Las organizaciones enfrentan un deterioro crítico debido a su incapacidad para adaptarse a un entorno en constante transformación, lo que resulta en rigidez y respuestas ineficaces. Este deterioro se manifiesta a través de la ineficiencia, la inercia y la resistencia a lo nuevo, creando un círculo vicioso que limita el desarrollo y la transformación. La falta de atención a las emociones y la sensibilidad ante el cambio agrava la situación, haciendo que las organizaciones, atrapadas en patrones antiguos, no logren responder adecuadamente a las nuevas exigencias del contexto.