Este documento propone un modelo de gestión educativa basado en los enfoques cultural y democrático. Según este modelo, es importante reconocer la cultura propia de las instituciones educativas y verlas como sistemas sociales. Más que la planificación, la institucionalización es clave para consolidar el cambio. Los procesos de mejora deben centrarse en la escuela como un todo, ya que el cambio no es necesariamente lineal.