El proceso romano-canónico se desarrolla a partir del siglo XI, combinando elementos del derecho romano y germánico, especialmente en la jurisdicción de la iglesia. Se caracteriza por ser escrito, secreto y con procedimientos judiciales complejos, donde la presunción de culpa prevalece, y la tortura es utilizada como medio de obtención de confesiones. Con el tiempo, este sistema evoluciona del acusatorio al inquisitivo, lo que limita los derechos de defensa del acusado hasta la Revolución Francesa de 1789.