UNIVERSIDAD YACAMBU
VICE RECTORADO ACADEMICO
FACULTAD DE HUMANIDADES
ESCUELA DE PSICOLOGIA
LA IRA
ANTONI NUNES
CIV-27.828.815
BARQUISIMETO JUNIO DE 2018
LA IRA
Definición
Rabia, enojo o furia es una emoción que se expresa a través del
resentimiento o de la irritabilidad.
Otra definición expresa La ira, rabia, enojo o furia es una emoción que
se expresa a través del resentimiento o de la irritabilidad. Los efectos físicos
de la ira incluyen aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de
los niveles de adrenalina y noradrenalina.
La ira se vuelve el sentimiento predominante en el comportamiento,
cognitivamente, y fisiológicamente cuando una persona hace la decisión
consciente de tomar acción para detener inmediatamente el comportamiento
amenazante de otra fuerza externa.
La ira es vista como una forma de reacción y respuesta de evolución
para permitir a la gente enfrentarse con amenazas.
LOCALIZACIÓN DE LA IRA EN EL CEREBRO
La amígdala, nuestra defensa emocional. Es la estructura más
importante dentro del sistema límbico. Es la que guarda y maneja nuestras
emociones más irracionales. Es esta parte del cerebro en la que se genera la
'defensa' contra los peores sentimientos que tenemos los seres humanos: el
miedo, la ira, la tristeza, etc.
El cerebro controla nuestras emociones. Sí, por muchos corazones
que dibujemos cuando estamos enamorados o que sintamos que nuestro
corazón se puede romper por tristeza, no es éste el órgano que maneja
nuestras emociones. Es cierto que cerebro y corazón están relacionados,
puesto que el corazón palpita a ritmo diferente en función de las emociones
que nuestro cuerpo siente, pero es el cerebro el que tiene el mando. Y no
todo el cerebro, sino una parte muy concreta: el sistema límbico.
INFLUNCIA DE LA IRA EN EL APREDIZAJE
Cuando estamos bajo la influencia de la ira tendemos a actuar
impulsivamente, nos cuesta pensar con claridad. Por lo tanto, el grado en
que los trastornos emocionales puedan interferir la vida mental no es nada
nuevo para los profesores. Los alumnos que se sienten ansiosos,
enfurecidos o deprimidos no aprenden; la gente que se ve atrapada en esos
estados de ánimo no asimila la información de manera eficaz ni la maneja
bien.
La emociones desagradables poderosas (ira, ansiedad, tensión o
tristeza) desvían la atención hacia sus propias ocupaciones interfiriendo el
intento de concentración en otra cosa. Cuando las emociones entorpecen la
concentración lo que ocurre es que se paraliza la capacidad mental cognitiva
que los científicos llaman “memoria activa”, la capacidad de retener en la
mente toda la información que atañe a la tarea que estamos realizando. La
memoria activa es una función ejecutiva por excelencia en la vida mental,
que hace posible todos los otros esfuerzos intelectuales, desde pronunciar
una frase hasta de desempeñar una compleja proposición lógica.
Es fácil comprender la relevancia y las implicaciones que la ira tiene
si, atendiendo a las funciones que cumple, valoramos los riesgos que posee
una frecuencia o una intensidad de la experiencia de ira que no se ajuste a
las condiciones del ambiente. La razón parece estar desde los primeros años
de la escuela, los niños asiáticos trabajan más arduamente que los blancos.
Se descubrió, luego de un estudio de más de 10.000 alumnos de secundaria,
que los norteamericanos de origen asiático dedicaban un 40% de tiempo
más que otros alumnos a las tareas escolares: “Entre los asiáticos la actitud
es que si no se desempeña bien lo que debe hacer es estudiar hasta altas
horas de la noche, y si aun así, no obtiene resultados, debe levantarse
temprano para estudiar. Creen que cualquiera puede desempeñarse bien en
la escuela si hace el esfuerzo adecuado” (Goleman, 105, 1998). En resumen,
una férrea ética cultural con respecto al trabajo se traduce en mayor
motivación, celo y persistencia: una ventaja emocional.
Ira y la inteligencia emocional La ira como todas las demás emociones
es una reacción compleja en la que se ponen en funcionamiento tres tipos
de respuestas. La primera es una respuesta corporal, en la que nuestro
cuerpo se activa para la defensa o el ataque. Nuestro ritmo cardiaco aumenta
al igual que nuestra respiración se acelera, nuestros músculos se tensan y el
flujo sanguíneo se dispara preparándonos para actuar ante una amenaza
percibida. Cuando este estado de excitación permanece estamos más
predispuestos a actuar de forma impulsiva llegando a emitir conductas
agresivas.
