Artículos extraídos de http://www.laboris.net/static/ca_salud.aspx




   Fatiga mental: cuando el trabajo nos supera



"Disminución temporal de la eficiencia funcional mental". Así definen los expertos la fatiga
mental. Los efectos en el trabajo son evidentes: pérdida de concentración, peor relación
esfuerzo-resultado, menor capacidad de asimilar información y, en consecuencia, aumento de
los errores.


A todos nos ha ocurrido en alguna ocasión, pero existen casos en los que la sensación de
fatiga llega a ser permanente. Y entonces, las consecuencias para el afectado llegan mucho
más allá del trabajo. Entre los síntomas asociados habitualmente a la fatiga mental
encontramos trastornos en el sueño, fatiga ocular, sensación continua de cansancio,
adormecimiento, mareos, cefaleas, irritabilidad, alteraciones digestivas…


¿Por qué se produce?
La fatiga se produce cuando hay un exceso de carga mental en el trabajo. Es decir, cuando
las exigencias de nuestra tarea diaria -esfuerzo requerido, ritmo de trabajo, nivel de atención,
tensión        emocional…-      superan       nuestra       capacidad       de       respuesta.


Esto puede ocurrir en trabajos que requieren una intensa actividad intelectual o una
implicación emocional fuerte. Pero también en trabajos que aún siendo monótonos y
repetitivos exigen atención continua. En todo caso, es más frecuente en puestos sedentarios,
con poca actividad física.


En una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo a
finales de 1999, dos de cada tres personas que decían mantener un ritmo alto de trabajo y
un nivel elevado de atención durante más de la mitad de la jornada presentaban síntomas
claros de fatiga.


En este punto, sin embargo, conviene aclarar dos cosas: primero, que la fatiga no siempre
está motivada por el trabajo; segundo, que nunca está motivada sólo por el trabajo. Los
hábitos poco saludables en la vida diaria y las circunstancias personales del individuo
también influyen.


La fatiga, además, es un síntoma habitual en muchas enfermedades graves, por lo que el
afectado no debe confiarse pensando que el problema está causado por el trabajo, la falta de
sueño y una dieta poco recomendable. La visita al médico es obligada.
¿Cómo prevenirla?
La sensación de fatiga, sea o no síntoma de otra enfermedad, nos indica la necesidad de
descanso. Es un mecanismo regulador del organismo. Cuando aparece, nuestro cuerpo y
nuestra mente ponen en marcha sistemas de defensa sin que seamos conscientes de ello:
ralentizamos el ritmo de trabajo, hacemos más comprobaciones de las habituales y aplazamos
las tareas más críticas. Todo esto ocurre cuando la fatiga ya es una realidad. Pero, ¿cómo
evitar                                       que                                     aparezca?


Lo primero que hay que hacer es fortalecer la propia capacidad de resistencia mejorando
los hábitos de alimentación, descanso y ejercicio. Son tres factores que, por sí solos, pueden
provocar una sensación de cansancio permanente si no se les presta la debida atención.


La organización de las tareas del puesto de trabajo también es clave para prevenir la
fatiga. La asignación de funciones a cada trabajador y el establecimiento de timings
razonables dependen fundamentalmente de la empresa, pero la persona también puede
tomar algunas medidas:


    •    Establecer objetivos parciales de trabajo a lo largo del día ayuda a tener una
         sensación de avance, de "cosas terminadas", que previene la fatiga. El problema de
         estas metas parciales es que, si no se distribuyen correctamente y resulta imposible
         alcanzarlas a la hora prevista, originan lo que algunos expertos llaman "agendas
         calientes" y acaban teniendo un efecto contrario al deseado.
    •
    •    Es muy importante poder hacer pausas durante la jornada. Pausas que serán
         mucho más reparadoras si se cumplen dos condiciones: que el trabajador las pueda
         distribuir según sus necesidades y que verdaderamente permitan "desconectar". Estar
         esperando una información o una llamada de teléfono no es hacer una pausa, porque
         la persona permanece alerta. Sí lo es alejarse del puesto de trabajo y cambiar el foco
         de atención durante unos minutos.


