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I.E. Melitón Carvajal
UGEL 03 - Lima
Profesor John Casso
LECTURA RECOMENDADA PARA DESARROLLAR LA EVALUACIÓN DE LA
SEGUNDA UNIDAD DE APRENDIZAJE PARA SEGUNDO AÑO DE
SECUNDARIA
1. La corrección fraterna
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas
entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a
otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres
testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la
comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que
atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará
desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo
en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres
están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Nos dice nuestro Señor que "si un hermano peca -o sea, falla en cualquier cosa de
moral o dignidad en su comportamiento- repréndelo a solas entre los dos. Si te hace
caso, habrás salvado a tu hermano". Con esto nos está diciendo el Señor que la
corrección es un bien y un servicio que se hace al prójimo. Pero aquí también hay
reglas del juego, y hemos de tenerlas muy en cuenta para practicar cristianamente
estos consejos de nuestro Señor. Veamos algunas de ellas.
La primera es que, antes de corregir a los propios hijos o a nuestros educandos,
debemos estar muy atentos nosotros para no faltar o equivocarnos en aquello mismo
que corregimos a los demás; y, por tanto, el que corrige -ya se trate de un maestro, de
un educador y, con mayor razón, de un padre o madre de familia- debe hacerlo
primero con el propio testimonio de vida y ejemplo de virtud, y después también
podrá hacerlo con la palabra y el consejo. Nunca mejor que en estas circunstancias
hemos de tener presente el sabio proverbio popular de que "las palabras mueven,
pero el ejemplo arrastra". Las personas –sobre todo los niños, los adolescentes y los
jóvenes– se dejan persuadir con mayor facilidad cuando ven un buen ejemplo que
cuando escuchan una palabra de corrección o una llamada al orden.
La segunda regla es que, al corregir, hemos de ser muy benévolos y respetuosos con
las personas, sin humillarlas ni abochornarlas jamás, y mucho menos en público.
¡Cuántas veces un joven llega a sufrir graves lesiones en su psicología y afectividad por
una educación errada! Y es un hecho que muchos hombres han quedado marcados
con graves complejos, nunca superados, a causa de las humillaciones y atropellos que
sufrieron en su infancia por parte de quienes ejercían la autoridad. Y no digo yo que no
hay que corregir a los niños -dizque para no traumarlos, pero sí que hay formas y
formas.
2. Pecado Social.
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I.E. Melitón Carvajal
UGEL 03 - Lima
Profesor John Casso
"Es social todo pecado cometido contra los derechos de la persona humana,
comenzando por el derecho a la vida, o contra la integridad física de alguno...
La Iglesia... sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la
acumulación y la concentración de muchos pecados personales. Se trata de pecados
muy personales de quien engendra, favorece o explota la iniquidad; de quien,
pudiendo hacer algo por evitar, eliminar, o, al menos, limitar determinados males
sociales, omite el hacerlo por pereza, miedo y encubrimiento, por complicidad
solapada o por indiferencia; ... y también de quien pretende eludir la fatiga y el
sacrificio, alegando supuestas razones de orden superior. Por lo tanto, las verdaderas
responsabilidades son de las personas.".
Así se considera como social todo pecado cometido contra la justicia en las relaciones
entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la
persona. Es social todo pecado contra los derechos de la persona humana,
comenzando por el derecho a la vida, incluido el del no-nacido, o contra la integridad
física de alguien; todo pecado contra la libertad de los demás, especialmente contra la
libertad de creer en Dios y adorarlo; todo pecado contra la dignidad y el honor del
prójimo. Es social todo pecado contra el bien común y contra sus exigencias, en toda la
amplia esfera de los derechos y deberes de los ciudadanos. En fin, es social el pecado
que se refiere a las relaciones entre las distintas comunidades humanas.
Todo pecado es personal. Estos se presentan de dos clases: Pecado mortal: Es el
pecado grave que nos corta nuestra gracia con Dios y nos lleva a la condenación si no
nos arrepentimos y confesamos ante un sacerdote. Determina la muerte del alma.
Pecado Venial: Es el pecado leve que nos impide alcanzar la gracia de Dios y se hace un
hábito en nosotros, llegando con esto a cometer el pecado mortal. Determina la
enfermedad del alma.
Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es
cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento. Así empieza el pecado
original, el hombre supo que no debió desobedecer el mandato de Dios, sin embargo,
teniendo conocimiento de eso, desobedece y la culpa fue tan grande que el hombre
jamás podría alcanzar el perdón de Dios. Tuvo que hacerse hombre el Hijo de Dios en
la persona de Jesús para que, muriendo por nosotros mismos, podamos alcanzar el
perdón y la salvación de Dios. El pecado personal se vuelve en social, cuando las
personas de una comunidad lo practican de manera masiva, al punto que determina su
normalidad, por el hecho que todos lo hacen. Lo que no es correcto, por la costumbre
se vuelve en correcto. Eso hace que la persona pierda de vista la naturaleza del pecado
y lo asume como algo normal, sin ver en ello falta alguna.
3. El mandamiento nuevo de Cristo
El Señor Jesús pone de manifiesto que lo que da a sus discípulos es un nuevo
mandamiento, que se amen unos a otros: Os doy, dice, un mandamiento nuevo: que
os améis unos a otros.
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¿Pero acaso este mandamiento no se encontraba ya en la ley antigua, en la que estaba
escrito: Amarás a tu prójimo como a ti mismo? ¿Por qué lo llama entonces nuevo el
Señor, si está tan claro que era antiguo? ¿No será que es nuevo porque nos viste del
hombre nuevo después de despojarnos del antiguo? Porque no es cualquier amor el
que renueva al que oye, o mejor al que obedece, sino aquel a cuyo propósito añadió el
Señor, para distinguirlo del amor puramente carnal: como yo os he amado.
Éste es el amor que nos renueva, y nos hace ser hombres nuevos, herederos del nuevo
Testamento, intérpretes de un cántico nuevo. Este amor, hermanos queridos, renovó
ya a los antiguos justos, a los patriarcas y a los profetas, y luego a los bienaventurados
apóstoles; ahora renueva a los gentiles, y hace de todo el género humano, extendido
por el universo entero, un único pueblo nuevo, el cuerpo de la nueva esposa del Hijo
de Dios, de la que se dice en el Cantar de los Cantares: ¿Quién es ésa que sube del
desierto vestida de blanco? Sí, vestida de blanco, porque ha sido renovada; ¿y qué es
lo que la ha renovado sin el mandamiento nuevo?
Porque, en la Iglesia, los miembros se preocupan unos por otros; y si padece uno de
ellos, se compadecen todos los demás, y si uno de ellos se ve glorificado, todos los
otros se congratulan. La Iglesia, en verdad, escucha y guarda estas palabras: Os doy un
mandato nuevo: que os améis mutuamente. No como se aman quienes viven en la
corrupción de la carne, ni como se aman los hombres simplemente porque son
hombres; sino como se quieren todos los que se tienen por dioses e hijos del Altísimo,
y llegan a ser hermanos de su único Hijo, amándose unos a otros con aquel mismo
amor con que él los amó, para conducirlos a todos a aquel fin que les satisfaga, donde
su anhelo de bienes encuentre su saciedad. Porque no quedará ningún anhelo por
saciar cuando Dios lo sea todo en todos.
Este amor nos lo otorga el mismo que dijo: como yo os he amado, amaos también
entre vosotros. Pues para esto nos amó precisamente, para que nos amemos los unos
a los otros; y con su amor hizo posible que nos ligáramos estrechamente, y como
miembros unidos por tan dulce vínculo, formemos el cuerpo de tan espléndida cabeza.
(Tomado de Oficio de lectura, jueves IV semana de pascua de los tratados de San
Agustín).
4. La tolerancia en el trato diario del cristiano
La tolerancia es una virtud que va de la mano con el respeto a los demás.
También guarda relación con la aceptación de aquellas personas, situaciones o cosas
que se alejan de lo que cada persona posee o considera dentro de sus creencias.
Proviene de la palabra en latín “tolerare”, la que se traduce al español como
“sostener”, o bien, “soportar”.
Podríamos definir la tolerancia como el respeto y la aceptación de la diversidad de
opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar
a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida,
siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona...
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La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como
una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la
propio comportamiento de uno mismo, o como una actitud de aceptación de la
diversidad de comportamiento de las personas según su cultura, condición social,
étnica y generacional.
La tolerancia es considerada como una cuestión de la moral y de la vida en sociedad,
ya que vivimos en sociedades pluralistas. Es por ello que se la considera como una gran
virtud y una responsabilidad cívica. Hay quienes incluso postulan a la tolerancia como
uno de los pilares de una cultura democrática real. Ya que esta posibilita una mayor
integración y a su vez, la construcción de los cimientos de una verdadera identidad de
los pueblos.
Jesús nos enseña a ser tolerantes: Cuando sus la gente le llevó a la mujer pecadora,
Jesús dijo: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Mientras los judíos
tuvieron sus prejuicios con los samaritanos, Jesús los pone como ejemplo de virtud
como el caso de la parábola del Buen Samaritano. El fanatismo religioso ha
distorsionado la caridad cristiana. Jesús nos enseña a optar con plena libertad su
mensaje y su salvación.

