El Imperio Islámico se extendió rápidamente desde Arabia tras la muerte de Mahoma en el siglo VII. Bajo el liderazgo de los califas, los musulmanes conquistaron vastos territorios que abarcaban desde la Península Ibérica hasta la India, estableciendo un imperio que promovió el desarrollo científico, económico y cultural. Sin embargo, divisiones internas y la presión de los reinos cristianos llevaron eventualmente a la fragmentación política del califato.