puede influir en uno de estos “termostatos o
promotores”. De repente, el entorno puede empezar a expresarse a través de la
naturaleza (los genes) denominándose este fenómeno “epigenética”.
La evolución hasta los homínidos se habría producido a través de la adaptación de los
promotores de genes más que de los propios genes, lo que de paso permitiría explicar
también cómo se consiguió que se agrandara el tamaño del cerebro humano. Que a la
vez requirió el agrandamiento de los huesos del cráneo, a fin de albergar esta masa
cerebral mayor. Recientemente, un grupo de investigadores estadounidenses postuló que,
hace unos 2,4 millones de años se produjo una diminuta mutación del gen ≠MHI16≠ que
codifica para una proteína de la musculatura mandibular (un tipo de miocina)
43
debilitándola. Como los cambios de la musculatura tienen influencia sobre los huesos que
la sostienen, el debilitamiento mencionado permitió que los huesos del cráneo se
volvieran más grandes, posibilitando contener un cerebro más voluminoso y de mayor
potencialidad.
En fin, esto es materia de discusión. ¿Es la naturaleza a través de “mutaciones”
espontáneas y azarosas la que posibilita la evolución?, ¿son respuestas a estímulos o
programas de una inteligencia superior y universal? Lo cierto es que lo que sabemos
hasta ahora es que ese orden (o desorden) se expresa a través de modificaciones en el
genoma humano, donde influye el ambiente, el entorno, por lo que hoy hablamos de
“ambioma”.
William James pensaba que el amor es el más fuerte de los instintos.
Algunos han deducido que, si esto es cierto, debe haber algún factor hereditario que dé
lugar a un cambio físico o químico en nuestros cerebros cuando nos enamoramos; ese
cambio no produciría la emoción de enamorarse como sostienen las teorías biologistas, la
facilitaría.
Ya hemos visto los experimentos de Tom Insel que han demostrado que un determinado
estímulo externo provoca un aumento en el número de receptores para oxitocina y para
vasopresina en los sitios límbicos, los cuales se activan al liberarse la hormona
correspondiente para conferir un valor de refuerzo selectivo en una pareja.
Dicho en lenguaje poético, se produce el enamoramiento, como ejemplo de una
participación dirigida de los genes en el comportamiento humano.
Otro ejemplo relacionado con el comportamiento humano, en el que participan genes y
entorno, es el de la expresión de rasgos conductuales de violencia, ligados al genotipo en
adultos jóvenes con un pasado de maltrato y abuso, físico, sexual o emocional en su
niñez. Hay trabajos que señalan la importancia de los factores psicosociales y la
participación de un gen particular representado por cierta forma de la enzima
“monoaminooxidasa” –MAO-, denominada MAO-A, que tiene menor actividad y provoca,
por tanto, una anomalía conductual de violencia al no poder degradar adecuadamente el
exceso de neurotransmisores, impidiendo una satisfactoria comunicación interneural. La
conducta de hiperagresividad antisocial es mucho más frecuente (el doble) en varones
con genotipo asociado a bajo nivel de MAO-A y que habían sido maltratados en su niñez.
Si bien no hay trabajos de valor estadístico en humanos, se han realizado múltiples
experiencias en laboratorio que demuestran que en animales con este tipo de defecto,
cuando se los coloca al nacer junto a madres con componente afectivo normal, la
conducta antisocial se atenúa o desaparece cuando se hacen adultos. Se expresarían
nuevos genes modulados por el ambiente de afecto.
Por último, M Ridley señaló que cambios mutacionales puntuales en la secuencia
genética que codifica para la proteína llamada factor neurotrófico derivado del cerebro o
44
BDNF llevan a que los individuos sean más o menos neuróticos o bien pueden producir
también depresión.
En los próximos años seguiremos viendo como aparecen en la literatura más y más
trabajos sobre el tema de la influencia sobre los genes del ambiente, el entorno, la cultura
y los afectos.
La elección
Hay evidencia científica determinada por la neurociencia que demuestra que nacemos
con un cierto instinto de pre selección por la belleza, aún los bebés prefieren la cara de un
adulto más atractiva que le sonría, a una fea por la cual lloran o se asustan.
También podemos quedar fascinados por alguien en fracciones de segundos, casi en la
forma subliminal, pudiendo evaluar cual les había gustado más o no. Esa velocidad
demostró que la atracción tiene menos que ver con la elección y el gesto individual de la
persona, que con la elección inconsciente.
Se puede determinar entonces que aquellas personas más atractivas tendrían más
chances en ser seleccionadas, esto coincide con los seguidores de teorías que sostienen
la supervivencia del más apto o bello, según la teoría Darwiniana para ser seleccionado
por la hembra, como es el caso de la hembra al seleccionar al pavo real macho al
desplegar su colorida cola.
También parecería que lo que va a ser más atractivo en el ser humano se potencia si este
da señales de ser fiel.
La teoría de la evolución humana dice que una mujer para elegir un hombre que
determine valga la pena aparearse con él, debe tener la convicción que será fiel, que será
preferida, aún comparada con otras mujeres.
La experiencia realizada con 500 parejas casadas durante 40 años mostró que eran más
felices con la vida, aquellas que tenían una visión idealizada de su matrimonio. Los que
veían una relación más realista de la vida obtenían resultados más bajos de satisfacción
matrimonial.
Las explicaciones obtenidas sostienen que para ser más felices se necesita creer y tener
una relación correcta con la persona indicada y en continuidad armónica.
Con la intensa actividad mediática de nuestros días nunca hemos tenido tanta libertad
para elegir pareja y nunca hemos conseguido hacerlo peor.
Elegir pareja es la decisión más crucial de nuestras vidas. Gastamos una cantidad
enorme de tiempo y de energía tratando de hallar a ese alguien especial.
Aún así, generalmente no resultamos satisfechos. Una encuesta realizada en 2005 entre
más de 900 personas que usaban servicios de citas online mostró que el 75% no encontró
45
lo que estaba buscando. Pareciera que aún estamos entre tinieblas sobre como hallar a
nuestra pareja perfecta.
La naturaleza misteriosa que se esconde detrás de cómo elegimos pareja es un proceso
altamente complejo. Sólo somos conscientes de una parte, el resto es inherentemente
impredecible u opera fuera de nuestra conciencia, lo que hace que parezca que el amor
es una química inefable.
Empecemos por la parte consciente. Existen algunas cosas que encontramos atractivas.
Los hombres tienden a desear a aquellas mujeres con características que sugieran
juventud y fertilidad, que incluye una ajustada relación cintura-cadera, labios carnosos y
rasgos faciales suaves. Estudios recientes confirman que las mujeres tienen gran
preferencia por la belleza masculina viril, de cuerpos firmes, amplios hombros, buena piel
y rasgos faciales masculinos, todo lo cual puede indicar potencia sexual y buenos genes.
También sabemos que las mujeres se ven ancestralmente atraídas por los hombres con
apariencia de ser ricos o que tengan la habilidad de adquirir riqueza (para asegurarse el
sostén familiar), y que tanto hombre como mujeres valoran mucho la inteligencia de su
pareja.
Las preferencias por estas cualidades ≤ belleza + inteligencia + recursos = elección ≥ son
universales, pero parecería que debemos elegir de manera que no perdamos tiempo y
energía enamorándonos de alguien inalcanzable.
La mayoría tiende a enamorarse de alguien que, en atracción, inteligencia y status, es
similar a ella.
Eso, en cuanto a las apariencias. ¿Qué pasa con los criterios que sostienen los elementos
de atracción menos evidentes? Un fascinante trabajo sobre genética y elección de pareja
ha demostrado que cada uno de nosotros se ve atraído por personas que poseen un
particular conjunto de genes, conocido como el principal complejo de histocompatibilidad,
que tiene un papel crucial en nuestra capacidad para combatir las enfermedades. Es así
que las parejas que tienen diferentes complejos de histocompatibilidad producen retoños
más sanos y con mejores sistemas inmunológicos. Y la evidencia muestra que estamos
inclinados a elegir personas que se nos acomoden en este aspecto: las parejas tienden a
tener complejos de histocompatibilidad mucho más diferentes que si se hubieran unido
por casualidad.
En general, se observa esto desde detalles simples, como el hecho de que uno de los
miembros de la pareja se resfría y el otro no. Este fenómeno se observó en parejas que
se infectaron con HIV, cuando aún se buscaba el origen de esta enfermedad, uno solo
enfermaba. Luego se identificó el virus y se vio que el otro era un portador sano, y que
podía permanecer en ese estado muchos años. A partir de esas observaciones en la
década del 80 se crearon las primeras Cátedras de Psicoinmunología.
¿Cómo se encuentra la gente que es diferente en su complejo de histocompatibilidad?
Esto no se comprende totalmente, pero sabemos que el olor es un factor importante. La
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El amor tiene caducidad

  • 1. 1 El amor tiene caducidad
  • 2. 2 Es posible que la información vertida aquí te resulte redundante, pero te aseguro que la finalidad de ella es que domines el tema y lo apliques en tu vida. El amor siempre va a ser fuente de investigación por el mundo científico. Comprobaciones sobre su origen, los motivos de atracción o por qué se siente amor, son algunas de las interrogantes que se han intentado dilucidar. Ante tales cuestionamientos, Helen Fischer, quien es antropóloga de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey y especializada en los comportamientos humanos sobre el amor, confirmó que este sentimiento efectivamente tiene fecha de caducidad, ya que produce efectos químicos -como la feromona- que en el cuerpo no duran por siempre. Según Fischer, existen tres etapas en el sentimiento del amor que el ser humano experimenta; el enamoramiento, donde lo prioritario es el aspecto sexual y que es la parte más primitiva de los ciclos; el cariño, que es cuando se tienen afectos que incluyen hechos o situaciones más trascendentales, como tener hijos; y la separación, donde -por recuerdos o simple temor al desapego- también se siente amor. De acuerdo a la investigación, en la primera fase, el cerebro segrega altos niveles de dopamina (hormona neurotransmisor producida por el sistema nervioso central), norepinefrina (estimula funciones fisiológica del cerebro) y testosterona (hormona sexual presente mayormente en los hombres), que son los que provocan fuertes sensaciones. La sobrecarga de estos tres elementos químicos no es posible que el cuerpo los aguante por largo tiempo, por eso la intensidad del enamoramiento termina por desvanecerse y finalmente desaparece.
  • 3. 3 Aun así, lo más importante es que esta fase dura unos dos o tres años, o incluso hasta cuatro, pero no pasa de este tiempo. El sexólogo alemán Dietrich Klusmann añadió que las mujeres pierden el deseo sexual después de cuatro años de relación, porque su fin evolutivo es tener descendencia, es decir, lograr tener hijos. El hombre conserva el apetito sexual únicamente para mantener la fidelidad de su pareja. El amor tiene fecha de vencimiento Al menos, así lo afirma un estudio italiano, que limita la duración del amor a 4 años. Las encuestas y los psicólogos dicen que la gran crisis de pareja aparece siempre a los siete años… si se llegan claro. Sin embargo, no todos están de acuerdo. Un estudio reciente limita el amor a cuatro años. Si el amor es alimento para el alma, recuerde, que como los yogures, también caduca. Un estudio elaborado por el Instituto italiano de Estadística (Istat) ha revelado que los italianos cada vez se casan menos. No nos extraña, según han dicho especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que analizaron las implicaciones neurológicas del amor, este sentimiento dura máximo cuatro años y se caracteriza por ser un "estado demencial temporal".