La segunda es una respuesta cognitiva, es decir, depende de nuestra
manera de interpretar las situaciones. Cuando estamos inmersos en una
situación, esta por sí sola no tiene ningún valor emocional, es la valoración
personal que hacemos de ella la que le confiere un significado. De esta
manera, las emociones están en función de nuestros pensamientos, así que
cuando interpretamos una situación como un abuso, una injusticia, una falta
de respeto o como un obstáculo para conseguir una meta, sentimos ira. Una
revisión de los estudios que sobre este tipo de tratamientos se han
publicado en los últimos veinticinco años muestra la eficacia de algunas
intervenciones, en formato de programa, realizadas con niños de infantil y
primaria (Mytton, DiGuiseppi, Gough, Taylor y Logan, 2004). Esta revisión
evidencia como los programas de tratamiento pueden centrarse, además de
en la propia conducta agresiva, en la respuesta emocional de ira,
coincidiendo, de hecho, que los programas que añaden a la agresión la ira
como objetivo de tratamiento son algunos de los que mejores resultados
presentan en las escuelas de primaria. Algunos de estos programas se
apoyan en técnicas muy diferentes y, así, mientras que el trabajo de Oldfield
de 1982 conseguía buenos resultados basando su intervención
fundamentalmente en técnicas de desactivación como la meditación y el uso
de horarios conductuales, otros programas han utilizado técnicas propias de
la terapia cognitivo conductual, en un formato de sesiones clínicas con
grupos reducidos de niño.
MODIFICACION Y TOLERENCIA
Buscar el estado de flujo a través del aprendizaje es una forma más
humana, más natural y muy probablemente más eficaz de ordenar las
emociones al servicio de la educación. Expresar la ira La manera instintiva,
natural de expresar ira es responder agresivamente. La ira es una respuesta
natural, de adaptación a las amenazas. Inspira numerosos sentimientos y
comportamientos, a menudo agresivos, que nos permiten luchar y
defendernos cuando somos atacados. Una cierta cantidad de ira, por lo
tanto, es necesaria para nuestra supervivencia.
Por otra parte, no podemos atacar físicamente a toda persona u
objeto que nos irrita o molesta. Las leyes, las normas sociales, y el sentido
común marcan los límites a los que nuestro enojo nos puede llevar. Las
personas utilizamos una variedad procesos conscientes e inconscientes
para lidiar con nuestros sentimientos de ira. Principalmente utilizamos la
expresión de sentimientos, la represión y auto calmarnos.
Expresar los sentimientos de enojo de una forma asertiva, no agresiva,
es la forma más sana de expresar la ira. Para ello, tenemos aprender a dejar
claro cuáles son nuestras necesidades, y cómo obtenerlas, sin lastimar a
otros. Ser asertivo no significa ser agresivo o exigente, sino que significa
tener respeto a uno mismo y a los otros.
}
TRASTORNOS COMUNES Y LOS TRATAMIENTO A ESTAS REACCIONES
El trastorno explosivo intermitente (TEI), se caracteriza por la pérdida
de control y la reacción exagerada al estrés, se reconoció por primera vez en
1980, por la Asociación Psiquiátrica Americana. Ahora, que el Manual
diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM), que es el libro que
utilizan los psicólogos para hacer diagnósticos, es objeto de evaluación y
revisión, algunos están pidiendo utilizar nuevos criterios para identificar los
trastornos relacionados con el TEI y otros. La próxima edición del libro, el
DSM-V, está previsto lanzarse para mayo de 2013, casi 20 años después de
la última edición, el DSM-IV se publicó en 1994. "El TEI es un trastorno del
comportamiento que supone una condición médica, de la misma manera que
el trastorno por depresión o el de pánico no es, simplemente, una "mala
conducta", señaló Emil F. Coccaro, profesor de psiquiatría y neurociencia de
la conducta de la Universidad de Chicago. "El comportamiento agresivo se
encuentra bajo la influencia genética y se propaga en las familias." ¿Cómo
es de común? No está claro cuántas personas padecen de TEI. El DSM-IV
indica que "falta información fiable, pero el trastorno explosivo intermitente
es aparentemente raro." Sin embargo, no todos piensan igual. Un estudio de
2004 de 253 residentes en Baltimore, estima que un 4% de las personas han
desarrollado este trastorno en algún momento de sus vidas. Sin embargo,
según un estudio de 2006, publicado en la revista Archives of General
Psychiatry, "dependiendo de cómo se define en términos generales, este
trastorno afecta a casi un 7,3% de adultos, o 16 millones de
estadounidenses, en sus vidas."

