Las transmisiones automáticas reducen la fatiga del conductor al realizar los cambios de forma automática y suave, evitando sobrecargar el motor. Se desarrollaron en los años 30 pero no se popularizaron hasta los 40, cuando Ford las incorporó a su modelo T. Utilizan trenes epicicloidales y embragues/frenos hidráulicos para seleccionar las marchas mediante la palanca de cambios o de forma automática, proporcionando cambios suaves.