AVALADO POR
COMITÉ EJECUTIVO
2002 - 2003
Dr. Marco Antonio López Butrón
Presidente
Dr. Luis Enrique Rivero Almanzor
Presidente Electo
Dr. Eduardo Núñez Bernal
Secretario General
Dr. Omar Kawas Valle
Tesorero
VICEPRESIDENTES REGIONALES
Dr. Aarón Gamez Robles
Norte
Dr. Jaime Orozco Ibarra
Centro
Dr. Jesús Orueta Alvarez
Sur
Dr. Aldo A. Suárez Mendoza
Coordinador Editorial
Adolescencia: límites
entre la normalidad y
la anormalidad
LIBRO 8
AUTORES
Dr. Jesús del Bosque Garza
Mtra. Citlali Suárez Meaney
Dr. Eduardo Arroyo García
Dr. Félix H. Higuera Romero
Dr. Héctor Rodríguez Juárez
ESTE ES UN SERVICIO EDUCATIVO
APOYADO POR
PSIQUIATRÍA-4PSIQUIATRÍA-4
PROGRAMA DE ACTUALIZACIÓN CONTINUA EN PSIQUIATRÍA
Autores
Dr. Jesús del Bosque Garza
Médico Psiquiatra, Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia
Profesor y miembro del Comité Académico de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM
Vicepresidente de la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil
Presidente electo de la Asociación Psiquiátrica Mexicana
Coordinador Nacional de Salud Mental Infantil
Mtra. Citlali Suárez Meaney
Maestra en Psicología Clínica, Psicoanalista, Psicóloga Clínica
Adscrita a la Coordinación Nacional de Salud Mental Infantil
Dr. Eduardo Arroyo García
Médico Psiquiatra
Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia
Adscrito a la Coordinación Nacional de Salud Mental Infantil
Dr. Félix H. Higuera Romero
Médico Psiquiatra
Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia
Director del Hospital Psiquiátrico Infantil "Dr. Juan N. Navarro"
Dr. Héctor Rodríguez Juárez
Médico Psiquiatra
Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia
Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica
Profesor invitado de la Facultad de Medicina de la UNAM
Secretario técnico de la Dirección General de Salud Mental
PAC® PSIQUIATRÍA-4
Primera Edición 2003
Copyright © 2004 Intersistemas, S.A. de C.V.
Todos los derechos reservados. Este libro está protegido por los derechos de autor. Ninguna par-
te de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación, o
transmitida de ninguna forma o por ningún medio, electrónico o mecánico, incluyendo fotoco-
pia, sin autorización previa del editor.
PAC® Es una marca registrada de Intersistemas S. A. de C. V.
ISBN 970-655-597-8 Edición completa
ISBN 970-655-669-9 Libro 8
En función de los rápidos avances en las ciencias médicas, el diagnóstico, tratamiento, tipo de
fármaco, dosis, etc., deben verificarse en forma individual; por lo que el autor, editor y patroci-
nador no se hacen responsables de ningún efecto adverso derivado de la aplicación de los con-
ceptos vertidos en esta publicación, la cual queda a criterio exclusivo del lector.
Cuidado de la edición: Dra. Ma. del Carmen Ruíz Alcocer
Diseño de portada: DG. Edgar Romero Escobar
Diseño y diagramación: DCG. Myriam Escobar Cid
Impreso en México
Una edición de:
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Lomas de Chapultepec
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Contenido
Autoevaluación inicial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 433
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 437
Adolescencia: límites entre la normalidad
y la anormalidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 439
Sobre el concepto y la historia de la adolescencia . . . . . . . . . . . . . 439
Normalidad y anormalidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 442
Características del proceso adolescente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 444
Separación progresiva de los padres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 449
Conducta en el adolescente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 453
Qué hacer con un adolescente que tiene problemas
de conducta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 460
Desarrollo psicosexual normal y anormal
de la adolescencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 463
Desarrollo psicosexual normal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 463
Desarrollo psicosexual anormal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 467
Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 472
Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia . . . . . . . 473
Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 479
Trastornos propiamente dichos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 481
F43.2 Trastornos de adaptación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 481
Esquizofrenia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 485
Ansiedad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 487
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 503
Respuestas a la autoevaluación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 507
INSTRUCCIONES PARA OBTENER PUNTAJE CON VALOR PARA
RECERTIFICACIÓN
La Asociación Psiquiátrica Mexicana avala el Programa de Actualización
Continua (PAC) Psiquiatría con puntos válidos para la recertificación de
médicos psiquiatras.
Para solicitar los puntos es necesario que conteste todas las preguntas inclui-
das en el cuadernillo de evaluación que acompaña al libro 10.
Anote con claridad los datos de identificación que se le solicitan y entregue el
cuadernillo al representante de Pfizer quien lo hará llegar a la Asociación
Psiquiátrica Mexicana, donde le expedirán la constancia correspondiente en
el caso de que cubra 80% o más de aciertos.
433
Ver respuestas
en la página 507
Autoevaluación inicial
1. La diferencia fundamental entre la patología y la normalidad, es la
frecuencia e intensidad con la que ocurren las conductas:
a) Falso
b) Verdadero
2. Si el adolescente duerme demasiado o demasiado poco, tiene dificul-
tades para dormir, está demasiado irritable o intranquilo, desea o ma-
nifiesta deseos de no querer vivir, humor lábil, muestra desinterés por
todo o casi todo, se puede pensar que está desarrollando un trastor-
no de conducta:
a) Falso
b) Verdadero
3. La sexualidad es la suma de conductas sexuales:
a) Falso
b) Verdadero
4. La conducta del adolescente "típico" como se describe en múltiples
ámbitos, sobre todo en los medios masivos de comunicación, es:
a) La que describe las conductas del adolescente claramente
b) Se cuestiona que represente realmente a los adolescentes
c) Los padres la aceptan por ser apegada a la realidad
d) a y b son ciertas
e) Todas son ciertas
5. Definición de una conducta de riesgo:
a) Una conducta que puede comprometer el bienestar, la salud
y el curso de la vida de un adolescente; la mayor importan-
cia está en la potencialidad de que dichas conductas acarreen
consecuencias adversas o resultados negativos
b) Una conducta que puede comprometer la salud de un ado-
lescente
c) Sólo las que acarreen consecuencias adversas o resultados ne-
gativos
d) Ninguna de las anteriores
434
6. Los síntomas de alarma o factores de riesgo a ser evaluados podrían ser:
a) Ira intensa, ataques de furia o pataletas
b) Irritabilidad extrema, impulsividad extrema, muy poca tole-
rancia a la frustración
c) Conductas repetitivas que pongan en evidencia que no se
contemplan los derechos de propiedad ni se tiene considera-
ción hacia los demás
d) Todas las anteriores
7. Características anatómicas y fisiológicas que indican que el individuo
es varón o mujer:
a) Identidad sexual
b) Orientación sexual
c) Identidad de género
d) Rol de género
e) Conducta sexual tipo
8. La imagen de masculinidad versus femineidad que es comunicada a
otros:
a) Identidad sexual
b) Orientación sexual
c) Identidad de género
d) Rol de género
e) Conducta sexual tipo
9. Los individuos con trastorno de identidad sexual:
a) Usualmente intentan mantener el rol de género asignado por
el sexo biológico
b) Usualmente son adultos
c) Usualmente asumen que crecerán como miembros del sexo
opuesto
d) Usualmente deciden la operación del cambio de sexo
e) Obtienen placer sexual cuando se visten con ropa del sexo
contrario
10. Una niña con trastorno de identidad de género en la infancia:
a) Regularmente tiene comparaciones masculinas
b) Rechaza orinar en posición sentada
c) Podría aseverar que tiene o le podría crecer el pene
d) Presenta conductas masculinas en la adolescencia
e) Todas las anteriores
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
435
11. Un bebé que ha nacido con genitales externos ambiguos y en estudios
posteriores se observa que ambos ovarios y testículos están presentes,
cursa con:
a) Síndrome de Klinefelter
b) Síndrome de Turner
c) Hiperplasia adrenal congénita
d) Hermafroditismo
e) Síndrome de insensibilidad a los andrógenos
12. Es la capacidad de resistir a la adversidad, y convivir con los factores
de riesgo sin involucrarse en los problemas, y salir airoso ante éstos,
lo que se asocia a un buen ajuste y una adecuada salud mental:
a) Adaptación
b) Contención
c) Defensa
d) Resiliencia
e) Autoeficacia
13. Los factores de riesgo y protectores en el adolescente pueden tener un
impacto diferente que depende de:
a) Etapa de la adolescencia
b) Estilo de vida
c) Escuela, disciplina, temperamento
d) Normas culturales, valores, creencias
e) Aparato psíquico
14. Los factores individuales de alto riesgo que pueden provocar trastor-
nos del desarrollo psicosocial tienen que ver con:
a) Temperamento, sociabilidad, actividad, inteligencia, compe-
tencia en habilidades
b) Disciplina, temperamento, organización psíquica
c) Factores traumáticos en la infancia, ansiedades de separación
d) Funciones yoicas, adaptación, funciones mentales superiores
e) Impulsividad, agresividad, fantasías y miedos en la infancia
Autoevaluación inicial
L
a adolescencia es una etapa del ciclo
vital con características particulares
que la diferencian de cualesquiera
de las demás, entre otras razones, por la
enorme carga de deseos y aspiraciones,
cambios del estado de ánimo, remoción
de valores, producción de una nueva con-
cepción del mundo interior y exterior, di-
ferente enfrentamiento con los principios
éticos, religiosos y sociales, nueva valori-
zación del pasado y sobre todo del futuro,
que colocan al individuo en una situación
calificada por muchos como crítica, pro-
funda y larga y que despierta un especial
interés para muchas personas que siendo
o no profesionales, en alguna medida es-
tán involucradas en la salud mental o bien
tienen contacto más o menos estrecho
con sujetos que transitan por este periodo
de la existencia.
Al revisar la literatura científica, nos en-
contramos con infinidad de textos, trata-
dos, revistas, artículos de investigación,
etc., llamando la atención la falta de uni-
formidad en los criterios para definir los
límites entre lo normal y lo anormal.
Mendiguchia, por ejemplo, califica a esta
fase evolutiva como "tempestuosa, crítica
y difícil" cual si fuera una enfermedad, se-
ñalando que este concepto peyorativo su-
frió notable incremento en los años
posteriores a la II Guerra Mundial, al pro-
ducirse la llamada "revolución juvenil" y
la consiguiente "guerra de generaciones".
Los condicionamientos ambientales (ali-
mentación, temperatura, estructuras polí-
tico-sociales, familiares o educativas)
hacen que se produzcan variaciones pro-
fundas en el proceso adolescente que se
verifica entre unos lugares y otros. Ante
un tema tan apasionante y controversial,
un grupo de profesionales vinculados con
la salud mental infantil y de la adolescen-
cia nos dimos a la tarea de efectuar una
exhaustiva revisión y elaborar el presente
trabajo que nos generó muchas más dudas
de las que teníamos, pero también la in-
quietud y el compromiso de continuar
trabajando en el campo para intentar disi-
parlas y en todo caso compartirlas.
"Adolescencia: límites entre la normalidad
y la anormalidad", título del presente libro,
que pretende iniciar la búsqueda de pará-
metros más sólidos que permitan al clínico
enfrentar con mejores herramientas las
complejas vicisitudes que se presentan en
esta etapa de la vida en la que fácilmente se
confunde lo sano con lo patológico.
En la primera parte se hace una revisión
histórica de los conceptos de adolescencia
y pubertad, de la conducta normal y de la
percepción que de ella se tiene por parte
de la población general y de la que tienen de
sí mismos los propios adolescentes; luego
se abordan los estudios sobre las explicacio-
nes bioquímicas, sociales y familiares de la
conducta adolescente y la perspectiva de
ésta desde la frontera de la normalidad has-
ta los terrenos francos de la psicopatología,
así como el análisis de algunos elementos
que pueden ser más o menos comunes en
uno y otro lado como son las drogas, los
robos y los tatuajes. En el siguiente aparta-
do, se describe el desarrollo psicosexual
normal en las diferentes fases de la adoles-
cencia, la evolución de los intereses sexua-
les, los cambios por el funcionamiento
orgánico y las disfunciones sexuales. Más
adelante, se plantean algunas consideracio-
nes acerca del desarrollo de la psicopatolo-
gía en la adolescencia desde la perspectiva
de la psicopatología del desarrollo.
Por último, se presentan los criterios
diagnósticos especificados en la Clasifi-
cación Estadística Internacional de En-
fermedades y Problemas Relacionados
Introducción
437
La adolescencia es una
etapa del ciclo vital con
características particu-
lares que la diferencian
de cualesquiera de las
demás.
Aún cuando la
literatura es amplia,
llama la atención
la falta de uniformidad
en los criterios para
definir los límites entre
lo normal y lo anormal.
Adolescencia: límites
entre la normalidad y
la anormalidad", título
del presente libro, que
pretende iniciar la
búsqueda de parámetros
más sólidos que permitan
al clínico enfrentar con
mejores herramientas
las complejas vicisitudes
que se presentan en esta
etapa de la vida en la
que fácilmente se
confunde lo sano con
lo patológico.
438
con la Salud en su Décima Revisión
(CIE-10), así como en el Manual Diag-
nóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales en su versión más reciente
(DSM-IV-TR), para los trastornos que
se manifiestan en la adolescencia.
Es enorme la responsabilidad de los pro-
fesionales que laboramos en el terreno de
la salud mental infantil y de la adolescen-
cia, pues debemos entender y atender las
múltiples variables que intervienen en el
desarrollo, especialmente en la fase ado-
lescente, por los riesgos que le son inhe-
rentes y estar en condiciones de poder
brindar una atención integral que reper-
cuta en una mejor calidad de vida y un
futuro promisorio. ■
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
439
SOBRE EL CONCEPTO Y LA
HISTORIA DE LA ADOLESCENCIA
La palabra "adolescente", es un término
que proviene de adolescens,-tis, del latín de
la primera mitad del siglo XV, que signifi-
ca ‘hombre joven’ ‘que está creciendo’, y
es el participio activo de adolescere que sig-
nifica ‘crecer’ (ad: ‘hacia’, y olescere o ales-
cere: ‘ser alimentado’.1
Deriva de adolescentia, que en 1444 signi-
ficaba ‘juventud’ y en 1560 Adulto, del la-
tín adultus, participio pasivo del propio
verbo adolescere y que deriva de adolescere,
accrescere, que significa aumentar o crecer
(1.1) y está definido por el diccionario de
la Real Academia2
como: “1.f. Edad que
sucede a la niñez y que transcurre desde la
pubertad hasta el completo desarrollo del
organismo.”
Por otra parte, la pubertad está definida
en el mismo diccionario como: “1.f. Pri-
mera fase de la adolescencia, en la cual se
producen las modificaciones propias del
paso de la infancia a la edad adulta.” Pro-
viene del latín pubertas, edad viril, virili-
dad, hombría, valentía, valor. En el latín
más antiguo, se entendía como sinónimo
de prima adolescentia, es decir, se encuen-
tra en el principio de la adolescencia.
Ambas palabras, tanto adolescencia como
pubertad, están relacionadas con un pe-
riodo de crecimiento que implica la entra-
da o el paso a la edad adulta, sin embargo,
es pertinente dejar clara la diferencia entre
una y otra.
La pubertad, como el portal a la vida
adulta, ha sido entendida y vivida de esta
manera en múltiples sociedades y a lo lar-
go del tiempo; Sir James George Frazer3
relata en "La rama dorada" que a finales
del siglo XIX, en diversas culturas, la mu-
jer pubescente tendía a ser confinada en
lugares en los que no pudiera relacionarse
con nadie a excepción de algunas mujeres
del grupo, en ocasiones encapullada en
una hamaca, en otras, internada en una
jaula durante años a partir de los primeros
signos de pubertad, fundamentalmente la
menarca, y a pesar de que las prohibicio-
nes a las que se veía sometida variaban de
acuerdo a la cultura en cuestión, en la ma-
yoría de ellas predominaban la prohibi-
ción de pisar el suelo y ver o salir al sol; de
hecho, un relato en Camboya habla de
que la doncella camboyana en pubertad
"entra en la sombra", pues algo podía su-
cederle al entorno, a las personas o a las
mismas jovencitas de no ser aisladas; de
acuerdo con Frazer,3
dicho confinamiento
podía ir de unos cuantos días a varios años
incluso, y en general era seguido por ri-
tuales de purificación y renacimiento, por
ejemplo, en la isla de Mabuiag, cuando en
una niña aparecían los primeros signos de
la pubertad, permanecía tres meses en es-
tado de reclusión después de los cuales sus
acompañantes la llevaban en brazos, ya
que no debía tocar el suelo, a un arroyo
cercano en donde era inmersa, para des-
pués, en medio de una procesión de mu-
jeres, ser llevada a la aldea a comer y bailar
con los esposos de las que habían sido sus
cuidadoras. (3, p.673). Así mismo, en Ka-
badi, cuando las hijas de los jefes estaban
próximas a cumplir los 12 o 13 años, eran
guardadas durante dos o tres años sin po-
der ver el sol y entre los Danom de Bor-
neo la niña de ocho a diez años quedaba
aislada en un cuarto muy pequeño duran-
te largo tiempo, casi totalmente a oscuras,
nadie más que una esclava podía verla, y
ya que el confinamiento duraba cerca de
siete años, y su cuerpo se desarrollaba po-
co, al llegar la pubertad salía "pálida como
la cera, ahora la muestran al sol, la tierra,
Adolescencia: límites entre
la normalidad y la anormalidad
440
el río, las flores y los árboles como si aca-
bara de nacer." (3, p.673).
De acuerdo con Frazer la prohibición de
mirar el sol para las jovencitas era suma-
mente extendida, relata una leyenda Sibe-
riana en que "Un Kan tenía una hermosa
hija encerrada en una casa oscura de hierro
para que ningún hombre pudiera verla.
Una anciana la cuidaba y cuando la niña
llegó a ser mujer preguntó a la anciana:
¿Dónde vas con tanta frecuencia? ‘Niña
mía, dijo la vieja dama, allá fuera hay un
mundo brillante y en ese mundo brillante
viven tu padre y tu madre y toda clase de
gentes. Allí es donde voy’. La doncella le
dijo ‘Madre buena, yo no le diré a nadie,
pero enséñame ese mundo brillante’. De
este modo, la mujer anciana sacó a la mu-
chacha de la casa de hierro y cuando ella
vio el mundo brillante se tambaleó y per-
dió el conocimiento; el ojo de Dios cayó
sobre ella, dejándola embarazada" (3,
p.678). ¿No es esto lo que sigue haciendo
la sociedad actual? intentar contener el ím-
petu de los jóvenes para que ese "brillante
nuevo mundo" no los deslumbre tanto, y
que no resulten enfrentados a la adultez de
manera temprana sin estar preparados psi-
cológica y socialmente para ello.
La prohibición de tocar el suelo y de mi-
rar o salir al sol, es una prohibición que
también se observaba en sacerdotes o re-
yes sagrados en culturas como la zapoteca
en México, el Mikado japonés y los incas en
Perú, entre otros, y dicha prohibición era
de tal importancia que en algunas de estas
culturas los hombres sagrados que no la
acataban podían llegar a perder su caudi-
llaje o posibilidades de gobernar.3
Resulta
curioso encontrar que a las jóvenes pubes-
centes se les atribuyen los mismos rasgos
mágicos o de poder que a los hombres sa-
grados, lo cual posiblemente, dada su re-
lación estrecha con la aparición de la
menstruación, está asociado al poder má-
gico que se le atribuye a la fertilidad. Sir
James G. Frazer hace la referencia de que
las prohibiciones antes mencionadas son
un intento de mantener a los reprimidos
suspendidos entre el cielo y la tierra como
un intento de protección para ellos y para
los que los rodean, como una manera
también de controlar esos poderes mági-
cos que se les atribuyen.
En los ritos de iniciación para los jóvenes
pubertos, el factor común encontrado en
los diferentes grupos son los ritos de muer-
te y resurrección, a veces son "tragados"
por un monstruo que posteriormente los
vomita, para dar origen a su renacimiento,
"En la tribu Wonghi de Nueva Gales del
Sur, los jóvenes, al llegar a la virilidad, son
iniciados en una ceremonia secreta(…)
[En la cual,] después de la fractura trau-
mática de un diente, se les da a los novi-
cios nombres nuevos (el subrayado es
nuestro), indicadores del paso de la juven-
tud a la virilidad" (3, p.776), "Los Ualaroi
del Río Alto Darling decían que en la ini-
ciación de un muchacho llegaba un espí-
ritu que le mataba y le volvía a la vida
después como hombre joven" (3, p.776).
En otras aldeas existía una casa especial
(casa kakiana) para llevar a los chicos al ri-
tual iniciático en el que se simulaba que
eran tragados por el diablo quien, a peti-
ción de el sacerdote y los padrinos, los re-
sucitaba y posteriormente "(…) sus
padrinos tienen que enseñarles los actos
más corrientes de la vida como si fueran
criaturas recién nacidas…(el subrayado es
nuestro) después de estos ritos (…) ya se
les considera hombres hechos y derechos y
pueden casarse (…)." (3, p.776). La ma-
yor parte de los ritos de iniciación suce-
den en la pubertad, hecho que da más
sentido al significado de la palabra del la-
tín pubertas, que remite a edad viril, viri-
lidad, hombría, valentía, valor.
En la clase dominante de la Italia del siglo
XV, al ser las jovencitas las futuras educa-
doras domésticas de la moral y la fe, te-
nían que ser educadas "mediante santas
enseñanzas, a llevar una vida casta, religio-
sa y a entregarse constantemente a traba-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
441
jos femeninos" y "como la madre de fami-
lia es a sus ojos la auténtica depositaria de
los valores privados, es de desear que se
consagre por entero a su defensa y a su
transmisión. La educación de las jóvenes
habrá de concebirse en consecuencia" (4,
p.294).
En esta misma época (la Italia de los siglos
XIV y XV) ya se observaba que los jóve-
nes se relacionaban más fácilmente con
jóvenes del mismo sexo, forjando solidari-
dades que les servirían en un futuro para
movilizarse en su mundo adulto, esta soli-
daridad entre los doce a catorce años,
mostraba que los muchachos gozaban de
mayor libertad para poder escapar del me-
dio familiar y forjarse un mundo privado
y complementario, ya en esa época se veía
que los chicos se organizaban en auténti-
cas bandas que se llegaban a convertir en
fuente de temor para los adultos.
Los muchachos trabajaban ya, y utiliza-
ban sus sustanciales sueldos para sus gus-
tos como salir, vestir bien y seguir la
moda, de acuerdo con Duby,4
más que
tratar de romper el ámbito privado infan-
til para emerger en la vida pública como
adultos, lo que hacía esta estimulación de
pandilla era permitirles reconstruir y mul-
tiplicar su mundo privado para situarse
fuera del control de los padres, conquistar
espacio, "…al crecer, los adolescentes no
buscan en verdad abandonar el mundo
privado que los ha encuadrado exclusiva-
mente hasta entonces. Lo que hacen más
bien es multiplicar las experiencias de
nuevos mundos privados, yuxtapuestos
— cada uno con su espacio, su amplitud,
sus reglas, sus ritos, su secreto— y a la vez
colectivos, en los que la presencia de sus
camaradas sostiene la afirmación personal
sin vejarla." (4, p.259). Como podemos
ver, no es casualidad que la palabra ado-
lescente como la conocemos ahora, haya
surgido en la Italia de esta época.