  • 4. 4 La estadística señala que el llamado "divorcio exprés", al que las parejas españolas pueden recurrir desde hace dos años para romper su matrimonio en tiempo récord, ha reforzado la tendencia al alza en el número de disoluciones matrimoniales en España. Esta conclusión se desprende de los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) español sobre nulidades, separaciones y divorcios en 2006, años en el que se produjeron un total de 145.919 disoluciones matrimoniales, un 6,5 más que en 2005. AMOR Y SEXO El amor debe distinguirse del apego y del atractivo sexual, porque el enamoramiento activa sustancias químicas en el cerebro que ocupan todas las neuronas y no se puede sino pensar en el ser amado, afirmó en un comunicado Georgina Montemayor Flores, de la Facultad de Medicina de la UNAM, la mayor universidad de Latinoamérica. Montemayor, que dirige un grupo de investigación sobre el tema, explicó que cuando un individuo se enamora "se accionan las zonas que controlan emociones, como el tálamo, la amígdala, el hipotálamo, el hipocampo, el giro cingulado y las partes del sistema límbico". Este estado físico químico también acaba, aseguró la especialista. "Suele durar un máximo de cuatro años o hasta que aparece otro ser que despierta esa pasión romántica, y sólo pervive el apego o la compañía hacia una persona", afirmó. TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO En la medida en que piensa recurrentemente en la misma persona, la condición sicológica del enamorado puede ser comparable "con un estado obsesivo compulsivo", sostuvo. Ello lleva a Montemayor a concluir categóricamente que "solo se puede estar enamorado de una persona a la vez", al contrario del apego o del deseo sexual. En sus inicios, el amor deviene en una obsesión de tales dimensiones "que las personas dejan de ser productivas (...) de hecho las grandes obras de arte nunca se crearon cuando los autores
  • 5. 5 estaban apasionados, sino después, en el proceso del desamor". La especialista en anatomía precisó que las personas entran y salen de ese estado de enamoramiento porque el cerebro no podría resistir tanto desgaste si se mantuviera así constantemente. LIBERAR SUSTANCIAS "Lo asombroso es que el encéfalo se acostumbra a las sustancias liberadas, por lo que en su caso, está a la espera de que otra persona inicie este proceso", puntualizó. "Aunque ello no tiene sustento moral, le sucede a todos los humanos", apuntó. Sin embargo, advirtió que el amor romántico "es tan fuerte como el impulso de ingerir alimentos o tener sed, se puede controlar en las primeras etapas, pero una vez activado es imposible detenerlo inmediatamente, aunque es temporal". En cambio, desenamorarse de una persona, según la investigadora mexicana, se explica en que el cerebro aumenta los niveles de oxitocina, la llamada hormona del apego, "incompatible con la pasión romántica, que se convierte en el cariño familiar", dijo. Para la experta "el amor tiene un precio. Por principio, se pierde la libertad y también se vuelve dependiente de otra persona, por ello, se debe recordar que el desamor libera". El amor (casi) tiene fecha de vencimiento Y vivieron felices, y enamorados, para siempre. Esa es la versión oficial que hoy la ciencia pone en duda: el enamoramiento dura hasta los dos años. Pero no todo es tan malo, a los 20 años retorna. Ampliar
  • 6. 6 EN LA novela que se escribe a partir de la segunda parte de Piratas del Caribe, El Cofre del Hombre muerto, Elizabeth Swann le pregunta al capitán Jack Sparrow sobre el matrimonio. En la mira y responde irónico: “¡Me encanta! Es como una apuesta para ver quién se desenamora primero”. Lo interesante es que, por muy de piratas que sea, la frase es respaldada por la ciencia, la que en recientes estudios se ha preocupado de aclarar que el enamoramiento tiene fecha de vencimiento. Con el tiempo se va desvaneciendo, pierde fuerza y se termina transformando en algo parecido al cariño de hermanos. Así mostró un estudio, divulgado en New York Times por la sicóloga de la U. de California, Sonja Lyubomirsky. La investigación, que duró 15 años y se hizo sobre más de 1.700 matrimonios europeos y estadounidenses, demostró que en promedio el enamoramiento dura hasta los primeros dos años de relación. La teoría de los dos años, en tanto, fue explicada por un estudio de la U. de Pisa (Italia), que mostró que las personas en una nueva relación, y atravesando por la fase del amor apasionado, muestran altos niveles de neurotrofinas (proteínas cruciales en la supervivencia y crecimiento de las neuronas) en la sangre. En cambio, en quienes superan la barrera de dos años, manda la oxitocina. Donatella Marazziti, directora del Laboratorio de sicofarmacología de la U. de Pisa (Italia), quien dirigió la investigación, dijo que “si los amantes juran que sus sentimientos serán eternos, las hormonas cuentan otra historia”. Y esto se ve a nivel local. Según datos del Departamento de siquiatría de la U. de Chile, en nuestro país entre el 25% y 30% de las parejas no logra superar la crisis de los dos años. De acuerdo a Lyubomirsky, esto ocurre porque el nuevo amor es… como todo lo nuevo. Igual que un nuevo auto, trabajo o casa, es atractivo hasta que pierde la novedad y se vuelve rutina. Aunque el estudio tiene un lado positivo: después de 20 años juntos, cuando los hijos ya se han ido, las parejas recuperan los índices de enamoramiento del primer año de matrimonio. La responsable de ese regreso a los inicios es lo que la sicología llama adaptación hedónica, la capacidad del hombre para adaptarse a una nueva situación, buena o mala, volviendo a los niveles de satisfacción de la situación anterior. Esto pasa porque “en vez de la tormenta neuroquímica que provocan las características típicas de estar enamorado (con los años) casi todo vuelve a la normalidad. Y si la relación continúa se produce una
  • 7. 7 fuerte síntesis de oxitocina, que se puede considerar una especie de adhesivo para mantener las parejas juntas”, dice a Tendencias Marazziti. Pero no es sólo el enamoramiento el que decae con el tiempo. También lo hace la atracción sexual. En la novela El largo adiós, el detective Philip Marlowe es invitado al bar Víctor por su cliente Terry Lennox. Ahí pide una ronda de gimlet para después teorizar: “El alcohol es como el amor, el primer beso es mágico, el segundo es íntimo, el tercero es rutina”. La frase del personaje de Raymond Chandler no deja de ser cierta. Estudios de las universidades de Melbourne (Australia) y Stony Brook (Estados Unidos) han demostrado que tanto hombres como mujeres pierden el impulso sexual después de haber visto varias veces las mismas imágenes eróticas y participado de las mismas fantasías sexuales. Evolución pura “¿Sabías que la institución del matrimonio fue creada cuando las personas vivían en promedio hasta los 30 años”, pregunta Kim a Michael en El último beso, adaptación americana de la película italiana L’ultimo bacio, relativizando el sentido del “para toda la vida” en la sociedad moderna. Y quizás no está tan equivocada. En su artículo, Lyubomirsky explica que el desvanecimiento del enamoramiento con los años no es un viraje antojadizo, sino que las personas están biológicamente diseñadas para desear variedad. Al igual que con las drogas, cuando enfrentamos diversidad y novedad el neurotransmisor dopamina activa el sistema de recompensa en nuestro cerebro, entregando placer. Aunque eso no es todo. Los biólogos evolutivos creen que la variedad sexual es adaptativa y evolucionó para evitar la endogamia y el incesto en nuestros antepasados. La función es sencilla: cuando una pareja llega a ser tan familiar como hermanos dejan de sentirse sexualmente atraídos. En un fenómeno que se da con mayor frecuencia y más rápidamente en mujeres. Un estudio de la U. de Guelph (Canadá) pidió a 170 hombres y mujeres que llevaran de un mes hasta nueve años juntos, que informaran sobre los niveles de satisfacción con su relación y el deseo sexual. Ellos se reportaron generalmente satisfechos con ambos aspectos, pero para ellas los niveles de deseo fueron menores. “Específicamente, por cada mes adicional que las mujeres se encontraban en una relación con su pareja, su deseo sexual había disminuido”, dice el estudio presentado en el Journal of Sex & Marital Therapy.
  • 8. 8 Así, en ellas el tiempo en pareja era el mejor predictor del deseo sexual, en ellos se mantenía. Esto también tiene una razón evolutiva: mientras el deseo sexual masculino debe perdurar para producir muchos hijos, el de la mujer, por el contrario, disminuye en la medida en que éstos llegan y se aboca a la crianza. 20 años no es nada Pero, como está dicho al comienzo, si se logra superar los 18 a 20 años de relación -plazo que establecen como simultáneo a que los hijos se vayan de la casa-, la recompensa es grande: estudios han mostrado que ese es el período en que la felicidad marital alcanza los puntos más altos. Así reveló una investigación dirigida por Bianca Acevedo, sicóloga de la U. de California, quien a través de una encuesta telefónica, recolectó datos de 274 hombres y mujeres en relaciones estables, midiendo sus escalas de felicidad conyugal y amor apasionado. Sorpresivamente, halló que cerca del 40% continuaban registrando altos índices de enamoramiento y el otro 60% no eran necesariamente infelices, alcanzando varios altos niveles de satisfacción en la relación. De este grupo, 17 hombres y mujeres aceptaron someterse a análisis de escáneres cerebrales. A los voluntarios, que tenían en promedio 21 años de relación estable, se les pidió que vieran una foto de su pareja y, para comparar, otra de dos amigos cercanos. “Los resultados mostraron (que al ver la fotografía de la pareja se producía) una activación del sistema de recompensa, similar a la observada en individuos en estado temprano de amor romántico, así como en estudios de adicción. Además, los amantes a largo plazo también mostraron una activación en áreas que muestran lazos entre los padres”, dice a Tendencias Acevedo. Es decir, los matrimonios con más de 20 años tienen lo mejor de las dos etapas: el vértigo del enamoramiento y el apego de la estabilidad.
  • 9. 9 ¿Cuánto dura el amor? Los matrimonios de hoy duran una media de 15 años Dos de cada cinco matrimonios acaban en divorcio. Las razones, según un estudio estadounidense, son la falta de comunicación (6,7%) y la infelicidad (59,9%). Después de estudiar muchas culturas y tribus, la antropóloga Helen encontró dos patrones que se repetían: las mujeres tenían hijos cada cuatro años, justo el tiempo de caducidad media del matrimonio. ¿Casualidad? Desde luego que no. La antropóloga concluye que en las parejas se suele repetir el siguiente ciclo: una etapa inicial de enamoramiento en el que lo prioritario es el contacto sexual; otra, a la que denomina del cariño, en la que la crianza de un hijo es el objetivo; y una última que termina con la separación. Algo a lo que las neurociencias han dado una explicación científica: al principio de una relación de pareja se producen sensaciones con un altísimo nivel de intensidad fruto de los altos niveles de dopamina, testosterona y norepinefrina que segrega nuestro cerebro y que nos hacen sentir eufóricos, hiperactivos y provoca pérdida de apetito. También se han registrado bajos niveles de serotonina, que es la responsable de la obsesión por el objeto de nuestro amor. Pero biológicamente, nuestro organismo no puede soportar esta situación durante mucho tiempo, por lo que provoca el descenso de esa sobrecarga química. Se estima que el período en el que vivimos esas sensaciones tan intensas que identificamos con el amor dura unos dos o tres años, con un máximo de cuatro.
