El impresionismo surgió en París entre 1860 y 1870 como una ruptura con el arte académico de los salones oficiales. Pintores como Monet, Sisley, Renoir, Pissarro y Morisot pintaban paisajes al aire libre de forma rápida y sin retoques, enfocándose en capturar las impresiones de la luz y la atmósfera más que en temas específicos. Ellos aplicaron teorías ópticas del color para crear sombras coloreadas y explorar las relaciones entre complementarios.