La ira

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    UNIVERSIDAD YACAMBU VICE RECTORADOACADEMICO FACULTAD DE HUMANIDADES ESCUELA DE PSICOLOGIA LA IRA ANTONI NUNES CIV-27.828.815 BARQUISIMETO JUNIO DE 2018
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    LA IRA Definición Rabia, enojoo furia es una emoción que se expresa a través del resentimiento o de la irritabilidad. Otra definición expresa La ira, rabia, enojo o furia es una emoción que se expresa a través del resentimiento o de la irritabilidad. Los efectos físicos de la ira incluyen aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de los niveles de adrenalina y noradrenalina. La ira se vuelve el sentimiento predominante en el comportamiento, cognitivamente, y fisiológicamente cuando una persona hace la decisión consciente de tomar acción para detener inmediatamente el comportamiento amenazante de otra fuerza externa. La ira es vista como una forma de reacción y respuesta de evolución para permitir a la gente enfrentarse con amenazas.
  • 3.
    LOCALIZACIÓN DE LAIRA EN EL CEREBRO La amígdala, nuestra defensa emocional. Es la estructura más importante dentro del sistema límbico. Es la que guarda y maneja nuestras emociones más irracionales. Es esta parte del cerebro en la que se genera la 'defensa' contra los peores sentimientos que tenemos los seres humanos: el miedo, la ira, la tristeza, etc. El cerebro controla nuestras emociones. Sí, por muchos corazones que dibujemos cuando estamos enamorados o que sintamos que nuestro corazón se puede romper por tristeza, no es éste el órgano que maneja nuestras emociones. Es cierto que cerebro y corazón están relacionados, puesto que el corazón palpita a ritmo diferente en función de las emociones que nuestro cuerpo siente, pero es el cerebro el que tiene el mando. Y no todo el cerebro, sino una parte muy concreta: el sistema límbico. INFLUNCIA DE LA IRA EN EL APREDIZAJE Cuando estamos bajo la influencia de la ira tendemos a actuar impulsivamente, nos cuesta pensar con claridad. Por lo tanto, el grado en que los trastornos emocionales puedan interferir la vida mental no es nada nuevo para los profesores. Los alumnos que se sienten ansiosos, enfurecidos o deprimidos no aprenden; la gente que se ve atrapada en esos estados de ánimo no asimila la información de manera eficaz ni la maneja bien. La emociones desagradables poderosas (ira, ansiedad, tensión o tristeza) desvían la atención hacia sus propias ocupaciones interfiriendo el
  • 4.
    intento de concentraciónen otra cosa. Cuando las emociones entorpecen la concentración lo que ocurre es que se paraliza la capacidad mental cognitiva que los científicos llaman “memoria activa”, la capacidad de retener en la mente toda la información que atañe a la tarea que estamos realizando. La memoria activa es una función ejecutiva por excelencia en la vida mental, que hace posible todos los otros esfuerzos intelectuales, desde pronunciar una frase hasta de desempeñar una compleja proposición lógica. Es fácil comprender la relevancia y las implicaciones que la ira tiene si, atendiendo a las funciones que cumple, valoramos los riesgos que posee una frecuencia o una intensidad de la experiencia de ira que no se ajuste a las condiciones del ambiente. La razón parece estar desde los primeros años de la escuela, los niños asiáticos trabajan más arduamente que los blancos. Se descubrió, luego de un estudio de más de 10.000 alumnos de secundaria, que los norteamericanos de origen asiático dedicaban un 40% de tiempo más que otros alumnos a las tareas escolares: “Entre los asiáticos la actitud es que si no se desempeña bien lo que debe hacer es estudiar hasta altas horas de la noche, y si aun así, no obtiene resultados, debe levantarse temprano para estudiar. Creen que cualquiera puede desempeñarse bien en la escuela si hace el esfuerzo adecuado” (Goleman, 105, 1998). En resumen, una férrea ética cultural con respecto al trabajo se traduce en mayor motivación, celo y persistencia: una ventaja emocional. Ira y la inteligencia emocional La ira como todas las demás emociones es una reacción compleja en la que se ponen en funcionamiento tres tipos de respuestas. La primera es una respuesta corporal, en la que nuestro cuerpo se activa para la defensa o el ataque. Nuestro ritmo cardiaco aumenta al igual que nuestra respiración se acelera, nuestros músculos se tensan y el flujo sanguíneo se dispara preparándonos para actuar ante una amenaza percibida. Cuando este estado de excitación permanece estamos más predispuestos a actuar de forma impulsiva llegando a emitir conductas agresivas. La segunda es una respuesta cognitiva, es decir, depende