  • 10. 10 De hecho, según una investigación realizada por el sexólogo Dietrich Klusmann, las mujeres pierden el deseo sexual precisamente tras cuatro años de relación, mientras que los hombres lo mantienen intacto. ¿Su explicación? Puramente evolutiva: el fin de la mujer es sellar el vínculo con su pareja, mientras que el del hombre es que su pareja le sea fiel. También parece que el NGF, o factor de crecimiento nervioso, presenta niveles muy altos cuando nos enamoramos de una persona nueva, y vuelve a sus niveles primigenios al cabo de un año. Entonces es cuando las parejas monógamas desarrollan cierta tolerancia mutua, se pierde la euforia romántica y nos resulta más difícil activar los centros neuronales de nuestra pareja. ¿El amor tiene fecha de caducidad en la pareja? La evolución vs la determinación ¿Cuándo se acaban las maripositas en el estómago, el aceleramiento del corazón, las ansias locas por estar todo el tiempo con ese ser tan amado? Según la psicología evolutiva, para poder sobrevivir como especie, los humanos desarrollamos la capacidad de permanecer juntos como pareja, al menos el tiempo necesario como para criar a un hijo (período de gestación y lactancia), por su parte en el área de la antropología helen Fisher, después de estudiar muchas culturas y tribus, encontró dos tendencias que se repetían: se tenían hijos cada cuatro años y la mayor probabilidad de divorcio se producía a los cuatro años del matrimonio la antropóloga concluye entonces que, en la pareja, se tiende a producir un ciclo consistente en una etapa inicial de enamoramiento con exclusividad sexual relajada, pasando por una
  • 11. 11 fase de crianza de un hijo y culminando en la separación, como dicha secuencia se solía dar durante la vida fértil con una periodicidad de aproximadamente cuatro años, denominó a su teoría como el “ciclo reproductor de 4 años”. Recientemente las neurociencias han aportado una explicación científica al fenómeno anterior. Al inicio de una relación de pareja se suscitan sensaciones de tan alto nivel de intensidad - como resultado de la activación de ciertos circuitos cerebrales y de la acción de determinadas sustancias bioquímicas – que se habla de la presencia de una suerte de “borrachera de amor” confundible, incluso, con una psicosis en la que se mezclarían síntomas de manía, demencia, obsesión y extraños comportamientos, “ad doc” con la frase ”locura temporal de amor”, en- enamorados( en-in- dentro) del estado de amar, en el amor, pero biológicamente, nuestro organismo simplemente no puede soportarlas en forma continuada y permanente, so pena de correr riesgos de locura, agotamiento físico y de quedar exhaustos sin energía para otras actividades, por lo que esa urgente atracción bioquímica inevitablemente va a decaer con el transcurso del tiempo
  • 12. 12 . aunque nuestro cerebro sea un órgano muy flexible, la bioquímica y la neurofisiología no permiten variaciones demasiado marcadas de un individuo a otro, por lo que se presuponen determinados lapsos de tiempo y el organismo no puede alargar mucho el plazo durante el cual se secretan en abundancia las hormonas asociadas a la etapa del enamoramiento romántico e, indefectiblemente, toda la locura de la pasión se va desvaneciendo gradualmente se estima que el período en el que se “vivencian” –se sufren o se disfrutan- tan marcadamente esas sensaciones que normalmente identificamos con el amor (con mayúscula) dura, en general, un promedio de solamente dos o tres años, con un máximo de los “famosos” cuatro años, lo cual estaría determinado orgánicamente y tendría un sentido evolucionista en este sentido se ha descubierto que la molécula proteínica conocida como (ngf) presenta niveles elevados cuando nos enamoramos de una nueva persona, pero vuelve a sus niveles previos al cabo de un año; por lo tanto, esa tan alta intensidad física y emocional, sólo sucede una vez en los inicios de una relación de pareja, por supuesto que se seguirán produciendo momentos de placer y alegría – ambas definidas necesariamente como emociones pasajeras - pero serán menos frecuentes y menos abundantes en términos biológicos lo que sucede, en el fondo, es que cuando una pareja se estabiliza en el tiempo, va desarrollando una suerte de acostumbramiento a la presencia del otro. Aunque la unión sea muy satisfactoria, se
  • 13. 13 irá generando una tolerancia similar a la que experimentan los drogadictos, haciéndonos resistentes a los estímulos repetidos; es decir, si la relación se ha vuelto rutinaria se debe a que nuestro cerebro está menos sensible a su “propia” hormona de amor preferida (para que se secrete dopamina se requiere de la novedad) por tanto cuando las parejas monógamas desarrollan dicha tolerancia mutua y se pierde la euforia romántica, no significa que nos hayamos equivocado de persona ni que la relación sea aburrida, sino que nuestros cerebros plásticos se han adaptado tan bien el uno al otro que nos resulta mucho más difícil estimular los centros del placer, para lo cual ayuda el realizar juntos nuevas actividades) claro… para añadir novedad a la relación y producir dopamina… No obstante, esto no significa que sea imposible mantener un tipo de amor con componentes pasionales y románticos, eventualmente, durante toda la vida pues veamos con detenimiento esto… si existen elementos de enojo, mala comunicación efectiva, resentimientos, mala cama, pocos deseos sexuales, etc.
  • 14. 14 Es sumamente importante ir a terapia de pareja e individualcon el fin de reconocer y cerrar círculos de dolor y prácticas de mala comunicación verbal y sexual, es importante sanar y reforzar el deseo de innovar de hacer cosas juntos para crear la ansiada “novedad generadora de dopamina” enfrentar en que se han permitido ser aburridos, pausados y abandonados en su relación en efecto, los trabajos con terapia de pareja cíclicamente monitorizados en múltiples espacios de diversos sitios desde gran Bretaña, Alemania, España, chile, EU . con resonancia magnética se ha demostrado que se puede lograr que el sistema de recompensa del cerebro continúe activándose y que sigan apareciendo algunas de las manifestaciones típicas de los comienzos, ante la novedad después o en el proceso de tener terapia de pareja en dichos estudios se compara el funcionamiento neuronal, al mostrarles la foto del ser amado, de matrimonios casados hace décadas con parejas que llevan menos de dos años juntos, en el primer caso se pudo observar que no solamente habían desarrollado las zonas del cerebro coligadas al apego, calma y supresión del dolor - sino que también presentaban actividad en aquellas regiones asociadas al amor romántico, las que no eran las mismas que se activan en la atracción sexual (aunque algunas sean comunes en ambos), sino que eran áreas específicas del enamoramiento
  • 15. 15 Cuando las personas enfrentan un proceso de terapia pueden darse cuenta, de lo que es su realidad y deciden suprimir defectos desde el consciente para el colectivo de la pareja y entienden lo que sí tienen en ésta mientras que aquellos casos que aún no habían llegado a los dos años de relación, fuera de las zonas ligadas al romanticismo, presentaban también mayor actividad en las relacionadas con la obsesión y la ansiedad puede acentuarse por la mala comunicación y malos hábitos de interrelación, baja inteligencia sexual e incluso emocional en conclusión, el mantenimiento de la pasión durante décadas parece ser minoritario pero no inasequible, no se trata de un asunto poco común o inalcanzable, sino que es realizable requiere compromiso y acciónes así como la pasión rutilante va cediendo espacio a otras manifestaciones de convivencia tales como el afecto, ternura, apego, pertenencia, seguridad, compañerismo y aceptaciónello no supone la desaparición del amor, sino que comienza una nueva fase de la relación, más consolidada y más responsable se trata de un amor más sereno y calmado, donde la comunicación es más fluida, de mayor complicidad. poniendo atención a su cuidado y el sanar todo lo que la afecte. Los circuitos cerebrales asociados a la adhesión, a la conservación y al compromiso a largo plazo se vuelven más dinámicosdichos circuitos se activan con la mayor afluencia de oxitocina y vasopresina, facilitada por ciertas experiencias gratificantes tales como caricias y el contacto físico en general.
  • 16. 16 Al inicio venían en grandes cantidades derivadas de cada orgasmo. estas dos neuro hormonas, a su vez, aumentarán los niveles de dopamina y toda esta combinación actúa como una poderosa base química que mantiene unida a la pareja en una forma cualitativamente satisfactoria para poder arribar a esta nueva fase, debe existir la disposición a estar abierto a estas nuevas transformaciones y rutas neuronales; a no quedarse aferrado tratando de mantener a pulso – artificialmente - las sensaciones de la época anterior y saber que tampoco se trata de resignarse a que ya no se van a suscitar ninguna de las sensaciones de antes. El amor sexual maduro, término acuñado por kernberg, se refiere a la capacidad de darse el tiempo necesario para poder pasar a esta nueva etapa y así poder llegar a construir relaciones personales de calidad, “auténticas, comprometidas, que integren todos los elementos importantes de la vida personal: las pasiones, los instintos, el deseo sexual, en una relación simétrica, respetuosa, en libertad y profunda” (capponi)caminar unidos en el deseo de permanencia, de complicidad de innovar en lo posible juntos y mantener creativo el sentido del humor. Reflexionar en que la fecha de caducidad es cuestión de cuidado y de trabajo personal en una empresa que es de dos. La bioquímica y el amor, pueden con intención hacer de la relación de pareja un asunto de toda la vida.
  • 17. 17 Nada funciona si no existe "Recompensa" He querido rescatar un concepto aparecido del especialista en neuromarketing Christian Scheier de la Consultora DECODE. Este especialista señala que se sigue haciendo hincapié en las emociones, pensándose que a través de ellas se pueden generar intenciones e compra. Pero en opinión de Scheier, las emociones están actualmente sobrevaloradas en publicidad. Los directivos de marketing tienen que preguntarse más bien si su marca apela al sistema de recompensas del cerebro. . Es en ese preciso momento de la lectura que he quedado enganchado en el concepto que propone Scheier, que si bien es cierto, es un concepto antiguo de marketing, basado en el hedonismo, y que señala que las personas en cualquier acto buscan sensaciones gratificantes. Esto a veces es un poco complejo explicarlo ya que se tienden a confundir conceptos, de allí mi valoración a la proposición de Scheier. Según el especialista, cuando una persona no compra una marca, no es porque no entienda su mensaje o porque no crea en él, sino porque el significado de la marca no le ofrece suficientes recompensas. Todo consumidor sabe de forma implícita qué significa una marca, según Scheier, pero su recompensa no basta para todo el mundo. Las personas clasifican las marcas en función de su valor de recompensa. El cerebro no deja de preguntar "¿Cuál es la recompensa?”. Según el neurólogo Manfred Spitzer, la secuencia es la siguiente: "Las personas se
  • 18. 18 motivan cuando consideran que algo es bueno, y lo consideran bueno porque reciben o recibirán una recompensa". Un equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge estudió qué ocurre en el cerebro cuando se mira la carta de platos de un restaurante: la amígdala, el centro emocional, está totalmente activada. Ella es la responsable de responder a la pregunta de si un plato es bueno o no, cuando en la carta todos los platos suenan bien. Sin embargo, el sistema de recompensas (la corteza orbito-frontal), no se pronuncia hasta el momento en que hay que decidirse por un plato.
  • 19. 19 Si no hay recompensa, no hay acción, afirma Scheier. Y esto demuestra en su opinión qué poco tiene que ver el ser humano con un ser movido por el instinto y las emociones. Entre la emoción y la acción se interpone el sistema de recompensas, precisamente la región del cerebro que se activa cuando se está frente a la marca favorita. Así, el valor de recompensa de la marca resulta decisivo.
  • 20. 20 El amor El impulso de unión con otros organismos, precursor del amor, con más de tres mil millones de años, permitió superar el mundo de la clonación para acceder al de la individualidad y diversidad, pero supuso aceptar la finitud y la muerte. La mayor diversidad genética, propia de la reproducción sexual, ha facilitado la adaptación de los organismos complejos a entornos extremadamente cambiantes. El nivel de felicidad aumenta a partir de una edad avanzada… El amor se encuentra en el cerebro al ser el recurso fundamental para sobrevivir, aunque de una forma diferente según el género. En los hombres, el es dos veces y media superior que en las mujeres, mientras que en éstas, son más numerosos los circuitos cerebrales activados con el oído y las emociones. Evolutivamente, los hombres manejan el espacio y resuelven sistemas inanimados con mejor soltura que las mujeres, más especializadas en la percepción de los sentimientos. La empatía, o capacidad de reconocer y responder los pensamientos y emociones de otras personas, permite reconocer las necesidades de los bebés con mayor facilidad, aumentando la probabilidad de supervivencia. A su vez, las hembras cuentan con un grosor mayor del cuerpo calloso (región cerebral que separa ambos hemisferios), lo que les proporcionan una mayor versatilidad y posibilidad de atender con más soltura a varios asuntos a la vez. El Cortejo Nos fascina que nos entretengan y nos arranquen de la soledad. Ante un estímulo externo positivo, el cerebro activa una sensación de bienestar, pero para que esta sensación se transforme en un sentimiento de amor o una emoción de felicidad hace falta que el pensamiento se ponga a husmear en la memoria, en busca de datos o recuerdos similares. Así, los nueve meses del embarazo y los dos primeros años de vida constituyen los cimientos del amor, al construirse un mapa mental con asociaciones, experiencias y hechos fortuitos y porque antes se es incapaz de poseer recuerdos. De esta forma se modula el cerebro social y se establecen los recursos emocionales de una persona. Para elegir a un organismo en particular en lugar de otro, intervienen factores como la simetría y la compatibilidad entre los sistemas inmunológicos de la pareja a través de las feromonas. En los humanos, el órgano vomeronasal, encargado de detectar las señales de las feromonas, está atrofiado, aunque es el responsable, entre otros, de la sincronización del ciclo menstrual en las mujeres. También se ha sugerido, que tendemos a enamorarnos de personas con tipos de personalidad conformados por un perfil químico complementario al nuestro.
