La educación médica debe basarse en los conocimientos, habilidades y actitudes profesionales, enfatizando la importancia de la ética en la relación médico-paciente. La formación debe desarrollar competencias técnicas y humanas, promoviendo el bienestar del paciente por encima de intereses personales. Además, se destaca la necesidad de devolver el compromiso social a la medicina, donde el médico sea visto como un ser humano sensible capaz de brindar alivio emocional y físico.