El pragmatismo, una corriente filosófica estadounidense, aboga por la validez de las ideas en función de su utilidad práctica y ha influido en la educación, enfatizando la conexión entre aprendizaje y acción. John Dewey, uno de sus principales exponentes, aboga por un enfoque educativo centrado en la experiencia del alumno y en la resolución de problemas, promoviendo una educación dinámica y democrática. La teoría del pragmatismo sostiene que la enseñanza debe adaptarse a las necesidades individuales de los estudiantes, convirtiendo la escuela en un espacio para el desarrollo social y personal.