Estudiante: Luisana Agüero
Expediente: HPS-143-01775
Julio, Cabudare 2018
La ira, rabia , enojo o furia es una emoción que se expresa a
través del resentimiento o de la irritabilidad. Los efectos
físicos de la ira incluyen aumento del ritmo cardíaco, de
la presión sanguínea y de los niveles
de adrenalina y noradrenalina.​ Algunos ven la ira como parte
de la respuesta cerebral de atacar o huir de una amenaza o
daño percibidos. La ira se vuelve el sentimiento
predominante en el comportamiento, cognitivamente, y
fisiológicamente cuando una persona hace la decisión
consciente de tomar acción para detener inmediatamente el
comportamiento amenazante de otra fuerza externa.​ La ira
puede tener muchas consecuencias físicas y mentales.
Las expresiones externas de la ira se pueden encontrar en
la expresión facial, lenguaje corporal, respuestas fisiológicas,
y ,en momentos, en actos públicos de agresión.​ Humanos y
animales por ejemplo hacen fuertes sonidos, intentan verse
físicamente más grandes que el agresor o el oponente,
mostrar los dientes, y mirarse fijamente. La ira es un patrón
de comportamiento diseñado para advertir a agresores para
que paren su comportamiento amenazante.
El cerebro controla nuestras emociones. Sí, por muchos corazones que dibujemos
cuando estamos enamorados o que sintamos que nuestro corazón se puede
romper por tristeza, no es éste el órgano que maneja nuestras emociones. Es
cierto que cerebro y corazón están relacionados, puesto que el corazón palpita a
ritmo diferente en función de las emociones que nuestro cuerpo siente, pero es
el cerebro el que tiene el mando. Y no todo el cerebro, sino una parte muy
concreta: el sistema límbico.
El término ‘límbico’ fue acuñado en el año 1878 por el médico y científico
francés Paul Broca, para designar un área compuesta por tres estructuras cuya
función está relacionada con el aprendizaje, la memoria y las respuestas
emocionales. Está situado justo debajo de la corteza cerebral y está formado por
el tálamo, el hipotálamo, la amígdala cerebral y el hipocampo.
El sistema límbico es la zona del cerebro que dirige nuestras emociones y
nuestras sensaciones más primitivas: aquellas relacionadas con la supervivencia
(como por ejemplo el miedo y la ira) y con las sensaciones del ser humano en
torno a nuestro comportamiento sexual. De hecho, muchos científicos han llegado
a llamarle el ‘cerebro reptil’ puesto que se encarga de nuestros instintos más
básicos. Es una de las partes de nuestro cerebro que tiene mayor antigüedad.
Tiene más de dos millones de años y aún es capaz de controlar ciertos
comportamientos y sensaciones que hoy en día nos parecen muy racionales: el
cortejo, el buscar pareja para casarse, el buscar otros seres humanos que nos
dirijan o buscar una casa.
La amígdala, nuestra defensa emocional
Es la estructura más importante dentro del sistema límbico.
Es la que guarda y maneja nuestras emociones más
irracionales. Es esta parte del cerebro en la que se genera
la ‘defensa’ contra los peores sentimientos que tenemos
los seres humanos: el miedo, la ira, la tristeza, etc. Se
encarga de regular estas sensaciones y de protegernos
ante ellas. Gracias a la amígdala podemos escapar de
situaciones que ponen en riesgo nuestra supervivencia;
pero también tiene una parte mala: es la que permite que
nuestros miedos más profundos y nuestros traumas
infantiles salgan a la luz. La amígdala nos ayuda a buscar
la estrategia necesaria para solventar una situación de
estrés, miedo o peligro y nos da una visión equilibrada de lo
que sucede a nuestro alrededor. En definitiva, es la parte
del cerebro que permite que no nos dejemos llevar por el
pánico y la ansiedad.
Cuando estamos bajo la influencia de la ira tendemos a actuar impulsivamente, nos cuesta
pensar con claridad. Por lo tanto, el grado en que los trastornos emocionales puedan
interferir la vida mental no es nada nuevo para los profesores. Los alumnos que se sienten
ansiosos, enfurecidos o deprimidos no aprenden; la gente que se ve atrapada en esos
estados de ánimo no asimila la información de manera eficaz ni la maneja bien. La
emociones desagradables poderosas (ira, ansiedad, tensión o tristeza) desvían la atención
hacia sus propias ocupaciones interfiriendo el intento de concentración en otra cosa.
