El documento aborda la importancia de la formación de enseñantes y su evolución histórica, mencionando reformas y programas como el plan Langevin-Wallon y la creación de centros pedagógicos. Se enfatiza la necesidad de articular la formación inicial y continua, equilibrando teoría y práctica y promoviendo el desarrollo integral del individuo. Además, se destaca la función social de la formación, la cual no debe limitarse a una transmisión pasiva de conocimientos.