El autor argumenta que a pesar de las predicciones de pensadores del siglo XIX como Nietzsche de que Dios había muerto, la religión sigue siendo muy relevante en el mundo moderno. Afirma que la ignorancia sobre las principales religiones del mundo es un obstáculo para la comprensión intercultural y la resolución de conflictos. Finalmente, sostiene que para lograr una paz duradera en un mundo cada vez más globalizado, es necesario abandonar las actitudes de mera tolerancia hacia la religión y adoptar en cambio una postura de humildad y