La evaluación debe ser integral, procesal, sistemática, participativa y flexible. Debe involucrar dimensiones cognitivas, afectivas y socioculturales, y realizarse a lo largo del proceso educativo para permitir decisiones oportunas. La evaluación también debe ser participativa para comprometer a estudiantes, docentes y padres en la mejora de los aprendizajes. Finalmente, la evaluación debe adaptarse a las diferencias individuales de los estudiantes.