En estos relatos se encuentran más seme-
janzas con la época actual de lo que po-
dríamos imaginar, Hesíodo ya decía en el
siglo VIII a.C.: "No veo esperanza para
el futuro de nuestro pueblo si éste ha de
depender de la juventud frívola de hoy, ya
que ciertamente todos los jóvenes son pre-
cipitados más allá de toda descripción.
… Cuando yo era niño, fuimos enseñados
a ser discretos y respetuosos con nuestros
mayores, pero actualmente los jóvenes son
extremadamente necios e intolerantes de
cualquier freno."5
Al parecer la pubertad ha sido un tema
que ha requerido atención especial en la
mayor parte de las culturas, si no es que
en todas; el adolescente se encuentra y se
ha encontrado siempre suspendido entre
dos etapas, entre el cielo y la tierra, entre
la infancia y la adultez, no son ya los ni-
ños que eran pero tampoco pueden acce-
der aún al mundo adulto, dada la
necesidad de adquirir una nueva identi-
dad, de un periodo de acoplamiento a las
nuevas responsabilidades exigidas por el
mundo, un momento en el que se tiene
que abandonar al niño que se fue y rena-
cer como un nuevo individuo, sin ser des-
lumbrados antes de tiempo y para ello
todas las culturas cuidan y acompañan a
sus pubertos.
La pubertad se refiere "al proceso físico de
cambio que se caracteriza por el desarrollo
de las características sexuales secundarias"
(6, p.48). Macías-Valadéz describe este
proceso como "el conjunto de cambios
endocrinos y fisiológicos que aparecen en-
tre la infancia y la adolescencia, y que
conducen a la madurez sexual y a la repro-
ducción". (7, p.14). Un evento biológico,
que se puede prolongar por un periodo de
dos años, generado por los cambios hor-
monales y el crecimiento corporal que de
ellos resultan, y que se hace evidente a
partir de la aparición de la menstruación
en la mujer y la eyaculación en el hombre.
La adolescencia es el proceso mental y so-
cial de cambio que se ancla en las transfor-
Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad
La pubertad es un evento
biológico, que se puede
prolongar por un periodo
de dos años, generado
por los cambios
hormonales y el
crecimiento corporal que
de ellos resultan, y que
se hace evidente a partir
de la aparición de la
menstruación en la
mujer y la eyaculación
en el hombre.
442
maciones corporales y está influido por el
entorno, abarca de seis a ocho años, se ini-
cia en la pubertad y termina en la juven-
tud, los autores , aunque difieren en las
edades de inicio;6-11
en general dividen este
proceso en tres fases: adolescencia incipien-
te o temprana, de 12 a 14 años; adolescen-
cia media o propiamente tal, entre los 14 y
los 16 años y la adolescencia tardía, entre los
17 y los 18 años, sin embargo, hay que
aclarar que no se puede o debe fijar en una
referencia cronológica exacta, ya que es va-
riable la edad de inicio, duración, desarro-
llo sexual, psicológico y social (8, p.82).
NORMALIDAD Y ANORMALIDAD
Algunos autores denominan al periodo de
la adolescencia como "confusión adolescen-
te"12
o "torbellino",7
o bien, como un
"tiempo turbulento aún sin enfermedad",13
de cualquier modo, es tema discutido si el
proceso adolescente con floridas manifes-
taciones, es normal o anormal.
En primer lugar, es necesario establecer el
concepto de normalidad. De acuerdo con
el diccionario de la Real Academia,2
la pa-
labra proviene del latín normalis (regular)
y dentro de sus acepciones se encuentran
las siguientes: “1.adj.dicho de una cosa
que se halla en su estado natural; 2.adj.
Que sirve de norma o regla; 3.adj.dicho
de una cosa que, por su naturaleza, forma
o magnitud, se ajusta a ciertas normas fi-
jadas de antemano.”
Offer9
plantea que las definiciones de nor-
malidad pueden ser abarcadas desde cua-
tro perspectivas: normalidad como salud
—que implica la ausencia de síntomas—;
normalidad como utopía —un estado di-
fícil de alcanzar por la mayor parte de la
gente—; normalidad como promedio o
media —la normalidad es la media y los
extremos una desviación— y la cuarta,
que entiende la normalidad como un sis-
tema "transaccional" que enfatiza la con-
ducta normal como resultado de la
interacción de los sistemas que cambian a
lo largo del tiempo y que implica el cons-
tante cambio de los individuos y del con-
texto en el que viven, esta perspectiva
contempla las diferencias individuales que
incluyen el temperamento y las experiencias
únicas para cada sujeto junto con los patro-
nes sociales, incluyendo los determinados
históricamente; los patrones particulares
adoptados con respecto a la adaptación o al
trastorno estarían ligados a la manera en la
que se relaciona el sujeto con el medio so-
cial a lo largo del tiempo.9
Esta última perspectiva es compartida por
otros autores7,14,15
sobre todo en el sentido
de ver la adolescencia como un proceso
que involucra no sólo los factores intrín-
secos de la personalidad del adolescente,
sino también la influencia del medio, las
exigencias, miedos y expectativas de éste
hacia el adolescente, además, por supues-
to, de los factores biológicos y cognitivos.
A pesar de que algunos autores9,16
han afir-
mado que la mayor parte de los adolescen-
tes (80%) no experimentan confusión o
trastornos psicológicos, estudios realizados
en la Isla de Wight, en Nueva Zelanda,
Australia, Nueva York y Canadá, entre
otros,10,12,17
concuerdan con que la preva-
lencia de trastornos de salud mental en es-
te periodo de la vida es de entre 14 y 20%,
es decir, en uno de cada cinco adolescen-
tes, el conflicto es serio y ello está relacio-
nado íntimamente con la manera en que
se interrelacionan todos los factores en la
vida de esos sujetos desde la infancia. No
obstante lo anterior, éste es un periodo en
el que se incrementa notablemente la pre-
valencia de un amplio rango de trastornos
de salud mental, como los trastornos del
humor, trastornos alimentarios, suicidio y
accidentes,11
así como conducta antisocial
y uso y abuso de sustancias.18
La discusión sobre la frecuencia y la inten-
sidad con la que ocurre "la confusión ado-
lescente" y hasta qué punto se debe
considerar la misma como regla o norma,
ha tenido lugar desde hace muchos años.
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
La adolescencia es el
proceso mental y social
de cambio que se ancla
en las transformaciones
corporales y está influido
por el entorno, abarca
de seis a ocho años, se
inicia en la pubertad y
termina en la juventud.
La prevalencia de
trastornos de salud
mental en este periodo
de la vida es de entre
14 y 20%,
443
Los griegos como Aristóteles y Platón veían
en el periodo que ahora conocemos como
adolescencia, una época de la vida caracte-
rizada por la vulnerabilidad y cambio que
requería de especial cuidado en la educa-
ción y que hacía necesaria la coacción por
parte del medio; en 1904 Stanley Hall12
postulaba que en los chicos saludables era
normal un periodo de semicriminalidad y
Anna Freud habló de que lo anormal en es-
te estadio era la consecución de un equili-
brio; en años recientes este punto de vista
de la adolescencia como algo inherente-
mente tormentoso, ha sido atacado por au-
tores como Offer, quien considera que se
ha hecho una sobregeneralización por par-
te de los profesionales de la salud mental y
que en realidad la adolescencia es un perio-
do de la vida que puede ser transitado con
o sin confusión y turbulencia.12
Autores como Steinberg19
y Holmbeck15
concuerdan en que la investigación sobre
la etiología, prevención y tratamiento de
los trastornos y disfunciones durante la
adolescencia debe ser guiada por dos prin-
cipios fundamentales: el primero, enmar-
cado en el campo de la psicopatología del
desarrollo, se refiere a que el estudio de la
psicología clínica del adolescente se debe
enfocar en la trayectoria de los trastornos
que preceden, caracterizan y siguen a la
adolescencia. En segundo lugar y enmar-
cado ya en la literatura del desarrollo nor-
mal adolescente, la psicología clínica de la
adolescencia debe proceder reconociendo
explícitamente los aspectos biológicos,
cognitivos, psicosociales y contextuales
como únicos y que definen la adolescen-
cia como una etapa del desarrollo y aun-
que se ha logrado integrar la psicología
clínica del adolescente en el terreno de la
psicopatología del desarrollo, aún falta
mucho con respecto a la integración del
estudio de los fenómenos clínicos en la
adolescencia, al conocimiento del desarro-
llo normal de este periodo y seguramente
más investigaciones de tipo longitudinal,
sobre todo, que tomen en cuenta las varia-
bles del desarrollo.
Holmbeck15
también plantea que para
abordar el tema de la adolescencia es ne-
cesario un marco psicosocial que con-
temple todos los factores que pueden
influir en el proceso adolescente, desde
los biológicos, cognitivos y sociales, pa-
sando por el contexto interpersonal del
desarrollo adolescente (familia, pares, es-
cuela, trabajo), hasta las resultantes del
desarrollo del adolescente como logros,
autonomía, identidad, adaptación psico-
social y sexualidad, así como las variables
interpersonales y demográficas que pue-
den moderar los demás factores, es decir,
los cambios en el desarrollo de la adoles-
cencia impactan las conductas de otros,
mismos que influyen en la manera en la
que el adolescente resuelve la mayor par-
te de las cuestiones de la propia adoles-
cencia, por ejemplo "la madurez puberal
temprana puede llevar a un temprano
comienzo de la vida sexual activa sólo
cuando los miembros de la familia reac-
cionan ante este hecho de cierta manera,
como incrementando las restricciones y
la supervisión" (15 p.410) .
De acuerdo con King,12
la verdad debe en-
contrarse en un punto medio y es necesa-
rio primero establecer claramente los
términos, conceptos y parámetros para
hablar del grado y el tipo de confusión,
por ejemplo.
La postura de este trabajo al respecto
coincide con la de Mauricio Knobel
quien postula el Síndrome de la adoles-
cencia normal; dicha postura se refiere a
un periodo doloroso, lleno de contra-
dicciones, confusiones y ambivalencias,
caracterizado por fricciones con el am-
biente familiar y social, que surge como
producto de la propia situación evoluti-
va, de la interacción del adolescente con
su medio y que incluye toda esta serie
de manifestaciones que en ocasiones ad-
quieren características patológicas sin
serlo necesariamente,14
en donde el de-
senlace dependerá de la interacción de
todos los factores (Figura 1).
Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad
444
Entonces ¿cómo puede diferenciarse lo
normal de lo patológico en la adolescen-
cia? ¿En dónde está el límite? ¿Qué signos
debemos identificar como señales de alar-
ma de que ese límite se está cruzando?, es
justo este tema el que se tratará de esclare-
cer a lo largo de este trabajo.
En realidad, los límites entre lo normal y
lo anormal en este periodo de la vida re-
sultan sumamente borrosos, debido a que
el mismo está definido por múltiples cam-
bios biológicos, psicológicos y sociales
que sólo son comparados con los que ocu-
rren en la infancia temprana. La adoles-
cencia se caracteriza por ser una etapa
crítica del ciclo vital en la que se estable-
cen las conductas que habrán de manifes-
tarse toda la vida y que pueden alterar la
trayectoria de los sujetos en forma impor-
tante, ya sea en dirección positiva o nega-
tiva, y que como consecuencia de ello, la
presencia de conflictos es ineludible e in-
cluso útil, a pesar de que esto produzca
reacciones por parte del medio que rodea
al adolescente, aumentando así el carácter
conflictivo de este periodo.20,15
No se puede establecer una patología es-
pecífica de la adolescencia, sino más bien
pueden presentarse manifestaciones pato-
lógicas semejantes a las observadas en la
infancia y la adultez con "algunos rasgos
particulares asociados a los cambios del
desarrollo propios de la adolescencia".10
En cualquier etapa de la vida, muy pocos
trastornos tienen una sola causa y es más
común el interjuego entre los factores de
riesgo, lo que aumenta la vulnerabilidad
o susceptibilidad; es decir, son múltiples
los factores que intervienen tanto para
que un sujeto sea resistente a algún tras-
tornos como para que sea susceptible.18
Sin embargo, sólo el conocimiento ad-
quirido a través de investigaciones longi-
tudinales, sobre el desarrollo normal, la
psicopatología del desarrollo y las varia-
bles que influyen, es lo que proveerá in-
formación más precisa para identificar
qué cambios son clínicamente significa-
tivos, quién necesita de atención, y cuál
será la respuesta al tratamiento;15
pues no
son los datos epidemiológicos los que es-
casean sino "la perspectiva de análisis
que permita dar sentido a la vasta infor-
mación existente".21
Finalmente, es importante decir que
siempre la línea entre lo normal y la pato-
logía se relaciona con la frecuencia e in-
tensidad con la que aparecen conductas,
sentimientos, pensamientos o eventos que
pueden formar parte del proceso normal
del desarrollo.
CARACTERÍSTICAS DEL PROCESO
ADOLESCENTE
Se enlistan como características del pro-
ceso adolescente, una serie de fenóme-
nos que mantienen en constante
tensión y movimiento a los sujetos que
se encuentran en esta etapa y que van
dirigidos a que éstos obtengan los prin-
cipales logros de esta época de la vida, a
saber: la consolidación de la identidad,
el cambio de relación con los padres y
mayor autonomía en todos los niveles.
En este trabajo se pretende hacer una
síntesis de los fenómenos que caracteri-
zan este periodo, tomando en cuenta
que, como en todo proceso, cada uno
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
Figura 1.
Medio familiar
Medio social Adolescente
Determinantes
históricos
Temperamento y
carácter individuales
La línea entre lo
normal y la patología
se relaciona con la
frecuencia e intensidad
con la que aparecen
conductas, sentimientos,
pensamientos o eventos
que pueden formar parte
del proceso normal
del desarrollo.
445
de los fenómenos que lo conforman se
relaciona e influye sobre los otros en un
movimiento constante, por lo que la es-
quematización sólo tiene fines teóricos.
1. Búsqueda de sí mismo,
consolidación de la identidad
y desarrollo de una nueva imagen
corporal
La ropa ya no le queda, de repente tropie-
za con todo —ya no calcula cuánto miden
sus brazos, o sus piernas—, el rostro y el
cuerpo que ve en el espejo ya no son los
mismos, el vello en la cara y en el cuerpo
ha empezado a crecer y aparecen los para-
digmas del descontrol adolescente, la me-
narca, las eyaculaciones nocturnas, los
olores, el acné... Tantos y tan importantes
cambios no ocurren en otra época, y con
un monto importante de inseguridad, an-
siedad y desconocimiento de sí mismo,
aparece la pregunta: ¿Quién soy?.. Y co-
mienza la adolescencia.
Los cambios que se dan en la pubertad ex-
ponen a la mente adolescente a un gran
esfuerzo de adaptación ante un nuevo
cuerpo, el impulso sexual, las exigencias
morales y sociales del medio y la inestabi-
lidad yoica, llevando con ello a una de las
principales características del adolescente:
la inadaptación a la familia, al medio y a
su propio cuerpo.7
La consecuencia final de la adolescencia es
el conocimiento del sí mismo como enti-
dad, pero para conseguirlo, es necesario
que el adolescente realice un verdadero
proceso de duelo por la pérdida de la
identidad infantil, del cuerpo infantil y de
los padres de la infancia, que se caracteri-
zará, sobre todo, por el cambio de rela-
ción del individuo fundamentalmente
con sus padres. En un inicio niega dichas
pérdidas y tiene dificultad para aceptar las
nuevas realidades adultas que se le van im-
poniendo, entre las que se encuentran las
modificaciones morfológicas y biológicas
del propio cuerpo.
A lo largo de este periodo, el adolescente
tiene que pasar por diferentes momentos:
En la adolescencia temprana, ante la ola de
cambios y desajustes físicos, los chicos
pierden la seguridad infantil y los invade
principalmente una sensación de incerti-
dumbre y despersonalización que provoca
gran inseguridad, angustia e inquietud.
La identidad lleva consigo la identifica-
ción y por tanto a la búsqueda de figu-
ras con las cuales identificarse, aunque
éstas no siempre sean figuras positivas,
por lo que en ocasiones, como solución
ante la ausencia de figuras identificato-
rias y a la angustia que ello genera, se
busca una identidad que puede ser poco
aceptada por el medio, pero que se basa
en figuras reales aunque juzgadas como
"malas compañías", se opta por la alter-
nativa de que es mejor ser indeseable
que ser nadie, ya que la necesidad del
logro de una identidad se hace imperio-
sa para poder abandonar la del niño.
La incoordinación muscular debido al
disparejo crecimiento músculo-esqueléti-
co, la falta de similitud con los que lo ro-
dean, y el aspecto desgarbado, generan
sentimientos de extrañeza e insatisfacción
y de consecuente "despersonalización"
unidos a la elaboración psicológica de la
identidad, por ello, el cuerpo y el esquema
corporal son dos variables íntimamente li-
gadas y que deben conocerse en el proce-
so de definición del sí mismo y de la
identidad.
Repentinamente los jóvenes se sienten
obligados a aprender a aceptar un cuerpo
que ni siquiera pueden controlar y frente
a ello pueden reaccionar de diversas ma-
neras, ya sea negando lo que está suce-
diendo y asiéndose a intereses y formas
sociales infantiles; o, por otro lado, sentir-
se bien con sus nuevas potencialidades, o
como ocurre más frecuentemente, reac-
cionar con una mezcla de angustia y eufo-
ria, de aceptación de lo que ha acumulado
Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad
La consecuencia final
de la adolescencia es el
conocimiento del sí
mismo como entidad,
pero para conseguirlo,
es necesario que el
adolescente realice un
verdadero proceso de
duelo por la pérdida de
la identidad infantil,
del cuerpo infantil y
de los padres de la
infancia.
446
a lo largo de su infancia junto con un im-
pulso para dominar habilidades que, de
ser pasivas se convierten en activas.11
En este rubro es fundamental considerar
la importancia de los procesos de duelo
con respecto al cuerpo infantil perdido,
que obligan a una modificación del esque-
ma corporal y del conocimiento físico de
sí mismo en una forma muy característica
en este periodo que, según Sauceda,11
se
resume en "aceptación del cuerpo que cre-
ce y cambia" (p.154) a partir de una lucha
con el cuidado corporal, la higiene, lim-
pieza y orden de sus cosas, insensibilidad
ante las necesidades de los demás, así co-
mo una intensa preocupación por satisfa-
cer las suyas.
En la adolescencia media, se inicia la sepa-
ración psicológica de la familia, fenómeno
que se ve posibilitado por la relación con
grupos fuera del núcleo familiar, con lo
que se favorece el proceso de conforma-
ción de la identidad.
Ante el intento y gran necesidad de tomar
control activo sobre las experiencias pasi-
vas de la pubertad, el adolescente trata de
mejorar a partir de cambiar o distorsionar
su apariencia, ya sea con peinados, maqui-
llajes, ropa, subiendo o bajando de peso,
estar a la moda, en fin, hacer cosas que re-
sulten "in", o "cool" para el grupo, y es a
través de este escenario en donde los chi-
cos pueden reorganizar la representación
corporal y el significado de su relación con
los otros, ya que si la experimentación no
llega demasiado lejos, le permite a el o la
joven, tomar la responsabilidad de su pro-
pio cuerpo, posesionarse del mismo con
nueva forma, nuevo olor y nuevos modos.
En este momento, y como se explicó an-
teriormente, aparece una característica
frecuente de este periodo: "el adolescente
camaleónico" que adquiere y pasa por nu-
merosas identidades y junto con ello se
desprende de los aspectos que ya resultan
inútiles para entonces poder integrar los
nuevos. El proceso de identificación masi-
va, hacerse idéntico a un grupo; identifi-
carse con un grupo y uniformarse con
ellos les proporciona seguridad y estima
personal, y explica el proceso grupal en el
que participa el adolescente; sin embargo,
si el núcleo familiar no provee al chico o
chica de los elementos necesarios para en-
contrar en él el soporte que necesita, el
grupo toma tal relevancia que pueden de-
sencadenarse conductas antisociales, que
pueden dañarlo a él o a otros, con la fina-
lidad de ser aceptado y pertenecer por
siempre a dicho grupo.
En este periodo puede generarse un alto
nivel de ansiedad provocado por la dis-
conformidad con la propia identidad y la
sensación de descontrol, como conse-
cuencia de los múltiples cambios. El ado-
lescente vulnerable puede vivir este asunto
con el cuerpo como una preocupación y
puede llegar a sentir que la vida no tiene
sentido porque tiene la cadera muy gran-
de, o es muy alto o muy bajo, o muy fla-
co o muy gordo, etc. La reorganización
de la representación del cuerpo queda
entramada en la reorganización familiar y
en los mandatos sociales, ya que el cuerpo
se convierte en medio y símbolo de la
masculinidad o femineidad. A pesar de
que la pubertad o el género proveen en sí
mismos de una explicación para los tras-
tornos alimentarios, tanto mujeres como
hombres observan con temor su desarro-
llo corporal, el cual puede llevarlos a sen-
tir que no podrán con el rol que creen
tienen que ejercer y tanto la insatisfacción
con el cuerpo como la depresión y las re-
laciones familiares perturbadas pueden ju-
gar un papel importante en el inicio de
dietas y en la persistencia de patrones ali-
mentarios inadecuados.18
Para que el proceso de duelo no tenga ca-
racterísticas de actuación maníaca o psico-
pática, necesita tiempo para ser elaborado.
En la adolescencia tardía se consolida la
identidad, las dificultades que el adoles-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
447
cente tiene que enfrentar en esta época
giran finalmente en torno a la identidad,
para lo cual necesita asumirse como per-
sona, así como integrar los cambios cor-
porales, aceptar el estatus familiar y
social, definir un rol, responsabilizarse
por su sexualidad e incorporarse de lleno
a la vida social de su entorno, así como
poder elegir una vocación y contemplar
el futuro como un conjunto de metas a
lograr. Cuando existen dificultades para
consolidar la identidad será difícil asumir
el rol, el género, el estatus o al propio
cuerpo, por lo tanto enfrentar las vicisi-
tudes y demandas del medio; y entonces
puede considerarse el riesgo de un tras-
torno. Ver Trastorno de la identidad se-
xual (F64.x), problemas de identidad
(F93.8).22-24
Es en este momento en que es necesario
separarse psicológicamente de los padres,
es el tiempo en que el individuo tiene otra
oportunidad de resolver conflictos no re-
sueltos en la infancia y de acuerdo con
Offer9
la mayor parte de este proceso ocu-
rre internamente y sólo cuando el adoles-
cente ha fallado en su intento por
resolverlo es cuando se observan las secue-
las conductuales.
Si en el camino para consolidar la identi-
dad, las estrategias del adolescente, para
enfrentarse a esta ola de cambios, fallan; si
el medio es demasiado adverso, si la histo-
ria del individuo lo hace vulnerable y si no
existe ningún factor que sirva como pro-
tector, entonces el adolescente está en
riesgo de desarrollar una psicopatología
tal como trastorno de identidad, trastorno
de identidad de género, trastorno de
adaptación, trastornos alimentarios, tras-
tornos del humor, psicosis, etc.