Las condiciones ambientales en el entorno de trabajo también pueden influir en la
aparición de la fatiga. La mala iluminación o el exceso de ruido obligan a hacer un esfuerzo
suplementario               que               provoca              más              cansancio.


Cada individuo responde de manera diferente a la carga mental en el trabajo. Un trabajador
hipermotivado, por ejemplo, puede ser incapaz de percibir su propia fatiga hasta llegar al
borde del agotamiento. Una persona muy poco motivada, en cambio, puede notar los
primeros síntomas nada más empezar su jornada laboral.
Estrés: cuando el trabajo se escapa de nuestro control

La lista es larga: los colectivos que más sufren de estrés son los que están sometidos al
contacto con el público o con los clientes; tanto altos directivos como cargos intermedios
pueden padecerlo, pero no se salvan tampoco las personas que realizan tareas repetitivas. O
las que se sienten infravaloradas. Por géneros, las mujeres son más propensas debido a la
suma de cargas laborales y familiares.


Parece como si cualquier profesional estuviera en el punto de mira del estrés. En realidad,
este fenómeno es el resultado de una difícil ecuación entre las aptitudes de la persona, su
adecuación al puesto de trabajo y la organización de la empresa.


Las causas
Tan diversas como a priori se podría suponer. Existen una serie de factores que empujan a la
aparición de la ansiedad, que mal controlada desembocará en estrés.


   •   Sobrecarga de trabajo: su volumen o dificultad está por encima de la capacidad del
       empleado.
   •   Monotonía: el trabajador se siente poco motivado y, en muchos casos, considera
       que no está sacando partido a sus habilidades y capacidad profesional.
   •   Falta de comunicación: la empresa no informa claramente al trabajador sobre su
       función y éste se siente perdido al no saber cuál es su rol ni lo que se espera de él.
   •   Relaciones personales: estar enfadado con los compañeros de trabajo o no tener
       buena sintonía con los superiores provoca soledad y ausencia de apoyo social.
   •   Incapacidad: errores durante la selección o promoción de personal cargan de
       responsabilidades a un empleado que no tiene la suficiente preparación para
       desarrollar sus nuevas responsabilidades.
   •   Problemas personales


Hay otros elementos ambientales que pueden desestabilizar nuestro equilibrio emocional.
Una iluminación insuficiente, temperatura inadecuada, exceso de ruidos o los horarios
nocturnos    no    ayudan     precisamente      a    lidiar   con     la    jornada     laboral.


La valoración de lo que es o no es estrés cambiará para cada persona. La capacidad y
experiencia proporciona a cada uno herramientas para gestionar la tensión.


La personalidad tipo A
Uno de los grandes mitos del estrés es que sólo afecta a ejecutivos. Pese a no ser cierto,
muchos estudios se han centrado en estos líderes hasta encontrar similitudes en su
comportamiento. Así se llega a la llamada ‘Personalidad tipo A’. Se manifiesta en un interés
desmesurado por la perfección y una implicación muy profunda con su profesión. Estos
directivos son activos, enérgicos, competitivos, ambiciosos, impacientes y no saben delegar
en sus colaboradores.


Los que responden a este perfil son más sensibles al estrés, al igual que lo son las personas
ansiosas, introvertidas o inflexibles. Las primeras viven en un nerviosismo constante; los
tímidos no tienen mecanismos para descargar la ansiedad y los que no se adaptan al cambio
viven momentos difíciles ante cualquier imprevisto.


Estos rasgos de personalidad no originan por sí solos el estrés, pero dificultan que se pueda
reaccionar cuando aparece el problema.


