John Stuart Mill, filósofo victoriano, desarrolló el utilitarismo, una ética que sostiene que la acción moral se evalúa por su capacidad de producir la mayor felicidad para el mayor número. Su enfoque se diferencia del de Jeremy Bentham al incorporar criterios cualitativos en la evaluación de placeres. Mill defendió la educación y la reunión social como fundamentales para la felicidad colectiva, argumentando que la verdadera felicidad es solidaria y no puede alcanzarse de manera individualista.