Short ¿converge españa hacia europa?

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Union Monetaria, Convergencia PIB, España

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Short ¿converge españa hacia europa?

  1. 1. 1 ¿CONVERGE ESPAÑA HACIA EUROPA?. Manfred Nolte El preámbulo del Tratado de la Unión Europea habla del objetivo de “lograr el refuerzo y convergencia de las economías de los Estados miembros” y vincula dicha convergencia al establecimiento de una unión económica y monetaria (UEM) que incluye “una moneda única y estable”. La adopción del euro en 1999 abría las puertas de los países participantes a un futuro de mayor bienestar derivado de una integración cohesionada de las principales variables económicas que definían el proyecto. El objetivo de una convergencia real se refiere fundamentalmente a que los países de renta más baja crezcan a un ritmo superior al de los países más ricos, sin que ello implique merma para estos últimos ya que el valor global de la renta no es un juego de suma cero. La convergencia sostenible no solo responde al objetivo de distribución y aumento del bienestar en una zona de integración sino que también es el principal requisito para que las economías inmersas en un proceso de convergencia puedan sobrellevar las crisis ocasionales que vayan surgiendo, ya sean regionales o de naturaleza general y sistémica. Un reciente estudio del Banco Central Europeo (BCE) viene a evaluar dicho proceso de convergencia y a dictaminar en qué medida la UEM y más concretamente la adopción del euro ha sido un éxito. En definitiva, si la pertenencia al club de los más selectos del planeta ha logrado estrechar las diferencias en la renta per cápita de sus países integrantes. La investigación muestra que si bien la mayoría de los países de Europa central y oriental de los 28 han registrado avances en el proceso de convergencia con la media europea desde la constitución de la UEM, dicha convergencia se ha deshecho parcialmente como consecuencia de shocks asimétricos en aquellos países –fundamentalmente de la zona euro- que carecían de unos fundamentos económicos sólidos. Así, los niveles comparativos registrados por algunos países respecto de la renta per cápita media europea en 2014 son los mismos que ya gozaban en 1999 (España y Portugal) o incluso inferiores (Grecia e Italia). En lo que atañe a la economía española, en 1959 el PIB por habitante sólo era del 56 por ciento del comunitario, mientras que en 1975 ese porcentaje se había elevado al 79,2 por ciento. Desde el comienzo de la transición se inició la divergencia real con Europa hasta llegar en 1986 al 70,4 por ciento, o sea, en los diez primeros años de la democracia, España retrocedió casi diez puntos. A partir de 1987 se inicia una lenta recuperación de parte del terreno perdido hasta alcanzar en 1993 el 76,6 por ciento del PIB por habitante español en relación con el europeo. La distancia se acorta desde esa fecha para progresar hasta niveles del 103% comunitario en la antesala de la crisis en 2007 y regresar, tras su estallido, a niveles similares a los de 1998, en el entorno del 96% de la media de la UE 28. El relativo fracaso en la convergencia obedece a varias causas, destacando entre ellas la debilidad de las Instituciones, las rigideces estructurales, el anémico crecimiento de la productividad total de los factores, un excesivo crédito
  2. 2. 2 bancario y la ausencia de políticas dirigidas a atenuar los ciclos alcistas de los precios de los activos. Desgraciadamente, la economía española ha constado en los registros de todos los factores aludidos: mercados de bienes, servicios y trabajo rígidos, escasa calidad institucional, endeudamiento bancario excesivo, y crecimiento de la productividad total de los factores nulo o negativo. Una lección básica extraída de la crisis de la zona del euro es que la adopción de la moneda única no invalida la necesidad de adoptar sólidas políticas económicas domésticas. La moneda única implica la renuncia a mecanismos automáticos (devaluaciones, movimientos de tipo de interés etc.) utilizados anteriormente para recuperar la convergencia nominal. En la teoría de las uniones monetarias, los shocks asimétricos se corrigen con la política fiscal y en último término –y lamentablemente- con menores salarios y más desempleo. Una economía suficientemente flexible percibe las señales de los precios y procede en presencia de una crisis al trasvase de recursos hacia sectores de mayor productividad. La política monetaria centralizada en Frankfurt necesita el complemento de políticas fiscales y macroprudenciales anticíclicas nacionales para atenuar, y si es posible prevenir, los efectos de los shocks imprevistos. Resumiendo: A pesar de haberse producido una convergencia real inicial, la crisis ha revertido el proceso en los países periféricos, incluido España. Los remedios propuestos por el BCE se inscriben en los postulados de la ortodoxia: estabilidad macroeconómica y política fiscal equilibrada, flexibilidad en los mercados de productos y de trabajo, marco institucional favorable para un uso eficiente de los factores que respalden el crecimiento de la productividad total y un uso activo de las instrumentos nacionales. Naturalmente, los esfuerzos desplegados a nivel nacional deben complementarse con reformas estructurales a escala europea encaminadas a reforzar el mercado único europeo. Mercado único bancario, mercado unificado de capitales, tesoro centralizado y política fiscal común. Todo ello son objetos deseables en una Europa que, en estos momentos, se halla absorta en otros problemas quizá más importantes pero en todo caso más urgentes y acuciantes.

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