Profesiones de riesgo
Cualquier empresa con una mala organización interna o una comunicación insuficiente genera
mucha inestabilidad y ansiedad en los trabajadores. Aun así, algunas profesiones son por sí
mismas más exigentes a nivel emocional o psicológico:


    •   Atención al cliente: la interacción con otras personas provoca incertidumbre y
        desgaste. La tensión se eleva al tener que estar permanentemente pendientes de lo
        que nos dicen, sobre todo si son quejas.
    •   Médicos, profesores, asistentes sociales, enfermeras: en estos colectivos puede
        aparecer el “síndrome de estar quemado” -burn out-, que se da en profesiones donde
        los trabajadores se implican emocionalmente con las personas a las que prestan sus
        servicios.
    •   Departamentos comerciales: la presión viene de la necesidad de dar respuestas
        inmediatas, ganar nuevos clientes, facturar más y solucionar los problemas de
        clientes.
    •   Trabajo en cadena: no se exige pensar y hay una gran desvinculación con la
        empresa, debido al desconocimiento sobre el producto que se realiza o para qué
        sirve. Por eso, estos profesionales se sienten perdidos y creen que su trabajo no
        tiene sentido.
    •   Policía y fuerzas de seguridad: el estrés sobreviene al tener que estar alerta en
        todo momento, llevando a cabo tareas tan poco agradecidas como el control del
        tráfico o tan peligrosas como las detenciones.
    •


Métodos paliativos desde la oficina
Generalmente, el estrés se hace evidente cuando ya han aparecido sus consecuencias
negativas. Por eso, la mejor solución es acudir a profesionales o, por extraño que parezca,
hablar directamente con los superiores, ya que deberían ser los primeros interesados en
atajar esta situación.


La cultura de empresa que se comienza a imponer en algunas compañías consiste en
considerar al empleado como su activo más valioso. Así pues, son los empresarios los que
deberán aplicar las medidas correctoras desde la organización. Estas medidas pueden variar
mucho        dependiendo         de      los      motivos          que      causen         el     estrés.


De todas formas, cualquier empleado tiene diferentes recursos para paliar y prevenir el
estrés desde su puesto de trabajo:


    •   Exteriorizar las emociones: comentar con los compañeros de trabajo, amigos o
        familiares las preocupaciones y los sentimientos que nos angustian. Está demostrado
        que quienes comparten sus emociones liberan mucha tensión. Y los que ríen,
        también.
    •   Descansar: las personas mantenemos un nivel de atención máximo durante 20
        minutos. Superado este umbral, la atención se mantiene una hora más. Para evitar la
        fatiga mental lo mejor es cambiar la tarea que se está realizando cada hora y media,
        o tomarse un breve descanso de cinco minutos realizando tareas menores.
    •   Autorreflexión: es muy importante conocerse a uno mismo y detectar los elementos
        que causan estrés para evitarlos. La experiencia, la formación y la personalidad de
        cada uno contienen herramientas para atajar la tensión.
    •   Eliminar tareas innecesarias: saber gestionar el tiempo y planificar la jornada.
    •   Moverse y caminar para evitar la rigidez muscular.


    •
Estrés: cuándo debemos preocuparnos


Los síntomas más comunes del estrés son:


- En el plano psicológico:


        •    Cansancio emocional (pérdida de energía y fatiga)
        •    Respuestas      negativas   hacia   los   demás   y    hacia   el   trabajo   (irritabilidad,
             agresividad)
        •    Pérdida de motivación y realización personal
        •    Frustraciones, insatisfacción y ansiedad más allá de nuestro control
        •    Dificultad en el trato con los compañeros
        •    Excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones
        •    Olvidos, preocupación por el futuro y excesivo temor al fracaso


- En el plano físico:


        •    Apretar las mandíbulas de forma irreflexiva
        •    Aumento del consumo de tabaco y alcohol
        •    Aumento o disminución del apetito
        •    Músculos contraídos, manos frías o dolor de cabeza
        •    Perturbación del sueño
•   Pulso acelerado


- Conductas habituales:


       •   Dejar pendientes asuntos importantes hasta el último minuto y experimentar
           entonces una sensación de pánico
       •   No dedicar suficiente tiempo al trabajo ordinario y a las citas importantes
       •   Comer mientras se trabaja
       •   Dedicar menos tiempo a la vida familiar que a la profesional
       •   Gritar y hablar demasiado deprisa


       •   Perder el sentido del humor

Estrés+ +[1]..