Vale la pena recordar algunas señales de
alarma que pueden indicar si está en cur-
so el desarrollo de alguno de los trastornos
que pueden presentarse en los adolescen-
tes, por supuesto, tomando en cuenta los
antecedentes en el desarrollo del sujeto.
Si el adolescente presenta excesivo interés
y preocupación por el cuerpo, dedica
gran parte del día a ejercitarse sin ser de-
portista, muestra gran inconformidad
con su cuerpo, evita comer, cuenta la co-
mida y la parte en trozos muy pequeños,
vomita o se purga con frecuencia, ha ba-
jado mucho de peso y dice estar gordo o
gorda, a pesar de una delgadez evidente,
podrían estos, entre otros, ser señales de
alarma de que se está desarrollando un
trastorno alimentario.
Si sus exploraciones e identificaciones con
un grupo lo están llevando a conductas
delictivas, o a transformaciones impor-
tantes y permanentes de su cuerpo con tal
de recibir la aprobación del grupo, tiene
dificultades importantes para relacionarse
con sus pares o con los adultos, podría es-
tar desarrollando un trastorno de adapta-
ción, de identidad, o de conducta.
Si duerme demasiado o demasiado poco o
tiene dificultades para dormir, demasiado
irritable o intranquilo, desea o manifiesta
deseos de no querer vivir, humor lábil,
muestra desinterés por todo o casi todo,
pueden ser signos de alarma de un trastor-
no del humor.
Si existe incertidumbre sobre múltiples
aspectos relacionados con: objetivos a lar-
go plazo, elección de profesión, patrones
de amistad, comportamiento y orienta-
ciones sexuales, valores morales y lealtades
de grupo, habrá que pensar en la posibili-
dad de un problema de identidad.
2. La tendencia grupal, independencia
progresiva de los padres y actitud
social reivindicatoria
Como un comportamiento defensivo pa-
ra encontrar seguridad y autoestima, el
adolescente recurre a la búsqueda de uni-
formidad a partir del apego a un grupo.
De acuerdo con King,12
a lo largo de la
educación media los adolescentes cambian
Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad
Como un comportamiento
defensivo para encontrar
seguridad y autoestima,
el adolescente recurre
a la búsqueda de
uniformidad a partir
del apego a un grupo.
448
el género y el tamaño de los grupos en los
que se mueven, los más jóvenes buscan
grupos formados por integrantes del mis-
mo sexo, los de segundo año en díadas del
mismo sexo, los de tercero con grupos for-
mados por ambos sexos y los más grandes
en grupos de parejas heterosexuales.
En la adolescencia temprana los chicos
y chicas se aproximan a grupos confor-
mados por un gran número de pares
con reputaciones similares y roles este-
reotipados,12
que ya tienen una historia y
un sistema de reglas, ello genera diversos
sentimientos como satisfacción, inquie-
tud, angustia, y en algunas ocasiones ello
los lleva a cometer actos delictivos o a
consumir drogas para poder ser aceptados
en dichos grupos, en otras ocasiones el
adolescente tiende a imitar costumbres y
vestimentas de algún grupo, lo que le per-
mite que en su fantasía se sienta pertene-
ciente al mismo.7
La adolescencia media es el momento de
efervescencia de esta tendencia grupal,
ahora el grupo ejerce mayor influencia e
incluso implica un soporte en la confron-
tación con los padres, que se incrementa a
partir de los 15 años. A pesar de que la in-
dignación de los adolescentes es una obje-
ción explícita ante cualquier hecho que
perciban como una interferencia de su li-
bertad por parte de los padres; las conduc-
tas para probar límites se convierten, en
este momento, en claras invitaciones para
que los padres se mantengan involucrados
y "tomen cartas en el asunto";11
es decir, se
observa la necesidad del adolescente de
que los padres detengan al poder destruc-
tivo que podrían llegar a tener sus con-
ductas, mediante la imposición de límites
y por otro lado una petición infantil encu-
bierta de interés y cuidado.
En la adolescencia tardía los chicos han
consolidado su identidad lo suficiente co-
mo para poder imponer su propio con-
junto de normas morales y a no dejarse
influir más por un entorno de valores aje-
nos a ellos y tienden a involucrarse en re-
laciones más estables y buscar grupos más
pequeños de pares que se asemejan en in-
tereses, actividades, estatus y edad, de ma-
nera que las relaciones individuales
cobran mayor importancia que el grupo.
Irónicamente, mientras los jóvenes tratan
de independizarse de los padres, quedan
esclavizados por los valores, preferencias y
costumbres de su grupo, lo que puede
cambiar el curso de la adolescencia y ser
un factor de riesgo para la aparición de un
amplio rango de problemas conductua-
les.12
Steinberg y Morris en 2001 encon-
traron que el tipo de familia y la relación
con los padres es un factor que influye en
las relaciones que el adolescente estable-
ce con sus pares, por ejemplo: los estilos
autoritarios de crianza parecen disminuir
la influencia negativa de los amigos,
mientras que los chicos que provienen de
familias menos apegadas están o son pro-
pensos a ser más influenciados por su gru-
po que por sus padres (citado en 17). Así
mismo, en un estudio con 554 adolescen-
tes, dedicado a examinar las consecuen-
cias de la autonomía emocional y
conductual en diferentes aspectos de la
adaptación psicosocial en el contexto de
cómo es percibido el proceso de crianza
por los adolescentes, se encontró que los
métodos autoritarios de crianza, se asocia-
ron con un patrón positivo de adaptación,
mientras que la autonomía se asoció con
un patrón negativo. La autonomía emo-
cional predijo únicamente altos niveles de
angustia interna, mientras que la autono-
mía conductual predijo bajos niveles de
rendimiento escolar y altos niveles de con-
ducta desviada, al menos cuando el auto-
ritarismo está parcialmente ausente.25
No
obstante lo anterior, un patrón de crianza
caracterizado por control excesivo aparece
asociado con bajos niveles de autonomía,
que a su vez se asocian con altos niveles de
problemas conductuales.15
Con esta idea concuerdan otros autores
que subrayan la importancia del ambien-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
449
te familiar para la comprensión de los co-
rrelatos conductuales de los diferentes ti-
pos de personalidad adolescente.26,15
A pesar de que la conducta antisocial ha
sido relacionada con altos niveles de an-
drógenos y por tanto con una prevalencia
mayor en hombres, se ha encontrado que
las niñas cuya menarca ha aparecido a
edades inusualmente tempranas, son más
propensas que otras niñas a verse involu-
cradas en conductas desaprobadas social-
mente, sin embargo, dichos hallazgos
demuestran que aunque el estímulo es
biológico, el mecanismo mediador es el
social, ya que el efecto sólo se encontró en
las niñas de maduración temprana pero
que se habían ligado a un grupo de ma-
yor edad, que les enseñaba modelos anti-
sociales,18
lo cual indica que la manera en
que afectan la maduración temprana o el
grupo depende de cómo se conjugan los
factores que podrían ser de riesgo en mo-
mento, sexo, edad, etc.
Con respecto a la actitud social reivindi-
catoria se puede decir que ésta, manifesta-
da en forma de rebeldía, se hace
indispensable al brindar la posibilidad pa-
ra que el sujeto pueda ir conquistando es-
pacio en el mundo de los adultos y
desprenderse de situaciones infantiles, a
través de identificaciones cruzadas y masi-
vas que funcionan como defensa. Estas
actitudes son la cristalización de lo que ha
ocurrido en el pensamiento.
SEPARACIÓN PROGRESIVA
DE LOS PADRES
Ya se mencionó que uno de los logros fi-
nales de la adolescencia es la posibilidad
de cambiar la relación con los padres y
que uno de los principales duelos es preci-
samente por los padres de la infancia; di-
cho proceso se ve favorecido por los
cambios biológicos que llevan a la genita-
lidad con capacidad procreativa, misma
que posibilita la separación tanto por par-
te del adolescente como de sus padres.
Tanto el adolescente como los padres
reaccionan con ambivalencia ante la geni-
talidad que se expresa en estas nuevas for-
mas y la reacción parental determinará en
gran parte el trayecto que siga el sujeto a
partir de este momento.
La internalización de buenas imágenes
parentales, con roles bien definidos, per-
mitirá una buena separación y un des-
prendimiento que hará más fácil el pasaje
a la madurez, de no ocurrir así, el sujeto se
ve en la necesidad de buscar otras figuras
identificatorias en donde perciba mayor
consistencia, con lo que puede buscar fi-
guras negativas.
Las principales señales de alarma en este
rubro que podrían indicar un trastorno
de conducta, adaptación o de uso y abu-
so de sustancias serían las siguientes:
Cambios radicales en el comportamien-
to, cambios físicos como ojos rojos, mo-
vimientos lentificados, afectación del
humor, irritabilidad, hurtos en casa, au-
sencias de casa, entre otras. Es importante
recordar que éstos son sólo algunos signos
de algunos trastornos que el adolescente
podría desarrollar y que por sí mismos no
representan ninguna patología específica.
3. Evolución del pensamiento
El pensamiento concreto cede su lugar ca-
da vez más a las abstracciones y esta nue-
va capacidad también permite utilizar
defensas más elaboradas como la intelec-
tualización, el ascetismo y la fantasía.
En la adolescencia temprana, el chico
siente una gran impotencia al enfrentar
esta realidad que se le impone de elaborar
tantas pérdidas y la imperiosa necesidad
de entender y adaptarse a un nuevo cuer-
po, nuevos padres, etc., se ve impelido a
huir a un mundo interior que le posibili-
te el reajuste emocional que necesita.
La necesidad de compensar la difícil reali-
dad a través de la evasión se vuelve más
Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad
El pensamiento concreto
cede su lugar cada vez
más a las abstracciones
y esta nueva capacidad
también permite
utilizar defensas más
elaboradas como la
intelectualización, el
ascetismo y la fantasía.
450
elaborada en la adolescencia como tal y
lleva a los jóvenes a la preocupación por
principios éticos, filosóficos y religiosos.
Hacia el final de este periodo la fantasía
comienza a ceder su lugar a las demandas
de la realidad, la cual comienza a diferen-
ciarse cada vez más de la realidad interior;
y la imaginación ahora es utilizada en pro
de la adaptación y los proyectos fantasea-
dos pueden servir como motores para la
acción del joven adulto.
Como consecuencia de los procesos de
duelo y de la consecuente despersonali-
zación, así como por las características
del pensamiento adolescente, los jóve-
nes viven una cierta desubicación tem-
poral y es precisamente en esta etapa
que la dimensión temporal va adqui-
riendo lentamente características discri-
minativas, se empieza a diferenciar lo
infantil de lo adulto, el presente del pa-
sado y del futuro, hasta que finalmente
se puede reconocer un pasado y formu-
lar proyectos a futuro, con capacidad de
espera y elaboración en el presente, una
vez que se ha podido superar gran parte
de la problemática de la adolescencia y
se conforma la identidad adulta. Si la
combinación de factores sociales, fami-
liares e individuales propicia que los
procesos de duelo, de despersonaliza-
ción y/o la desubicación temporoespa-
cial se manifiesten más allá de la
expresión normal de esta etapa pueden
condicionar la aparición de trastornos
tales como: psicosis, trastornos del hu-
mor, trastornos de adaptación, cuyas se-
ñales de alarma ya fueron descritas
previamente.
4. Evolución sexual desde
el autoerotismo hasta la
heterosexualidad
Ya apareció la primera menstruación y la
primera eyaculación, así como muchos
otros cambios físicos, ha llegado o está
pronto a llegar el primer "beso bien da-
do", la primera relación sexual, la primera
cita e incluso tal vez el primer rechazo y
los adolescentes se balancean entre la ge-
nitalidad que se está consolidando, el au-
toerotismo y la bisexualidad.
De acuerdo con Graber, Brooks-Gunn y
Galen,27
algunos de estos eventos, situa-
ciones y conductas le marcarán para to-
da la vida y en ocasiones incluso le
proporcionarán su condición de adoles-
cente frente al mundo, de hecho la pri-
mera relación sexual junto con la
pubertad y los eventos escolares son en
general tomados como las condicionan-
tes claves que marcan la transición a la
adultez, es decir, a pesar de que la pu-
bertad y la entrada a la educación media
definen el periodo de la adolescencia
temprana y están ligados al incremento
de los intereses sexuales a nivel social y
biológico, la mayor parte de la investiga-
ciones sobre sexualidad y conductas se-
xuales en la adolescencia se enfocan en los
años de la adolescencia media y tardía y
aunque la mayor parte de los adolescentes
transitan de la virginidad a la genitalidad
en estos periodos, es fundamental recor-
dar el desarrollo de la sexualidad (indivisi-
ble del desarrollo de la identidad sexual y
del yo, así como del cambio de rol) como
un proceso que encierra una serie de tran-
siciones relacionadas entre sí, que se dan
durante toda la década adolescente y a lo
largo de la vida (ibid).
Garber y colaboradores27
diferencian los pe-
riodos transicionales o procesos de los even-
tos que suceden en la vida del individuo
en el sentido de que los primeros impli-
can o requieren de una reorganización,
ya sea estructural o funcional y los even-
tos puberales y los cambios de rol entran
en este concepto de proceso o punto
transicional para una reorganización
funcional o conductual en la vida del
adolescente. Las reorganizaciones pue-
den o no generar discontinuidades con-
ductuales en algunos individuos en
algunas transiciones.
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
Los adolescentes se
balancean entre
la genitalidad que
se está consolidando,
el autoerotismo y la
bisexualidad.
451
Pickles y Rutter28
examinaron el desarro-
llo individual dentro del marco de "pun-
tos de transición" que se refieren a
aquellos eventos que tienen el potencial
de alterar la conducta, el afecto, la cogni-
ción o el contexto y resultar en un cambio
para toda la vida.
El que un evento se convierta en un "pun-
to transicional" para un individuo está li-
gado a un sinnúmero de condiciones que
incluyen: 1. el desarrollo anterior a la
transición, 2. el tiempo en el que ésta se
da, 3. la experiencia individual de cada
evento y 4. el contexto en el que ocurre, es
decir, la primera relación sexual, el primer
rechazo, el primer beso, marcarán de ma-
nera diferente a cada individuo y su vida
en adelante, dependiendo de todos los
factores antes mencionados, lo que para
alguien fue un hito en su vida, para otro
pudo pasar incluso desapercibido.
Las transiciones y demandas del medio
que ocurren en el momento de la transi-
ción pueden resultar en diferentes tipos de
cambios conductuales, tales como: la apa-
rición de nuevas conductas, la desapari-
ción, la alteración y el remodelamiento de
otras.27
La sexualidad a menudo es vista como la
suma de conductas sexuales y no como
un proceso que acompaña al individuo a
lo largo de toda su vida, que está íntima-
mente relacionado con los gustos, mane-
ra de ser, rol, autonomía y no sólo se
reduce a unas cuantas conductas eviden-
temente sexuales. A pesar de que el
mundo adulto quiera ignorar la sexuali-
dad y su desarrollo, ésta forma parte
esencial de la vida del individuo y del
desarrollo de su identidad, sobre todo en
la vida de los jóvenes, tengan o no expe-
riencias tácitamente sexuales.
La sexualidad adolescente, producto de la
interacción de factores biológicos y socia-
les, es una transición normal que forma
parte del desarrollo adolescente, confor-
mada por una serie de eventos que pueden
resultar en una transición que involucra
gran variedad de sentimientos pensamien-
tos y conductas, dependiendo del contex-
to y del factor subjetivo.
Algunos signos de alarma que servirían
para identificar la posibilidad de un
trastorno en esta área serían fundamen-
talmente el infantilismo importante,
negación o exageración de temas y con-
ductas relacionados con la sexualidad.
5. Cambios en la conducta y el humor
Una de las características del adolescente
es la necesidad de control a través de con-
vertir todo en acción, incluso el pensa-
miento, y es difícil que él mismo pueda
mantener una línea de conducta rígida,
permanente y absoluta, a pesar de que lo
intente; de hecho, lo esperado es que las
manifestaciones conductuales sean fluc-
tuantes, mientras que lo atípico se relacio-
naría con la rigidez.
Depresión y ansiedad, así como senti-
mientos de frustración, desaliento y abu-
rrimiento acompañan el camino del
adolescente, como consecuencia de los
duelos por los que tiene que transitar. La
elaboración de estos duelos determinará
la intensidad de dichos sentimientos.
Ante la frustración provocada por la
sensación de fracaso por no conseguir
satisfacción, el individuo se repliega en
sí mismo lo que produce el sentimiento
de soledad característico de esta época,
por otra parte, los mecanismos de de-
fensa que tiene que utilizar frente a to-
dos los cambios y pérdidas lo pueden
llevar a rápidas y drásticas modificacio-
nes de su estado de ánimo, que puede ir
de la desesperanza más profunda a la
exaltación más exacerbada, una falla en
la elaboración puede llevar a trastornos
del humor o de la conducta, cuyas seña-
les de alarma fueron mencionadas con
anterioridad.
Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad
Una de las características
del adolescente es la
necesidad de control a
través de convertir todo
en acción, incluso el
pensamiento,
452
CONCLUSIÓN
En conclusión, se puede afirmar que el
adolescente se encuentra en un periodo de
cambios constantes en el que no ha deja-
do de ser niño pero tampoco es aceptado
ni está listo para enfrentar las responsabi-
lidades de la adultez y que en consecuen-
cia es esperable que esta época sea
turbulenta o al menos confusa, sin embar-
go, es imprescindible considerar el desa-
rrollo anterior, el contexto social, los fac-
tores familiares y biológicos como factores
que influyen en la manera en la que se vi-
virá y resolverá este periodo.
Lo normal de lo patológico se diferen-
ciará fundamentalmente por la frecuen-
cia e intensidad de conductas que
pueden ser normales y por la manera en
que los diferentes factores interactúen
entre sí. ■
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
453
E
xiste un gran interés en nuestra so-
ciedad y en especial en el ámbito
de la salud mental, por entender la
conducta del adolescente; por lo que ne-
cesita ser cuidadosamente estudiada en
su contexto temporo-espacial y situacio-
nal, tomando en cuenta los indicadores
de riesgo y así ser analizada y entendida,
para poder emitir un juicio de si una
conducta es "normal" y propia de esta
etapa del desarrollo, en respuesta a su en-
torno, o bien se presenta como manifes-
tación prodrómica de un padecimiento,
o como un síntoma de un trastorno ya
establecido.
La conducta del adolescente "típico" se
describe en múltiples ámbitos, sobre todo
en los medios masivos de comunicación,
como explosivo con su energía sexual y su
humor, frecuentemente deprimido o has-
ta suicida, propenso a tener arrebatos de
mal genio sobre todo con sus padres, sin
reglas, agresivo y desordenado, temerario
en la conducción de vehículos, promis-
cuo en sus relaciones sociales y sobre to-
do sexuales, fumador, bebedor y usuario
de drogas ilegales,1
descuidado en su for-
ma de comer y con pobre apego a la prac-
tica deportiva estructurada. Este cuadro,
poco atractivo, se cuestiona que represen-
te realmente a los adolescentes.
Aun cuando el adolescente tenga un desa-
rrollo con base en los parámetros espera-
dos para su edad, una inteligencia
normal, un ambiente familiar sin conflic-
tos frecuentes y/o graves y un estilo de vi-
da estable; puede ver afectado su
rendimiento académico (laboral), mos-
trar datos de inadaptación a los estánda-
res sociales, sentirse marginado y poco
comprendido por los adultos, así como,
reunirse con sus pares, que en múltiples
ocasiones se encuentran en circunstancias
similares, en busca de la aceptación y
comprensión que cree no tener.
El concepto de conducta de riesgo lo defi-
niremos entonces, como una conducta
que puede comprometer el bienestar, la
salud y el curso de la vida de un adoles-
cente; la mayor importancia está en la po-
tencialidad de que dichas conductas,
acarreen consecuencias adversas o resulta-
dos negativos. Por lo tanto las conductas
de riesgo pueden ser consideradas como
factores de riesgo para que surjan reper-
cusiones indeseables sobre la personali-
dad, la socialización y el desarrollo.2
Aunque sabemos que el comportamiento
antisocial está definido por características
del comportamiento que contravienen las
normas sociales, se debe reconocer la he-
terogeneidad de éste,3,2
y hay que tomar
en cuenta cuatro factores que influyen en
el riesgo de que se presenten problemas
graves del comportamiento: los indivi-
duales, los relacionales, los del contexto
comunitario y los relacionados a la es-
tructura de la sociedad, que la Organiza-
ción Mundial de la Salud llama generales.
Dentro de los individuales, que incluyen
lo biológico, se encuentran la influencia
de los cromosomas, de las hormonas, las
lesiones y el funcionamiento cerebral, así
como la historia personal que aumenta la
posibilidad de que una persona se con-
vierta en víctima o perpetradora de actos
violentos. Los relacionales, que incluyen
el modo en que la relación con la familia,
los amigos, la pareja y los compañeros in-
fluyen en el comportamiento. En lo que
se refiere al contexto comunitario se toma
en cuenta cómo se desarrollan las relacio-
nes sociales tanto en la escuela, como el
vecindario, entre otros, y se intenta iden-
tificar cómo las características de estos
Conducta en el adolescente
La conducta del
adolescente "típico"
se cuestiona que
represente realmente
a los adolescentes.
Conducta de riesgo es
una conducta que puede
comprometer el bienestar,
la salud y el curso de la
vida de un adolescente;
la mayor importancia
está en la potencialidad
de que dichas conductas,
acarreen consecuencias
adversas o resultados
negativos.
454
ambientes incrementan el riesgo de que
aparezcan trastornos conductuales (por
ejemplo, la pobreza, la densidad de pobla-
ción, carencias de capital social, altos nive-
les de movilidad residencial, existencia de
tráfico de drogas en la zona, etc.). Los fac-
tores generales se refieren al cómo las nor-
mas sociales contribuyen a crear un clima
en el que se alienta o inhibe la violencia y
hay que poner especial atención a los me-
dios de comunicación y la exposición re-
petida a medios electrónicos (televisión y
videojuegos) así como el contenido y el
contexto de los estímulos a los que ha sido
expuesto.
Ya que entre los extremos de normalidad
y enfermedad evidente hay un amplio es-
pectro conductual,4
reforzamos la idea de
tomar en cuenta y analizar el entorno del
adolescente con "problemas de conduc-
ta"; para lo cual es importante evaluar
varios criterios como los siguientes: inte-
rrelación entre los problemas conductua-
les, variación de acuerdo a la edad en que
se presentan los problemas conductuales,
factores de riesgo generales y específicos,
variabilidad de los factores de riesgo con
la edad y los que predicen al joven con
multiproblemas.
Se mencionarán a continuación estudios
que intentan demostrar cómo los cuatro
factores antes mencionados (individuales,
relacionales, comunitarios y generales),
por separado o en interacción, tienen in-
fluencias en el la modulación de la con-
ducta, sobre todo en lo que se refiere a la
agresión y/o conductas antisociales.
