Las personas adultas aprenden de manera continua a lo largo de toda su vida para adaptarse a los rápidos cambios sociales y tecnológicos. El aprendizaje adulto se caracteriza por estar altamente motivado y basarse en experiencias previas, además de ser práctico y funcional. Las necesidades principales de los adultos incluyen sentirse competentes, cualificarse, disfrutar de actividades culturales y satisfacer su curiosidad, mientras que sus expectativas se centran en la seguridad, reconocimiento e incidencia social.