Este documento discute la ideología del castigo y cómo ha contribuido a un proceso de normalización. Argumenta que el castigo continúa siendo la política criminal dominante a pesar de que en realidad sirve a los intereses de las clases dominantes más que al bien común. También explica cómo la ideología del castigo se ha validado a través de saberes médicos y psicológicos para establecer una normalidad que atenta contra los derechos humanos.