Sabemos que numerosos sistemas orgáni-
cos intervienen para generar diferentes
conductas. La agresión es modulada en
varios niveles cerebrales, existen sistemas
que bajo algunas condiciones de estimu-
lación permiten la aparición de respues-
tas agresivas, y por el contrario, existen
otros sistemas funcionales que pueden
inhibir esas conductas; el sistema límbi-
co, en específico la amígdala, el hipotála-
mo y la sustancia gris central del mesen-
céfalo, desempeñan las funciones más
importantes para el control de la agresi-
vidad; pero existen además interacciones
complejas entre diferentes áreas del siste-
ma límbico y otros sistemas neurales y
hormonales, que facilitan o inhiben las
conductas.
Con relación a los neurotransmisores, el
más investigado ha sido la serotonina; las
investigaciones de los últimos 20 años
sugieren una fuerte relación inversamen-
te proporcional con la agresión y la im-
pulsividad; aunque las influencias de la
dopamina, norepinefrina y vasopresina
son controversiales, las investigaciones
revelan que tienen una relación indiscu-
tible con la agresión, sin ser determinan-
te de que esa correspondencia sea con un
incremento o un decremento de estas
sustancias.5
Existen evidencias de cómo
algunos movimientos endocrinos tienen
repercusión sobre la agresión, por ejem-
plo: los niveles elevados de testosterona
son un factor adicional en una población
predispuesta a desarrollar conductas an-
tisociales.6
Con respecto a la herencia, los estudios
en gemelos, familias y adoptados, sugie-
ren factores genéticamente determinados
vinculados a conductas agresivas.1,3,7-9
La complejidad de la interacción entre
cerebro, conducta, inmunidad y salud ha
sido advertida por siglos, pero es en los
últimos años que se incrementa notable-
mente el entendimiento de la especifici-
dad de las interacciones involucradas. Se
ha informado que los productos inmu-
nocíticos (citoquinas) tienen efectos
neuropsiquiátricos y sobre la conducta,
aunados a su papel en la regulación de la
respuesta inmune. Los estudios en ani-
males y en humanos adultos han aumen-
tado nuestros conocimientos pero son
pocas las investigaciones que han abor-
dado la infancia, donde las interacciones
psiconeuroinmunológicas pueden afectar
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
Sabemos que numerosos
sistemas orgánicos
intervienen para generar
diferentes conductas.
455
potencialmente un adecuado desempeño
para toda la vida. Las investigaciones de
estas interacciones en niños y adolescen-
tes actualmente en vías de desarrollo sin
duda proveerán de información valiosa.8
Se sabe que los adolescentes que han pa-
decido algún tipo de psicopatología du-
rante la infancia son más susceptibles de
presentar continuidad de la patología y/o
algunas otras agregadas: como en el caso
del déficit de la atención, que aunque en
la adolescencia persiste, también se suele
agregar otro trastorno de conducta, de
uso y abuso de sustancias o trastornos del
humor; así lo demuestran múltiples estu-
dios,2
entre ellos los de Hahesy A. et al en
los que 62% de los pacientes adultos es-
tudiados con un trastorno de uso de sus-
tancias, lo habían iniciado antes de los 18
años y 56% de estos, había tenido antes
del trastorno por uso de sustancias, otro
trastorno psicopatológico, en particular el
TDAH, la ansiedad generalizada u otros
trastornos disruptivos.10
Los estresores psicosociales (pobreza, ca-
rencia de medios, conflictos de pareja,
divorcio, desempleo, enfermedad de al-
gún miembro de la familia, incorrecto
ejercicio de la autoridad e inadecuadas
redes de apoyo) se han estudiado para
determinar el grado de influencia en la
modulación o producción de conductas
agresivas y los estudios, sin ser determi-
nistas, hacen mención de que la combi-
nación de dichos factores, ya sea entre
ellos o con otros (biológicos o individua-
les), hace más probable la aparición de
manifestaciones conductuales problemá-
ticas.6,4,11,12
Con la exposición a comportamientos
violentos de forma vivida o por medios
electrónicos, los estudios de Berkowitz6
demuestran que se intensifican las reac-
ciones agresivas de jóvenes frustrados por
su falta de habilidad para completar un
rompecabezas, y que habían visto una pe-
lícula con escenas de agresión explícita.
Los efectos de la intimidación sobre el es-
tado de la salud mental son innegables, al
revisar el estudio de Bond L., et al.13
en
el que refieren que "ser victimizada tiene
un impacto negativo en el bienestar
emocional de las mujeres adolescentes
jóvenes, independientemente de sus re-
laciones sociales; por lo que la apariencia
de "intimidado" puede servir de predic-
ción de problemas emocionales en la
adolescencia".
La combinación de la violencia en los
medios, la violencia en la comunidad y la
violencia en casa son tres factores que se
refuerzan mutuamente.14
La combinación de estresores psicoso-
ciales es ampliamente mencionada por
diferentes autores, para la aparición de
problemas de conducta: por ejemplo
Lewinsohn menciona que las variables
independientes que parecen predecir
trastornos depresivos recurrentes en la
adolescencia son: confianza emocional,
múltiples episodios de depresión, una
historia familiar de episodios recurrentes
de trastornos de depresión mayor y altos
niveles de síntomas de trastornos limí-
trofe o antisocial, y en los hombres un
"estilo de atributos positivos", así como
en las mujeres síntomas de trastornos de
personalidad y un incremento en los
conflictos con los padres. El estrés eleva-
do y las relaciones interpersonales y con-
flictivas, igualmente colocan a los
adolescentes en riesgo para el uso de sus-
tancias (drogas).15
Ante la frustración provocada por la
sensación de fracaso por no conseguir
satisfacción, el individuo se repliega en
sí mismo, lo que produce el sentimien-
to de soledad característico de esta épo-
ca, la frustración definida por Dollard
(1939) como "una privación o separa-
ción de una actividad dirigida a un fin"
puede dar lugar a agresión, esto ha sido
confirmado en múltiples ocasiones, en
diversas circunstancias; además parece
Conducta en el adolescente
Se sabe que los
adolescentes que han
padecido algún tipo de
psicopatología durante
la infancia son más
susceptibles de presentar
continuidad de la
patología y/o algunas
otras agregadas.
La combinación de
estresores psicosociales
es ampliamente
mencionada por
diferentes autores,
para la aparición de
problemas de conducta.
456
que no sólo induce una conducta dis-
ruptiva sino puede desencadenar actitu-
des hostiles, aunque también existen
investigaciones en las que sólo hay res-
puestas agresivas en aquellos menores
en quienes anteriormente se había re-
forzado esta conducta. A decir de algunos
autores, la frustración desencadena reac-
ciones de acuerdo a la forma de enfrentar-
la. Ya sea la postura freudiana en la que la
tolerancia a la frustración implica la no-
ción esencial de la capacidad para retardar
la satisfacción de todo deseo, en un apego
a la realidad como contraparte al placer
que implica la satisfacción inmediata del
mismo, o la de Rosenzwaig en la que
sostiene que la frustración "existe cada
vez que el individuo encuentra un obstá-
culo más o menos insuperable en la vía
que lo conduce a la satisfacción de una
necesidad vital cualquiera".16
Con lo an-
terior queda claro que no siempre la
frustración lleva consigo una reacción
agresiva abierta, ya que existen variables
que modifican de manera clara la forma
de expresarla, sobre todo en circunstan-
cias o ambientes en donde la respuesta
agresiva no es tolerada; sin por ello dejar
de causar una reacción de incomodidad,
dolor, ira, etc. cuando no se sabe cómo
enfrentarla y de análisis o búsqueda de
soluciones factibles cuando el manejo es
adecuado.
Es por todos conocida la influencia de los
padres y del entorno familiar en el desa-
rrollo o no de ciertas conductas; es deter-
minante para ello, el cómo ejercen los
padres su autoridad, la firmeza y cons-
tancia de la disciplina o normas estable-
cidas, así como la permisividad y falta de
límites. Esto se pone en evidencia en el es-
tudio de Cherlebois P, Vitaro F, Norman-
deau S y Rondeau N. quienes al hacer una
intervención en menores disruptivos; el te-
ner una previa relación positiva madre-hi-
jo, funcionaba como factor de mejor
pronóstico y permanencia de las modifi-
caciones adquiridas en el primer año del
programa.17
La expansión del campo de las conductas
de riesgo del adolescente se ha acompa-
ñado del crecimiento paralelo de los es-
fuerzos para explicarlo.2
En resumen,
mencionaremos las conclusiones de
Shaffer D, Meyer-Bahlburg H, Stok-
man.6
"Existen pruebas de que hay cier-
tos individuos, con más frecuencia de
sexo masculino que femenino, que son
característicamente agresivos durante la
adolescencia. Los incidentes que provocan
su conducta agresiva son principalmente
los que interfieren de alguna forma con la
ejecución de alguna acción intencionada, o
bien los que producen dolor o humillación.
Estos casos pueden producir respuestas
agresivas con frecuencia si son experimenta-
dos durante estados de activación, que pue-
den incluir el haber contemplado escenas
violentas en una película, programa de tele-
visión o videojuegos, estos son también los
principales precipitantes de la conducta
agresiva en los niños sin problemas con-
ductuales anteriores.
Hasta el momento no existe una explica-
ción satisfactoria de por qué algunos ni-
ños son más agresivos que otros; los
estudios de los factores puramente bioló-
gicos, tales como el número y tamaño de
los cromosomas, los niveles de andróge-
nos, la repuesta inmunológica, las ano-
malías cerebrales localizadas, etc. no han
revelado información suficiente para en-
tender el porqué de la agresión. La agre-
sión frecuente es más común en los niños
de baja inteligencia y entre los niños que
tienen relaciones de hostilidad con sus
padres. Puede ser que la agresión persis-
tente sea más probable cuando el niño
tiene un temperamento difícil, es criado
en circunstancias que no facilitan el
aprendizaje de modelos alternativos de
defensa o expresión y que, además, ha
experimentado que la conducta agresiva
es instrumentalmente ventajosa o sirve
para llamar la atención."
Los trastornos de conducta se caracteri-
zan por conductas persistentes y repeti-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
La frustración
desencadena reacciones
de acuerdo a la forma
de enfrentarla.
Es por todos conocida la
influencia de los padres
y del entorno familiar
en el desarrollo o no de
ciertas conductas;
457
tivas que violan los derechos básicos de
otros o normas trascendentales de la so-
ciedad; el curso de los trastornos de
conducta es variable, la instauración
más común es entre la infancia media y
adolescencia media, después de los 16
años es poco común; y el pronóstico es
peor mientras más temprana es la ins-
tauración.
Los síntomas de alarma o factores de
riesgo a ser evaluados podrían ser ira in-
tensa, ataques de furia o pataletas, irrita-
bilidad extrema, impulsividad extrema,
muy poca tolerancia a la frustración,
conductas repetitivas que pongan en evi-
dencia que no se contempla los derechos
de propiedad (robar) ni se tiene conside-
ración hacia los demás.
A continuación vamos a hablar de algu-
nas conductas disruptivas como la agre-
sión física, las conductas encubiertas, las
conductas delictivas como el robo, y el
uso de sustancias; que pueden aparecer o
hacerse más evidentes en la adolescencia;
que por su naturaleza son de difícil mane-
jo. Pero no sin antes insistir en que su aná-
lisis y la ubicación en su contexto, nos
darán indicios para descubrir si la situa-
ción del adolescente puede ser manejada
con medidas conservadoras enfocadas al
ambiente familiar o tiene que ser evalua-
do y/o tratado por un especialista en sa-
lud mental.
El adolescente extremadamente rebelde,
que presenta agresión física o tiene con-
ductas encubiertas, representa grandes
dificultades de manejo y puede compor-
tarse de esa manera como una sobreac-
tuación de los mandatos sociales, en
otras palabras, llevar al límite las capaci-
dades de riesgo, de exploración o del
ejercicio de la violencia. También como
una respuesta a la interrelación con pa-
dres desinformados del proceso adoles-
cente, que motivan se perpetúe la
conducta infantil o esperan el surgi-
miento inmediato de conductas "adul-
tas". Otra razón para la aparición de
conductas de difícil manejo, es la necesi-
dad del adolescente de ser "percibido",
para lo cual el adolescente debe encon-
trar conductas mediante el ensayo, la
imitación o la tradición que puedan ser
vividas por él y percibidas por los demás
como un signo de la opción tomada en
cada circunstancia.18
Por ello, defender
el honor, asumir los riesgos e imitar al
grupo son de las principales tensiones
que deben enfrentar los adolescentes va-
rones. No se debe pasar por alto que
existen jóvenes con multiproblemas de
conducta que deberán ser estudiados
detenidamente y dirigir los esfuerzos a
la búsqueda de aquellos factores de ries-
go que se reporta, son fuertes predicto-
res de este tipo de adolescentes, como
serían: la carencia de culpa, problemas
de hiperactividad-impulsividad-inaten-
ción, bajos logros, pobre comunicación
padre-hijo y estrés parental. También
buscar los de baja pero consistente pre-
dicción como son: edad mayor para el
grado escolar, pobre supervisión, la no
inclusión del menor, desdicha en los pa-
dres, padres con problemas de conducta
o uso de sustancias, padres con ansie-
dad/depresión, nivel socioeconómico
bajo, familia con asistencia social, mal-
trato físico y desacuerdos paternos acer-
ca de la disciplina, entre otros.
En el caso de los adolescentes que roban,
lo hacen por varias razones: para tener
cosas iguales a las de sus pares, mostrar
valentía, hacer regalos y aumentar su po-
pularidad entre los amigos, por recibir
mayor atención, expresar su ira en contra
de alguien, temor a expresar su depen-
dencia, etc.
Las medidas que deben ser implementa-
das se relacionan con desarrollar o fo-
mentar en el adolescente un respeto por
la propiedad y consideración hacia los
demás: como animar al adolescente a pa-
gar o devolver lo robado, asegurarse de
que no obtenga beneficios de lo robado,
Conducta en el adolescente
Los síntomas de alarma
o factores de riesgo a ser
evaluados podrían ser
ira intensa, ataques de
furia o pataletas,
irritabilidad extrema,
impulsividad extrema,
muy poca tolerancia a
la frustración, conductas
repetitivas que pongan
en evidencia que no se
contempla los derechos
de propiedad (robar) ni
se tiene consideración
hacia los demás.
El adolescente
extremadamente rebelde,
que presenta agresión
física o tiene conductas
encubiertas, representa
grandes dificultades
de manejo y puede
comportarse de esa
manera como una
sobreactuación de los
mandatos sociales,
En el caso de los
adolescentes que roban,
lo hacen por varias
razones: para tener
cosas iguales a las de
sus pares, mostrar
valentía, hacer regalos y
aumentar su popularidad
entre los amigos, por
recibir mayor atención,
expresar su ira en
contra de alguien,
temor a expresar su
dependencia, etc.
458
no etiquetarlo con adjetivos que deva-
lúen, remarcar los valores positivos de la
familia y lo inaceptable de esa conducta.
Pero si la conducta de robo no es única,
es persistente y continúa a pesar de to-
mar las medidas sugeridas, probable-
mente el robo sea el resultado de un
problema grave del desarrollo que habrá
de ser evaluado por un especialista en sa-
lud mental.
Los adolescentes que usan sustancias
(drogas) no dejan de estar en gran riesgo
cuando las usan por curiosidad (primera
vez), ya que una cuarta parte de los que
lo hacen así, continúan siendo usuarios.19
El riesgo también lo notamos cuando
observamos los porcentajes de adolescen-
tes que usan alguna sustancias durante el
ultimo año y tienen criterios para depen-
dencia a esa sustancia. Los porcentajes
informados para nicotina son de 20%,
para alcohol de 8%, para marihuana de
14%, y para cocaína de 11%.2
También
sabemos que el abuso de cocaína en los
adolescentes conlleva a consecuencias
más rápidas y graves que en los adultos,
ya que el tiempo que transcurre entre el
primer contacto y la adicción es de cua-
tro años en adultos y de 1.5 años en ado-
lescentes.9
Debemos resaltar que entre
los adolescentes las sustancias de abuso
más frecuentes son alcohol, tabaco, ma-
rihuana y cocaína12
y que los rangos de-
terminantes para dependencia aparecen
entre los 12 y 30 años, con un pico entre
las edades de 16 a 19. A pesar de lo antes
mencionado no podemos catalogar a un
adolescente que ha tenido una intoxica-
ción o varios contactos de uso mínimo,
como portador de un trastorno estableci-
do; para ello existen criterios e indicacio-
nes precisas a evaluar y así llegar a un
diagnóstico. Lo importante es no dejar
de lado que, en múltiples ocasiones, de-
be ser tomado en cuenta que los criterios
pueden variar según del tipo de sustancia
que se esté analizando. Y no hay que ol-
vidar que el consumo de sustancias ilega-
les que aparece antes de la adolescencia
media, hace más probable que el adoles-
cente presente posteriormente delin-
cuencia, trastornos psiquiátricos graves y
conductas antisociales.7,12
Los siguientes datos corroboran como el
consumo de drogas ilícitas frecuente-
mente comienza entre los estudiantes, en
la adolescencia. En el Reino Unido se
informa que de 5% a 20% de los estu-
diantes consumen drogas, que entre 2%
y 5% las consumen semanalmente y que
el máximo de prevalencia de consumo se
da entre los 14 y 16 años de edad.20
En
los estudiantes de Jamaica entre los 15.7-
16.8 años de edad, el estudio del consu-
mo de drogas ilegales mostró que 10.2%
consumían marihuana, 2.2% cocaína,
1.5% heroína y opio, 1.2%.12
En México, según el doctor Julio Frenk
Mora, Secretario de Salud, al presentar la
Encuesta Nacional de Adicciones 2002
(26 de junio 2003), la edad de inicio en
el consumo experimental de cualquier
droga se ubica en promedio en los diez
años. Además de que cinco de cada 100
mexicanos mayores de 12 años de edad
han probado hasta en cinco ocasiones al-
guna droga; de ellos, uno de cada cuatro
continúa con este consumo.
Los rangos determinantes de dependen-
cia para alcohol, tabaco, marihuana y co-
caína aparecen entre los 12-30 años con
un máximo de representación ente los 15
y 19 años.
Los motivos para usar sustancias ilegales
pueden ser: la curiosidad, la "necesidad"
de experimentar, una conducta explícita de
rebeldía, inconformidad, insatisfacción,
valor o necesidad de aceptación por el gru-
po, solidaridad con pares, autoafirmación
o también como manifestación de una ne-
cesidad afectiva o de evasión.
Se mencionan factores sociales que pue-
den influir en el uso de sustancias como
son la permisividad del entorno, la facili-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
Los motivos para usar
sustancias ilegales
pueden ser: la curiosidad,
la "necesidad" de
experimentar, una
conducta explícita de
rebeldía, inconformidad,
insatisfacción, valor o
necesidad de aceptación
por el grupo,
solidaridad con pares,
autoafirmación o
también como
manifestación de una
necesidad afectiva o
de evasión.
459
dad para conseguirlas y la sensación de
poco o nulo peligro y dentro de los fac-
tores familiares se puede citar al consu-
mo de bebidas alcohólicas o de drogas en
la familia y la pobre o nula comunica-
ción intrafamiliar.
Con lo anterior podemos insistir que se
debe realizar una evaluación y vigilancia
del adolescente por personal especializa-
do, siempre que exista uso riesgoso de al-
gún tipo de sustancias ilegales o no y
como datos de alarma podemos mencio-
nar los siguientes: padecer psicopatología
antes de la adolescencia, fracaso escolar y
cambios de conducta relacionados con la
sospecha de uso de sustancias.
Es importante tener en mente otras
conductas que podrían ser consideradas
como de alarma y que se presentan de for-
ma importante en el adolescente de
nuestra sociedad actual, entre ellas men-
cionaremos: conducir de forma riesgo-
sa, el uso de tatuajes, la alimentación
poco nutritiva, o la de practicar insufi-
ciente ejercicio. Estas conductas no oca-
sionan daños directos e inmediatos;
pero sí tienen el peligro latente o a lar-
go plazo de ocasionar daños a la integri-
dad física o en la salud del adolescente;
además de las consecuencias sobre lo fa-
miliar, social, el desempeño académico/
laboral y no en pocas ocasiones, en
asuntos legales.
Como ejemplo mencionaremos que mu-
chos estudios han demostrado la interrela-
ción entre ciertos rasgos de personalidad
(rebeldía, alienación, independencia, de-
safiante a la autoridad), prácticas riesgosas
al conducir (alta velocidad, beber y con-
ducir), reducida influencia de los padres,
con choques automovilísticos y violacio-
nes de tránsito. Encontramos también a
quienes "buscan emociones fuertes" co-
mo motivación de una forma de condu-
cir riesgosa o aquellos que se han visto
inmersos en múltiples problemas con-
ductuales, como uso de marihuana, fuer-
te uso de alcohol y tabaco, problemas le-
gales, u otras conductas delictivas. En-
tonces es importante reconocer que la
forma de conducir de un joven nos debe
hacer reflexionar sobre su estilo de vida.
Y el intentar cambios sobre algunas ca-
racterísticas de este estilo, podrían ser la
clave para disminuir o minimizar el ries-
go de lesiones al conducir vehículos de
motor.
En lo relacionado al uso de tatuajes, es-
tos han cumplido distintas funciones se-
gún la época o la cultura y han sido
usados como: señal de identidad, de per-
tenencia a un grupo determinado y mar-
car a sus miembros; en algunas épocas el
tatuaje era un castigo o una señal de es-
clavitud, en otras un símbolo de poder y
distinción. Ha habido épocas en que los
tatuajes eran exclusivos de los marineros
y viajeros, de gente "extraña" y supues-
tamente de bajo nivel, o tal vez extrava-
gante. En los años ochenta la cultura del
tatuaje empezó a extenderse en el mun-
do del rock, del heavy y del punk; sin
embargo, en los últimos años los tatua-
jes han ido ganando popularidad entre
personas de todos los niveles sociales, de
todas las edades y culturas. No es raro
observar entonces que los adolescentes
adopten esta forma de expresión como
un elemento más en la búsqueda de
identidad, de pertenencia, o tal vez sólo
de seguimiento de modas.
Los riesgos en el uso de tatuajes los re-
presentan las infecciones (como el VIH)
transmitidas por los instrumentos con
los que se tatúa al individuo, el sangrado
de diferente intensidad, las reacciones
alérgicas a los productos usados, la cica-
trización queloide, los granulomas como
reacción de cuerpo extraño y la insatis-
facción por el propio diseño del tatuaje o
a largo plazo por lo permanente de éste.
Por ello es importante que el adolescente
que pretende usar esta técnica deba ser
alertado tanto de sus motivaciones como
de los riesgos.
Conducta en el adolescente
Los riesgos en el uso de
tatuajes los representan
las infecciones (como el
VIH) transmitidas por
los instrumentos con los
que se tatúa al individuo,
el sangrado de diferente
intensidad, las reacciones
alérgicas a los productos
usados, la cicatrización
queloide, los granulomas
como reacción de cuerpo
extraño y la
insatisfacción por el
propio diseño del tatuaje
o a largo plazo por lo
permanente de éste.
460
La alimentación poco nutritiva, práctica
común en nuestros días, no sólo por los
adolescentes, sino por buena parte de la
población en general, es motivada por
múltiples factores, entre ellos los que se
relacionan con los medios masivos de co-
municación y la mercadotecnia de los
grandes consorcios de alimentación rápi-
da (fast- food), aunado a esto la gran de-
manda de alimentos propia de esta etapa
del desarrollo, hace del adolescente un
"seguidor" del consumo de este tipo de
productos. Como consecuencia, la pobre
nutrición sería un resultado natural,
aunque si pensamos en la combinación
de otros muchos factores las consecuen-
cias podrían ser mayores y dentro de ellas
los trastornos de la alimentación y la
obesidad ser los más probables.
