Las virtudes se clasifican en teologales, cardinales y humanas. Las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) ordenan las acciones a Dios. Las virtudes cardinales o morales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) disponen ante los medios para alcanzar el fin. Existen también virtudes humanas como la sinceridad y la honradez que favorecen la convivencia. Todas las virtudes, sea cual sea su clasificación, tienden al bien y disponen a obrar de manera excelente.