El VIH es un retrovirus que infecta y destruye las células T CD4, suprimiendo la inmunidad y aumentando el riesgo de infecciones oportunistas. Tiene tres fases clínicas: aguda, intermedia asintomática, e inmunodeficiente tardía con enfermedades como neumonía y sarcoma de Kaposi. Su diagnóstico se realiza mediante pruebas serológicas y su tratamiento consiste en una combinación de inhibidores nucleosídicos y de proteasa.