Kant propuso un idealismo trascendental donde las estructuras a priori de la razón (espacio, tiempo, categorías) dan forma pero no contenido a la experiencia. Esto hace posible el conocimiento científico pero limita la metafísica. En ética, Kant defendió un formalismo moral donde la voluntad debe ceñirse al imperativo categórico de obrar sólo según máximas universalizables, considerando a la humanidad como un fin en sí misma.