de nuestra manera de interpretar las situaciones. Cuando estamos inmersos en una situación, esta por sí sola no tiene ningún valor emocional, es la valoración personal que hacemos de ella la que le confiere un significado. De esta manera, las emociones están en función de nuestros pensamientos, así que cuando interpretamos una situación como un abuso, una injusticia, una falta de respeto o como un obstáculo para conseguir una meta, sentimos ira. Una revisión de los estudios que sobre este tipo de tratamientos se han publicado en los últimos veinticinco años muestra la eficacia de algunas intervenciones, en formato de programa, realizadas con niños de infantil y primaria (Mytton, DiGuiseppi, Gough, Taylor y Logan, 2004). Esta revisión evidencia como los programas de tratamiento pueden centrarse, además de
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    en la propiaconducta agresiva, en la respuesta emocional de ira, coincidiendo, de hecho, que los programas que añaden a la agresión la ira como objetivo de tratamiento son algunos de los que mejores resultados presentan en las escuelas de primaria. Algunos de estos programas se apoyan en técnicas muy diferentes y, así, mientras que el trabajo de Oldfield de 1982 conseguía buenos resultados basando su intervención fundamentalmente en técnicas de desactivación como la meditación y el uso de horarios conductuales, otros programas han utilizado técnicas propias de la terapia cognitivo conductual, en un formato de sesiones clínicas con grupos reducidos de niño. MODIFICACION Y TOLERENCIA Buscar el estado de flujo a través del aprendizaje es una forma más humana, más natural y muy probablemente más eficaz de ordenar las emociones al servicio de la educación. Expresar la ira La manera instintiva, natural de expresar ira es responder agresivamente. La ira es una respuesta
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    natural, de adaptacióna las amenazas. Inspira numerosos sentimientos y comportamientos, a menudo agresivos, que nos permiten luchar y defendernos cuando somos atacados. Una cierta cantidad de ira, por lo tanto, es necesaria para nuestra supervivencia. Por otra parte, no podemos atacar físicamente a toda persona u objeto que nos irrita o molesta. Las leyes, las normas sociales, y el sentido común marcan los límites a los que nuestro enojo nos puede llevar. Las personas utilizamos una variedad procesos conscientes e inconscientes para lidiar con nuestros sentimientos de ira. Principalmente utilizamos la expresión de sentimientos, la represión y auto calmarnos. Expresar los sentimientos de enojo de una forma asertiva, no agresiva, es la forma más sana de expresar la ira. Para ello, tenemos aprender a dejar claro cuáles son nuestras necesidades, y cómo obtenerlas, sin lastimar a otros. Ser asertivo no significa ser agresivo o exigente, sino que significa tener respeto a uno mismo y a los otros. }
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    TRASTORNOS COMUNES YLOS TRATAMIENTO A ESTAS REACCIONES El trastorno explosivo intermitente (TEI), se caracteriza por la pérdida de control y la reacción exagerada al estrés, se reconoció por primera vez en 1980, por la Asociación Psiquiátrica Americana. Ahora, que el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM), que es el libro que utilizan los psicólogos para hacer diagnósticos, es objeto de evaluación y revisión, algunos están pidiendo utilizar nuevos criterios para identificar los trastornos relacionados con el TEI y otros. La próxima edición del libro, el DSM-V, está previsto lanzarse para mayo de 2013, casi 20 años después de la última edición, el DSM-IV se publicó en 1994. "El TEI es un trastorno del comportamiento que supone una condición médica, de la misma manera que el trastorno por depresión o el de pánico no es, simplemente, una "mala conducta", señaló Emil F. Coccaro, profesor de psiquiatría y neurociencia de la conducta de la Universidad de Chicago. "El comportamiento agresivo se encuentra bajo la influencia genética y se propaga en las familias." ¿Cómo es de común? No está claro cuántas personas padecen de TEI. El DSM-IV indica que "falta información fiable, pero el trastorno explosivo intermitente es aparentemente raro." Sin embargo, no todos piensan igual. Un estudio de 2004 de 253 residentes en Baltimore, estima que un 4% de las personas han desarrollado este trastorno en algún momento de sus vidas. Sin embargo, según un estudio de 2006, publicado en la revista Archives of General Psychiatry, "dependiendo de cómo se define en términos generales, este trastorno afecta a casi un 7,3% de adultos, o 16 millones de estadounidenses, en sus vidas."