  • 1.
    Artículos extraídos dehttp://www.laboris.net/static/ca_salud.aspx Fatiga mental: cuando el trabajo nos supera "Disminución temporal de la eficiencia funcional mental". Así definen los expertos la fatiga mental. Los efectos en el trabajo son evidentes: pérdida de concentración, peor relación esfuerzo-resultado, menor capacidad de asimilar información y, en consecuencia, aumento de los errores. A todos nos ha ocurrido en alguna ocasión, pero existen casos en los que la sensación de fatiga llega a ser permanente. Y entonces, las consecuencias para el afectado llegan mucho más allá del trabajo. Entre los síntomas asociados habitualmente a la fatiga mental encontramos trastornos en el sueño, fatiga ocular, sensación continua de cansancio, adormecimiento, mareos, cefaleas, irritabilidad, alteraciones digestivas… ¿Por qué se produce? La fatiga se produce cuando hay un exceso de carga mental en el trabajo. Es decir, cuando las exigencias de nuestra tarea diaria -esfuerzo requerido, ritmo de trabajo, nivel de atención, tensión emocional…- superan nuestra capacidad de respuesta. Esto puede ocurrir en trabajos que requieren una intensa actividad intelectual o una implicación emocional fuerte. Pero también en trabajos que aún siendo monótonos y repetitivos exigen atención continua. En todo caso, es más frecuente en puestos sedentarios, con poca actividad física. En una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo a finales de 1999, dos de cada tres personas que decían mantener un ritmo alto de trabajo y un nivel elevado de atención durante más de la mitad de la jornada presentaban síntomas claros de fatiga. En este punto, sin embargo, conviene aclarar dos cosas: primero, que la fatiga no siempre está motivada por el trabajo; segundo, que nunca está motivada sólo por el trabajo. Los hábitos poco saludables en la vida diaria y las circunstancias personales del individuo también influyen. La fatiga, además, es un síntoma habitual en muchas enfermedades graves, por lo que el afectado no debe confiarse pensando que el problema está causado por el trabajo, la falta de sueño y una dieta poco recomendable. La visita al médico es obligada. ¿Cómo prevenirla?
  • 2.
    La sensación defatiga, sea o no síntoma de otra enfermedad, nos indica la necesidad de descanso. Es un mecanismo regulador del organismo. Cuando aparece, nuestro cuerpo y nuestra mente ponen en marcha sistemas de defensa sin que seamos conscientes de ello: ralentizamos el ritmo de trabajo, hacemos más comprobaciones de las habituales y aplazamos las tareas más críticas. Todo esto ocurre cuando la fatiga ya es una realidad. Pero, ¿cómo evitar que aparezca? Lo primero que hay que hacer es fortalecer la propia capacidad de resistencia mejorando los hábitos de alimentación, descanso y ejercicio. Son tres factores que, por sí solos, pueden provocar una sensación de cansancio permanente si no se les presta la debida atención. La organización de las tareas del puesto de trabajo también es clave para prevenir la fatiga. La asignación de funciones a cada trabajador y el establecimiento de timings razonables dependen fundamentalmente de la empresa, pero la persona también puede tomar algunas medidas: • Establecer objetivos parciales de trabajo a lo largo del día ayuda a tener una sensación de avance, de "cosas terminadas", que previene la fatiga. El problema de estas metas parciales es que, si no se distribuyen correctamente y resulta imposible alcanzarlas a la hora prevista, originan lo que algunos expertos llaman "agendas calientes" y acaban teniendo un efecto contrario al deseado. • • Es muy importante poder hacer pausas durante la jornada. Pausas que serán mucho más reparadoras si se cumplen dos condiciones: que el trabajador las pueda distribuir según sus necesidades y que verdaderamente permitan "desconectar". Estar esperando una información o una llamada de teléfono no es hacer una pausa, porque la persona