Los moriscos eran musulmanes convertidos al cristianismo tras un decreto de 1502. Fueron expulsados de España entre 1609-1614 debido a preocupaciones sobre su lealtad y por razones económicas y políticas, como el temor de colaboración con el Imperio Otomano y una recesión económica. La expulsión afectó a unos 300,000 moriscos y tuvo consecuencias negativas para Valencia, Aragón, Cataluña y otras regiones.