El síndrome del edificio enfermo se relaciona con la mala calidad del aire interior, emergiendo a partir de la crisis energética de los años 70 y la proliferación de edificios herméticamente cerrados. Se asocia a síntomas como irritación de mucosas y afecciones respiratorias, siendo más prevalente en personal administrativo y en edificios con aire acondicionado. La metodología para diagnosticarlo incluye encuestas a ocupantes y análisis de factores de riesgo (químicos, físicos y biológicos) para determinar su influencia en el bienestar de los trabajadores.