  • 21. 21 Está demostrado que los hombre más simétricos tienen más parejas sexuales que los hombres con más fluctuaciones asimétricas. Esta simetría masculina facilita el orgasmo femenino, responsable de una mayor succión de esperma cuando se produce haciendo el amor. También se ha detectado la preferencia de los bebés por determinados rostros, eliminándose así los condicionamientos culturales que pudieran aducirse. La seducción es un fenómeno cultural e indistinto del género, que se ejerce en aras de agradar al otro. El ser humano es curioso por naturaleza, por lo que la ostentación, tanto como su inversa, obligan a ejercicios mentales cada vez más complejos, con los que intuir lo que piensan los demás de nosotros. El lenguaje no verbal equivale a más del 60% del contenido reflejado en la conversación. Cuando dos rostros pretenden expresarse, la mirada absorbe un 70% del esfuerzo. Así, en el amor, es imposible enamorarse sin mirar fijamente a los ojos. La creciente mezcla de poblaciones y culturas redundará en un planeta más sano y bello… El Enamoramiento El casi centenar de neurotransmisores o neuropéptidos del cuerpo humano son los responsables de los flujos. Durante el embarazo son responsables de las diferencias relativas a la orientación sexual y a la conducta que tendrá el feto de adulto. Cuando encontramos a la persona deseada, el hipotálamo, a través del sistema nervioso, ordena a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina, provocando el aumento del latido cardiaco y presión arterial, se incrementa la liberación de grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular, se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea, etc. La mayor parte de las regiones del cerebro humano que contienen receptores de las hormonas vasopresina y oxitocina se activan tanto en el enamoramiento como en el amor maternal por la producción de feniletilamina, un compuesto de la familia de las anfetaminas. Los niveles de oxitocina se disparan en los enamorados y tanto los hombres como las mujeres la segregan al copular. Esta hormona juega un papel fundamental en la conducta sexual, al sustentar la fidelidad y la creación de vínculos afectivos en la pareja. Está presente en todas sus fases: en el enamoramiento, en el posparto y en la lactancia. De hecho, la leche contiene niveles altos de oxitocina y prolactina, que facilitan el vínculo entre la madre y el recién nacido El enamoramiento es un paso indispensable para que florezca el amor pero son distintas y sólo pueden consumarse si a la primera fase le sigue la segunda. El amor romántico y el parental coinciden en lo que concierne al sistema nervioso con el fin evolutivo de perpetuar la especie. El amor se apoya en dos cimientos que también conforman las enfermedades psicológicas: los recuerdos inconscientes y los mecanismos de defensa. Así, enamorarse depende en gran medida de nuestras experiencias y de aprendizajes pasados, y por ende de la memoria. La experiencia amorosa más reciente debe superar siempre el umbral alcanzado por los anteriores. Las regiones ricas en oxitocina y vasopresina, las hormonas del amor, se superponen
  • 22. 22 con fuerza sobre aquellas ricas en dopamina, el neurotransmisor tradicionalmente asociado con el circuito de recompensa del cerebro. Así, se asociará a la pareja con una sensación satisfactoria de recompensa. El orgasmo femenino requiere de una inhibición casi total de las preocupaciones... La serotonina, por el contario, encabeza la lista de las sustancias que modelan el desamor. La ausencia de este neurotransmisor, que tiene un efecto sedante sobre el cerebro, está relacionado con la agresividad, la depresión y la ansiedad. Las personas que presentan un trastorno obsesivo compulsivo, caracterizados por niveles bajos de serotonina, son conscientes de que sus obsesiones son algo irracionales, similares a los de las personas enamoradas. Éstas, a su vez, presentan índices de cortisol elevados, reflejando así el estrés que producen los estímulos asociados a los inicios de una relación sentimental y que es necesario para iniciar una relación. La testosterona en el caso del amor se comporta de manera de forma diferente según los géneros. En el hombre enamorado disminuye mientras que en las mujeres aumenta. La dopamina es fundamental en la biología del amor, en lo que se refiere a los mecanismos de señalización y placer, jugando un papel determinante en la elección de pareja. La Relación de Pareja La intensidad de la atracción sexual no es la misma entre varones y hembras. El orgasmo de la mujer requiere de una inhibición casi total de su cerebro emocional, es decir, precisa de la desconexión de ciertas emociones como el miedo o la ansiedad. En el varón, predominan las sensaciones de placer físico vinculadas a la excitación por encima de las circunstancias reinantes. Esto es así porque el varón compite con otros de su misma especie para merecer los favores de la hembra. Sin embargo, la hembra pone un especial cuidado en la elección del hombre con el que se empareja. Mientras que la mujer necesita para engendrar un hijo la energía equivalente a correr una maratón, el macho sólo emplea la energía requerida para calentar una taza de agua. Fisiológicamente, las hembras y los machos aportan de diferente grado en la inversión parental. Las primeras pueden producir un hijo o dos al año, empleando un óvulo de sus cuatrocientos, mientras que el hombre podría fecundar miles de hijos al año (tres mil espermatozoides por segundo). Los rasgos exageradamente masculinos resultan menos atractivos que los exageradamente femeninos ya que se han asignado a estos últimos atributos como honestidad, maternidad, altruismo, etc. Aún así, durante la fase de fertilidad del ciclo menstrual, las mujeres cambian sus preferencias a favor de rasgos marcadamente masculinos. Los bebes humanos requieren de los cuidados de sus Un estímulo negativo equivale a cinco
  • 23. 23 padres debido a su indefensión, al nacer un año antes de tiempo. Al erguirse sobre los primeros homínidos, pero disminuyó, justo cuando aumentaba el del encéfalo craneal, por lo que fue necesaria esta estrategia para sobrevivir. estímulos positivos… Criar niños y prepararlos para que se puedan valer por sí solos es una tarea que supera con creces la capacidad de una sola persona. Además, como consecuencia de que nuestros antepasados homínidos se irguiesen, para mejorar su rendimiento energético, el tamaño de su pelvis disminuyó a la vez que aumentaba el del encéfalo craneal, haciendo necesario que los bebés humanos naciesen un año antes de tiempo. Así, para la perpetuación de la prole se requiere un vínculo emocional como el amor, que se encarga de eliminar el pensamiento consciente del macho para permanecer con sólo una hembra. Así, la selección natural también ha primado a los genes de los varones que también invertían en sus hijos, al mantenerse en la descendencia. De ahí que los hombres también sean selectivos y celosos, por el miedo de que su inversión sirva para alimentar los hijos de los demás. De esta forma es como surgieron las relaciones de pareja. Dado que este comportamiento se encuentra totalmente establecido, se cree que podría deberse a la acción de un gen, que sería el responsable del vínculo de fidelidad en la pareja. Entre las personas que se consideran a sí mismas buenos compañeros estables, valoran gradualmente la fidelidad, el atractivo físico, el compromiso para formar una familia, la riqueza y el estatus social. La información canalizada a través del tacto y, por tanto, del contacto físico es primordial. Los hombres que besan a sus esposas por la mañana pierden menos días de trabajo por enfermedad, tienen menos accidentes de tráfico, viven unos cinco años más Y ganan de un 20% a un 30% más. Una cuarta parte de los niños que no han sido acariciados a menudo tiene un comportamiento más inestable que el resto en la pubertad. Está comprobado que un estímulo negativo equivale a cinco estímulos positivos, además de que un niño que convive con expectativas negativas y estresantes se amolda fácilmente a los que se espera de él. También es sabido que la ausencia física durante mucho tiempo mata el amor. Si todos los estímulos se agolpan conjuntamente, la sensación será intensa. Si se espacian en el tiempo, la sensación será débil.
  • 24. 24 Psiconeurobiologia de la atracción y el amor Autor: Dr. Pablo R Cólica -Médico- Julio 2009 – Asociación de Medicina del Estrés de Córdoba (AMEC). El siguiente artículo ha sido redactado tomando como base y en parte reproduciendo conceptos y párrafos contenidos en la bibliografía mencionada al final del ltexto. El amor y el estrés están muy ligados. El ser humano debió adaptarse al amor en la pareja, a partir de un comportamiento instintivo primario, que era puramente reproductivo. Aún hoy le cuesta esta adaptación, costos que en muchos casos se acumula como carga alostática (La alostasis puede definirse como la habilidad de adaptarse exitosamente a los cambios) y sobrepasa los beneficios del estrés sano, puramente adaptativo. El amor como toda emoción, en realidad, no es en si mismo ni bueno ni malo: depende de su magnitud. En su justa medida es seguramente una de las emociones más sublimes; pero en exceso o defecto, seguramente se irá convirtiendo en un calvario, para quien lo sufre y para quien lo recibe. En la práctica clínica, es una de las causas más comunes de estrés psicoemocional. Veamos ahora, algunas modificaciones tangibles que provocan en nuestro organismo “mente-cuerpo” esa indescifrable emoción o impulso. He encontrado muy interesantes dos trabajos que reproduciré: uno de la Dra. Donatella Marazziti y otro de la Antropóloga Helen Fisher. En la revista New Scientist N° 2446, se publican los resultados de la investigación de Donatella Marazziti (Universidad de Pisa) www.donatellamarazziti.com, donde se observa que en los recién enamorados se reducen las diferencias hormonales entre sexos, el nivel de testosterona disminuye fuertemente en el hombre enamorado, mientras que el de esta misma hormona crece en su compañera. Es decir que en la fase turbulenta
  • 25. 25 del enamoramiento reciente los hombres se hacen menos masculinos y las mujeres se parecen más a ellos. Este sería un cambio natural que tiende a eliminar las diferencias entre hombres y mujeres, para, de este modo, hacer más fácil y profundo el encuentro. “Es como si la naturaleza quisiera eliminar lo que pueda ser diferente entre el hombre y la mujer, porque lo más importante es sobrevivir y formar pareja en esa etapa” dice Marazziti. También se demostró que durante los seis primeros meses de relación de pareja, el nivel de cortisol, había aumentado de forma notable, tanto en hombres como en mujeres. Todos sabemos que el enamoramiento provoca estrés; sobre todo la primera vez que enfrentamos esta emoción esperada pero desconocida. También provoca estrés el no enamorarse nunca y mucho peor el no ser correspondido. En 1999 Marazziti ya había constatado que en los enamorados caen los niveles de serotonina (un neurotransmisor con efecto calmante) muy por debajo de lo normal, dando base científica a la “locura del amor”. De hecho, este bajo nivel de serotonina también se da en personas con desorden obsesivo-compulsivo. Por eso se dice que la etapa del enamoramiento se vive como un trastorno obsesivo-compulsivo.
  • 26. 26 Unos y otros pierden la cabeza, aunque por causas muy diferentes. Lo cierto es que con buenas bases biológicas todo esto ha dado lugar a que se diga que el enamoramiento es una “locura temporal” y que produce diversos grados de estrés. Más adelante veremos que el inicio de estos procesos, es consecuencia de fenómenos aparentemente ligados al instinto evolutivo puesto que no sería muy diferente a la secuencia de otras especies. Los receptores olfativos del ser humano reciben diferentes feromonas (lo mismo que en otras especies e incluso las plantas) que traen el aroma de la persona adecuada, lo que comienza a inquietarnos en un proceso que no registramos racionalmente pero que nos lleva a buscar el origen de la perturbación. Así los ojos chocan con la persona indicada y podemos quedar fascinados por alguien en fracciones de segundos, incluso antes de tomar plena conciencia de su existencia. Inmediatamente se produce una sustancia en el SNC que actuaría como indicadora, la feniletilamina (FEA) de un proceso neuroquímico que puede dividirse en dos fases sucesivas: atracción y enamoramiento. La FEA es una sustancia derivada del aminoácido fenilalanina y se la considera un neuromodulador catecolaminérgico que desencadena el mecanismo simpático. Su estructura química es muy similar a la alfa-metil-anfetamina y es inactivado por una enzima MAO-B. Justamente con ello se activa el mecanismo simpático del estrés con producción de adrenalina y NA. La FEA desencadenará la secreción de dopamina en el SNC que activa el circuito de la recompensa y se alterarán los niveles de serotonina, dando paso al enamoramiento. Ya vimos como estos procesos ocurren en consonancia con alteraciones hormonales. Pero el relámpago amoroso pasa pronto, una vez pasada esa primera fase intensa, donde las diferencias entre los sexos disminuyen considerablemente, todo tiende a volver a su cauce natural. Así, en los estudios realizados al cabo de un año, Marazziti comprobó que todos los niveles hormonales se habían normalizado. Entre tanto, seguramente la testosterona aumentará cuando se deja paso a la pasión. En muchos casos la respuesta pasional se produce antes del enamoramiento y en otros después. ¿Qué mecanismos cerebrales se activan cuando estamos enamorados? ¿Son iguales en ambos sexos? ¿Por qué seguimos amando a pesar de haber sido rechazados? La antropóloga Helen Fisher, profesora del Departamento de Investigación de la Rutgers University de New Jersey –EEUU-, identifica en el cerebro humano tres aspectos del amor: a) Lujuria; b) Enamoramiento y c) Unión o apego. La lujuria – deseo sexual- es producto de la testosterona. El enamoramiento, se atribuye a la dopamina, que es el neurotransmisor de la búsqueda de la recompensa y los cambios en los niveles de serotonina.