QUÉ HACER CON UN
ADOLESCENTE QUE TIENE
PROBLEMAS DE CONDUCTA
Como las conductas persistentes, la com-
binación de múltiples datos de alarma o la
integración de un diagnóstico de psicopa-
tología no son "normales" a ninguna
edad. Una evaluación completa por un
profesional de la salud mental, en la que
se exploren los diferentes ambientes en los
que el adolescente se desenvuelve (bioló-
gico, escolar, familiar y social), facilitará
una actitud comprensiva y aportará las su-
gerencias hacia el adolescente, sus familia-
res y otros personajes del entorno.
Es importante entender que los proble-
mas de conducta tienen su origen en la
combinación de múltiples variables, por
lo que una solución única no existe; por el
contrario, hay que actuar simultánea-
mente en varios sectores para prevenir-
los, por ejemplo:
Hacer frente a los factores de riesgo indi-
vidual y adoptar medidas encaminadas a
fomentar actitudes y comportamientos
saludables en los adolescentes durante su
desarrollo y a modificar actitudes y com-
portamientos en los menores que ya sean
problemáticos o que corren el riesgo de
serlo.21
Así que ayudar al adolescente a
aprender cómo controlar su ira, a expre-
sar su frustración de manera apropiada,
asumir responsabilidad en sus actos y
aceptar las consecuencias, son medidas
adecuadas.
Es deseable influir positivamente en las
relaciones personales más cercanas y tra-
bajar para fomentar un entorno familiar
saludable,21
así como brindar apoyo y
ayuda profesional a la persona con pato-
logía médica psiquiátrica o no psiquiátri-
ca, los conflictos de pareja o disfunción
familiar. Por lo que propiciar la integra-
ción familiar, hacer conciencia en los pa-
dres de su papel en la identificación
durante el desarrollo del menor y sugerir
a los padres que deben fomentar activi-
dades sublimatorias, sobre todo de la
agresividad, como actividades deporti-
vas, que despierten la curiosidad, la soli-
daridad y el compañerismo.
Se deben intentar acciones hacia la co-
munidad en la que se desenvuelve el ado-
lescente como la escuela o el vecindario,
etc. destinadas a hacer frente a los pro-
blemas que pueden conducir o inducir
los actos antisociales.21
Al mismo tiempo,
que el adolescente participe en reuniones
grupales que promuevan la discusión de
sus conflictos.
Se debe prestar atención a los factores
culturales, sociales y económicos que
contribuyan en algún grado a la apari-
ción, fomento o mantenimiento de pro-
blemas de conducta y en lo posible llevar
a cabo acciones para modificarlos.21
Es importante mencionar que la apari-
ción del comportamiento antisocial en la
adolescencia se ve determinada en gran
medida por su entorno, no se asocia con
hiperactividad y no tiende a persistir en
la edad adulta ni a relacionarse con tras-
tornos sociales generalizados. ■
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
461
Conducta en el adolescente
Interrelación del dominio conceptual de los factores de riesgo y los factores protectores2
Biología/genética Ambiente social Percepciones Personalidad Conducta
ambientales
1.Factores de riesgo 1.Factores de riesgo 1.Factores de riesgo 1.Factores de riesgo 1.Factores de riesgo
Historia familiar de Pobreza Modelos de conductas Pobre percepción de Problemas de
alcoholismo Ausencia de equivocadas las oportunidades ingesta (ebriedad)
normatividad Conflictos de la que ofrece la vida Pobre trabajo
Inequidad racial normatividad Baja autoestima escolar
Ilegitimidad padre/hijo Propensión a la
Oportunidad seducción riesgosa
2.Factor protector 2.Factor protector 2.Factor protector 2.Factor protector 2.Factores protectores
Inteligencia elevada Calidad escolar Modelos de conductas Valorar los logros Asistencia a la
Cohesión familiar convencionales Valorar la salud iglesia, clubes
Recursos vecinales Gran control sobre Intolerancia a lo Inclusión en
(Redes de apoyo) conductas equivocado clubes escolares
Adultos Interesados equivocadas y voluntarios
Conductas de riesgo del adolescente/estilo de vida
Problemas conductuales Conductas relacionadas con la salud Conducta escolar
Uso de drogas ilícitas Alimentación no saludable Pintas
Delincuencia Uso de tabaco Separación
Conducir ebrio Sedentarismo Uso de drogas
No uso de cinturón de seguridad en la escuela
Salud/resultados vitales comprometedores
Salud Roles sociales Desarrollo personal Preparación para la adultez
Padecimiento/enfermedad Reprobación escolar, Inadecuado auto concepto Limitadas habilidades para el trabajo
Aptitudes bajas aislacionismo Depresión/ suicidio Falta de herramientas para conseguirlo
Problemas legales Amotivación
Partos tempranos
463
DESARROLLO PSICOSEXUAL
NORMAL
Introducción
El desarrollo sexual ocupa un lugar esen-
cial en el desarrollo evolutivo del ser huma-
no, tanto por las manifestaciones de la
conducta sexual en el entorno social y la re-
gulación afectiva, como por las teorías del
desarrollo que describen una influencia
causal de diversos trastornos emocionales
y de la personalidad vinculados al desarro-
llo sexual. Para la mejor comprensión del
desarrollo psicosexual normal en la ado-
lescencia es necesario distinguir los si-
guientes conceptos:
• Identidad de género: el concepto que
un individuo tiene de sí mismo como
varón o mujer.
• Conducta sexual tipo: se define como
el conjunto de características conduc-
tuales que diferencian a los sexos.
• Orientación sexual: se refiere a la elec-
ción del objeto sexual; heterosexual,
homosexual, bisexual, etc.
Como en otros procesos del desarrollo, el
desarrollo sexual en los adolescentes se pue-
de ver como un despertar de la identidad
sexual de manera conjunta con el incre-
mento en el aprendizaje social. Los proce-
sos de aprendizaje social estructuran la
exploración de la intimidad, expresada por
medio de comportamientos que se extien-
den desde el escarceo hasta la cópula. La
búsqueda de una comprensión más com-
pleta del inicio de las relaciones sexuales
tempranas ha dado lugar a descripciones de
correlaciones más complejas y numerosas
entre el pensamiento individual y el con-
texto de las variables que influyen sobre la
probabilidad de que una persona inicie su
actividad sexual. Los resultados de investi-
gaciones han descrito un cuadro notable,
detallado y complejo de los antecedentes
del comportamiento sexual adolescente,
sólo que han documentado la relación en-
tre las diversas variables, no los procesos o
los medios que ocurren en el desarrollo se-
xual y su expresión.2
Para una mejor comprensión del desarrollo
sexual en el adolescente se deben incluir los
contextos sociocultural, políticos, y econó-
micos dinámicos en los cuales se expresa.
Las influencias de múltiples contextos in-
cluyen, pero no se limitan a una sola opi-
nión y creencia (Ej., identidad sexual,
sensaciones sexuales, noción del amor, etc.)
y los mensajes de los adolescentes, mezcla-
dos con los cuestionamientos que reciben
de sus diversos entornos sociales. El desa-
rrollo sexual temprano, como resultado de
procesos interactivos, debe ser conceptualiza-
do como normativo y formativo por las in-
fluencias multidimensionales y complejas.3
Teorías del desarrollo psicosexual. Las teo-
rías biológicas afirman que las diferencias
sexuales se establecen al comienzo de la vi-
da fetal con la influencia de factores gené-
ticos y hormonales, lo que sugiere que los
mecanismos biológicos participan en di-
versas facetas de la sexualidad. Los enfo-
ques cognoscitivos vinculan el desarrollo
al proceso de organización cognoscitiva,
sustentados en la idea de que la adquisi-
ción de identidad genérica es resultado del
juicio inicial de realidad del niño, además
de estar influido por las diversas variables
ambientales.
Los teóricos del aprendizaje social consi-
deran que la imitación o identificación
con los modelos del mismo sexo y el re-
fuerzo diferencial de las conductas sexua-
les tipo constituyen la base del desarrollo
psicosexual. Las teorías psicoanalíticas
Desarrollo psicosexual normal
y anormal de la adolescencia
464
sustentan que el desarrollo psicosexual
constituye el factor fundamental sobre el
funcionamiento de la personalidad. Sus
formulaciones se resumen en las etapas
psicosexuales (oral, anal, fálica, latencia y
genital), la noción de energía libidinal
(impulso sexual) y los procesos involucra-
dos en la identidad genérica.3
Fase inicial de la adolescencia
Cambios físicos. Es un periodo comprendi-
do entre los 11 y 13 años en las mujeres y
de 11.5 a 14 años en los varones. Es el pe-
riodo de cambios biológicos importantes;
se produce un aumento de peso y creci-
miento longitudinal y se inician los cam-
bios en los caracteres sexuales secundarios.
La curva de aumento de peso empieza a
elevarse. Inicia la acumulación de tejido
adiposo en las mujeres y la masa muscular
en los varones. El crecimiento esquelético
sigue un esquema diferencial en ambos se-
xos. En este periodo empiezan a desarro-
llar los caracteres sexuales secundarios;
crecen las mamas y areolas, aparece el ve-
llo púbico y se extiende próximamente.
En el varón aumentan la longitud y gro-
sor del pene, empiezan a crecen los testí-
culos y aparece la pigmentación del
escroto, el vello facial y axilar. Puede apa-
recer la menarquia en algunas mujeres, el
momento de su aparición está relacionado
con otros acontecimientos de la pubertad,
se relaciona estrechamente con la fase de
desaceleración de la curva de aumento de
la talla e indudablemente está determina-
da por los factores genéticos, nutriciona-
les, entre otros. Desde el punto de vista
neurofisiológico disminuye el periodo de
latencia del sueño y aumenta la somno-
lencia diurna, signo que puede ser malin-
terpretado por los padres como apatía o
pereza.4,7
Cambios psicosociales. El inicio de la ado-
lescencia se desarrolla en tres escenarios:
en la familia, el grupo de amigos y en la
escuela. En cada ambiente se presenta una
serie de interacciones que determinan el
resultado del desarrollo psicosexual. La ta-
rea inicial con la familia es el desarrollo de
la independencia y suele ser una etapa en
la que más se perturban las relaciones in-
trafamiliares, al mismo tiempo en que el
adolescente comunica un mayor deseo de
intimidad y se produce un distanciamien-
to del padre del sexo contrario, al deseo
expresado o no por el joven de que sus pa-
dres expresen el conflicto, su necesidad
de autonomía, que con frecuencia reapa-
recen la necesidades parentales no resuel-
tas. La tarea con las relaciones amistosas
se desarrolla de forma característica con
personas del mismo sexo y tienden a cen-
trarse más en la actividad conjunta, des-
crita como la amistad, carente de
profundidad y reciprocidad.
En el ámbito escolar el desarrollo parece
ser determinado por diversos factores. La
sincronía del desarrollo puberal con el de-
sarrollo del grupo son determinantes de
los ajustes que aparecen en esta etapa. Los
varones con desarrollo tardío tienen peo-
res resultados académicos y menores ex-
pectativas y aspiraciones que aquellos que
maduran de manera temprana. Por su
parte, las mujeres que maduran tem-
pranamente cursan con baja autoestima y
mal rendimiento escolar que aquellas que
se desarrollan de manera tardía.
La aparición de las diferencias sexuales
cognoscitivas al inicio de la adolescencia,
se describe con mayor aprovechamiento
escolar.
Fase media de la adolescencia
Cambios físicos. Es un periodo compren-
dido entre los 12 y 14 años en las muje-
res y de 12.5 a 15 años en los varones. Es
el periodo de mayores cambios; se pro-
duce una aceleración del aumento de pe-
so y crecimiento longitudinal y se
continúan los cambios en los caracteres
sexuales secundarios. La curva de au-
mento de peso alcanza su pico máximo,
seis meses después la curva del aumento
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
465
de la talla alcanza su máximo valor. Au-
menta la acumulación de tejido adiposo
en las mujeres y la masa muscular en los
varones. El crecimiento esquelético sigue
un esquema diferencial en ambos sexos,
la mayor anchura biacromial en los varo-
nes se determina por los andrógenos,
mientras que el contorno femenino con
mayor diámetro bitrocantéreo depende
de la acción de los estrógenos. En este
periodo se siguen desarrollando los ca-
racteres sexuales secundarios; crecen las
mamas y areolas, el vello púbico se oscu-
rece, se torna más áspero, se riza y se ex-
tiende proximal y lateralmente. En el
varón aumentan la longitud y grosor del
pene, crecen los testículos y se incremen-
ta la pigmentación del escroto, el vello
facial y axilar se extiende, y coincide con
la aparición del olor corporal, producto
del estímulo androgénico, es frecuente
que muchos varones sufran ginecomas-
tia. El momento álgido de la adolescen-
cia en la mujer es la menarquia, si bien
en la mayoría de las adolescentes de
nuestro medio se presenta a los 12-13
años aproximadamente, el momento de
su aparición está relacionado con otros
acontecimientos de la pubertad, se rela-
ciona estrechamente con el pico máximo
de la curva de aumento de peso y con la
fase de desaceleración de la curva de au-
mento de la talla e indudablemente está
determinada por los factores genéticos,
estado nutricional, la presencia de enfer-
medades médicas, etc. Desde el punto de
vista neurofisiológico con la disminución
del periodo de latencia del sueño puede
mantenerse la somnolencia diurna, señal
fisiológica que es malinterpretada por la
propia familia.3,4
Cambios psicosociales. Las interacciones con
la familia, el grupo de amigos y con la es-
cuela son similares a las de la etapa anterior.
Aumenta la importancia por la escuela y
por el grupo de amigos, empiezan a mani-
festarse las diferencias de sexos en las rela-
ciones grupales. Las necesidades de los
varones están dominadas por las necesida-
des de realización y autosuficiencia que se
consolidan a través del grupo. En el caso de
las mujeres preocupan más las relaciones
interpersonales y el sentimiento de amor
que se consolidan a través de las relaciones
de pareja. En las relaciones amistosas, las
mujeres valoran más la lealtad, el compro-
miso y la confidencialidad compartida.
Los grupos sociales suelen ampliarse y
aceptan miembros del sexo opuesto y co-
mienza la relación en pareja en diversas fa-
ses; suelen salir juntos sin mantener
contacto físico o se besan y se acarician
con la ropa puesta; en otra fase podrán to-
carse los pechos y genitales desnudos o
iniciar o mantener relaciones sexuales con
un compañero o con varios. Aunque exis-
ten diversas variaciones de expresión se-
xual, pocos llegan a la relación sexual; si se
llega a presentar, el riesgo de embarazos
no deseados y de enfermedades de trans-
misión sexual es elevado. En esta fase el
adolescente suele decidir su vocación y
planes futuros, empieza a asimilar los
efectos del desarrollo sexual y sus conse-
cuencias. Según Erikson, es el periodo de
la autoafirmación o del desarrollo de una
identidad propia, momento en que se
cristaliza la identidad sexual y se desarro-
lla el sentido de suficiencia sexual.
Fase final de la adolescencia
Cambios físicos. En la fase final del desarro-
llo de la adolescencia, el cuerpo va adqui-
riendo las proporciones y dimensiones
adultas. El crecimiento longitudinal es
observado, se completa el desarrollo de los
caracteres sexuales secundarios, el vello
púbico se extiende hacia la cara interna de
los muslos de ambos sexos, los genitales
del varón alcanzan su tamaño adulto, se
completa el tono de voz por acción de la
testosterona sobre el cartílago tiroides y cri-
coides, y de los músculos laríngeos, y la ca-
pacidad reproductiva, las mamas en la
mujer alcanzan su configuración adulta,
se adquiere la proporción adulta entre el
fondo uterino y el cérvix.
Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
466
Cambios psicosociales. En esta etapa los jó-
venes suelen tomas decisiones sobre su fu-
turo, la mayoría de las veces definitiva, la
rebeldía de las etapas anteriores suele sus-
tituirse por un giro gradual hacia la fami-
lia, en un plano completamente diferente.
Aunque continúan siendo moralistas y
con pensamiento absolutista, en esta etapa
suelen ser más abiertos al diálogo con los
padres. Empiezan a ser capaces de iniciar y
mantener relaciones íntimas y empáticas
con otras personas que sustituyen a las re-
laciones sexuales narcisistas y egoístas de
etapas previas. Sobrevaloran la lealtad, la
confianza y el apoyo de los amigos en las
crisis emocionales. Según Erikson la crisis
psicosocial del comienzo de la adolescen-
cia es una crisis de identidad, a finales de
la adolescencia es la necesidad de desarro-
llar la capacidad para intimar con otras
personas. Una vez que el individuo tiene
algo propio que ofrecer, ya es capaz de
compartirlo.9
Evolución de los intereses sexuales
El interés por la diferenciación sexual del
individuo, por la pertenencia a un grupo,
la curiosidad por la procreación y el naci-
miento, el interés por los juegos sexuales
consigo mismo o con otras personas y el
interés sexual por el sexo contrario, cam-
bian con la edad. Es evidente que el cono-
cimiento de los órganos sexuales es
función de la percepción propia o ajena o
de su manipulación. La función de los ór-
ganos es el resultado de un conocimiento,
y el valor que se le atribuye depende en
gran medida de la influencia del ambiente
que puede ser facilitador u obstaculizador.
La actividad autoerótica y masturbatoria
está inmersa en el desarrollo de la perso-
nalidad que a su vez contribuye a modifi-
carla. Los cambios se producen en
función del placer y de la actitud del am-
biente, provocada al revivir situaciones an-
teriores difíciles por la reorganización de la
vida adulta. El placer sexual es vivido y es-
perado, no por su relación con objetos
bien definidos, sino en relación con al-
go que hay que renovar. Posteriormen-
te, mediante sistemas más concretos, los
objetos de satisfacción se localizarán, se
valorarán y se definirán con mayor faci-
lidad, para convertirse en relaciones ob-
jetales y libidinales.
La masturbación en la pubertad puede
significar algo radicalmente diferente en-
tre una y otra persona, pero ya orientada
por las fantasías que la acompañan. La
elaboración de la fantasía se presentará en
el sentido de las representaciones hacia el
mismo sexo o el sexo contrario. Permitirá
o se imaginará a la persona amada. Más
que el resultado de una búsqueda de pla-
cer, la masturbación viene dada por un
conjunto de circunstancias externas. Fren-
te a este fenómeno el individuo responde
a una clara incapacidad para establecer re-
laciones sociales auténticas, dificultad pa-
ra comunicarse y presenta un conjunto de
rasgos displacenteros. En la adolescencia
la masturbación halla su último significa-
do en relación con las vivencias propias de
la edad, haciendo pensar en la plena situa-
ción afectiva y sexual característica de esta
fase del desarrollo.
El fenómeno de la masturbación se plan-
tea de diversos modos en el varón y la mu-
jer. La excitación sexual masculina lleva a
una erección y a una posterior eyacula-
ción manifiesta, innegablemente existe
una relación entre el estímulo y la reac-
ción genital. Mientras que en las mujeres,
no va seguida de un cambio genital visi-
ble, la complacencia y vanidad corporal,
la exhibición de determinadas zonas cor-
porales, como los pechos, son modos nar-
cisistas y exhibicionistas de obtener
satisfacción, que contribuyen a esperar el
momento de la expresión de amor sexual.
Pueden ser diversas las reacciones en la
mujer si se masturba en el momento en
que inicia su menstruación, la aparición
de ésta puede impulsar a la mujer a dejar de
masturbarse o, a la inversa, incitarla toda-
vía más. En estos casos, la angustia y cul-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
467
pabilidad relacionarán a la menstruación
con ideas de crueldad, dolor y castigo, y
pueden desencadenarse regresiones refe-
rentes a las diferencias anatómicas y pro-
blemas sexuales.
La homosexualidad en los adolescentes se
observa en condiciones más precisas y di-
ferentes a otras edades y se distinguen: los
varones que se sienten atraídos por su
mismo sexo y se extrañan de no interesar-
se por el sexo femenino, pueden inquie-
tarse o aceptarla, esta conducta suele ser
transitoria en esta etapa. Los adolescentes
llevados al psiquiatra por sus padres, ate-
rrados por la idea de que su hijo es homo-
sexual o corre el peligro de serlo, puede ser
un aspecto de desajuste de la personalidad
o de la conducta; cuando se expresa la ho-
mosexualidad, puede acompañarse de ob-
sesiones y compulsiones presentando un
rechazo o excesiva aceptación homose-
xual. Por otra parte, los cuadros psicóticos
del adolescente y específicamente en la es-
quizofrenia involucran una temática en
que la homosexualidad está presente.
Otro caso distinto es la homosexualidad
latente que podría estar presente en ado-
lescentes con rasgos pasivos, así como la
homosexualidad asociada al abuso sexual
en etapas previas a la pubertad. Existen
otros factores que intervienen en la con-
ducta homosexual; en niños que tienen
hipererotismo sexual temprano, las rela-
ciones homosexuales pueden ser impulsa-
das por la facilidad o el condicionamiento.
Por último, tanto niños como adolescentes
con rasgos antisociales pueden ser seduci-
dos por adultos y emplear la homosexua-
lidad por razones económicas.
La homosexualidad femenina tiene otras
características; al inicio de la pubertad
una niña puede sentir atracción por otra
niña, puede ser una elección amorosa
con alguien que se identifica o median-
te la cual satisface su amor a sí misma.
La relación suele ser inconsistente, pero
el acercamiento tiene contenido erótico.
Después de la pubertad las relaciones son
más complejas, puede ser una amistad su-
blimada, o expresar el erotismo y tener el
carácter sexual. Suelen formar pequeños
grupos en los que se asignan nombres
masculinos, las tendencias bisexuales pue-
den estar presentes e influidas razones psi-
cológicas; por ejemplo el miedo a la
heterosexualidad, sobreidentificación con
el padre o el hermano, etc. Como parte
del desarrollo sexual, en la adolescencia se
producen episodios homosexuales junto
con conductas heterosexuales, manifesta-
ciones que debemos considerar como re-
currencias de confusión y dificultad para
la diferenciación sexual. Indudablemen-
te la influencia del ambiente, específica-
mente la interacción de los padres con el
hijo, tiene importancia sobre la orienta-
ción sexual. El tipo de crianza en un am-
biente familiar sexualmente atípico puede
inducir a determinada elección sexual; los
mecanismos de seducción, psicopatología
relacionada con la sexualidad, o la estimu-
lación sexual temprana del niño, el miedo
de los padres a la homosexualidad, pasivi-
dad ante las conductas homosexuales, en-
trenamiento del desarrollo donde la
orientación no está claramente definida y
la educación afectiva en la familia.8
DESARROLLO PSICOSEXUAL
ANORMAL
El desarrollo anormal en la adolescencia
se enfocará sobre dos tipos de hechos: los
cambios sexuales por el funcionamiento
orgánico y las correspondientes patologías
y los trastornos de la identidad sexual.
