El documento analiza la transición del marketing tradicional al marketing de experiencias, especialmente en tiempos de recesión, donde las marcas buscan conectar emocionalmente con los consumidores. Se discuten los efectos de la crisis en la publicidad convencional y la necesidad de adaptarse a un nuevo paradigma que prioriza el diálogo y la personalización sobre la mera visibilidad. La competencia ha aumentado, y el marketing experiencial se presenta como una solución para crear conexiones más significativas con el público.