Las civilizaciones prehispánicas en México como los olmecas, aztecas y mayas tenían una división de trabajo definida. Los hombres se encargaban principalmente de las tareas agrícolas, la caza y la pesca, mientras que las mujeres se dedicaban a recolectar, tejer y cuidar de los hijos. Estas sociedades también tenían una élite gobernante que se apropiaba de los excedentes de la producción agrícola y recaudaba tributos de otros pueblos a través de la expansión y alianzas.