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    1 I.E. Melitón Carvajal UGEL03 - Lima Profesor John Casso LECTURA RECOMENDADA PARA DESARROLLAR LA EVALUACIÓN DE LA SEGUNDA UNIDAD DE APRENDIZAJE PARA SEGUNDO AÑO DE SECUNDARIA 1. La corrección fraterna En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Nos dice nuestro Señor que "si un hermano peca -o sea, falla en cualquier cosa de moral o dignidad en su comportamiento- repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano". Con esto nos está diciendo el Señor que la corrección es un bien y un servicio que se hace al prójimo. Pero aquí también hay reglas del juego, y hemos de tenerlas muy en cuenta para practicar cristianamente estos consejos de nuestro Señor. Veamos algunas de ellas. La primera es que, antes de corregir a los propios hijos o a nuestros educandos, debemos estar muy atentos nosotros para no faltar o equivocarnos en aquello mismo que corregimos a los demás; y, por tanto, el que corrige -ya se trate de un maestro, de un educador y, con mayor razón, de un padre o madre de familia- debe hacerlo primero con el propio testimonio de vida y ejemplo de virtud, y después también podrá hacerlo con la palabra y el consejo. Nunca mejor que en estas circunstancias hemos de tener presente el sabio proverbio popular de que "las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra". Las personas –sobre todo los niños, los adolescentes y los jóvenes– se dejan persuadir con mayor facilidad cuando ven un buen ejemplo que cuando escuchan una palabra de corrección o una llamada al orden. La segunda regla es que, al corregir, hemos de ser muy benévolos y respetuosos con las personas, sin humillarlas ni abochornarlas jamás, y mucho menos en público. ¡Cuántas veces un joven llega a sufrir graves lesiones en su psicología y afectividad por una educación errada! Y es un hecho que muchos hombres han quedado marcados con graves complejos, nunca superados, a causa de las humillaciones y atropellos que sufrieron en su infancia por parte de quienes ejercían la autoridad. Y no digo yo que no hay que corregir a los niños -dizque para no traumarlos, pero sí que hay formas y formas. 2. Pecado Social.
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    2 I.E. Melitón Carvajal UGEL03 - Lima Profesor John Casso "Es social todo pecado cometido contra los derechos de la persona humana, comenzando por el derecho a la vida, o contra la integridad física de alguno... La Iglesia... sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales. Se trata de pecados muy personales de quien engendra, favorece o explota la iniquidad; de quien, pudiendo hacer algo por evitar, eliminar, o, al menos, limitar determinados males sociales, omite el hacerlo por pereza, miedo y encubrimiento, por complicidad solapada o por indiferencia; ... y también de quien pretende eludir la fatiga y el sacrificio, alegando supuestas razones de orden superior. Por lo tanto, las verdaderas responsabilidades son de las personas.". Así se considera como social todo pecado cometido contra la justicia en las relaciones entre persona y persona, entre la persona y la comunidad, y entre la comunidad y la persona. Es social todo pecado contra los derechos de la persona humana, comenzando por el derecho a la vida, incluido el del no-nacido, o contra la integridad física de alguien; todo pecado contra la libertad de los demás, especialmente contra la libertad de creer en Dios y adorarlo; todo pecado contra la dignidad y el honor del prójimo. Es social todo pecado contra el bien común y contra sus exigencias, en toda la amplia esfera de los derechos y deberes de los ciudadanos. En fin, es social el pecado que se refiere a las relaciones entre las distintas comunidades humanas. Todo pecado es personal. Estos se presentan de dos clases: Pecado mortal: Es el pecado grave que nos corta nuestra gracia con Dios y nos lleva a la condenación si no nos arrepentimos y confesamos ante un sacerdote. Determina la muerte del alma. Pecado Venial: Es el pecado leve que nos impide alcanzar la gracia de Dios y se hace un hábito en nosotros, llegando con esto a cometer el pecado mortal. Determina la enfermedad del alma. Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento. Así empieza el pecado original, el hombre supo que no debió desobedecer el mandato de Dios, sin embargo, teniendo conocimiento de eso, desobedece y la culpa fue tan grande que el hombre jamás podría alcanzar el perdón de Dios. Tuvo que hacerse hombre el Hijo de Dios en la persona de Jesús para que, muriendo por nosotros mismos, podamos alcanzar el perdón y la salvación de Dios. El pecado personal se vuelve en social, cuando las personas de una comunidad lo practican de manera masiva, al punto que determina su normalidad, por el hecho que todos lo hacen. Lo que no es correcto, por la costumbre se vuelve en correcto. Eso hace que la persona pierda de vista la naturaleza del pecado y lo asume como algo normal, sin ver en ello falta alguna. 3. El mandamiento nuevo de Cristo El Señor Jesús pone de manifiesto que lo que da a sus discípulos es un nuevo mandamiento, que se amen unos a otros: Os doy, dice, un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.
