El Renacimiento y la Reforma, entre los siglos XV y XVI, marcaron un resurgir artístico basado en la belleza ideal del ser humano y una nueva concepción del papel del artista con mecenas que apoyaban sus obras. La Humanidad se convirtió en el centro del mundo, propiciando un interés por la ciencia y la cultura grecolatina, mientras que la Reforma Religiosa, impulsada por Martín Lutero y otros, cuestionó la autoridad de la Iglesia y llevó a la creación de nuevas corrientes como el luteranismo y el calvinismo. La Contrarreforma buscó frenar esta expansión protestante mediante la reinvención de la Iglesia Católica y la reafirmación de sus dogmas a través del Concilio de Trento.