Cambios sexuales por
el funcionamiento orgánico
Las alteraciones del desarrollo sexual de-
bido a una causa médica son la identifica-
ción de una alteración sexual considerada
que ha sido producida exclusivamente
por los efectos fisiológicos de una enfer-
medad médica. Son diversas las enferme-
dades que pueden producir trastornos
sexuales; enfermedades neurológicas (es-
Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
468
clerosis múltiple, lesiones medulares, neu-
ropatías, lesiones del lóbulo temporal), en-
fermedades endocrinas (diabetes mellitus,
hipotiroidismo, hiper o hipoadrenocostiso-
lismo, hiperprolactinemia, padecimientos
hipogonadales, alteraciones hipofisiarias),
enfermedades vasculares y genitourinarias
(trastornos testiculares, enfermedades ure-
trales, infecciones o lesiones de genitales
internos y externos.
La pubertad precoz se refiere a la pubertad
anterior a los ocho años en las niñas y a los
nueve a diez años en los varones. No dife-
rente de la pubertad normal sino por la
edad en que se sobreviene y cuyo estímulo
obviamente se origina en el centro regula-
dor hormonal en el sistema nervioso cen-
tral. En el varón muestra un desarrollo
simultáneo de pene y testículos, los niveles
hormonales hacen aparecer la excreción de
FSH con aumento moderado de 17-cetos-
teroides, aumento de las células de Leydig
y la descendencia de semen. La excesiva
producción de hormonas masculinas pro-
venientes de la corteza suprarrenal puede
regularizarse mediante tratamiento con es-
teroides. Las consecuencias psicosociales en
el varón si los cambios hormonales no son
significativos, regularmente son aceptados
sin mayores problemas; la fuerza y capaci-
dad atlética, así como la superioridad físi-
ca los hace sentir con mayor confianza y
seguridad. Contrario a lo que ocurre en el
desarrollo tardío, los jóvenes presentan sen-
timientos de inadecuación, dificultades pa-
ra socializar, comportamiento infantilizado
y sentimientos de inseguridad.
En las mujeres suele distinguirse la eviden-
cia de pubertad precoz, no hay signos viri-
lizantes, como suelen darse en falsas
pubertades precoces de origen suprarrenal
y por la presencia de tumores ováricos. La
acción de los estrógenos permitirá el desa-
rrollo prematuro de los caracteres sexuales
secundarios. En ambos sexos el diagnósti-
co diferencial debe hacerse con tumores
secretores de hormonas gonadotropinas;
corioepitelioma, teratoma o hematoma.
Las consecuencias psicosociales en la mu-
jer suelen ser diversas, la precocidad no es
bien aceptada, pueden ocultar signos ex-
ternos visibles, presentan miedo de llamar
la atención, debido a su crecimiento ace-
lerado surge el temor de engordar y fre-
cuentemente se sienten presionadas por
varones mayores. Algo distinto ocurre con
la maduración tardía, tienen menos pro-
blemas emocionales y regularmente su de-
sarrollo está al mismo nivel que los varones
con desarrollo psicosexual normal.
Investigaciones sobre el efecto de la epi-
lepsia y los fármacos antiepilépticos en los
aspectos físicos y hormonales del desarro-
llo sexual de los pacientes masculinos con
epilepsia, han reportado que los valores
medios del volumen testicular y de la lon-
gitud del pene son menores en los pacien-
tes en los diversos subgrupos de edad, y el
vello púbico apareció tardíamente en los
pacientes.14
Los valores medios de los ni-
veles de la testosterona, del estradiol, hor-
mona luteinizante (LH) y de hormona
foliculoestimulante (FSH) eran percepti-
blemente más altos, los autores conclu-
yen que la reducción en el volumen
testicular y la longitud del pene, los valo-
res medios perceptiblemente más bajos
de la testosterona libre en los pacientes
que recibían politerapia en el subgrupo
de adolescentes tardíos, fueron más signi-
ficativos que en quienes recibieron mo-
noterapia; sin embargo, hay retraso en el
desarrollo sexual de los pacientes mascu-
linos con epilepsia. Pacientes con enfer-
medad de Crohn han demostrado un
retardo en la maduración sexual.15
Desde la perspectiva de la sexualidad, se
han investigado los pensamientos, sensa-
ciones, desarrollo físico y la identidad, el
impacto de la hemofilia, que influye en las
diversas etapas del desarrollo físico y psi-
cosexual, con ideas falsas sobre la sexuali-
dad y preocupaciones únicas en esta
población que incluyen incapacidad físi-
ca, preocupación por el VIH, efectos se-
cundarios de la medicación y otras
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
469
complicaciones. Las estrategias para la
discusión, comunicación, esclarecimiento
sobre el desarrollo normal e intervencio-
nes sobre la educación sexual sobre tópi-
cos específicos son necesarias en este
grupo de pacientes.16
Investigaciones sobre las conductas sexua-
les en el autismo y otros trastornos genera-
lizados del desarrollo sugieren una
variedad de expresiones del comporta-
miento. Sin embargo, el curso del desa-
rrollo sexual en autismo es desconocido,
lo que plantea preguntas sobre la norma-
lidad de comportamientos específicos.
Incluso menos se sabe sobre desviaciones
del desarrollo sexual y de la incidencia de
parafilias en esta población. Pueden pre-
sentarse los comportamientos hipersexua-
les que usualmente pueden suprimirse
con medicación que modula los impulsos.
Debido a la falta de programas educativos
específicos y terapias conductuales, en al-
gunos países usan antiandrógeno inyecta-
ble, el leuprolide; los resultados de estos
ensayos aún se discuten.13
Trastornos sexuales inducidos por
sustancias de prescripción o de abuso
Es un grupo de trastornos sexuales secun-
darios, se observan con mayor frecuencia
en adolescentes mayores y adultos. Con-
siste en una alteración clínica que provoca
malestar o dificultad en las relaciones in-
terpersonales. Según la sustancia consu-
mida, el trastorno puede alterar el deseo y
excitación sexual, el orgasmo o producir
dolor. Generalmente son debidos a los
efectos fisiológicos del alcohol, sustancias
con acción estimulante (anfetaminas, co-
caína), sedantes, hipnóticos, ansiolíticos,
antidepresivos, antihipertensivos, neuro-
lépticos, esteroides anabólicos, antiepilép-
ticos, entre otros. La intoxicación aguda o
el abuso crónico de las sustancias, dismi-
nuye el interés por el sexo, pueden apare-
cer trastornos de la excitación y los
trastornos del orgasmo más frecuente en
varones. Las alteraciones sexuales induci-
das por sustancias se diferencian de los
trastornos primarios por el hecho de que
los síntomas se explican por los efectos di-
rectos de alguna sustancia.1-3
Anormalidades genéticas
La exposición de hembras a exceso de an-
drógenos como resultado de la hiperpla-
sia suprarrenal congénita causa un grado
variable de virilización de los órganos
genitales externos. La identidad del gé-
nero en tales individuos es generalmente
femenina incluso en mujeres virilizadas
y a pesar del hecho de los cambios del
comportamiento. Las mujeres con hiper-
plasia suprarrenal congénita tienen com-
portamiento del género masculino, pero
éste ocurre generalmente en mujeres se-
riamente virilizadas debido al retraso en
el diagnóstico, corrección quirúrgica o
que se retrasaron con la terapia con glu-
cocorticoides.
Los niños expuestos a estrógenos exóge-
nos o progestágenos durante la gestación
tienen fenotipos masculinos o femeninos
apropiados; en general, tales agentes tie-
nen solamente efectos de menor impor-
tancia en comportamiento sexual dimorfo
y no influyen sobre la identidad conduc-
tual de género.
Los hermafroditas verdaderos tienen tes-
tículos y ovarios, los pueden tener el va-
rón, la hembra, o presentar fenotipos
ambiguos. En tales individuos, el com-
portamiento del papel del género co-
rresponde generalmente al sexo de
asignación, aunque muchos de ellos tie-
nen características sexuales secundarias
anómalas. Las mujeres con disgenesia
gonadal tienen fenotipos femeninos y
comportamiento femenino del papel de
la identidad de género. Puesto que tales
mujeres tienen deficiencia de estrógeno,
se ha deducido que el estrógeno ovárico
desempeña en el mejor de los casos un pa-
pel de menor importancia en la evolución
de la identidad femenina del género.
Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
470
La mayoría de los individuos con el sín-
drome de Klinefelter tienen fenotipo
masculino, comportamiento masculino
del papel del género, lo que sugiere que
los estrógenos no desempeñan ningún pa-
pel de continuación en la identidad de gé-
nero después de la época de la pubertad
prevista, presentan ginecomastia y signos
de hiperandrogenismo, genitales peque-
ños, duros e insensibles.16
El síndrome de Turner es un síndrome de
agenesia ovárica o disgenesia gonadal. Se
caracteriza por apariencia femenina, baja
estatura, y múltiples anomalías somáticas,
la más característica es el cuello palmeado.
Falta de caracteres sexuales en la pubertad,
falta de menstruación, genitales externos
inmaduros, falta de desarrollo mamario,
pilosidad de pubis tardía. Algunos pacien-
tes cursan con deficiencia mental, en
otros casos su CI es superior, con retraso o
debilitación en el desarrollo social y se-
xual, los trastornos mentales específicos
son ajenos al síndrome.
La criptorquidia es una anomalía bastante
frecuente, aun contando con que se suele
corregir por sí sola en el primer año de vi-
da. Al margen de consideraciones psicológi-
cas, con el objeto de aplicar un tratamiento
quirúrgico temprano, los testículos ectópi-
cos sufren cambios degenerativos que llevan
a la esterilidad una vez pasados los cinco
años, además de ir acompañados de una
hernia inguinal, y tras la pubertad, es mu-
cho más frecuente una degeneración malig-
na testicular. Los padres y sus hijos dan gran
importancia al desarrollo testicular y del es-
croto, a su papel en el desarrollo afectivo y
específicamente lo concerniente al desarro-
llo de la identificación sexual. Estudios han
informado ansiedad, depresión y pasividad
en este grupo de pacientes.
Las mujeres XY con la resistencia profun-
da del andrógeno debido a las mutaciones
del receptor del andrógeno desarrollan un
fenotipo femenino y un comportamiento
femenino inequívoco. La identidad de gé-
nero y su comportamiento corresponden
con el desarrollo anatómico predominan-
te y por lo tanto con el entorno hormonal
prenatal. Esta conformidad puede susten-
tar las perturbaciones que incluyen los pa-
trones contradictorios en los cuales las
mujeres virilizadas o los varones feminiza-
dos durante la adolescencia presentan un
desarrollo incompleto de las característi-
cas sexuales secundarias en la pubertad.11
Las hormonas testiculares podrían ser de-
terminantes importantes de la identidad
conductual del género, puesto que tam-
bién controlan el desarrollo de la identi-
dad externa de los órganos genitales (y por
lo tanto la asignación del sexo y el sexo
anatómico estaría casi invariablemente
igual en este grupo de pacientes). En tal
sentido, es difícil o virtualmente imposi-
ble en la mayoría de los estudios sobre
trastornos del intersexo, comprobar el
grado en el cual los factores psicosociales
y los determinantes endocrinos contribu-
yen a este desarrollo; porque la influencia
de los factores psicosociales corresponde
casi siempre con los factores anatómicos y
endocrinos.
El comportamiento del papel del género
en individuos con pseudohermafroditismo
masculino con el desarrollo sexual anormal
experimentan un rechazo en comporta-
miento del papel del género (y rechazo en
identidad del género) en una cierta edad
después de que la identidad del género se
considera generalmente fija e irreversible.
La mayoría de tales individuos son mascu-
linos y cursan con falta de virilización de
los órganos genitales externos y quienes
probablemente les asignaron el sexo feme-
nino desde el nacimiento. A lo largo del
tiempo la asignación del sexo resulta en es-
tigmatización debido a las anomalías ana-
tómicas. El cambio en comportamiento
del papel del género es generalmente de
mujer a varón.
Los cambios en el comportamiento en el
pseudohermafroditismo femenino del papel
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
471
de género es de varón a mujer; se trata de
sujetos provistos de gónadas femeninas,
frecuentemente funcionales, cuyo sexo
cromosómico y de los órganos genitales
internos son generalmente femeninos, pe-
ro cuyos genitales externos han sufrido
una masculinización en el proceso de la
vida fetal.12
Individuos con un trastorno del intersexo
a lo largo del tiempo de la asignación del
sexo claramente resulta en estigmatización
debido a sus anormalidades anatómicas.
Sin embargo, la ambigüedad de los órga-
nos genitales no puede ser la causa única
de cambios en comportamiento del papel
del género. Acuden generalmente a la
atención médica debido a la virilización
en la pubertad o debido a falta de mens-
truación. En la evaluación endocrina se
encuentran niveles bajos de la testostero-
na (para los hombres) y niveles variables
del estrógeno.
Los pacientes con mielomeningocele (de-
formidad toracolumbar) cursan con desa-
rrollo cognoscitivo normal y más que
presentar perturbaciones psicosexuales,
presentan psicopatologías afectivas asocia-
das que de alguna manera alteran el funcio-
namiento psicosexual. La adaptación
psicológica de adolescentes al desarrollo fí-
sico y sexual se refiere a la experiencia cor-
poral entera. Los estudios demuestran que
ante problemas como esta deformidad físi-
ca, el desarrollo psíquico puede beneficiar-
se con tratamiento psicológico.11
Disfunciones sexuales
Las disfunciones sexuales se caracterizan
por una alteración del deseo sexual, por
cambios psicofisiológicos en el ciclo de la
respuesta sexual y por la provocación de
malestar y problemas interpersonales. In-
cluyen los trastornos del deseo sexual,
aversión al sexo, trastornos de excitación
sexual en la mujer y de erección en el va-
rón, trastornos del orgasmo, trastornos se-
xuales por dolor y disfunciones debidas a
enfermedades médicas o inducidas por
sustancias.
Las parafilias se caracterizan por impulsos se-
xuales intensos y recurrentes, fantasías o
comportamientos que implican objetos, ac-
tividades o situaciones poco habituales. Estos
trastornos provocan malestar clínicamente
significativo o deterioro social, laboral, esco-
lar o de otras áreas importantes de la activi-
dad del individuo. Las parafilias incluyen:
exhibicionismo, fetichismo, frotteurismo,
paidofilia, masoquismo, sadismo, fetichismo
transvestista y voyeurismo. Estos trastornos
no son incluidos en las alteraciones del desa-
rrollo en los menores de edad.1-3
Trastorno de identidad sexual
en los adolescentes
En niños o púberes se manifiesta por una
marcada preocupación por actividades fe-
meninas tradicionales y una atracción
fuerte hacia juegos y pasatiempos típicos
del sexo contrario. Los adolescentes ex-
presan una identificación persistente e in-
tensa con el otro sexo, lo cual constituye
el deseo de ser o la insistencia de que es
del otro sexo. Se manifiesta malestar per-
sistente por el sexo asignado, o senti-
mientos de inadecuación sobre el papel
que desempeña de su sexo. El inicio de las
actividades e intereses por el otro sexo se
presenta generalmente entre los dos y
cuatro años de edad, sólo un pequeño
número de niños continuará en etapas
posteriores de la adolescencia tardía y la
adultez. El diagnóstico debe establecerse
en ausencia de enfermedad intersexual,
presentar malestar clínicamente significa-
tivo o deterioro social, escolar, laboral o
de otras áreas importantes de la actividad
del individuo. La prevalencia se estima
entre uno de cada 30,000 varones y una
de cada 100,000 mujeres en población
adulta; en menores de edad no existen re-
gistros. Debe diferenciarse de los amane-
ramientos propios del comportamiento
de inconformidad con el papel del propio
sexo, que es frecuente en los niños.1
Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
472
CONCLUSIÓN
Las diversas líneas de investigación sobre el
desarrollo psicosexual y sus alteraciones
nos permiten formular afirmaciones con-
sistentes sobre la importancia de los diver-
sos factores implícitos y explícitos del
desarrollo psicosexual. Desde el nacimien-
to los genitales del niño son los principales
determinantes para ser considerado niño o
niña. En la siguiente etapa, el sexo de asig-
nación y la educación familiar y social son
los principales determinantes de la identi-
dad de género, que ocurre alrededor de los
tres a cuatro años; sin embargo, pudiera
permanecer indeterminada y puede cam-
biar bajo circunstancias específicas, tal po-
dría ser la conducta sexual tipo (con la que
el niño se comporta de una manera espe-
rada, se sentirá identificado con ese sexo,
lo que viene a reforzar la identidad genéri-
ca o puede ser presionado hacia el com-
portamiento opuesto). Las influencias
parentales y psicosociales que refuerzan las
conductas sexuales y el desarrollo de carac-
terísticas específicas de la pubertad, dan
lugar a ciertos cambios de actitud.
Las hormonas sexuales masculinas y feme-
ninas juegan un rol importante para el de-
sarrollo de las conductas sexuales tipo y en
el impulso sexual, sin embargo el rol se-
xual se ve influenciado por el entorno am-
biental y las normas culturales. También
se constituye por los propios atributos y
percepciones tanto del aspecto físico co-
mo de la identidad de género.
En cuanto a las anomalías del desarrollo
psicosexual; más que para entender el de-
sarrollo normal se enfoca nuestro interés
al conocimiento del funcionamiento en
condiciones especiales, como en las mal-
formaciones genéticas, cromosomopatías,
enfermedades médicas que aparecen en el
progreso del desarrollo, consumo de sustan-
cias de prescripción o de abuso y los trastor-
nos de identidad que aparecen a temprana
edad. Este grupo de trastornos requiere in-
tervenciones multidisciplinarias.
Las experiencias sexuales y sociales parecen
tener mayor influencia sobre las diferen-
cias individuales de intereses y actividades
sexuales.
Finalmente hay que destacar que el desa-
rrollo psicosexual está estrechamente liga-
do al desarrollo social y emocional, los
problemas interpersonales o la ansiedad
social pueden o no, tener consecuencias
psicosexuales. ■
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
473
L
a etapa de adolescencia típicamente
genera más confusión que la etapa
de la infancia y adultez. Arnett1
confirma las áreas de confusión en la ado-
lescencia: problemas afectivos, conductas
de riesgo y conflictos con los padres.
Aunque hay grandes diferencias en estas
áreas entre los jóvenes, el hecho de la pro-
blemática afectiva y el incremento de la
conducta de riesgo no son atípicas duran-
te este periodo del desarrollo; sugiere que
las conductas asociadas con formas psico-
patológicas de internalización y externali-
zación están en aumento. Así, el límite
entre lo normal y lo psicopatológico o
anormal, llega a ser menos claro.
Los temas involucrados en la psicopatolo-
gía del desarrollo en el adolescente inclu-
yen el uso de modelos interdisciplinarios
del desarrollo, temas relacionados a la
continuidad y discontinuidad del proceso
a lo largo de la vida, los límites y enlaces
entre lo normal y anormal, adaptación o
funcionamiento patológico, la transición
que ocurre entre el ambiente y caracterís-
ticas personales, los procesos asociados
con el riesgo y resiliencia, y la integración
de investigaciones básicas desde la preven-
ción e intervención oportuna.
La Psicopatología del desarrollo considera
los conceptos de la inadaptación y los
trastornos inherentes al individuo, dentro
de un marco conceptual en la relación di-
námica entre el individuo y los contextos
interno y externo.
Más que el defender una teoría singular
que explicara para todo un fenómeno del
desarrollo, la psicopatología del desarrollo
se esfuerza para integrar el conocimiento a
través de disciplinas científicas en múlti-
ples niveles de análisis y dominios. Ade-
más aborda no solamente ciertas diferen-
cias en la manifestación de los síntomas
en diversos periodos del desarrollo, sino el
grado en que estos convergen y divergen
en el contexto de la organización biológi-
ca, psicológica y social, y cómo están rela-
cionados con síntomas y síndromes.
Una aproximación del desarrollo, requiere
que un tema o asunto de interés sea con-
ceptualizado en términos de cómo estaría
manifestado en un punto de vista de las
capacidades del desarrollo particular y lo-
gros del periodo del desarrollo adolescen-
te, por ejemplo la capacidad cognitiva y
emocional que debe de contener a un
adolescente con un evento traumático y lo
que éste significa ante la edad.
De este modo, las consideraciones a las ca-
pacidades del individuo, enlazadas con otros
dominios psicológicos y biológicos, son
esenciales para entender las expresiones de
alguna alteración durante el periodo de este
proceso de la adolescencia o para los proce-
sos durante algún periodo del desarrollo.
Un análisis del desarrollo también requie-
re que el funcionamiento actual del ado-
lescente sea considerado dentro del
contexto de cómo esos niveles de funcio-
namiento son transformados sobre el cur-
so del desarrollo. Las influencias distantes
y su relación dinámica a causas proxima-
les, necesitan ser delineadas (ibíd).
Un análisis del desarrollo también beneficia
no únicamente el conocimiento de la pro-
gresión de experiencias prioritarias a la ado-
lescencia, sino también el conocimiento de
las trayectorias subsecuentes del desarrollo
de individuos hacia la adultez. Pueden exis-
tir diferentes modelos adaptativos en la
adultez. De este modo, la adaptación a lo
largo de la vida es trascendental.
Desarrollo de la psicopatología
en la adolescencia
Los temas involucrados
en la psicopatología del
desarrollo en el
adolescente incluyen
el uso de modelos
interdisciplinarios del
desarrollo, temas
relacionados a la
continuidad y
discontinuidad del
proceso a lo largo de la
vida, los límites y
enlaces entre lo normal
y anormal, adaptación
o funcionamiento
patológico, la transición
que ocurre entre el
ambiente y características
personales, los procesos
asociados con el riesgo
y resiliencia, y la
integración de
investigaciones básicas
desde la prevención e
intervención oportuna.
474
La investigación del funcionamiento psi-
copatológico durante la adolescencia no
únicamente provee información de pará-
metros y origen de un trastorno durante
el periodo específico del desarrollo, tam-
bién significados de comparación y con-
traste a través del curso de la vida, ofrece
un "darse cuenta" dentro de las variacio-
nes potenciales en procesos causales que
pueden operar dependiendo de cuándo se
presenta un trastorno; por ejemplo se tie-
ne evidencia que los trastornos depresivos
en la adolescencia e infancia pueden ser
influenciables por factores genéticos y psi-
cosociales. Ambos trastornos incrementan
el riesgo para las subsecuentes depresiones
en la adultez.
Estudios longitudinales clínicos y un estu-
dio en la comunidad citado por Birmaher2
refiere que en los niños con depresión ma-
yor se incrementaron los riesgos de padecer-
la en la adolescencia. El promedio de
duración del episodio depresivo en niños
fue de ocho a 13 meses, y de 50 a 90% de
los niños con trastorno depresivo mayor tu-
vo franca recuperación. Treinta por ciento
de estos niños experimentaron una recaí-
da, y 24 a 70 meses después se recupera-
ron completamente de su problema.
Todos los estudios mostraron que el tras-
torno depresivo mayor en la infancia está
asociado con mayor riesgo de suicidio,
problemas conductuales, abuso de sustan-
cias, y problemas sociales, académicos y
familiares. El trastorno depresivo en ado-
lescentes fue asociado con morbilidad psi-
quiátrica (abuso de sustancias, trastornos
de personalidad) y psicosocial (pobre ren-
dimiento escolar, intentos de suicidio);
aquellos adolescentes que experimentaron
dos o más episodios con depresión mayor
mostraron significativamente aumento en
la morbilidad psicosocial y se incrementó
el riesgo de recurrencias para suicidio, así
como otros problemas psiquiátricos del de-
sarrollo como abuso de sustancias.
