El resumen consta de tres oraciones:
Charles Lindbergh fue el primer piloto en cruzar el Atlántico sin escalas volando de Nueva York a París. Para lograrlo, tuvo en cuenta aspectos como llevar depósitos adicionales de combustible y sobrevolar tormentas para no dañar la brújula. Aun así, lo más difícil fue superar el sueño, que casi le hizo perder el control del avión, aunque finalmente llegó a París donde fue recibido como un héroe.