A finales del siglo XIX, la fotografía se transforma en un medio social y reivindicativo que documenta las condiciones laborales de los obreros, mientras que en el siglo XX se relaciona estrechamente con movimientos artísticos como el dadaísmo y el surrealismo, rompiendo con las tradiciones del arte clásico. Los vanguardistas adoptan técnicas como el collage y el fotomontaje, y el futurismo introduce la representación del movimiento y la velocidad en la fotografía. En la década de 1950, el arte pop surge como respuesta al expresionismo abstracto, utilizando la fotografía para reflejar la cultura de consumo y la comunicación de masas.