La ira puede tener consecuencias físicas y mentales. El objetivo del manejo de la ira es reducir los sentimientos y la respuesta fisiológica que provoca. Aunque no siempre podemos cambiar las personas u objetos que nos enfurecen, podemos aprender a controlar nuestras emociones. La ira genera consecuencias importantes como dañar a otros, alejar a las personas cercanas, conducir a más ira y perjudicar la salud física y mental. Se requiere tratamiento psicológico especializado para controlar la ira.