La meningitis tuberculosa es la complicación más grave de la tuberculosis en el sistema nervioso central, con alta mortalidad y posibilidad de déficits neurológicos severos en más de la mitad de los casos. Su diagnóstico se basa en criterios clínicos y análisis del líquido cefalorraquídeo, donde se observan linfocitos, elevación de proteínas y reducida glucosa. El tratamiento incluye terapia antituberculosa, corticoides y medidas de soporte, aunque el pronóstico es reservado, con un 25% de mortalidad en ciertas poblaciones.