Los objetivos administrativos deben ser redacados de manera cuantitativa y medible para evitar interpretaciones diversas y fomentar la claridad. Deben ser resultado de la participación de los responsables, apoyar los objetivos generales de la empresa y ser realistas, contemporáneos e innovadores. Además, se sugiere limitar el número de objetivos por miembro de la administración y jerarquizarlos según su importancia.