Sab 11,25
El centro del Evangelio, del Proyecto de Jesús es el del servicio al que
   se opone el egoísmo, la ambición, la dominación cuyos
pilares son el poder y la riqueza señas del anticristo y el contra-evangelio.
El servicio solo puede ser prestado por personas concretas – como
somos los rectores – as en nuestro caso – no por entes de razón como son
                    nuestros colegios o instituciones.
Somos nosotros rectores – as ,
 personas concretas con nombres y
 apellidos propios quienes tenemos
que ser seres para los demás y
   con los demás en nuestros
             colegios.




                                       Ahí está nuestra realización como
                                     seres humanos tratar de darnos como
                                     Dios se da, entregarnos plenamente a
                                        nuestros docentes, estudiantes,
                                          padres de familia, personal
                                         administrativo y de servicios.
Se trata por tanto de superar en nosotros. El “apego al falso yo”, deshacernos
  en beneficio de los demás. Es el “ya solo en amar es mi ejercicio” de San
      Juan de la Cruz o “donde no hay amor por amor y recibirás amor”.




La grandeza no se mide por el poder que tengamos, el puesto que ocupemos
     o los títulos que ostentemos que en el fondo son asuntos relativos.
Un buen rector@
cristian@ creyente
  hace presente al Dios
 encarnado en Jesús de
  Nazareth y construye
   Reino, es decir Vida
Plena y Abundante en su
   colegio al articular
  Ciencia – Evangelio y
          Vida.
 Si no somos capaces de
transmitir la presencia de
 Jesús y su Proyecto de
 Vida, ¿qué sentido tiene
     nuestro trabajo?
Un buen rector@ no debe colocarse
desde arriba, desde la superioridad, el
 poder o el protagonismo interesado o
manipulador sino desde abajo, desde la
disponibilidad, el servicio y la ayuda a
               los demás.
  Nuestro ejemplo es Jesús. No vino
nunca para ser servido sino para servir.
  Hizo realidad la súplica de Dios por
    medio del profeta “Consolad,
      consolad a mi pueblo”.
El Maestro Jesús de Nazareth parecer ser bien consciente de la fuerza
digregradora y deshumanizadora que conlleva toda búsqueda de poder.
Lo nuestro como rectores no es el poder es la autoridad, no
es el egoísmo es el servicio, no es la ambición es la humanización.
Nuestro trabajo como rector@s no debe ser asunto de jerarquía sino de
calidad humana para hacer de nuestros colegios – como dice el
Obispo Pedro Casaldáliga de la Iglesia “No una democracia sino más
que una democracia…”
Todos estamos necesitados de conversión – incluidos nosotros los
rector@s. El equilibrio afectivo nos pide que reconozcamos nuestros
 límites y la propia fragilidad. Como decía San Agustín “Somos seres
          humanos atravesados por la gracia y el pecado”.
Es el Espíritu de Jesús, son nuestros muchachos y muchachas
   quienes nos pueden ayudar a seguir a Jesús, a convertirnos, a beber el
cáliz y ser bautizados como figuras de ese paso que nos lleva a entregarnos
 y a ser entregados. Nos ayudan a eliminar todo aquello que esté de alguna
manera infectado de idolatría y de ensimismamientos, que nos hacen poner
    “la añadidura” en el primer plano de nuestra búsqueda y que nos
    impide ver y sentir que solo Dios es Dios. Se trata del primado de la
  gratuidad de Dios en nuestras vidas la presencia de su amor en nuestras
   vidas . “No es que nosotros hallamos amado a Dios, sino que Él nos amó
                                primero” 1 Jn
Para el discipulado nuestro
   trabajo como rector@s es un
llamado para la misión no para
     un estado de privilegio. La
  espiritualidad del que sigue
      a Jesús es respuesta,
respuesta a lo que ha recibido ya.
  Y lo que hemos recibido es una
  ESTUPENDA NOTICIA: Si
 sales de ti; si eres persona
   degocentrada, si ves la
 desidentificación de tu yo
estás en el camino del Reino
y si tu está en ese camino tu
 colegio también lo estaría,
pues estará en el camino de
  la vida plena y digna en
   misericordia, justicia,
       dignidad y paz.
Nuestras muchachas y
  muchachos, nuestras niñas y
  niños esperan de nosotros los
      rectores un servidor, un
 acompañamiento, un cuidador,
  un pastoreo como el de Jesús
 con autoridad, con entrañas de
     misericordia, esperan ser
acogidos, escuchados y tocados
por la misericordia, la esperanza,
 la confianza, la generosidad, la
vida dada del que ama y siembra.
 “Cristo Jesús, un Señor” Fil
    3,8 en palabras del Apóstol
               Pablo.
Nuestras palabras se vuelven irrelevantes, como dice Agustín “no
permanece en nosotros la raíz del amor”. Cómo llegamos al corazón
 de las personas, allí donde el dolor y el sufrimiento habitan, pero también
donde hambrea la esperanza y donde la gracia de Dios puede sanar de raíz
el corazón maltrecho. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre
                 eco en nuestros corazones de rector@s.
Ante cambios tan profundos en el sistema productivo, modelo cultural y en
   relaciones personales nosotros rector@s no podemos permitir que el
sistema educativo sea simple reproche de la actual estructura social.
     Al contrario, debe ser medio fundamental que facilite el
alumbramiento de personas compasivas, misericordiosas, de una sociedad
      solidaria y de una creación plena como lo quiere Nuestro Dios.