  • 27. 27 La unión o apego –más permanente- llega cuando el amor se consolida, el vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura y tienen que ver con la oxitocina. Pudiendo agregar la certeza de la felicidad a la vasopresina. Según esta teoría de Helen Fisher, existen tres sistemas cerebrales relacionados con el amor que interactúan entre sí: · · · El impulso sexual. El amor romántico. El cariño o apego tras una larga relación. A partir de esta premisa, realizó una investigación con un grupo de 32 personas que declaraban estar enamoradas a las que se les hizo escaneo cerebral por resonancia magnética para ver que activaciones se producían en el cerebro; 17 de ellas decían ser correspondidas y 15 habían sido rechazadas. Entre las que estaban enamoradas y eran correspondidas hallaron actividad en la zona tegmental ventral del cerebro, que produce dopamina, y en el núcleo caudado. Ambas zonas forman parte del sistema básico de búsqueda de placer y recompensa, que se asocia con la motivación por conseguir determinados objetivos. El área de la zona tegmental ventral en la que encontraron actividad es la misma que se activa cuando la persona experimenta con la cocaína. Esto indicaría que “el amor romántico no es una emoción, sino que es un impulso, una necesidad fisiológica del ser humano”, y por tanto, buscada a lo largo de la vida. [del transcriptor: ¿ O las emociones tienen una expresión fisiológica? Desde la bioenergética y su visión holística nos hace pensar que las complejas funcionalidades humanas conforman un todo funcional y quizá no haya una cosa excluyendo otra sino siendo ambas a la vez. La Dra. Ann Brennam habla de realidad holográfica en su libro “Manos que Curan” ]. Entre las 15 personas que habían sido rechazadas encontraron actividad cerebral en otras áreas del mismo sistema de recompensa: · · · En parte del núcleo acumbens, que se relaciona con las conductas aditivas (como al juego, tabaco, comidas, etc.). En la corteza insular, que se asocia con las percepciones del dolor físico, y En la corteza orbito-frontal lateral, relacionada con los pensamientos obsesivos cuando baja la serotonina.
  • 28. 28 Esto explicaría porque algunas personas siguen enamoradas a pesar de haber sido rechazadas ya que estas áreas siguen perteneciendo al sistema de búsqueda del placer, que en estos casos se seguiría buscando. A pesar de no recibir lo que uno quiere, la dopamina sigue activando esas zonas. De esta manera se comienza a comprender el mecanismo neurobiológico de los celos y de ciertos comportamientos obsesivos. Según Fisher, algunos de los mecanismos descriptos son iguales en hombres y mujeres, involucrando el núcleo caudado y el área tegmental ventral. Sin embargo, existen diferencias. “En hombres hemos encontrado más actividad en parte del lóbulo superior, que se asocia con la integración de los estímulos visuales, mientras que en la mujer, las áreas que entran en juego se relacionan con la memoria y los recuerdos”. Además, ha añadido que las actividades cerebrales que se producen cuando se está enamorado sólo suceden una vez en la relación de pareja, pues “a lo largo del tiempo el amor se va convirtiendo en cariño y apego. Las áreas del SNC, involucradas son las células del área ventral (tegmental) segmentaria ubicada cerca de la base del cerebro, que tienen proyecciones a las regiones frontales cerebrales, corteza frontal, núcleo acumbens, siendo sus neurotransmisores la serotonina y esencialmente la dopamina, que es el neurotransmisor motivacional y del sistema de búsqueda de recompensa y se libera según el estímulo. Las hormonas relacionadas con
  • 29. 29 la fisiología del estrés como la oxitocina, cortisol, VP, actúan en el SNC a nivel del eje hipotalámico –límbico- olfatorio, zona que se relaciona tanto con la saciedad como con el sexo. El amor ciego El enamoramiento provoca cambios que impiden ver los defectos de la pareja. Algo parecido les pasa a las madres con sus bebés. Helen Fisher ha procurado explicar por qué se dice que el amor es ciego. “Cuando estamos enamorados así como vimos las áreas que se activan, hay un área del cerebro que se desactiva, una parte de las amígdalas cerebrales, que se relaciona con el miedo. Por eso no vemos los aspectos que no nos gustan”. Con estudios con resonancia magnética funcional, se corroboró que cuando las personas estudiadas veían fotos de sus seres amados se activaban las áreas que pertenecían al “sistema de recompensa cerebral, medidas por dopamina” y que contienen una alta densidad de receptores para las hormonas oxitocina y vasopresina. Dichas hormonas son producidas “durante los placeres táctiles del acoplamiento”, según afirma un estudio. Por otra parte, el neurobiólogo británico Semir Zeki, en relación al amor romántico, observó una activación de la corteza cingulada anterior, de la corteza prefrontal derecha y la corteza temporal de los dos hemisferios. Se explicaría así por qué el “amor es ciego” vinculando así esta expresión que se da paralelamente a esa activación, y que desactiva los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas (la amígdala, que como vimos, está estrechamente relacionada con el peligro y el miedo) y de la evaluación social, por lo que se inhibirían las emociones negativas, afectándose el circuito neural involucrado en realizar un juicio social sobre otra persona. Eso provocaría que cuando alguien gusta mucho de otro, sólo lo juzgue por sus aspectos positivos y “no vea” los negativos. Interesante es la publicación en New Scientist de otro equipo de investigación, dirigido por Bartel, quienes también corroboraron que cuando la gente contempla a su enamorado, se suprimen los circuitos neuronales que normalmente están asociados a la “evaluación crítica” de la otra persona. Ya hemos visto como en el estado de enamoramiento, en el comienzo de una relación, hay zonas del cerebro que se activan específicamente, y que neurotransmisores como la dopamina y la serotonina están relacionadas con las emociones románticas; mientras que las hormonas oxitocina o vasopresina tendrían que ver con el apego y la fidelidad.
  • 30. 30 Vasopresina Al enamorarse se activan algunos procesos cerebrales y se segregan sustancias que hacen cambiar al individuo. De hecho, cuando uno se enamora cambia hasta su forma de ser y entre otras cosas, como dice Bartel, se suprimen circuitos que sirven para la evaluación crítica. Estos cambios tienen que ver con que la oxitocina aumenta la confianza, y es un factor importante en el desarrollo de una relación amorosa. En una experiencia de un juego de laboratorio ideada por el neuroeconomista Ernst Fehr, de la Universidad de Zúrich (Suiza), casi la mitad de los que tenían el papel de inversores dieron su dinero a un administrador anónimo, sin garantías de que se les devolviera, si aspiraban oxitocina antes de jugar. Inspirados en este estudio, el equipo de Andreas Meyer-Lindenberg, del Instituto Nacional de Salud Mental (EEUU), estudió que pasaba en los cerebros de los voluntarios que aspiraban la oxitocina. Encontró que la hormona reducía la actividad de una parte del cerebro conectada con el hipotálamo, donde se detecta el temor, y su acción parece ayudar a sobreponerse al “temor social”, lo que facilita el unirse a otra persona. Sin duda, para que el lazo pueda tener lugar, el varón y la mujer deben estar juntos y para muchas personas eso significa pasar por los pros y los contras de enamorarse. Pero en el amor romántico parece “incendiarse” el cerebro y perderse muchas de las posibilidades de evaluación objetiva. Los neurotransmisores son fundamentales. “Enamorarse es una transitoria tormenta de neurotransmisores al servicio de la fusión monógama imperfecta, es decir la pareja”. Hay que remarcar que cuando se habla del amor, el romántico, los enfoques para abordarlos pueden ser variados. “Las manifestaciones afectivas o emocionales, entre las que están el amor, la alegría, la ira, el miedo, estas tienen un componente psicológico y otro físico; expresándose éste último, a través de cambios somáticos y viscerales”,
  • 31. 31 (Roberto E. Sica, Jefe de División Neurología del Hospital Ramos Mejía).De manera que muchas manifestaciones físicas también pueden evidenciarse en estos casos. Hemos visto que los mismos patrones neuronales implicados en la formación de relaciones románticas están implicados en la adicción a las drogas. El proceso cerebral de emparejarse (formar pareja) con otra persona podría ser similar al de convertirse en adicto a las drogas puesto que ambos activan los circuitos del sistema de búsqueda de recompensa del cerebro. Esto impide descubrir defectos en el enamorado, y presta más soporte científico al dicho popular “el amor es ciego”. Pero, en la ciencia del amor también se observa que existe una respuesta natural que obedece algunas reglas instintivas como las feromonas y estéticas indicadas por el cerebro en relación a aquello que mejor nos impresiona al primer golpe de vista. O quizá sigamos pensando así porque preferimos seguir viendo al amor como espontáneamente poético, incidental y sin control. Lo cierto es que no todo debe ser hormonal o debido a una buena interacción entre neurotransmisores. En el amor, se sabe, hay otros misteriosos ingredientes. FIDELIDAD Y PROMISCUIDAD Con respecto a la fidelidad y la promiscuidad son interesantes los hallazgos de investigadores del “Centro Nacional de Investigación de Primates YERKES de la Universidad de Emory y del Centro de Neurociencia Conductual de Atlanta (BNC)”, que han logrado, transfiriendo un gen en el sistema de recompensa cerebral, y convertir el comportamiento promiscuo de un macho de ratón del campo en monógamo. Este descubrimiento, publicado el 17 de junio de 2006 en la revista “Nature”, podría ayudar a entender mejor la neurobiología subyacente en el amor romántico. Richard Dawkins (“el gen egoísta”) y Jared Diamond (“¿Por qué es divertido el sexo”? o ¿”El tercer Chimpancé?), expertos en biología evolutiva y etología, exponen en sus libros y artículos científicos innumerables ejemplos de comportamiento animal, tanto monógamo como polígamo. Tanto estos expertos como otros han tratado de ver en los comportamientos animales una tendencia a perpetuar su especie. Ahora, se empiezan a conocer los genes, es decir, los mecanismos biológicos, que determinan este comportamiento. Las diferencias en los niveles del receptor de la vasopresina entre los ratones de campiña y del monte o pradera podrían explicar sus opuestos comportamientos a la hora de aparearse. Estudios previos de ratones del monte o pradera (Microtus Ochrogaster), machos, monógamos, que forman relaciones sociales o parejas de larga duración con una sola compañera, revelaron que los cerebros de los animales contenían altos niveles de receptores de vasopresina en, una de las principales regiones del cerebro relacionadas con la recompensa, el área tegmental ventral.
  • 32. 32 Entre las especies comparativas de ratones, el ratón de campiña promiscuo (Microtus Pennsylvanicus), que se emparejaba frecuentemente con diferentes parejas, tenía poca cantidad de receptores de vasopresina en esta área. Los científicos usaron un virus no dañino para transferir el gen receptor de la vasopresina de ratones de pradera en el área tegmental ventral de ratones de campiña, lo que aumentó el número de los receptores de la vasopresina en estos últimos hasta los niveles de los ratones de pradera. Como los ratones del monte o pradera, los anteriormente promiscuos ratones de campiña experimentaron una fuerte preferencia hacia sus actuales parejas en lugar de hacia nuevas hembras. Este descubrimiento corrobora, además, investigaciones previas que relacionan la formación de relaciones sociales con la adicción a las drogas, también asociadas con el sistema de recompensa cerebral. Tom Insel ha demostrado que un determinado estímulo externo provoca un aumento en el número de receptores para oxitocina y para vasopresina en sitios límbicos, los cuales se activan al liberarse la hormona correspondiente para conferir un valor de refuerzo selectivo en una pareja o, dicho poéticamente, se produce el enamoramiento. En una nueva observación notamos que los ratones de pradera que viven en pareja y son monógamos: ambos cuidan a sus crías, no observando lo mismo en los ratones de campiña, en que el macho es polígamo y la hembra no cuida a sus crías. Los trabajos de Insel revelaron una gran diferencia en la distribución de los receptores moleculares en el cerebro de ambos tipos de ratones pero no en la magnitud de secreción (expresión) de las dos hormonas. Son, pues, los receptores moleculares los responsables de la estimulación de las neuronas en respuesta a las hormonas. El grupo de Insel también logró transformar la conducta de los ratones por manipulación genética. Quizá la evolución natural del ser humano llegue a que se modulen sus genes hacia la fidelidad. Algunos antropólogos creen que no se llegaría a ser como los pingüinos, que son monógamos aún post mortem de la pareja, o los cisnes de cuello negro; pero sí como algunas especies de primates que son monógamos mientras dura la relación pareja pero pueden tener parejas sucesivas. Entre nosotros, la tendencia cultural sería esta, por lo que finalmente se está imponiendo en todas las sociedades el divorcio en condiciones más igualitarias. Esta tendencia cultural indudablemente está influida por los conceptos religiosos. Es así que en EEUU socialmente se admite mucho menos la infidelidad que el divorcio, en cambio la sociedad dónde habría mayor infidelidad y menos divorcios, todo “culturalmente” aceptado, al menos hasta la década del noventa, es Italia. Como en tantos otros casos, no hay estadísticas confiables en nuestro país. Este ejemplo de participación de la modulación ambiental y cultural de los genes en el comportamiento, así como los experimentos transgénicos antes relatados, trasladado a los humanos, contribuyen a una aproximación al conocimiento de la neurobiología del amor.