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    3 I.E. Melitón Carvajal UGEL03 - Lima Profesor John Casso ¿Pero acaso este mandamiento no se encontraba ya en la ley antigua, en la que estaba escrito: Amarás a tu prójimo como a ti mismo? ¿Por qué lo llama entonces nuevo el Señor, si está tan claro que era antiguo? ¿No será que es nuevo porque nos viste del hombre nuevo después de despojarnos del antiguo? Porque no es cualquier amor el que renueva al que oye, o mejor al que obedece, sino aquel a cuyo propósito añadió el Señor, para distinguirlo del amor puramente carnal: como yo os he amado. Éste es el amor que nos renueva, y nos hace ser hombres nuevos, herederos del nuevo Testamento, intérpretes de un cántico nuevo. Este amor, hermanos queridos, renovó ya a los antiguos justos, a los patriarcas y a los profetas, y luego a los bienaventurados apóstoles; ahora renueva a los gentiles, y hace de todo el género humano, extendido por el universo entero, un único pueblo nuevo, el cuerpo de la nueva esposa del Hijo de Dios, de la que se dice en el Cantar de los Cantares: ¿Quién es ésa que sube del desierto vestida de blanco? Sí, vestida de blanco, porque ha sido renovada; ¿y qué es lo que la ha renovado sin el mandamiento nuevo? Porque, en la Iglesia, los miembros se preocupan unos por otros; y si padece uno de ellos, se compadecen todos los demás, y si uno de ellos se ve glorificado, todos los otros se congratulan. La Iglesia, en verdad, escucha y guarda estas palabras: Os doy un mandato nuevo: que os améis mutuamente. No como se aman quienes viven en la corrupción de la carne, ni como se aman los hombres simplemente porque son hombres; sino como se quieren todos los que se tienen por dioses e hijos del Altísimo, y llegan a ser hermanos de su único Hijo, amándose unos a otros con aquel mismo amor con que él los amó, para conducirlos a todos a aquel fin que les satisfaga, donde su anhelo de bienes encuentre su saciedad. Porque no quedará ningún anhelo por saciar cuando Dios lo sea todo en todos. Este amor nos lo otorga el mismo que dijo: como yo os he amado, amaos también entre vosotros. Pues para esto nos amó precisamente, para que nos amemos los unos a los otros; y con su amor hizo posible que nos ligáramos estrechamente, y como miembros unidos por tan dulce vínculo, formemos el cuerpo de tan espléndida cabeza. (Tomado de Oficio de lectura, jueves IV semana de pascua de los tratados de San Agustín). 4. La tolerancia en el trato diario del cristiano La tolerancia es una virtud que va de la mano con el respeto a los demás. También guarda relación con la aceptación de aquellas personas, situaciones o cosas que se alejan de lo que cada persona posee o considera dentro de sus creencias. Proviene de la palabra en latín “tolerare”, la que se traduce al español como “sostener”, o bien, “soportar”. Podríamos definir la tolerancia como el respeto y la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona...
  • 4.
    4 I.E. Melitón Carvajal UGEL03 - Lima Profesor John Casso La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propio comportamiento de uno mismo, o como una actitud de aceptación de la diversidad de comportamiento de las personas según su cultura, condición social, étnica y generacional. La tolerancia es considerada como una cuestión de la moral y de la vida en sociedad, ya que vivimos en sociedades pluralistas. Es por ello que se la considera como una gran virtud y una responsabilidad cívica. Hay quienes incluso postulan a la tolerancia como uno de los pilares de una cultura democrática real. Ya que esta posibilita una mayor integración y a su vez, la construcción de los cimientos de una verdadera identidad de los pueblos. Jesús nos enseña a ser tolerantes: Cuando sus la gente le llevó a la mujer pecadora, Jesús dijo: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Mientras los judíos tuvieron sus prejuicios con los samaritanos, Jesús los pone como ejemplo de virtud como el caso de la parábola del Buen Samaritano. El fanatismo religioso ha distorsionado la caridad cristiana. Jesús nos enseña a optar con plena libertad su mensaje y su salvación.