Nuestro servicio como rectoras es 191009

  • 1.
  • 2.
    El centro delEvangelio, del Proyecto de Jesús es el del servicio al que se opone el egoísmo, la ambición, la dominación cuyos pilares son el poder y la riqueza señas del anticristo y el contra-evangelio.
  • 3.
    El servicio solopuede ser prestado por personas concretas – como somos los rectores – as en nuestro caso – no por entes de razón como son nuestros colegios o instituciones.
  • 4.
    Somos nosotros rectores– as , personas concretas con nombres y apellidos propios quienes tenemos que ser seres para los demás y con los demás en nuestros colegios. Ahí está nuestra realización como seres humanos tratar de darnos como Dios se da, entregarnos plenamente a nuestros docentes, estudiantes, padres de familia, personal administrativo y de servicios.
  • 5.
    Se trata portanto de superar en nosotros. El “apego al falso yo”, deshacernos en beneficio de los demás. Es el “ya solo en amar es mi ejercicio” de San Juan de la Cruz o “donde no hay amor por amor y recibirás amor”. La grandeza no se mide por el poder que tengamos, el puesto que ocupemos o los títulos que ostentemos que en el fondo son asuntos relativos.
  • 6.
    Un buen rector@ cristian@creyente hace presente al Dios encarnado en Jesús de Nazareth y construye Reino, es decir Vida Plena y Abundante en su colegio al articular Ciencia – Evangelio y Vida. Si no somos capaces de transmitir la presencia de Jesús y su Proyecto de Vida, ¿qué sentido tiene nuestro trabajo?
  • 7.
    Un buen rector@no debe colocarse desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado o manipulador sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vino nunca para ser servido sino para servir. Hizo realidad la súplica de Dios por medio del profeta “Consolad, consolad a mi pueblo”.
  • 8.
    El Maestro Jesúsde Nazareth parecer ser bien consciente de la fuerza digregradora y deshumanizadora que conlleva toda búsqueda de poder. Lo nuestro como rectores no es el poder es la autoridad, no es el egoísmo es el servicio, no es la ambición es la humanización.
  • 9.
    Nuestro trabajo comorector@s no debe ser asunto de jerarquía sino de calidad humana para hacer de nuestros colegios – como dice el Obispo Pedro Casaldáliga de la Iglesia “No una democracia sino más que una democracia…”
  • 10.
    Todos estamos necesitadosde conversión – incluidos nosotros los rector@s. El equilibrio afectivo nos pide que reconozcamos nuestros límites y la propia fragilidad. Como decía San Agustín “Somos seres humanos atravesados por la gracia y el pecado”.
  • 11.
    Es el Espíritude Jesús, son nuestros muchachos y muchachas quienes nos pueden ayudar a seguir a Jesús, a convertirnos, a beber el cáliz y ser bautizados como figuras de ese paso que nos lleva a entregarnos y a ser entregados. Nos ayudan a eliminar todo aquello que esté de alguna manera infectado de idolatría y de ensimismamientos, que nos hacen poner “la añadidura” en el primer plano de nuestra búsqueda y que nos impide ver y sentir que solo Dios es Dios. Se trata del primado de la gratuidad de Dios en nuestras vidas la presencia de su amor en nuestras vidas . “No es que nosotros hallamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero” 1 Jn
  • 12.
    Para el discipuladonuestro trabajo como rector@s es un llamado para la misión no para un estado de privilegio. La espiritualidad del que sigue a Jesús es respuesta, respuesta a lo que ha recibido ya. Y lo que hemos recibido es una ESTUPENDA NOTICIA: Si sales de ti; si eres persona degocentrada, si ves la desidentificación de tu yo estás en el camino del Reino y si tu está en ese camino tu colegio también lo estaría, pues estará en el camino de la vida plena y digna en misericordia, justicia, dignidad y paz.
  • 13.
    Nuestras muchachas y muchachos, nuestras niñas y niños esperan de nosotros los rectores un servidor, un acompañamiento, un cuidador, un pastoreo como el de Jesús con autoridad, con entrañas de misericordia, esperan ser acogidos, escuchados y tocados por la misericordia, la esperanza, la confianza, la generosidad, la vida dada del que ama y siembra. “Cristo Jesús, un Señor” Fil 3,8 en palabras del Apóstol Pablo.
  • 14.
    Nuestras palabras sevuelven irrelevantes, como dice Agustín “no permanece en nosotros la raíz del amor”. Cómo llegamos al corazón de las personas, allí donde el dolor y el sufrimiento habitan, pero también donde hambrea la esperanza y donde la gracia de Dios puede sanar de raíz el corazón maltrecho. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en nuestros corazones de rector@s.
  • 15.
    Ante cambios tanprofundos en el sistema productivo, modelo cultural y en relaciones personales nosotros rector@s no podemos permitir que el sistema educativo sea simple reproche de la actual estructura social. Al contrario, debe ser medio fundamental que facilite el alumbramiento de personas compasivas, misericordiosas, de una sociedad solidaria y de una creación plena como lo quiere Nuestro Dios.