Cuando las emociones entorpecen la concentración lo que ocurre es que se paraliza la
capacidad mental cognitiva que los científicos llaman “memoria activa”, la capacidad de
retener en la mente toda la información que atañe a la tarea que estamos realizando. La
memoria activa es una función ejecutiva por excelencia en la vida mental, que hace posible
todos los otros esfuerzos intelectuales, desde pronunciar una frase hasta de desempeñar
una compleja proposición lógica. Es fácil comprender la relevancia y las implicaciones que
la ira tiene si, atendiendo a las funciones que cumple, valoramos los riesgos que posee una
frecuencia o una intensidad de la experiencia de ira que no se ajuste a las condiciones del
ambiente. La razón parece estar desde los primeros años de la escuela, los niños asiáticos
trabajan más arduamente que los blancos. Se descubrió, luego de un estudio de más de
10.000 alumnos de secundaria, que los norteamericanos de origen asiático dedicaban un
40% de tiempo más que otros alumnos a las tareas escolares: “Entre los asiáticos la actitud
es que si no se desempeña bien lo que debe hacer es estudiar hasta altas horas de la
noche, y si aun así, no obtiene resultados, debe levantarse temprano para estudiar. Creen
que cualquiera puede desempeñarse bien en la escuela si hace el esfuerzo adecuado”
(Goleman, 105, 1998). En resumen, una férrea ética cultural con respecto al trabajo se
traduce en mayor motivación, celo y persistencia: una ventaja emocional.
Tolerancia y Estrategias para regular la ira Lo que se
espera es que cuando los alumnos alcancen el estado de
flujo gracias al aprendizaje se sentirán estimulados a
aceptar desafíos en nuevas áreas. En un sentido más
general, el modelo del estado de flujo sugiere que
idealmente alcanzan el dominio de una habilidad o
conjunto de conocimientos con naturalidad, mientras el
alumno es atraído a aspectos que los comprometen
espontáneamente y que en esencia son de su agrado y
dado que es necesario forzar límites de la propia
capacidad para sostener el estado de flujo, esto se
convierte en un motivador esencial para hacer las cosas
cada vez mejor. En síntesis, buscar el estado de flujo a
través del aprendizaje es una forma más humana, más
natural y muy probablemente más eficaz de ordenar las
emociones al servicio de la educación. Expresar la ira La
manera instintiva, natural de expresar ira es responder
agresivamente. La ira es una respuesta natural, de
adaptación a las amenazas. Inspira numerosos
sentimientos y comportamientos, a menudo agresivos,
que nos permiten luchar y defendernos cuando somos
atacados.
Un trastorno mental cuyos síntomas incluyen arremeter verbalmente de manera
agresiva o violenta, se ha encontrado que es casi dos veces más común de lo que
se pensaba. La investigación ha generado un debate dentro de la comunidad
psicológica, acerca del diagnóstico de una enfermedad mental cuyos síntomas se
solapan con la normal conducta humana, así como con los síntomas de otros
trastornos. El trastorno explosivo intermitente (TEI), se caracteriza por la pérdida
de control y la reacción exagerada al estrés, se reconoció por primera vez en
1980, por la Asociación Psiquiátrica Americana. Ahora, que el Manual diagnóstico
y estadístico de trastornos mentales (DSM), que es el libro que utilizan los
psicólogos para hacer diagnósticos, es objeto de evaluación y revisión, algunos
están pidiendo utilizar nuevos criterios para identificar los trastornos
relacionados con el TEI y otros. La próxima edición del libro, el DSM-V, está
previsto lanzarse para mayo de 2013, casi 20 años después de la última edición, el
DSM-IV se publicó en 1994. "El TEI es un trastorno del comportamiento que
supone una condición médica, de la misma manera que el trastorno por
depresión o el de pánico no es, simplemente, una "mala conducta", señaló Emil F.
Coccaro, profesor de psiquiatría y neurociencia de la conducta de la Universidad
de Chicago. "El comportamiento agresivo se encuentra bajo la influencia genética
y se propaga en las familias." ¿Cómo es de común? No está claro cuántas
personas padecen de TEI. El DSM-IV indica que "falta información fiable, pero el
trastorno explosivo intermitente es aparentemente raro.

