El documento aborda estrategias para prevenir el abuso de drogas mediante un enfoque comunitario que prioriza la capacidad y necesidades de las personas, en lugar de centrarse únicamente en las sustancias. Propone un modelo bio-psico-social que involucra a diferentes agentes sociales, promoviendo la participación juvenil y el empoderamiento, así como criterios clave para el trabajo comunitario que incluye la importancia del diálogo y la diversidad. Se destaca la necesidad de continuidad en las acciones, apoyo familiar y evaluación constante para mejorar la calidad de vida y la salud en la sociedad.