La Primera Cruzada resultó en el establecimiento de los Estados Latinos de Oriente y la recuperación de territorio para el Imperio Bizantino. La Segunda Cruzada tuvo éxito en la península ibérica pero fracasó en oriente, llevando a la caída de Jerusalén en 1187. La Tercera Cruzada, convocada por el Papa, intentó recuperar Tierra Santa bajo el liderazgo de Ricardo Corazón de León pero solo logró asegurar una franja costera para los cristianos.