La ira

  • 1.
    Estudiante: Luisana Agüero Expediente:HPS-143-01775 Julio, Cabudare 2018
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    La ira, rabia, enojo o furia es una emoción que se expresa a través del resentimiento o de la irritabilidad. Los efectos físicos de la ira incluyen aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de los niveles de adrenalina y noradrenalina.​ Algunos ven la ira como parte de la respuesta cerebral de atacar o huir de una amenaza o daño percibidos. La ira se vuelve el sentimiento predominante en el comportamiento, cognitivamente, y fisiológicamente cuando una persona hace la decisión consciente de tomar acción para detener inmediatamente el comportamiento amenazante de otra fuerza externa.​ La ira puede tener muchas consecuencias físicas y mentales. Las expresiones externas de la ira se pueden encontrar en la expresión facial, lenguaje corporal, respuestas fisiológicas, y ,en momentos, en actos públicos de agresión.​ Humanos y animales por ejemplo hacen fuertes sonidos, intentan verse físicamente más grandes que el agresor o el oponente, mostrar los dientes, y mirarse fijamente. La ira es un patrón de comportamiento diseñado para advertir a agresores para que paren su comportamiento amenazante.
  • 3.
    El cerebro controlanuestras emociones. Sí, por muchos corazones que dibujemos cuando estamos enamorados o que sintamos que nuestro corazón se puede romper por tristeza, no es éste el órgano que maneja nuestras emociones. Es cierto que cerebro y corazón están relacionados, puesto que el corazón palpita a ritmo diferente en función de las emociones que nuestro cuerpo siente, pero es el cerebro el que tiene el mando. Y no todo el cerebro, sino una parte muy concreta: el sistema límbico. El término ‘límbico’ fue acuñado en el año 1878 por el médico y científico francés Paul Broca, para designar un área compuesta por tres estructuras cuya función está relacionada con el aprendizaje, la memoria y las respuestas emocionales. Está situado justo debajo de la corteza cerebral y está formado por el tálamo, el hipotálamo, la amígdala cerebral y el hipocampo. El sistema límbico es la zona del cerebro que dirige nuestras emociones y nuestras sensaciones más primitivas: aquellas relacionadas con la supervivencia (como por ejemplo el miedo y la ira) y con las sensaciones del ser humano en torno a nuestro comportamiento sexual. De hecho, muchos científicos han llegado a llamarle el ‘cerebro reptil’ puesto que se encarga de nuestros instintos más básicos. Es una de las partes de nuestro cerebro que tiene mayor antigüedad. Tiene más de dos millones de años y aún es capaz de controlar ciertos comportamientos y sensaciones que hoy en día nos parecen muy racionales: el cortejo, el buscar pareja para casarse, el buscar otros seres humanos que nos dirijan o buscar una casa.
  • 4.
    La amígdala, nuestradefensa emocional Es la estructura más importante dentro del sistema límbico. Es la que guarda y maneja nuestras emociones más irracionales. Es esta parte del cerebro en la que se genera la ‘defensa’ contra los peores sentimientos que tenemos los seres humanos: el miedo, la ira, la tristeza, etc. Se encarga de regular estas sensaciones y de protegernos ante ellas. Gracias a la amígdala podemos escapar de situaciones que ponen en riesgo nuestra supervivencia; pero también tiene una parte mala: es la que permite que nuestros miedos más profundos y nuestros traumas infantiles salgan a la luz. La amígdala nos ayuda a buscar la estrategia necesaria para solventar una situación de estrés, miedo o peligro y nos da una visión equilibrada de lo que sucede a nuestro alrededor. En definitiva, es la parte del cerebro que permite que no nos dejemos llevar por el pánico y la ansiedad.
  • 5.