Estos resultados sugieren que los estresores
psicosociales juegan un papel muy impor-
tante en el inicio de la depresión en la in-
fancia, comparado con el inicio de la de-
presión en la adolescencia, por lo que se
subraya la necesidad primordial de aten-
ción, ya que pueden contribuir a la psico-
patología durante diferentes periodos del
desarrollo.
Aplicar el conocimiento del desarrollo
del adolescente normal para el estudio de
la psicopatología, es decisivo para deli-
near en qué proceso del desarrollo se han
vertido en forma dispar aquellas mani-
festaciones de un trastorno; incluso an-
tes de la emergencia del trastorno
psicopatológico ciertos caminos señalan
o suponen compromisos adaptativos o
fallas en el desarrollo normal, que pro-
nostican psicopatología comórbida, por
ejemplo niños con temperamento difí-
cil, con inhibición conductual, niños
que han desarrollado un vínculo ansioso
y manejado una alta separación de ansie-
dad en lo primeros años de vida, pueden
consecuentemente desarrollar una pers-
pectiva de impotencia en consideración
a cambios sociales. Estos niños pueden
contribuir a la gran ansiedad que han
experimentado, y desarrollar obsesiones,
compulsiones y trastornos agregados que
se presentan.
Los psicopatólogos del desarrollo están
interesados en descubrir caminos a la
adaptación competente a pesar de la ex-
posición a condiciones de adversidad, por
ejemplo Masten3
encontró en una inves-
tigación longitudinal de los caminos a la
resiliencia e inadaptación de niños y ado-
lescentes, que muchos adolescentes gra-
cias a ciertos recursos parentales y un
buen funcionamiento intelectual fueron
asociados con resultados positivos a través
de la variable del dominio de competen-
cia, aun estando en un contexto de adver-
sidad importante.
La resiliencia es la capacidad de superar la
adversidad y salir fortalecido de ella, se ha
demostrado que en niños y adolescentes
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
475
expuestos a los mismos factores de riesgo,
reaccionan de manera diferente, unos pue-
den presentar problemas psicosociales y
otros superan éste obstáculo. Tagle4
define
a resiliencia como la capacidad de estos
adolescentes de resistir a la adversidad, y
convivir con los factores de riesgo sin invo-
lucrarse en los problemas, y salir airosos
ante éstos, lo que se asocia a su vez con un
buen ajuste y una adecuada salud mental,
así como se relaciona con factores de ries-
go y factores protectores.
Los factores con probabilidad de mayor
riesgo, especialmente si se originan en la
misma familia, serían: desacuerdos graves
en la familia, nivel socioeconómico bajo,
hacinamiento y familia numerosa, crimi-
nalidad paterna, trastorno psiquiátrico ma-
terno e institucionalización de los hijos;
Otros autores señalan la excesiva ansiedad
materna, rigidez en las actitudes, creencias
o valores de la madre con respecto al desa-
rrollo del niño, déficit en el rol de la madre
que dificulta la interacción con su hijo,
educación materna mínima, poco apoyo
familiar y eventos estresantes en la familia.
Es imprescindible mencionar algunos de
los factores de riesgo que pueden provo-
car trastornos del desarrollo psicosocial,
como las patologías médicas, abuso de
sustancias, alcoholismo, trastornos men-
tales, fracaso escolar, desempleo, desajus-
tes sociales, y el principal factor de riesgo
aislado: la pobreza, con riesgo al acceso li-
mitado a la salud y educación, con mayor
exposición a peligros ambientales, posibili-
dades limitadas de empleo, y otros (ibíd).
Los factores individuales de alto riesgo tie-
nen que ver con el temperamento, la so-
ciabilidad, la actividad, la inteligencia, y la
competencia en habilidades. Los factores
familiares también dependen de la calidad
de los lazos afectivos y situaciones de es-
trés que promueven o no el apoyo emo-
cional familiar. Así también influyen los
factores de apoyo externos de escuela, tra-
bajo o instituciones laborales diversas.
Cuando existen estos apoyos, se fortalece
y reconforta al niño y adolescente, éstos
son ya factores protectores.
Retomando más de los factores protecto-
res dentro del ámbito del adolescente, se
pueden mencionar, la comunicación con
sus familiares, amigos, compañeros, la re-
creación de las madres para ocupar un rol
determinado y constante, así como la au-
toestima del adolescente. Padres y tutores
que favorecen la independencia, fomen-
tan reglas, límites y enseñan a adquirir
responsabilidades en sus diversas tareas
cotidianas, con base en un sentimiento de
confianza, y un mensaje claro y constante
con el ejemplo, que la adversidad se pue-
de superar (ibíd).
Es de vital importancia hacer mención de
un buen vínculo que debe de establecerse
entre los padres y su hijo, el cual está da-
do por la identificación, el favorecer la in-
ternalización de los valores paternos, la
calidez familiar, el fomento de una buena
autoestima, así como la actitud de los pa-
dres ante cualquier situación reactiva que
se presente.
La actitud y percepción del adolescente
ante cualquier reacción ambiental o pro-
blemática, tiene que ver además con la
impresión subjetiva que le da el joven, con
el significado que ofrece para él. Así, el ni-
ño y el adolescente, es desafiado a crear
fortalezas o resiliencias, lo que llamamos
el modelo de desafío (ibíd).
Wolin y Wolin5
proponen siete cualidades
protectoras que todo individuo puede te-
ner: insight, independencia, interacción,
iniciativa, creatividad, humor y moralidad.
Estas cualidades, fungirán como protecto-
res en conjunto para una persona, ante
adversidades del medio, por lo que el ado-
lescente será capaz de desarrollarlas para
enfrentar las adversidades con mejores ele-
mentos y tendrá mayores probabilidades
de salir airoso de éstas.
Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia
La resiliencia es la
capacidad de superar
la adversidad y salir
fortalecido de ella, se ha
demostrado que en niños
y adolescentes expuestos
a los mismos factores de
riesgo, reaccionan de
manera diferente, unos
pueden presentar
problemas psicosociales
y otros superan éste
obstáculo.
Los factores con
probabilidad de mayor
riesgo, especialmente si
se originan en la misma
familia, serían:
desacuerdos graves en
la familia, nivel
socioeconómico bajo,
hacinamiento y familia
numerosa, criminalidad
paterna, trastorno
psiquiátrico materno e
institucionalización de
los hijos.
Los factores individuales
de alto riesgo tienen que
ver con el temperamento,
la sociabilidad, la
actividad, la inteligencia,
y la competencia en
habilidades.
476
Desde el punto de vista de la personali-
dad, podríamos referirnos a aquellos atri-
butos de carácter y temperamento que
nos hacen ser lo que somos y diferentes de
otros. Estas características de personalidad
de un individuo, pueden ser influidas por
el aprendizaje, las experiencias y las enfer-
medades. Por ello es imprescindible tener
siempre presente cualquier vicisitud que
ocurra en los ámbitos biológico, sociocul-
tural y psicológico, y abordarlos partiendo
de las etapas normales del desarrollo.
El temperamento es un estilo individual de
comportamiento para responder y hacer
frente a los estímulos.
Chess and Thomas6
han definido nueve
categorías de temperamento que son: ni-
vel de actividad, ritmicidad, aproxima-
ción-retirada, adaptabilidad, intensidad
de reacción, cualidad del humor, umbral
sensitivo, distractibilidad y persistencia
de la atención. Se tienen tres tipos de
constelaciones del temperamento, el fácil,
difícil, y lento para entrar en confianza.
Buss & Plomin7
proponen cuatro factores
independientes del temperamento: emo-
cionalidad, actividad, sociabilidad e im-
pulsividad.
Cloninger8
ha propuesto una teoría bio-
psicosocial de temperamento y desarrollo
de la personalidad, este modelo concep-
tualiza la personalidad como una combi-
nación de heredabilidad, rasgos básicos
neurobiológicos (dimensiones del tempe-
ramento) y aprendizaje sociocultural.
Por otro lado, Costa & McCrae9
proponen
cinco dimensiones de la personalidad refe-
ridas como sinceridad, conciencia, extro-
versión, afabilidad y estabilidad emocional,
apropiadas para los adultos; sin embargo
dos más pueden integrarse dentro de estos
factores en el curso de la adolescencia y
son: irritabilidad y actividad.
Diversos estudios en adolescentes han
demostrado evidencia por tres tipos de
personalidad clasificados como: resilien-
tes, sobrecontrolados y subcontrolados.10
Los tipos de personalidad resilientes de-
muestran efectiva funcionalidad en su vi-
da cotidiana.
Evidencias sugieren que en los adolescen-
tes, la sensación de autoeficacia y la creen-
cia en que se puede contender con los
cambios de estilo de vida, pueden ser más
importantes que una sensación general de
bienestar. Diversos estudios han demos-
trado que los factores y efectos protectores
de un estilo positivo, aplicados en la pla-
neación, son una reflexión, una sensación
de poder controlar lo que le ocurre.
Un estilo de contención activa es proba-
blemente de vital trascendencia,11
enten-
diendo como contención la capacidad de
padres o tutores de dar apoyo verdadero,
involucrando el compromiso con afecto
positivo, lo que reforzará la idea en el ado-
lescente de que es querido, aceptado y
juega un papel importante, del que se es-
pera lo mejor de él.
Alsaker12
señala que es de suma importancia
el impacto que puede tener el desarrollo pu-
beral durante la temprana adolescencia y
el rol de esta maduración en el ajuste psi-
cológico. Recordemos que la maduración
puberal está caracterizada por dos cam-
bios importantes: incremento de las hor-
monas sexuales y cambios físicos. Es
esencial tener en cuenta en el proceso del
desarrollo del adolescente, el impacto po-
sible de estos cambios y relacionarlos con
la socialización, para entender los diferen-
tes tipos de reacciones que se pudieran ob-
servar en estos jóvenes.
Para el clínico resulta valioso no perder de
vista los cambios puberales y ajustes psi-
cosociales que involucran de manera im-
portante la imagen corporal, sentimientos
al respecto, problemas de internalización
y externalización que en esta etapa reto-
man un valor importante para la evalua-
ción del adolescente.
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
Recordemos que la
maduración puberal
está caracterizada por
dos cambios importantes:
incremento de las
hormonas sexuales y
cambios físicos. Es
esencial tener en cuenta
en el proceso del
desarrollo del adolescente,
el impacto posible de estos
cambios y relacionarlos
con la socialización,
para entender los
diferentes tipos de
reacciones que se pudie-
ran observar en estos
jóvenes.
477
Hay dos prerrequisitos que entran en jue-
go como factores que pueden influir en el
proceso de socialización en el adolescente,
el primero son las normas y los roles que
se establecen en la familia, comunidad, es-
cuela y el segundo, los agentes que forta-
lecen la socialización.
Las tareas del desarrollo en términos del
proceso puberal cobran importancia con
respecto a lo real y lo percibido por ellos
mismos, es decir, los jóvenes pueden di-
ferir en:
1. La percepción de su propia madura-
ción puberal.
2. La interpretación que le dan a los
cambios que suceden en ellos.
3. El tipo de expectativas y actitudes que
tienen al respecto.
4. Cómo manejan usualmente las tareas
y cambios de su propio desarrollo.
Los conceptos centrales en este punto de
vista son la percepción, interpretación y
redefinición de las tareas del proceso pu-
beral de la adolescencia (ibíd).
Las diferencias en las características del
proceso adaptativo de la adolescencia tie-
nen que ver con la calidad de la organiza-
ción previa del desarrollo y la interacción
con los procesos de riesgo y protectores
del joven.
La calidad de organización en la competen-
cia del desarrollo que los adolescentes lle-
gan a alcanzar, se debe probablemente a la
forma como influyen sus interpretaciones y
respuestas ante los riesgos a los que están
expuestos en todo momento y el esfuerzo
que hacen para alcanzar una autonomía
psicológica, misma que implica ser autóno-
mos emocionalmente de la dependencia
que se tenía con los padres, ser autónomos
en sus conductas para funcionar de forma
independiente y autonomía de autorresi-
liencia (enfrentar y salir avante a las adver-
sidades), así como cognitiva, que involucra
la toma de decisiones. Estos tipos de auto-
nomía se pueden fortalecer mediante la re-
lación positiva con los padres.
Los adolescentes pueden reaccionar con
mayor intensidad ante los periodos de
transición (como cambios de escuela, si-
tuaciones familiares, etc.) por lo que su
sensibilidad ante experiencias estresoras
puede ser exacerbada; además el impacto
de la transición sobre las capacidades
adaptativas, es decir los cambios a los que
se está enfrentando, pueden influir fuerte-
mente su capacidad de adaptación, lo cual
dependerá del grado de embate entre sus
necesidades y el contexto en el que se dé.
Así, la evolución del cambio puede tener
un impacto significativo sobre el curso del
desarrollo y ser un punto crítico para la
secuencia limitada o total del desarrollo
del adolescente.
Rodríguez15
refiere que es de relevancia
entender y explorar las vicisitudes y ma-
nifestaciones propias del síntoma, de vi-
tal importancia que el clínico conozca la
teoría y desarrollo de la adolescencia, el
conocimiento de cierta conducta del
adolescente en determinadas condicio-
nes; recordemos que la adolescencia co-
mo proceso de individuación, es única y
diferente en cada adolescente, es un pro-
ceso del desarrollo que construye e integra
un concepto de sí mismo, una identidad,
un proceso biológico de su sexualidad; en
el contexto grupal, social, familiar, que si-
gue un patrón a la especie, pero también
idiosincrásico del individuo, de expansión
y desarrollo intelectual, de experiencia
académica, de búsqueda de valores, idea-
les propios y la aceptación de la persona
en concordancia con dichos ideales.
Thompson16
manifiesta que para entender
el proceso biológico normal durante la
adolescencia, deberemos conocer tanto la
maduración neurológica global continua,
como la corteza prefrontal y la sobrepro-
Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia
Los adolescentes pueden
reaccionar con mayor
intensidad ante los
periodos de transición
(como cambios de escuela,
situaciones familiares,
etc.) por lo que su
sensibilidad ante
experiencias estresoras
puede ser exacerbada;
además el impacto de la
transición sobre las
capacidades adaptativas,
es decir los cambios a
los que se está
enfrentando, pueden
influir fuertemente su
capacidad de adaptación,
lo cual dependerá del
grado de embate entre
sus necesidades y el
contexto en el que se dé.
478
ducción de materia gris previo a la puber-
tad; debemos prever valiosos discernimien-
tos dentro de los mecanismos que
acontecen en la psicopatología, como la in-
fluencia del lóbulo frontal sobre la adoles-
cencia, al hablar del centro de las funciones
ejecutivas como el razonamiento, control
de impulsos y planeación. Por ejemplo, en
el inicio de la esquizofrenia en la infancia,
las imágenes de resonancia magnética han
revelado que hay cuatro veces más materia
gris perdida en el lóbulo frontal de lo ocu-
rre en la normalidad.18
En pacientes con
esquizofrenia temprana, la reducción pro-
gresa durante la adolescencia.
La corteza prefrontal es la más inervada
por neuronas dopaminérgicas, hay sufi-
ciente información que éstas puedan iner-
var en la patología esquizofrénica. Las
divisiones regionales más precisas han de-
mostrado que hay una asociación entre la
anhedonia, abulia y aplanamiento afecti-
vo, con la disminución de la sustancia gris
ventromedial .Es posible que las estructu-
ras aferentes y sus patrones de conexión
de los lóbulos frontal y temporal sean los
directamente responsables del padeci-
miento.19
Recordemos que las neuronas que parecen
participar en la planificación se han iden-
tificado en la corteza frontal, los déficit
funcionales que resultan del daño del ló-
bulo frontal humano son diversos, sobre
todo si se afectan ambos hemisferios. La
corteza frontal incluye un repertorio más
amplio de capacidades funcionales que
cualquier otra región neocortical, está aso-
ciada con déficits conductuales muy di-
versos, lo que refleja el papel de esta parte
del encéfalo en el mantenimiento de lo
que normalmente consideramos la "per-
sonalidad" de un individuo. La corteza
frontal imbrica la información perceptual
compleja desde las cortezas sensitiva y
motora y desde las cortezas de asociación
parietal y temporal. El resultado en co-
mún es una apreciación del individuo en
relación con el mundo que permite plani-
ficar y ejecutar normalmente las conduc-
tas. Cuando esta área se compromete, el
paciente tiene dificultad para llevar a cabo
conductas complejas que son temporal,
espacial e incluso socialmente apropiadas.
Se pone de manifiesto en la incapacidad
para ajustar la conducta que se va desarro-
llando en la adolescencia a las demandas
presentes o futuras y se interpreta en for-
ma frecuente como un cambio en el "tem-
peramento" del sujeto.20
En la adolescencia, como un periodo del
desarrollo, se deberán atender los caminos
o rutas tempranas emergentes que pueden
provocar psicopatología o inadaptación,
esto con el fin de entender las variaciones
en las trayectorias que operan en los indi-
viduos. Los conceptos de multifinalidad y
equifinalidad dentro de la teoría general
de sistemas son conceptos de importancia
para entender estas rutas. La primera se
refiere a que los diversos resultados pue-
den partir de cualquier punto de origen,
pero no exhiben el mismo modelo de de-
sarrollo posterior en los resultados, por
ejemplo ser hijo de un padre alcohólico
puede contribuir a que el adolescente de-
sarrolle dependencia y abuso al alcohol.
Sin embargo, no todos los descendientes
desarrollarán esta dependencia en la ado-
lescencia o en un periodo subsecuente.21
La equifinalidad se refiere a que un resul-
tado determinado dependerá de diversas
variables iniciales, indicando la diversi-
dad en el proceso involucrado,22
por
ejemplo algunos adolescentes que desa-
rrollan un trastorno depresivo pueden te-
ner una predisposición genética para ese
trastorno, y otros pueden crecer en un
ambiente de abuso de sustancias por par-
te de sus padres o haber experimentado
maltrato infantil.
Aunque no se le ha prestado un interés a
la influencia de la cultura en la patología
del adolescente23
es de vital importancia.
La interrelación dinámica de riesgo y
proceso protector puede tener un impac-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
Recordemos que las
neuronas que parecen
participar en la planifi-
cación se han identificado
en la corteza frontal, los
déficit funcionales que
resultan del daño del
lóbulo frontal humano
son diversos, sobre todo
si se afectan ambos
hemisferios.
479
to diferente que depende de las normas
culturales, prácticas, valores y creencias.
Así el riesgo y los factores protectores en
los cuales transcurren pueden variar de-
pendiendo de las prioridades de la cultu-
ra. Consecuentemente, la respuesta del
individuo ante un evento determinado,
estará influida por las características cul-
turales, así también puede influenciar el
modo de la expresión del síntoma. De
este modo, la psicopatología del desarro-
llo, el proceso causal y la adaptación, se-
rán definidas con influencia de la
cultura, así como también el curso de su
desarrollo.24
Bullinger25
refiere que la calidad de vida
relacionada con la salud en adolescentes es
un proceso psicológico que describe as-
pectos físicos, sociales y mentales funcio-
nales del estado de salud del individuo y
de su actividad según su propio punto de
vista. Existen cinco variables importantes
para describir la calidad de vida en rela-
ción con la salud:
1. El trastorno con síntomas de deterioro
2. El tratamiento
3. Características personales del paciente
4. Condiciones de vida y educación en el
entorno psicosocial próximo
5. Entorno social y ambiental más amplio.
Schmeck and Poustka26
hacen mención de
las influencias en la calidad de vida de los
niños y adolescentes con trastornos psi-
quiátricos, los cuales están descritos en la
Figura 1, donde muchos aspectos de la in-
tervención en psiquiatría infantil y de la
adolescencia están condicionados por el en-
torno social inmediato o ampliado del ni-
ño, las situaciones psicosociales inmediatas,
el tratamiento, las enfermedades, síntomas
y déficit del desarrollo y sobre las caracterís-
ticas individuales.
CONCLUSIONES
La adolescencia es una etapa de la vida
por naturaleza compleja, que desajusta al
individuo; que duele, por la clara separa-
Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia
Figura 1. Influencias en la calidad de vida de los niños con trastornos psiquiátricos.
Calidad de vida
en los trastornos
psiquiátricos del niño
Tratamiento: psicoterapia,
psicofármacos, intervenciones
en el entorno psicosocial
Enfermedad, síntomas
y déficit del desarrollo
(neuroconductuales)
Situaciones psicosociales
inmediatas, familia, escuela,
compañeros
Entorno social y ambiental
extenso (contaminación,
factores generadores de estrés
social, como inmigración,
discriminación, influencias
socioculturales)
Características individuales
(temperamento, mecanismos
de afrontamiento y concepto
de sí mismo; etapa del
desarrollo, mínimo
Bullinger refiere que
la calidad de vida
relacionada con la salud
en adolescentes es un
proceso psicológico que
describe aspectos físicos,
sociales y mentales
funcionales del estado de
salud del individuo y
de su actividad según
su propio punto de vista.
ción de la vida infantil e inicio de la edad
adulta, que confunde al joven en un in-
tento por rescatar algo de lo que se le es-
capa de las manos y alcanzar a la vez de
forma ávida procesos más avanzados de su
vida. Es un periodo de transición en el
que el más mínimo elemento de anorma-
lidad puede juzgarse como normal, o vice-
versa, una etapa en la que se confunde lo
sano y lo patológico, un periodo de la vi-
da en el que el individuo se hace tan sus-
ceptible para tomar caminos equivocados,
con posteriores consecuencias.
Si partimos de estas premisas, deberemos
entonces tener cuidado y ser muy meticu-
losos al abordar a un adolescente para en-
caminarlo en un óptimo tratamiento, que
lo lleve tal vez, no por el sendero ideal en el
que no exista ninguna vicisitud, pero sí
acercándonos o acercándole a lo más sano
posible de sus opciones. Es importante te-
ner presentes distintos factores como son
sus cambios biológicos propios de su edad,
su desarrollo psicosocial y dinámica fami-
liar, las capacidades propias para enfrentar
adversidades, el apoyo de su entorno social,
y valorarlo como un individuo, un todo.
Enorme responsabilidad se tiene en ma-
nos de profesionales de la salud mental
infantil y de la adolescencia, que debe-
rán atender todos estos aspectos, para
poder otorgar una atención integral e
impactar en su calidad de vida presente
y futura. ■
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
480
Es importante tener
presentes distintos
factores como son sus
cambios biológicos
propios de su edad, su
desarrollo psicosocial
y dinámica familiar,
las capacidades propias
para enfrentar
adversidades, el apoyo
de su entorno social,
y valorarlo como un
individuo, un todo.
481
L
os trastornos de salud mental, que
se relacionan con manifestaciones
propias de la adolescencia se men-
cionarán a continuación; primero se men-
cionará la categoría a la que pertenecen en
la Clasificación Internacional de Enfer-
medades (CIE-10) para después incluir
los criterios diagnósticos propuestos por
la APA en el Manual Diagnóstico y Esta-
dístico de los Trastornos Mentales, el
DSM-IV TR…con ello tratamos de dar
continuidad al tema, se mencionará pri-
mero a los trastornos que más frecuente-
mente se pueden presentar en esta etapa
de la vida, y posteriormente a aquellos
menos frecuentes pero que por sus carac-
terísticas y formas de presentación se rela-
cionan con la adolescencia, abarcando así,
todos los trastornos a los que se ha hecho
referencia en los capítulos previos.
