El siniestro de Santiago supone un duro golpe para la industria ferroviaria española y deja en el aire importantes proyectos internacionales. La industria factura 4.800 millones de euros anuales y exporta el 60% de su producción. El accidente podría desprestigiar la seguridad del sistema español y hacer que se pierdan contratos multimillonarios en Brasil, EE.UU. y otros países. Las empresas fabricantes guardan silencio sobre el accidente mientras dure la investigación judicial.