    Cuando estamos bajola influencia de la ira tendemos a actuar impulsivamente, nos cuesta pensar con claridad. Por lo tanto, el grado en que los trastornos emocionales puedan interferir la vida mental no es nada nuevo para los profesores. Los alumnos que se sienten ansiosos, enfurecidos o deprimidos no aprenden; la gente que se ve atrapada en esos estados de ánimo no asimila la información de manera eficaz ni la maneja bien. La emociones desagradables poderosas (ira, ansiedad, tensión o tristeza) desvían la atención hacia sus propias ocupaciones interfiriendo el intento de concentración en otra cosa. Cuando las emociones entorpecen la concentración lo que ocurre es que se paraliza la capacidad mental cognitiva que los científicos llaman “memoria activa”, la capacidad de retener en la mente toda la información que atañe a la tarea que estamos realizando. La memoria activa es una función ejecutiva por excelencia en la vida mental, que hace posible todos los otros esfuerzos intelectuales, desde pronunciar una frase hasta de desempeñar una compleja proposición lógica. Es fácil comprender la relevancia y las implicaciones que la ira tiene si, atendiendo a las funciones que cumple, valoramos los riesgos que posee una frecuencia o una intensidad de la experiencia de ira que no se ajuste a las condiciones del ambiente. La razón parece estar desde los primeros años de la escuela, los niños asiáticos trabajan más arduamente que los blancos. Se descubrió, luego de un estudio de más de 10.000 alumnos de secundaria, que los norteamericanos de origen asiático dedicaban un 40% de tiempo más que otros alumnos a las tareas escolares: “Entre los asiáticos la actitud es que si no se desempeña bien lo que debe hacer es estudiar hasta altas horas de la noche, y si aun así, no obtiene resultados, debe levantarse temprano para estudiar. Creen que cualquiera puede desempeñarse bien en la escuela si hace el esfuerzo adecuado” (Goleman, 105, 1998). En resumen, una férrea ética cultural con respecto al trabajo se traduce en mayor motivación, celo y persistencia: una ventaja emocional.
  • 6.
    Tolerancia y Estrategiaspara regular la ira Lo que se espera es que cuando los alumnos alcancen el estado de flujo gracias al aprendizaje se sentirán estimulados a aceptar desafíos en nuevas áreas. En un sentido más general, el modelo del estado de flujo sugiere que idealmente alcanzan el dominio de una habilidad o conjunto de conocimientos con naturalidad, mientras el alumno es atraído a aspectos que los comprometen espontáneamente y que en esencia son de su agrado y dado que es necesario forzar límites de la propia capacidad para sostener el estado de flujo, esto se convierte en un motivador esencial para hacer las cosas cada vez mejor. En síntesis, buscar el estado de flujo a través del aprendizaje es una forma más humana, más natural y muy probablemente más eficaz de ordenar las emociones al servicio de la educación. Expresar la ira La manera instintiva, natural de expresar ira es responder agresivamente. La ira es una respuesta natural, de adaptación a las amenazas. Inspira numerosos sentimientos y comportamientos, a menudo agresivos, que nos permiten luchar y defendernos cuando somos atacados.
  • 7.
    Un trastorno mentalcuyos síntomas incluyen arremeter verbalmente de manera agresiva o violenta, se ha encontrado que es casi dos veces más común de lo que se pensaba. La investigación ha generado un debate dentro de la comunidad psicológica, acerca del diagnóstico de una enfermedad mental cuyos síntomas se solapan con la normal conducta humana, así como con los síntomas de otros trastornos. El trastorno explosivo intermitente (TEI), se caracteriza por la pérdida de control y la reacción exagerada al estrés, se reconoció por primera vez en 1980, por la Asociación Psiquiátrica Americana. Ahora, que el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM), que es el libro que utilizan los psicólogos para hacer diagnósticos, es objeto de evaluación y revisión, algunos están pidiendo utilizar nuevos criterios para identificar los trastornos relacionados con el TEI y otros. La próxima edición del libro, el DSM-V, está previsto lanzarse para mayo de 2013, casi 20 años después de la última edición, el DSM-IV se publicó en 1994. "El TEI es un trastorno del comportamiento que supone una condición médica, de la misma manera que el trastorno por depresión o el de pánico no es, simplemente, una "mala conducta", señaló Emil F. Coccaro, profesor de psiquiatría y neurociencia de la conducta de la Universidad de Chicago. "El comportamiento agresivo se encuentra bajo la influencia genética y se propaga en las familias." ¿Cómo es de común? No está claro cuántas personas padecen de TEI. El DSM-IV indica que "falta información fiable, pero el trastorno explosivo intermitente es aparentemente raro.