El ser humano es esencialmente productivo y se construye a través del trabajo, pero en el modo de producción capitalista se experimenta una triple alienación: 1) del producto de su trabajo que pertenece al capitalista; 2) de su propia actividad laboral que se le impone desde fuera; y 3) de sí mismo al convertirse en una mercancía. Esta alienación económica conduce a otras formas de alienación como la ideológica, social, política y religiosa que distancian al hombre de su naturaleza productiva.