permanece alerta. Sí lo es alejarse del puesto de trabajo y cambiar el foco de atención durante unos minutos. Las condiciones ambientales en el entorno de trabajo también pueden influir en la aparición de la fatiga. La mala iluminación o el exceso de ruido obligan a hacer un esfuerzo suplementario que provoca más cansancio. Cada individuo responde de manera diferente a la carga mental en el trabajo. Un trabajador hipermotivado, por ejemplo, puede ser incapaz de percibir su propia fatiga hasta llegar al borde del agotamiento. Una persona muy poco motivada, en cambio, puede notar los primeros síntomas nada más empezar su jornada laboral.
  • 3.
    Estrés: cuando eltrabajo se escapa de nuestro control La lista es larga: los colectivos que más sufren de estrés son los que están sometidos al contacto con el público o con los clientes; tanto altos directivos como cargos intermedios pueden padecerlo, pero no se salvan tampoco las personas que realizan tareas repetitivas. O las que se sienten infravaloradas. Por géneros, las mujeres son más propensas debido a la suma de cargas laborales y familiares. Parece como si cualquier profesional estuviera en el punto de mira del estrés. En realidad, este fenómeno es el resultado de una difícil ecuación entre las aptitudes de la persona, su adecuación al puesto de trabajo y la organización de la empresa. Las causas Tan diversas como a priori se podría suponer. Existen una serie de factores que empujan a la aparición de la ansiedad, que mal controlada desembocará en estrés. • Sobrecarga de trabajo: su volumen o dificultad está por encima de la capacidad del empleado. • Monotonía: el trabajador se siente poco motivado y, en muchos casos, considera que no está sacando partido a sus habilidades y capacidad profesional. • Falta de comunicación: la empresa no informa claramente al trabajador sobre su función y éste se siente perdido al no saber cuál es su rol ni lo que se espera de él. • Relaciones personales: estar enfadado con los compañeros de trabajo o no tener buena sintonía con los superiores provoca soledad y ausencia de apoyo social. • Incapacidad: errores durante la selección o promoción de personal cargan de responsabilidades a un empleado que no tiene la suficiente preparación para desarrollar sus nuevas responsabilidades. • Problemas personales Hay otros elementos ambientales que pueden desestabilizar nuestro equilibrio emocional. Una iluminación insuficiente, temperatura inadecuada, exceso de ruidos o los horarios nocturnos no ayudan precisamente a lidiar con la jornada laboral. La valoración de lo que es o no es estrés cambiará para cada persona. La capacidad y experiencia proporciona a cada uno herramientas para gestionar la tensión. La personalidad tipo A Uno de los grandes mitos del estrés es que sólo afecta a ejecutivos. Pese a no ser cierto, muchos estudios se han centrado en estos líderes hasta encontrar similitudes en su comportamiento. Así se llega a la llamada ‘Personalidad tipo A’. Se manifiesta en un interés desmesurado por la perfección y una implicación muy profunda con su profesión. Estos
  • 4.
    directivos son activos,enérgicos, competitivos, ambiciosos, impacientes y no saben delegar en sus colaboradores. Los que responden a este perfil son más sensibles al estrés, al igual que lo son las personas ansiosas, introvertidas o inflexibles. Las primeras viven en un nerviosismo constante; los tímidos no tienen mecanismos para descargar la ansiedad y los que no se adaptan al cambio viven momentos difíciles ante cualquier imprevisto. Estos rasgos de personalidad no originan por sí solos el estrés, pero dificultan que se pueda reaccionar cuando aparece el problema. Profesiones de riesgo Cualquier empresa con una mala organización interna o una comunicación insuficiente genera mucha inestabilidad y ansiedad en los trabajadores. Aun así, algunas profesiones son por sí mismas más exigentes a nivel emocional o psicológico: • Atención al cliente: la interacción con otras personas provoca incertidumbre y desgaste. La tensión se eleva al tener que estar permanentemente pendientes de lo que nos dicen, sobre todo si son quejas. • Médicos, profesores, asistentes sociales, enfermeras: en estos colectivos puede aparecer el “síndrome de estar quemado” -burn out-, que se da en profesiones donde los trabajadores se implican emocionalmente con las personas a las que prestan sus servicios. • Departamentos comerciales: la presión viene de la necesidad de dar respuestas inmediatas, ganar nuevos clientes, facturar más y solucionar los problemas de clientes. • Trabajo en cadena: no se exige pensar y hay una gran desvinculación con la empresa, debido al desconocimiento sobre el producto que se realiza o para qué sirve. Por eso, estos profesionales se sienten perdidos y creen que su trabajo no tiene sentido. • Policía y fuerzas de seguridad: el estrés sobreviene al tener que estar alerta en todo momento, llevando a cabo tareas tan poco agradecidas como el control del tráfico o tan peligrosas como las detenciones. • Métodos paliativos desde la oficina Generalmente, el estrés se hace evidente cuando ya han aparecido sus consecuencias negativas. Por eso, la mejor solución es acudir a profesionales o, por extraño que parezca, hablar directamente con los superiores, ya que deberían ser los primeros interesados en atajar esta situación. La cultura de empresa que se comienza a imponer en algunas compañías consiste en considerar al empleado como su activo más valioso. Así pues, son los empresarios los que
  • 5.
    deberán aplicar lasmedidas correctoras desde la organización. Estas medidas pueden variar mucho dependiendo de los motivos que causen el estrés. De todas formas, cualquier empleado tiene diferentes recursos para paliar y prevenir el estrés desde su puesto de trabajo: • Exteriorizar las emociones: comentar con los compañeros de trabajo, amigos o familiares las preocupaciones y los sentimientos que nos angustian. Está demostrado que quienes comparten sus emociones liberan mucha tensión. Y los que ríen, también. • Descansar: las personas mantenemos un nivel de atención máximo durante 20 minutos. Superado este umbral, la atención se mantiene una hora más. Para evitar la fatiga mental lo mejor es cambiar la tarea que se está realizando cada hora y media, o tomarse un breve descanso de cinco minutos realizando tareas menores. • Autorreflexión: es muy importante conocerse a uno mismo y detectar los elementos que causan estrés para evitarlos. La experiencia, la formación y la personalidad de cada uno contienen herramientas para atajar la tensión. • Eliminar tareas innecesarias: saber gestionar el tiempo y planificar la jornada. • Moverse y caminar para evitar la rigidez muscular. • Estrés: cuándo debemos preocuparnos Los síntomas más comunes del estrés son: - En el plano psicológico: • Cansancio emocional (pérdida de energía y fatiga) • Respuestas negativas hacia los demás y hacia el trabajo (irritabilidad, agresividad) • Pérdida de motivación y realización personal • Frustraciones, insatisfacción y ansiedad más allá de nuestro control • Dificultad en el trato con los compañeros • Excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones • Olvidos, preocupación por el futuro y excesivo temor al fracaso - En el plano físico: • Apretar las mandíbulas de forma irreflexiva • Aumento del consumo de tabaco y alcohol • Aumento o disminución del apetito • Músculos contraídos, manos frías o dolor de cabeza • Perturbación del sueño
  • 6.
    Pulso acelerado - Conductas habituales: • Dejar pendientes asuntos importantes hasta el último minuto y experimentar entonces una sensación de pánico • No dedicar suficiente tiempo al trabajo ordinario y a las citas importantes • Comer mientras se trabaja • Dedicar menos tiempo a la vida familiar que a la profesional • Gritar y hablar demasiado deprisa • Perder el sentido del humor