El arte islámico se caracteriza por su estrecha relación con la religión, reflejando la fe y las normas del Islam a través de una variedad estilística que evita la representación figurativa debido a su tendencia anicónica. Su arquitectura, influenciada por los pueblos conquistados, integra elementos decorativos geométricos, caligráficos y vegetales, destacando la mezquita como centro social y religioso. La decoración rica y simbólica incluye la caligrafía y motivos abstractos, mientras que el uso práctico de los objetos refleja la vida cotidiana dentro del mundo islámico.