El poema describe un paisaje natural idealizado lleno de árboles, aguas cristalinas, prados verdes y aves. El poeta se siente ajeno a su dolor al contemplar esta escena de paz y soledad, donde puede descansar o dejar vagar sus pensamientos llenos de alegría. Se trata de una égloga del Siglo de Oro español que contrasta la serenidad de la naturaleza con las quejas amorosas del poeta.