El arte azteca floreció entre 1250-1521 d.C. en la capital de Tenochtitlán. Se caracterizó por esculturas monumentales de piedra que representaban dioses, reyes y mitos, y por una arquitectura monumental influenciada por los toltecas. La plumería también fue una expresión artística importante, así como la música y literatura que servían para reforzar la identidad del pueblo mexica.