  • 33. 33 El amor romántico y el maternal compartirían circuitos neuroquímicos. Pero sólo el romántico incluye la activación de las áreas hipotálamo donde se induce la producción de testosterona. La sensualidad, la parte sexual del amor, está conectada con el amor romántico, pero no con el maternal. Sin embargo se sabe que en el orgasmo femenino se segrega gran cantidad de prolactina y puede haber secreción mamaria. Los perinatólogos deben instruir a las madres que amamantan que no es anormal sentir cierta forma de placer “sensual” en el acto del amamantamiento, dónde naturalmente predomina la acción de la oxitocina. Es que las vías de señalamiento están muy interconectadas. Al final de la preñez, altos niveles de estrógenos aumentan el número de receptores de esa hormona en algunas partes del cerebro. El instinto maternal en ratas se despierta durante el alumbramiento, el trabajo de parto dispara la liberación de oxitocina y cuando la hormona llega a los receptores produce en la madre una adicción a sus pequeños y a su particular olor. Cada vez que la madre huele a sus hijos es posible que sienta la sensación de inminente recompensa parecida a la de un adicto al pensar en la droga. Es impresionante la experiencia de las regiones de África asoladas por guerras genocidas, donde abuelas de avanzada edad que quedaron a cargo de bebés, por asesinatos de sus padres, en esos terribles éxodos a que fueron sometidos los sobrevivientes en medio de grandes hambrunas, comenzaron a producir leche en sus magros senos para alimentar a esos niños y mantenerlos vivos. Quizá una de las mayores evidencias del poder del amor entremezclado con el instinto de conservación. En uno de sus últimos trabajos, Fisher ha estudiado 58 culturas de todo el mundo, comprobando que en todos los lugares las pautas de las relaciones amorosas eran similares. El estudio constató que las mujeres tendían a tener hijos cada cuatro años y que el momento en que una pareja tiene mayores probabilidades de divorciarse se ubica en el cuarto año de relación. Así elaboró la teoría del ciclo reproductor de cuatro años; Fisher cree que este ciclo es el remanente de la temporada de reproducción de nuestros ancestros ya que considera que es el tiempo en que un hombre y una mujer deben permanecer juntos al menos hasta que su hijo camine y se destete y para que pueda ser cuidado por otros. Esto habla de que las relaciones más permanentes serían producto de la evolución cultural de la civilización. Pero, ¿qué sucede con formas más amplias de amor? Como el amor religioso o espiritual, a Dios y la humanidad. El amor que se siente por los marginados y hasta por los enemigos es fundamental en el mensaje espiritual de todas las religiones. El budismo, aun no siendo una religión, es una de las filosofías que incluye prácticas de meditación para desarrollar estos sentimientos. Al buscar correlación entre este amor espiritual más amplio y los cambios en el cerebro no es entonces sorprendente que los científicos se hayan dirigido a los monjes budistas
  • 34. 34 tibetanos, que practican la meditación relacionada con la compasión amorosa. Ellos consideran que llegar a sentir compasión es el máximo sentimiento que se puede lograr. Los primeros resultados mostraron que los monjes tibetanos tienen una actividad cerebral inusual cuando meditan en la compasión amorosa. Richard Davidson, de la Universidad de Wisconsin-Madison, encontró excepcionalmente niveles altos de actividad eléctrica integrada durante la meditación, especialmente en la corteza prefrontal derecha, también muchos experimentos han demostrado que esas áreas pre frontales de la corteza son las mismas que se activan cuando una madre observa la foto de su hijo. Por supuesto que lo que hoy se puede evidenciar por estos métodos de escaneo cerebral revelan solo una muy pequeña parte de lo que realmente ocurre a nivel molecular o mono molecular. Estos son solo los primeros pequeños pasos en buscar las raíces del amor. Una encíclica del Papa Benedicto XVI afirma que “el amor es una sola realidad, pero con diferentes dimensiones”. Estrés y Fidelidad Cuando el ser humano está sometido a situaciones de estrés prolongado, en la segunda fase (de resistencia) del mecanismo de estrés, están permanentemente aumentadas la secreción de las hormonas CRH hipotalámica y VP (Vasopresina o ADH) hipofisaria, que se potencian mutuamente. Según predomine una u otra habrá comportamientos conductuales distintos. Si el predominio es CRH habrá más manifestaciones de ansiedad y depresión, además del estímulo sobre los ejes hipófiso tiroideo y cortico adrenal. Si predomina la secreción de VP las manifestaciones serán más relacionadas con la agresividad y hostilidad, que se da más en hombres porque se necesita mayor respuesta de testosterona, junto a mayor respuesta hipertensiva. Es probable que este comportamiento agresivo y hostil y los niveles de testosterona, tengan relación con el desarrollo de mayor cantidad de receptores de VP en otras áreas cerebrales, que induzcan a la promiscuidad e hipersexualidad ligada a búsquedas insatisfechas de recompensas en relación al esfuerzo realizado, que se observa en algunos tipos de respuesta al estrés, como por ejemplo en el Burnout (síndrome del profesional fatigado). Como sabemos, en el Burnout es muy común que quien lo padece encuentre una gran desproporción entre el trabajo realizado y su reconocimiento (recompensa). Antes vimos que en la respuesta al estrés del eje CHHA se producía secreción de CRH por parte del hipotálamo, sustancia predominantemente ansiogénica y depresógena y por acción de la misma sobre la hipófisis, por ruptura de la POMC (Pro-opio-melano-cortina) se segregan ACTH y VP u hormona antidiurética (Adenocorticotrophica y Vasopresina), además de TSH, Endorfinas, pro Melatonina, etc.). Ambas CRH Y VP potencian sus acciones mutuamente. La VP tiene más relación con conductas de agresividad y hostilidad en el mecanismo del estrés, en proporción al pool de testosterona, naturalmente mayor en el hombre. Esto explica el predominio de ciertas conductas ante el estrés según el género.
  • 35. 35 En un estrés normal, tal como sucede en el enamoramiento, hemos visto que estas hormonas sirven para fijar comportamientos positivos. La mayor disponibilidad de receptores a VP en determinadas áreas de los sistemas de recompensas, parecen estar relacionados, como ya vimos con la fidelidad. Pero, cuando el estrés se sostiene (fase de resistencia y de agotamiento), en aquellas personas con predominio de producción de VP por sobre el CRH, primero puede desencadenarse un mecanismo de baja regulación (down regulation) de los receptores “de la fidelidad” y luego la activación de receptores en otras áreas del cerebro, tal como se postula en las experiencias que intentan explicar la promiscuidad, la poligamia y la hipersexualidad. También se ha postulado que la tendencia masculina a la poligamia tendría una raíz cultural asentada en la necesidad de mantenimiento de la especie, en función de la menor cantidad de hombres que habría sido casi constante en la antigüedad, puesto que morían proporcionalmente más por las luchas tribales, el enfrentamiento a los animales depredadores y luego por las guerras. Tal conducta cultural se habría fijado filogénicamente. O sea que la naturaleza habría hecho por su cuenta un experimento transgénico parecido al de los ratones que vimos anteriormente y que ahora podía comenzarse a revertir por las influencias culturales. Desde los experimentos de Fisher se reconoce que las turbulencias de las primeras etapas deja luego paso a lo que denominamos el “apego”. La oxitocina sería la hormona responsable de que la atracción inicial de paso a un vínculo de amor duradero. También las investigaciones de Gareth Leng, de la Universidad de Edimburgo, coinciden que esta hormona ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes tras la primera oleada de emoción. La oxitocina está involucrada en muchos aspectos del amor, desde el maternal hasta el hecho de que según sea su nivel, algunos logren permanecer felices por décadas con la misma pareja, y que otros sean incapaces de forjar una relación duradera. Varias investigaciones han descubierto que la hormona, que es producida en grandes cantidades por el cerebro durante el parto, la lactancia y cuando hay actividad sexual, es importante para incitar el comportamiento maternal en los animales. Se ha demostrado que las neuronas oxitocinérgicas no sólo secretan este péptido al torrente sanguíneo, sino que también lo contienen y liberan en las terminales sinápticas de las neuronas, lo que significaba que, además de funcionar como una hormona, lo hace también como un neurotrasmisor. Partiendo del razonamiento de que durante el parto se produce una liberación masiva de oxitocina, Kurt Pedersen, de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU), propuso que esta hormona además de liberarse en el torrente sanguíneo, pudiera también secretarse dentro del cerebro y postuló que probablemente se relacionaba con el inicio de la conducta maternal. Experimentos hechos con ratas de laboratorio confirmaron su teoría. Cuando las ratas no están embarazadas ni lactando, rechazan a las crías, tanto incluso se las comen. La hembra tiene que pasar por el periodo de gestación para que esta conducta cambie, de tal
  • 36. 36 manera que antes del parto, si se le acercan crías, puede llegar a aceptarlos. La oxitocina provocó el mismo efecto en sólo una hora después de su administración en los ventrículos cerebrales de ratas vírgenes. Las ratas que una hora antes eran caníbales, se transformaron en madres amorosas por la acción de la hormona. Ya hemos hablado de los trabajos de Insel, que revelaron una gran diferencia en la distribución de los receptores moleculares en el cerebro pero no en la expresión de las hormonas VP (vasopresina) y OxH (oxitocina). Son, pues, los receptores moleculares los responsables de la estimulación de las neuronas en respuesta a las hormonas. Varias experiencias han demostrado que el contacto físico, las caricias, el abrazo protector o contenedor, el “acurrucarse” de la pareja entre si, libera gran cantidad de oxitocina y de endorfina. De esa manera los circuitos psiconeurobiológicos van activándose ante el hecho emocional del deseo de permanecer juntos, así se construye una nueva forma de erotismo en la pareja, con menos testosterona y más oxitocina. De esta manera se siguen liberando y se activan los circuitos de la recompensa. No obstante, se ha comprobado en experiencias con parejas estables que conviven desde hace muchos años que más de la mitad lo hacen por cuestiones convencionales, sociales, económicas, etc. Sin experimentar ningún contacto físico de este tipo. Sin duda que con toda seguridad, estas últimas, son mucho más vulnerables a las enfermedades por estrés que las mencionadas anteriormente. Muchas veces, el necesario “cambio de la calidad de vida” puede empezar con cosas muy simples, desde el punto de vista emocional. Es posible que una predisposición distinta, una redefinición reflexiva sobre los vínculos pueda desencadenar la multiplicación de receptores cerebrales a las hormonas del apego y fidelidad. Luego, el abrazo y la caricia oportunos se traducirán en mayor producción de oxitocina (OxH) que se fijará en los receptores correspondientes y de endorfinas con sus efectos placenteros. Filosofía y “Química” del amor La visión del amor es una condición que se ha tratado de explicar desde varios puntos de vista como el filosófico; sociológico; étnicos; religiosos; sexuales; etc. Conocemos que el amor es un fenómeno neurobiológico complejo, que además se relaciona con las creencias, el placer y las recompensas. Este proceso involucra a la oxitocina, vasopresina, dopamina, serotonina y las endorfinas y mecanismos morfinérgicos endógenos que se unen a las vías de autorregulación con el óxido nítrico y con las citoquinas proinflamatorias originadas en el estrés, todo lo que tiene gran importancia en los mecanismos de envejecimiento cerebral. Repasemos algunos de los principales neurotransmisores:
  • 37. 37 Dopamina (DA): ha sido involucrada en varias funciones, entre las cuales se incluye la motivación, el movimiento, la atención, el aprendizaje y básicamente con los mecanismos de la búsqueda del placer y recompensa. Relacionados también con los efectos de ciertas drogas y otras adicciones. Noradrenalina (NA): involucrada en una variedad de fenómenos cognitivosconductuales tales como el estado de alerta, la vigilia, el control del hambre y la conducta sexual. Aumenta desde el comienzo del mecanismo del estrés. Serotonina (5HT): relacionada con la sensación de bienestar, actúa en el mecanismo del sueño por la proyección que hay desde los núcleos del Rafe del Ponto al Ponto Geniculado Occipital, también se relaciona con el aprendizaje y la pérdida de su modulación con distimia, ansiedad, depresión y TOC. Acetilcolina: se la considera un mediador en los procesos de la memoria y el aprendizaje en el SNC. GABA: neurotransmisor inhibitorio por excelencia y en cuyo Complejo Receptor actúan los principales ansiolíticos como las benzodiacepinas. Glutamato: Neurotransmisor excitatorio que ha sido relacionado con procesos de aprendizaje y memoria. Testosterona; Oxitocina y Vasopresina: Las cuales hemos visto modulan respuestas emocionales mediante la mayor o menor expresión de sus receptores cerebrales – ídem para estrógenos, progesteronas y muchas otras sustancias producidas por distintos órganos y sistemas-. La recompensa natural o de actividades placenteras son necesarias para la supervivencia y motivación diarias, Existen signos comunes y hallazgos neurobiológicos que interrelacionan los conceptos del amor, combinando aspectos fisiológicos relacionados con la maternidad, el romance o el sexo. El amor, como una sensación indescriptible, se refiere a un sentimiento elevado que une a las personas más allá de la necesidad de procrear y en la actualidad se considera única a esta concepción del amor.(siendo esto materia de discusiónJuan C Orozco). En la historia de la humanidad ha sido difícil el amor, un sentimiento paradójico por excelencia, que a la vez es éxtasis y tormento. Los filósofos y los poetas no han dejado de generar escritos tratando de acotarlo en palabras. Pero eso es imposible: como la fe, no se puede explicar con palabras ese profundo sentimiento universal. Hemos visto como investigaciones científicas recientes sobre el tema intentan darle una dimensión bioquímica. Desde hace 10 años, los científicos se han dedicado a investigarlo y han descubierto que tiene una importante base biológica, por lo que su estudio ha dejado de pertenecer exclusivamente a la antropología y a la psicología. Existe a sí mismo una tendencia genética hacia el amor: “estamos programados por nuestros genes para amar y para despertar en los humanos esa compulsión”. Los genes utilizan la química cerebral.
