El documento contrasta el saber cotidiano y el saber filosófico. El saber cotidiano se adquiere a lo largo de la vida sin un método riguroso, depende de creencias y costumbres, y puede mezclarse con prejuicios. Por el contrario, el saber filosófico solo se obtiene mediante reflexión profunda, metódica y sistemática que busca ir más allá de las apariencias aplicando la lógica y un método específico de manera objetiva.