El Greco, principal figura del manierismo en España, combina influencias de diversas tradiciones en sus obras, destacando su espiritualidad y uso del color vibrante. Su estilo se caracteriza por composiciones abigarradas, figuras alargadas y escorzos dramáticos, reflejando una profunda conexión con el espíritu de la contrarreforma. A lo largo de su carrera en Toledo, logró popularidad a través de retratos y obras religiosas que enfatizan la espiritualidad y la emoción a través de técnicas innovadoras.