  • 38. 38 El amor es una emoción muy compleja en la que intervienen numerosos tipos de moléculas necesarias para producir los característicos arrebatos sentimentales. Así como nuestros sentidos son la puerta de entrada de todo lo que ocurre fuera de nosotros, en el amor no sabemos muy bien como entra y da comienzo a una guerra química, hormonal y eléctrica que produce toda una nueva alquimia corporal. Encontrar a la persona que nos atraiga es el primer paso para la amistad y el amor, dónde intervienen el sentido de la vista y del olfato, afirmación que se debe al descubrimiento de sustancias llamadas “feromonas” (volátiles), que viajan en el aire sin destruirse. Constantemente los receptores olfativos del ser humano reciben diferentes feromonas, hasta que el aroma de la persona adecuada comienza a inquietarnos en un proceso que no registramos racionalmente pero que obliga a buscar el origen de la perturbación. Así los ojos chocan con la persona indicada Y se produce el contacto visual, lo que ocasiona una descarga eléctrica que pone al cerebro en una situación de alerta máxima. Ni hablar si hay contacto de “piel a piel”. Se secretan diversas sustancias entre las que destaca una que actuará como directora: la “feniletilamina” (FEA). El proceso químico puede dividirse en dos fases neuroquímicas sucesivas: 1) atracción y 2) afecto o enamoramiento. En la primera la FEA orquesta la secreción de sustancias como la dopamina o la norepinefrina, dos “anfetaminas” cerebrales que producen desasosiego. Para evitar este último efecto, existe la posibilidad de que el amor ponga en marcha una segunda fase neuroquímica inmediata. En ella primeramente se producen “endorfinas y encefalinas” (opiáceos cerebrales), que confieren por un lado afecto hacia la otra persona y en las parejas estables gran seguridad, paz y calma. Finalmente un péptido la oxitocina, llamado del abrazo, que provoca una necesidad de acercamiento físico. Los afectos no lo saben, pero un día cuando se les acaba la ración de droga cerebral, por la separación o por la muerte de uno de los amigos o amantes, llegan las depresiones, las angustias, el miedo, etc. Ocasionando un caos biológico que produce un estado de enfermedad. Los neurotransmisores como la “dopamina” y “serotonina” se relacionan con las emociones románticas y las hormonas “oxitocina” y “vasopresina” tienen efecto sobre la afinidad y fidelidad con alguien para quedarse en una relación duradera. La liberación de dopamina afecta cuatro puntos cerebrales; el nudo acumbens, el septum, la amígdala y la corteza prefrontal. Las cuatro juntas activan el hipotálamo como centro de las emociones. Durante el estímulo las neuronas liberan “dopamina” y se activan los receptores que provocan los mecanismos del deseo y el placer, activando a su vez otras neuronas. Cuando hay exceso de dopamina liberada al ver al amado, la persona siente una profunda sensación de bienestar y así se cierra el circuito del amor.
  • 39. 39 Enamorarse es provocar una transitoria tormenta de neurotransmisores para la función monógama en la pareja, el erotismo es el correlato fisiológico del enamoramiento que ocurre en el cerebro y se proyecta en el cuerpo con el acto del amor. Existe un cuarto paso, que sería “una fase neuroendócrina” conocida para los amantes como “la pasión”. Esta última puede llevar su tiempo en desatarse, dependiendo de la biología individual y del tipo de educación que se tenga. En esta fase se tienen cambios en la producción de “Melatonina” que participa en la regulación de nuestras etapas de vigilia y sueño; la disminución de “serotonina” y el aumento en la producción de “testosterona” que provoca el impulso sexual. Por lo que se ve, para que una persona nos atraiga de tan irresistible manera, se conjugan una serie de factores que tienen que ver con la evolución, la genética, la bioquímica y la neurobiología; todo esto crea en nuestro cerebro un mapa del amor, un molde mental hecho con recuerdos que determinan lo que nos excitará y nos llevará a querer o a enamorarnos de alguien especial, que se solidifica en la adolescencia. Pero, las personas no pueden enamorarse a voluntad. No pueden voluntariamente hacer que todos estos centros nerviosos, hormonas y neurotransmisores se pongan en funcionamiento. No pueden manejar voluntariamente a sus feromonas ni a la interpretación cerebral de sus impulsos visuales o táctiles. Esto sucede sin que nos propongamos y sigue constituyendo uno de los tantos misterios de la creación. Por último, podemos decir que al contrario de lo que comúnmente se piensa, el amor no es eterno. [Pero sí, en cambio, es posible reeditarlo en forma cíclica disponerse a disparar las baterías hormonales dirigidas en el sentido amoroso que pueden dirigir la vida dándole el sentido monogámico al vínculo amoroso de pareja –nota del transcriptor Juan C Orozco-] , el autor sigue diciendo: El cuerpo lo sabe, considerando que el arsenal pirotécnico del amor con el que estamos dotados se agota con el tiempo: se ha calculado que entre las dos fases “neuroquímicas y la neuroendocrina” pueden transcurrir en promedio de 4 a 7 años. Se ha encontrado en algunos animales un péptido conocido como “la señal de la fidelidad” que les permite vivir toda su vida en pareja, como los cisnes de cuello negro. De cualquier manera, una vez que se rompe el encanto y ante el hecho fisiológico de que el amor se puede acabar no significa que se deba “morir de amor” y aún con el caos que esto puede ocasionar, la melancolía no nos ahoga por completo. En los humanos se sabe que lo único que permite a una relación amorosa continuar, cuando esta ya no es impulsada por la fuerza desconocida que provoca las alteraciones neuroquímicas, es convertir a éstas en un reto del intelecto y la voluntad. El amor es cómo las plantas, debe ser cuidado y regado constantemente. [Es en este sentido de recreación permanente que he expresado lo antes dicho, reconociendo “el querer” como una fuerza de voluntad especial a efectos de permanecer junto a su pareja cada ciclo de reelección.- nota del transcriptor Juan C Orozco-]
  • 40. 40 El “amor sin límites”. Los celos. También hay que destacar el tipo de “amor sin límite”, no egoísta de acciones generosas que ayuda a vivir más tiempo saludable y feliz. El perdón, la compasión y conductas positivas como expresión de amor, cuándo el amor es fuerte, hacen mucho bien. En Ohio, Estados Unidos, existe un instituto de investigaciones sobre el “amor sin límites”. Su presidente, Stephen Post, explicó que es: “En nuestro instituto investigamos ese tipo de amor sin límites, no egoísta, con acciones y emociones generosas que ayudan a otros”. El perdón, la compasión y muchas otras emociones y conductas positivas son analizadas científicamente como bien y vivir bien. “Las personas que hacen el bien, pueden tener una vida más larga, saludable y feliz”, asegura Post. Sobre el amor romántico, opina parecido. “Estar enamorado remite al amor romántico o al eros. Los estudios científicos relacionan esto con sustancias químicas en el cerebro que nos hacen sentir bien”, como la dopamina, la serotoninalas endorfinas. “Sus latidos cardiacos –los de ella- llegaban a 200 pulsaciones por minuto. Mientras tanto, su frecuencia respiratoria – las de él- no bajaba de los 20. Las mejillas – de ambosestaban inequivocadamente sonrojadas, y el sudor les brotaba. Por sobre todo, sus zonas sexuales más activas – el hipocampo, el cíngulo y el resto del sistema límbico – estaban en un pico de actividad. No cabía duda: estaban enamorados”, escribió el biólogo Diego Golombeck en “Sexo, drogas y biología”. Si bien hay correlato en algunas cosas con varios hechos fisiológicos, como dilatación en mejillas y liberación de feromonas, muchos de esos síntomas se relacionan más con la “ansiedad” que con el “amor”. Las investigaciones no hacen sino mostrar el sustrato orgánico que sustenta todos los procesos mentales. O sea, muestran el error de separar la mente razonante del cuerpo “no pensante”. El amor duradero y correspondido reduce el estrés y promueve un potencial de salud, acarreando la habilidad de ayuda o beneficios motivacionales con un importante con un importante estado de bienestar. El diccionario define al amor como una intensa sensación de afecto profundo a una persona o a algo. Algunos investigadores sostienen que podría suprimirse a voluntad el enamoramiento obteniendo sustancias que neutralicen a las que producen el amor. Hace pocos años podía resultar ciencia ficción cortar la lactancia de una mujer. Hoy día se puede cortar hasta la ovulación y se cambia el psiquismo de un individuo como un travesti. El alcohol, que es una molécula muy sencilla de dos átomos de carbono, seis de hidrógeno y uno de oxigeno (C2H6O), es capaz de producir optimismo, eliminar
  • 41. 41 inhibiciones e infundir valor en nuestro espíritu. Vemos, pues, que sustancias químicas elementales son capaces de producir efectos tan extraordinarios en nuestro sistema nervioso. Si eso se lograra quizá podría suprimir mucho dolor psíquico inútil, suicidios por amor, sufrimientos por la falta de correspondencia del enamoramiento, que es como una corriente impetuosa. Todo eso se podría suprimir, aunque seguramente se perdería en romanticismo, en creatividad artística, etc. Los celos, que son normales, a partir de cierto umbral, resultan patológicos y se comportan como un trastorno obsesivo. Activan áreas de la corteza órbito-frontal lateral, relacionada con los pensamientos obsesivos. Esto explicaría por qué algunas personas siguen obsesivamente enamoradas a pesar de haber sido rechazadas, como si tuvieran necesidad de mantener activadas áreas que pertenecen al sistema de recompensa, en el que actúa la dopamina. A pesar de no obtener lo que quieren, consiguen así que la dopamina siga trabajando. Se postula que en el futuro, podremos detectar y modular ese umbral de los celos mediante fármacos. Pero entramos al posible control farmacológico de las emociones, con todas sus consecuencias bioéticas, terreno que excede a este trabajo. Amor y Genes Durante la década 1980 – 1990 el paradigma biológico dominante lo constituyó la importancia máxima atribuida a los genes en la especialidad de numerosas actuaciones fisiológicas, patológicas, conductuales, antropológicas, etc. Desde entonces el público ha estado inundado con noticias sobre los nuevos avances en la clonación y función de los genes. Esta atmósfera alcanza su clímax con el anuncio hecho por Craig el Venter, en febrero de 2001, de la secuenciación de prácticamente todo el genoma humano (que no contenía 100.000 sino 30.000genes). Se cumplía así el objetivo de lo que se consideraba “el proyecto más importante y significativo que la especie humana haya jamás intentado”, el PROYECTO DEL GENOMA HUMANO, aclamado como esperanzadora fuente de la que fluirían grandes beneficios para la humanidad. Así surge una corriente reduccionista que asegura que la clave misma de nuestra condición humana es el genoma humano, el cual definiría nuestras debilidades y límites en cuanto miembro de la especie Homo Sapiens. Sin embargo, pocos logran aceptar aún que la vida y el hombre mismo se han convertido en objetos de investigación y no sólo de revelación. Han surgido voces de destacados científicos haciendo notar que constituiría un gran error quedarse con el enfoque reduccionista y pensar que saberlo todo acerca de un gen nos dará la capacidad de predecir su papel en el conjunto de factores que inciden en el funcionamiento normal y patológico del cuerpo humano, pues los genes actúan en el contexto del organismo “in toto”, entero, y también del entorno (ambiente), al que Ortega y Gasset se refirió como “el hombre y sus circunstancias” al decir “vivir es ocuparnos con las cosas entorno. Es a la vez estar dentro de si (intimidad reclusa del organismo) y fuera de si (el mundo exterior)” [Ortega y Gasset 1961: 271-272]. Se ha terminado con la
  • 42. 42 división de los biólogos frente a esta alternativa o dilema de si la clave de nuestros actos como seres humanos reside en el entorno (ambiente) o en los genes (herencia, naturaleza). La naturaleza humana es una mezcla de los principios generales de Darwin, la herencia adquirida, los instintos o impulsos, los genes, las leyes de la herencia, los reflejos condicionados, el entrenamiento, las asociaciones, la cultura, el desarrollo, el aprendizaje y la creación de lazos afectivos descritos por Lorenz. Todos estos fenómenos confluyen en la mente humana y constituyen la naturaleza de la personalidad y el comportamiento del hombre. Aceptamos que los genes son los que permiten que la mente aprenda, recuerde, imite, cree lazos afectivos, absorba cultura y exprese instintos. Pero los genes no son sólo portadores de la herencia. Permanecen activos durante toda la vida; se activan y desactivan mutuamente, responden al ambiente y a la experiencia. Constituyen causa y consecuencia de nuestras acciones. A pesar de su inevitabilidad y poder, no cabe duda de que los genes no sean inmutables, pueden ser modificados por el entorno. Así como hay neuroplasticidad hay también plasticidad genética. Los genes hox, cuya función es trazar el plano del cuerpo durante su desarrollo precoz, codifican para la producción de los ‹‹factores de transcripción››, que son proteínas que se une a una región específica del DNA llamada ‹‹promotora›› y que actúan como termostatos permitiendo que se exprese o no el gen correspondiente. Es por medio de estas regiones promotoras, donde los científicos esperan explicar la mayor parte del cambio evolutivo en animales y plantas. Suponen que la evolución de las especies es una diferencia de grado, no de clase, y los animales evolucionan adaptando los “termostatos” o promotores, situados en el exterior de los genes. Así, se estimula la expresión de un gen cuyo producto estimula la expresión de otro gen el cual suprime, a su vez, la expresión de un tercero, y así sucesivamente. En esta pequeña cadena, actuarían los efectos del entorno y la experiencia. Algo externo – como la educación, la alimentación, una riña, un fármaco, una carencia bioquímica o un amor correspondido, por ejemplo – puede influir en uno de estos “termostatos o promotores”. De repente, el entorno puede empezar a expresarse a través de la naturaleza (los genes) denominándose este fenómeno “epigenética”. La evolución hasta los homínidos se habría producido a través de la adaptación de los promotores de genes más que de los propios genes, lo que de paso permitiría explicar también cómo se consiguió que se agrandara el tamaño del cerebro humano. Que a la vez requirió el agrandamiento de los huesos del cráneo, a fin de albergar esta masa cerebral mayor. Recientemente, un grupo de investigadores estadounidenses postuló que, hace unos 2,4 millones de años se produjo una diminuta mutación del gen ≠MHI16≠ que codifica para una proteína de la musculatura mandibular (un tipo de miocina)
  • 43. 43 debilitándola. Como los cambios de la musculatura tienen influencia sobre los huesos que la sostienen, el debilitamiento mencionado permitió que los huesos del cráneo se volvieran más grandes, posibilitando contener un cerebro más voluminoso y de mayor potencialidad. En fin, esto es materia de discusión. ¿Es la naturaleza a través de “mutaciones” espontáneas y azarosas la que posibilita la evolución?, ¿son respuestas a estímulos o programas de una inteligencia superior y universal? Lo cierto es que lo que sabemos hasta ahora es que ese orden (o desorden) se expresa a través de modificaciones en el genoma humano, donde influye el ambiente, el entorno, por lo que hoy hablamos de “ambioma”. William James pensaba que el amor es el más fuerte de los instintos. Algunos han deducido que, si esto es cierto, debe haber algún factor hereditario que dé lugar a un cambio físico o químico en nuestros cerebros cuando nos enamoramos; ese cambio no produciría la emoción de enamorarse como sostienen las teorías biologistas, la facilitaría. Ya hemos visto los experimentos de Tom Insel que han demostrado que un determinado estímulo externo provoca un aumento en el número de receptores para oxitocina y para vasopresina en los sitios límbicos, los cuales se activan al liberarse la hormona correspondiente para conferir un valor de refuerzo selectivo en una pareja. Dicho en lenguaje poético, se produce el enamoramiento, como ejemplo de una participación dirigida de los genes en el comportamiento humano. Otro ejemplo relacionado con el comportamiento humano, en el que participan genes y entorno, es el de la expresión de rasgos conductuales de violencia, ligados al genotipo en adultos jóvenes con un pasado de maltrato y abuso, físico, sexual o emocional en su niñez. Hay trabajos que señalan la importancia de los factores psicosociales y la participación de un gen particular representado por cierta forma de la enzima “monoaminooxidasa” –MAO-, denominada MAO-A, que tiene menor actividad y provoca, por tanto, una anomalía conductual de violencia al no poder degradar adecuadamente el exceso de neurotransmisores, impidiendo una satisfactoria comunicación interneural. La conducta de hiperagresividad antisocial es mucho más frecuente (el doble) en varones con genotipo asociado a bajo nivel de MAO-A y que habían sido maltratados en su niñez. Si bien no hay trabajos de valor estadístico en humanos, se han realizado múltiples experiencias en laboratorio que demuestran que en animales con este tipo de defecto, cuando se los coloca al nacer junto a madres con componente afectivo normal, la conducta antisocial se atenúa o desaparece cuando se hacen adultos. Se expresarían nuevos genes modulados por el ambiente de afecto. Por último, M Ridley señaló que cambios mutacionales puntuales en la secuencia genética que codifica para la proteína llamada factor neurotrófico derivado del cerebro o
  • 44. 44 BDNF llevan a que los individuos sean más o menos neuróticos o bien pueden producir también depresión. En los próximos años seguiremos viendo como aparecen en la literatura más y más trabajos sobre el tema de la influencia sobre los genes del ambiente, el entorno, la cultura y los afectos. La elección Hay evidencia científica determinada por la neurociencia que demuestra que nacemos con un cierto instinto de pre selección por la belleza, aún los bebés prefieren la cara de un adulto más atractiva que le sonría, a una fea por la cual lloran o se asustan. También podemos quedar fascinados por alguien en fracciones de segundos, casi en la forma subliminal, pudiendo evaluar cual les había gustado más o no. Esa velocidad demostró que la atracción tiene menos que ver con la elección y el gesto individual de la persona, que con la elección inconsciente. Se puede determinar entonces que aquellas personas más atractivas tendrían más chances en ser seleccionadas, esto coincide con los seguidores de teorías que sostienen la supervivencia del más apto o bello, según la teoría Darwiniana para ser seleccionado por la hembra, como es el caso de la hembra al seleccionar al pavo real macho al desplegar su colorida cola. También parecería que lo que va a ser más atractivo en el ser humano se potencia si este da señales de ser fiel. La teoría de la evolución humana dice que una mujer para elegir un hombre que determine valga la pena aparearse con él, debe tener la convicción que será fiel, que será preferida, aún comparada con otras mujeres. La experiencia realizada con 500 parejas casadas durante 40 años mostró que eran más felices con la vida, aquellas que tenían una visión idealizada de su matrimonio. Los que veían una relación más realista de la vida obtenían resultados más bajos de satisfacción matrimonial. Las explicaciones obtenidas sostienen que para ser más felices se necesita creer y tener una relación correcta con la persona indicada y en continuidad armónica. Con la intensa actividad mediática de nuestros días nunca hemos tenido tanta libertad para elegir pareja y nunca hemos conseguido hacerlo peor. Elegir pareja es la decisión más crucial de nuestras vidas. Gastamos una cantidad enorme de tiempo y de energía tratando de hallar a ese alguien especial. Aún así, generalmente no resultamos satisfechos. Una encuesta realizada en 2005 entre más de 900 personas que usaban servicios de citas online mostró que el 75% no encontró
  • 45. 45 lo que estaba buscando. Pareciera que aún estamos entre tinieblas sobre como hallar a nuestra pareja perfecta. La naturaleza misteriosa que se esconde detrás de cómo elegimos pareja es un proceso altamente complejo. Sólo somos conscientes de una parte, el resto es inherentemente impredecible u opera fuera de nuestra conciencia, lo que hace que parezca que el amor es una química inefable. Empecemos por la parte consciente. Existen algunas cosas que encontramos atractivas. Los hombres tienden a desear a aquellas mujeres con características que sugieran juventud y fertilidad, que incluye una ajustada relación cintura-cadera, labios carnosos y rasgos faciales suaves. Estudios recientes confirman que las mujeres tienen gran preferencia por la belleza masculina viril, de cuerpos firmes, amplios hombros, buena piel y rasgos faciales masculinos, todo lo cual puede indicar potencia sexual y buenos genes. También sabemos que las mujeres se ven ancestralmente atraídas por los hombres con apariencia de ser ricos o que tengan la habilidad de adquirir riqueza (para asegurarse el sostén familiar), y que tanto hombre como mujeres valoran mucho la inteligencia de su pareja. Las preferencias por estas cualidades ≤ belleza + inteligencia + recursos = elección ≥ son universales, pero parecería que debemos elegir de manera que no perdamos tiempo y energía enamorándonos de alguien inalcanzable. La mayoría tiende a enamorarse de alguien que, en atracción, inteligencia y status, es similar a ella. Eso, en cuanto a las apariencias. ¿Qué pasa con los criterios que sostienen los elementos de atracción menos evidentes? Un fascinante trabajo sobre genética y elección de pareja ha demostrado que cada uno de nosotros se ve atraído por personas que poseen un particular conjunto de genes, conocido como el principal complejo de histocompatibilidad, que tiene un papel crucial en nuestra capacidad para combatir las enfermedades. Es así que las parejas que tienen diferentes complejos de histocompatibilidad producen retoños más sanos y con mejores sistemas inmunológicos. Y la evidencia muestra que estamos inclinados a elegir personas que se nos acomoden en este aspecto: las parejas tienden a tener complejos de histocompatibilidad mucho más diferentes que si se hubieran unido por casualidad. En general, se observa esto desde detalles simples, como el hecho de que uno de los miembros de la pareja se resfría y el otro no. Este fenómeno se observó en parejas que se infectaron con HIV, cuando aún se buscaba el origen de esta enfermedad, uno solo enfermaba. Luego se identificó el virus y se vio que el otro era un portador sano, y que podía permanecer en ese estado muchos años. A partir de esas observaciones en la década del 80 se crearon las primeras Cátedras de Psicoinmunología. ¿Cómo se encuentra la gente que es diferente en su complejo de histocompatibilidad? Esto no se comprende totalmente, pero sabemos que el olor es un factor importante. La