La Clasificación Internacional de Enfer-
medades (CIE-10) en su apartado -F43 -
titulado Reacción al Estrés Grave y
Trastornos de Adaptación, incluye trastor-
nos identificables no sólo basados en su
sintomatología y evolución, sino también
a la existencia de una u otra de las siguien-
tes dos influencias causales: un suceso vi-
tal excepcionalmente estresante que
produce una reacción aguda de estrés o un
cambio vital significativo que induce cir-
cunstancias desagradables prolongadas, el
cual da como resultado un trastorno de
adaptación.
F43.2 TRASTORNOS
DE ADAPTACIÓN
Estados de angustia subjetiva y de pertur-
bación emocional, que habitualmente in-
terfiere con el funcionamiento y con el
desempeño social, que surgen en la fase de
adaptación a un cambio vital significativo
o a un suceso vital estresante. El factor es-
tresante puede haber afectado la integri-
dad de la red de relaciones sociales de la
persona (duelo, [notar que el DSM lo
considera como categoría aparte] expe-
riencias de separación escuela [excepto el
ts. de ansiedad de separación en la infan-
cia]), puede haber alterado el sistema más
amplio de sus fundamentos y valores so-
ciales (migración, condición de refugia-
dos), o bien puede haber representado
una transición o una crisis importante en
su desarrollo (ingreso a la escuela, paterni-
dad, fracaso en la obtención de una meta
personal esperada, jubilación). La predis-
posición o la vulnerabilidad individual
desempeñan un papel importante en el
riesgo de presentación y en la configura-
ción de las manifestaciones de los trastor-
nos de adaptación, si bien se acepta que la
afección no habría surgido sin la acción
del factor estresante. Las manifestaciones
clínicas pueden variar notablemente.
Según el DSM-IV TR los criterios son los
siguientes:
A. La aparición de síntomas emocionales
o comportamentales en respuesta a un es-
tresante identificable tiene lugar dentro
de los tres meses siguientes a la presencia
del estresante.
B. Estos síntomas o comportamientos
se expresan, clínicamente del siguiente
modo:
(1) Malestar mayor de lo esperable en res-
puesta al estresante
(2) Deterioro significativo de la actividad
social o laboral (o académica)
C. La alteración relacionada con el estrés
no cumple los criterios para otro trastor-
no específico del Eje I y no constituye una
Trastornos propiamente dichos
482
simple exacerbación de un trastorno pree-
xistente del Eje I o el Eje II.
D. Los síntomas no responden a una reac-
ción de duelo.
E. Una vez que ha cesado el estresante (o
sus consecuencias), los síntomas no per-
sisten más deseis meses .
Especificar si:
Agudo: si la alteración dura menos de seis
meses
Crónico: si la alteración dura seis meses o
más. Por definición, los síntomas no pue-
den persistir durante más de seis meses
después de la desaparición del estresante o
de sus consecuencias. La especificación
crónica se aplica cuando la duración de la
alteración es superior a seis meses en res-
puesta a un estresante crónico o un estre-
sante con consecuencias permanentes.
F43.20 Con estado de ánimo depresivo
[309.0]. Este subtipo debe usarse cuando
las manifestaciones predominantes son
síntomas del tipo del estado de ánimo de-
presivo, llanto o desesperanza.
F43.28 Con ansiedad [309.24]. Este
subtipo debe usarse cuando las manifesta-
ciones predominantes son síntomas como
nerviosismo, preocupación o inquietud;
o, en los niños, miedo a la separación de
las figuras con mayor vinculación.
F43.22 Mixto, con ansiedad y estado de
ánimo depresivo [309.28]. Este subtipo
debe usarse cuando las manifestaciones
predominantes son una combinación de
ansiedad y depresión.
F43.24 Con trastorno de comporta-
miento [309.3]. Este subtipo debe usarse
cuando la manifestación predominante es
una alteración del comportamiento, en la
que hay una violación de los derechos de
los demás o de las normas y reglas sociales
apropiadas a la edad (por ejemplo vagan-
cia, vandalismo, conducción irresponsa-
ble, peleas e incumplimiento de las
responsabilidades legales).
F43.25 Con alteración mixta de las emo-
ciones y el comportamiento [309.4]. Es-
te subtipo debe usarse cuando las
manifestaciones predominantes son tanto
síntomas emocionales (por ejemplo ansie-
dad y depresión) como trastorno del com-
portamiento.
F43.9 No especificado [309.9]. Este
subtipo debe usarse para las reacciones
des-adaptativas (por ejemplo quejas so-
máticas, aislamiento social, inhibición
académica o laboral) a estresantes psicoso-
ciales que no son clasificables como uno
de los subtipos específicos de trastorno
adaptativo.
CONDUCTA
Los trastornos de conducta en el CID-10
son abordados de la siguiente manera: pa-
trón repetitivo y persistente de conducta
asocial, agresiva o desafiante. Es necesario
que este comportamiento alcance niveles
importantes de violación de la conducta
socialmente esperada para la edad del pa-
ciente, razón por la cual debe ser más gra-
ve que la travesura infantil corriente o la
rebeldía de la adolescencia y suponer un
patrón perdurable de comportamiento
(de seis meses o más). Los rasgos de tras-
torno conductual pueden ser también
sintomáticos de otras afecciones psiquiá-
tricas, en cuyo caso debe ser preferido el
diagnóstico subyacente.
Entre los ejemplos sobre los cuales se fun-
damenta el diagnóstico se cuentan niveles
excesivos de pelea y de fanfarronería,
crueldad hacia las demás personas y hacia
los animales, destrucción grave de la pro-
piedad, conducta incendiaria, robo, men-
tira repetitiva, falta a la escuela y fuga del
hogar, y rabietas y desobediencia extraor-
dinariamente frecuentes y graves.
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
483
Cualquiera de estas conductas, si es mar-
cada, es suficiente para el diagnóstico, pe-
ro no lo son las acciones asociales aisladas.
Los subtipos que se mencionan son:
F91.0 Trastorno de la conducta limitado
al contexto familiar
F91.1 Trastorno de la conducta insociable
F91.2 Trastorno de la conducta sociable
F91.3 Trastorno opositor desafiante
F91.8 Otros trastornos de la conducta
F91.9 Trastorno de la conducta, no espe-
cificado
Los criterios para el diagnóstico de
Trastorno disocial F91.8 [312.xx] se-
gún el DSM-IV TR son:
A. Un patrón repetitivo y persistente de
comportamiento en el que se violan los de-
rechos básicos de otras personas o normas
sociales importantes propias de la edad,
manifestándose por la presencia de tres (o
más) de los siguientes criterios durante los
últimos 12 meses y por lo menos de un cri-
terio durante los últimos seis meses :
Agresión a personas y animales
(1) A menudo fanfarronea, amenaza o in-
timida a otros
(2) A menudo inicia peleas físicas
(3) Ha utilizado un arma que puede cau-
sar daño físico grave a otras personas (por
ejemplo, bate, ladrillo, botella rota, nava-
ja, pistola)
(4) Ha manifestado crueldad física con
personas
(5) Ha manifestado crueldad física con
animales
(6) Ha robado enfrentándose a la víctima
(por ejemplo, ataque con violencia, arreba-
tar bolsos, extorsión, robo a mano armada)
(7) Ha forzado a alguien a una actividad
sexual
Destrucción de la propiedad
(8) Ha provocado deliberadamente incen-
dios con la intención de causar daños graves
(9) Ha destruido deliberadamente propie-
dades de otras personas (distinto de pro-
vocar incendios)
Fraudulencia o robo
(10) Ha violentado el hogar, la casa o el
automóvil de otra persona
(11) A menudo miente para obtener bie-
nes o favores o para evitar obligaciones
(esto es, “tima” a otros)
(12) Ha robado objetos de cierto valor sin
enfrentamiento con la víctima (por ejem-
plo, robos en tiendas, pero sin allana-
mientos o destrozos; falsificaciones)
Violaciones graves de normas
(13) A menudo permanece fuera de casa
de noche a pesar de las prohibiciones pa-
ternas, iniciando este comportamiento
antes de los 13 años de edad
(14) Se ha escapado de casa durante la no-
che por lo menos dos veces, viviendo en la
casa de sus padres o en un hogar sustituti-
vo (o sólo una vez sin regresar durante un
largo periodo)
(15) Suele hacer novillos en la escuela, ini-
ciando esta práctica antes de los 13 años
de edad
B. El trastorno disocial provoca deterioro
clínicamente significativo de la actividad
social, académica o laboral
Trastornos propiamente dichos
484
C. Si el individuo tiene 18 años o más, no
cumple criterios de trastorno antisocial de
la personalidad
Codificar en función de la edad de inicio:
Tipo de inicio infantil {312.81}: se ini-
cia por lo menos una de las características
de criterio de trastorno disocial antes de
los diez años de edad
Tipo de inicio adolescente {312.82}:
ausencia de cualquier característica crite-
rio de trastorno disocial antes de los diez
años de edad
De inicio no especificado {312.89}: no
se sabe la edad de inicio
Especificar la gravedad:
Leve: Pocos o ningún problema de com-
portamiento exceden de los requeridos pa-
ra establecer el diagnóstico y los problemas
de comportamiento sólo causan daños mí-
nimos a otros (por ejemplo, mentir, hacer
novillos, salir de noche sin permiso)
Moderado: El número de problemas de
comportamiento y su efecto sobre otras
personas son intermedios entre “leves” y
“graves” (por ejemplo, robos sin enfrenta-
miento con víctima, vandalismo)
Grave: Varios problemas de comporta-
miento exceden de los requeridos para es-
tablecer el diagnóstico o los problemas de
comportamiento causan daños conside-
rables a otros (por ejemplo, violación,
crueldad física, uso de armas, robos con
enfrentamiento con víctima, destrozos y
allanamiento)
Y para el diagnóstico del F91.3 Trastor-
no negativista desafiante [313.81] (no-
tar, corresponde al Trastorno opositor
desafiante del CID-10)
A. Un patrón de comportamiento negati-
vista, hostil y desafiante que dura por lo
menos seis meses, estando presentes cuatro
(o más) de los siguientes comportamientos:
(1) A menudo se encoleriza e incurre en
pataletas
(2) A menudo discute con adultos
(3) A menudo desafía activamente a los
adultos o rehúsa cumplir sus demandas
(4) A menudo molesta deliberadamente a
otras personas
(5) A menudo acusa a otros de sus errores
o mal comportamiento
(6) A menudo es susceptible o fácilmente
molestado por otros
(7) A menudo es colérico y resentido
(8) A menudo es rencoroso o vengativo
Nota: Considerar que se cumple un crite-
rio sólo si el comportamiento se presenta
con más frecuencia de la observada típica-
mente en sujetos de edad y nivel de desa-
rrollo comparables.
B. El trastorno de conducta provoca dete-
rioro clínicamente significativo en la acti-
vidad social, académica o laboral
C. Los comportamientos en cuestión no
aparecen exclusivamente en el transcurso
de un trastorno psicótico o de un trastor-
no del estado de ánimo
D. No se cumplen los criterios de trastor-
no disocial, y, si el sujeto tiene 18 años o
más, tampoco los de trastorno antisocial
de la personalidad
Y para el F91.9 Trastorno de comporta-
miento perturbador no especificado
[312.9]
Esta categoría incluye trastornos caracteri-
zados por un comportamiento negativista
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
485
desafiante que no cumple los criterios de
trastorno disocial ni de trastorno negati-
vista desafiante. Por ejemplo, incluye cua-
dros clínicos que no cumplen todos los
criterios ni de trastorno negativista desa-
fiante ni de trastorno disocial, pero en los
que se observa deterioro clínicamente sig-
nificativo.
ESQUIZOFRENIA
En el grupo de la esquizofrenia, los trastor-
nos esquizotípicos y trastornos delirantes
(F20-F29) se han reunido a un grupo de
trastornos psicóticos agudos y transitorios.
Se hará mención de la esquizofrenia en su
calidad de integrante más persistente.
F20 Esquizofrenia
Los trastornos esquizofrénicos se caracte-
rizan, en general, por distorsiones funda-
mentales y típicas del pensamiento y de
la percepción, junto con una afectividad
inadecuada o embotada. Habitualmente
se mantienen tanto la lucidez de la con-
ciencia como de la capacidad intelectual,
aunque con el transcurso del tiempo
pueden desarrollarse ciertas deficiencias
intelectuales. Entre sus fenómenos psico-
patológicos más importantes se encuentra
el pensamiento con eco, la inserción o el
robo del pensamiento, la difusión del
pensamiento, la percepción delirante y los
delirios de control, la influencia y la pasi-
vidad, voces alucinatorias que comentan y
discuten al paciente en tercera persona,
trastornos del pensamiento y síntomas de
negativismo.
La evolución puede ser continua o episó-
dica, con déficit progresivo o estable, o
bien puede haber uno o más episodios, en
remisión completa o incompleta. No se
debe hacer diagnóstico cuando haya sín-
tomas depresivos o maníacos extensos, a
menos que haya quedado en claro que los
síntomas esquizofrénicos antecedieron a
la perturbación afectiva. Tampoco debe
diagnosticarse esquizofrenia cuando existe
una edad cerebral manifiesta, ni durante
los estados de intoxicación o de abstinen-
cia de drogas. Los trastornos similares que
se desarrollan cuando hay epilepsia u otra
enfermedad cerebral deben ser clasifica-
dos en F06.2, y aquellos inducidos por
substancias psicoactivas, en F10-F19 con
cuarto carácter común.5
Los criterios para el diagnóstico de es-
quizofrenia según el DSM-IV TR son:
A. Síntomas característicos. Dos (o más) de
los siguientes, cada uno de ellos presente
durante una parte significativa de un pe-
riodo de un mes (o menos si ha sido tra-
tado con éxito):
(1) Ideas delirantes.
(2) Alucinaciones.
(3) Lenguaje desorganizado (por ejemplo,
descarrilamiento frecuente o incoheren-
cia).
(4) Comportamiento catatónico o grave-
mente desorganizado.
(5) Síntomas negativos, por ejemplo,
aplanamiento afectivo, alogia o abulia.
Nota: Sólo se requiere un síntoma del Cri-
terio A si las ideas delirantes son extrañas, o
si las ideas delirantes consisten en una voz
que comenta continuamente los pensa-
mientos o el comportamiento del sujeto, o
si dos o más voces conversan entre ellas.
B. Disfunción social/laboral. Durante una
parte significativa del tiempo desde el ini-
cio de la alteración, una o más áreas impor-
tantes de actividad, como son el trabajo,
las relaciones interpersonales o el cuidado
de uno mismo, están claramente por de-
bajo del nivel previo al inicio del trastor-
no (o, cuando el inicio es en la infancia o
adolescencia, fracaso en cuanto a alcanzar
el nivel esperable de rendimiento inter-
personal, académico o laboral).
Trastornos propiamente dichos
486
C. Duración. Persisten signos continuos de
la alteración durante al menos seis meses .
Este periodo de seis meses debe incluir al
menos un mes de síntomas que cumplan
el Criterio A (o menos si se ha tratado con
éxito) y puede incluir los periodos de sín-
tomas prodrómicos y residuales. Durante
estos periodos prodrómicos o residuales,
los signos de la alteración pueden manifes-
tarse sólo por síntomas negativos o por dos
o más síntomas de la lista del Criterio A,
presentes de forma atenuada (por ejemplo,
creencias raras, experiencias perceptivas no
habituales).
D. Exclusión de los trastornos esquizoafec-
tivo y del estado de ánimo. El trastorno es-
quizoafectivo y el trastorno del estado de
ánimo con síntomas psicóticos se han
descartado debido a: 1) no ha habido
ningún episodio depresivo mayor, ma-
níaco o mixto concurrente con los sínto-
mas de la fase activa; o 2) si los episodios
de alteración anímica han aparecido du-
rante los síntomas de la fase activa, su
duración total ha sido breve en relación
con la duración de los periodos activo y
residual.
E. Exclusión de consumo de sustancias y de
enfermedad médica. El trastorno no es de-
bido a los efectos fisiológicos directos de
alguna sustancia (por ejemplo, una droga
de abuso, un medicamento) o de una en-
fermedad médica.
F. Relación con un trastorno generalizado
del desarrollo. Si hay historia de trastorno
autista o de otro trastorno generalizado
del desarrollo, el diagnóstico adicional de
esquizofrenia sólo se realizará si las ideas
delirantes o las alucinaciones también se
mantienen durante al menos un mes (o
menos si se han tratado con éxito).
Clasificación del curso longitudinal:
Episódico con síntomas residuales inte-
repisódicos (los episodios están determi-
nados por la reaparición de síntomas
psicóticos destacados): especificar también
si: con síntomas negativos acusados.
Episódico sin síntomas residuales inte-
repisódicos
Continuo (existencia de claros síntomas
psicóticos a lo largo del período de obser-
vación); especificar también si: con sínto-
mas negativos acusados.
Episodio único en remisión parcial; es-
pecificar también si: con síntomas nega-
tivos acusados
Episodio único en remisión total
Otro patrón o no especificado
Menos de un año desde el inicio de los
primeros síntomas de fase activa.
Subtipos de esquizofrenia
Los subtipos de esquizofrenia están defini-
dos por la sintomatología predominante en
el momento de la evaluación. Si bien las
implicaciones pronósticas y terapéuticas
de los subtipos son variables, los tipos pa-
ranoide y desorganizado tienden a ser, res-
pectivamente, los de menor y mayor
gravedad. El diagnóstico de un subtipo en
particular está basado en el cuadro clínico
que ha motivado la evaluación o el ingreso
más recientes y, por tanto, puede cambiar
con el tiempo. Es frecuente que el cuadro
incluya síntomas que son característicos de
más de un subtipo. La elección del subtipo
se apoya en el siguiente algoritmo: se asigna
el tipo catatónico siempre y cuando haya
síntomas catatónicos (F20.2x/295.2) acu-
sados (independientemente de la presencia
de otros síntomas); se asigna el tipo desor-
ganizado (F20.0x/295.10) siempre que
predomine un comportamiento y lenguaje
desorganizados, y que sea patente una afec-
tividad aplanada o inapropiada (a menos
que aparezca en el tipo catatónico); se asig-
na el tipo paranoide (F20.0x/295.30) en
caso de que predomine una preocupación
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
487
causada por ideas delirantes o cuando
existan alucinaciones frecuentes (a menos
que se den en el tipo catatónico o el de-
sorganizado). El tipo indiferenciado
(F20.1x/295.90) es una categoría residual
que describe cuadros en los que predomi-
nan síntomas de la fase activa que no
cumplen los criterios para los tipos catató-
nico, desorganizado o paranoide. El tipo
residual (F20.5x/295.40) es para aquellos
cuadros en los que hay manifestaciones
continuas de la alteración, sin que se cum-
plan ya los criterios para la fase activa.
ANSIEDAD
Los padecimientos relacionados a la an-
siedad se incluyen en el CID-10 en el
apartado de los trastornos neuróticos,
trastornos relacionados con el estrés y
los trastornos somatomorfos F40-F48;
por su amplia variedad y al haber incluido
ya los trastornos de adaptación sólo men-
cionaremos los que se consideran como
de mayor presentación en la adolescencia.
F-40 Trastornos fóbicos de ansiedad
Grupo de trastornos en los cuales la ansie-
dad es provocada exclusiva o predominan-
temente por ciertas situaciones bien
definidas, que por lo común no son peli-
grosas. Como resultado, estas situaciones
son típicamente evitadas, o son soporta-
das con pavor. La preocupación del pa-
ciente puede centrarse en síntomas
particulares, como palpitaciones o sensa-
ción de desvanecimiento, y a menudo se
asocia con temores secundarios a la muer-
te, a la pérdida del control y a la locura.
La previsión del ingreso a una situación
fóbica genera habitualmente ansiedad con
anticipación. A menudo coexisten la an-
siedad fóbica y la depresión.
Las categorías de este grupo son:
F40.0 Agorafobia
F40.1 Fobias sociales
F40.2 Fobias especificas (aisladas)
F40.8 Otros trastornos fóbicos de ansie-
dad
F40.9 Trastorno fóbico de ansiedad, no
especificado.
El apartado para otros trastornos de ansie-
dad F41 contempla aquellos en los cuales
la manifestación de ansiedad es el síntoma
principal y no está restringida a una situa-
ción específica del entorno. Puede haber
también síntomas depresivos y obsesivos,
e incluso algunos elementos de ansiedad
fóbica, a condición de que estos sean cla-
ramente secundarios o menos graves. Los
padecimientos que se incluyen son:
F41.0 Trastorno de pánico {ansiedad pa-
roxística episódica}
F41.1 Trastorno de ansiedad generalizada
F41.2 Trastorno mixto de ansiedad y de-
presión
F41.3 Otros trastornos de ansiedad mix-
tos
F41.8 Otros trastornos de ansiedad espe-
cificados
F41.9 Trastorno de ansiedad, no especifi-
cado
En su apartado F42 se contempla al Tras-
torno Obsesivo-Compulsivo cuyos rasgos
fundamentales estriban en la presencia de
pensamientos obsesivos, o de actos com-
pulsivos, ambos recurrentes. Los pensa-
mientos obsesivos son ideas, imágenes o
impulsos que penetran la mente del pa-
ciente una y otra vez, en forma esterioti-
pada. Estos pensamientos son casi
invariablemente angustiantes y el pacien-
te afectado intenta a menudo rechazarlos,
sin tener éxito en su empeño. A pesar de
esto, son reconocidos como pensamientos
propios, incluso aunque sean involunta-
Trastornos propiamente dichos
488
rios y a menudo repugnantes. Los actos o
ritos compulsivos son comportamientos
estereotipados, repetidos una y otra vez.
No son intrínsecamente agradables, ni tie-
nen como fin el cumplimiento de tareas
inherentemente útiles. Su función es pre-
venir algún suceso objetivamente impro-
bable, a menudo un daño causado al o
por el paciente, que éste teme que, de otro
modo, pueda ocurrir. Habitualmente el
paciente reconoce que este comporta-
miento no tiene sentido o que es ineficaz,
dado lo cual realiza intentos repetidos pa-
ra resistirse a él. Casi invariablemente hay
ansiedad, la cual empeora si los actos
compulsivos son resistidos. Las variedades
de presentación son las siguientes:
F42.0 Predominio de pensamientos o ru-
miaciones obsesivas
F42.1 Predominio de actos compulsivos
{rituales}
F42.2 Actos o ideas obsesivos mixtos
F42.8 Otros trastornos obsesivo-compul-
sivos
F42.9 Trastorno obsesivo-compulsivo, no
especificado
El Manual Diagnóstico y Estadístico de
los Trastornos Mentales Texto Revisado
DSM-IV-TR incluye las siguientes cate-
gorías dentro de los trastornos de ansie-
dad y sus criterios diagnósticos son:
Crisis de angustia (panic- attack)
Nota: No se registran las crisis de angus-
tia en un código aislado. Codificar el
diagnóstico del trastorno específico en
que aparece la crisis de angustia (por
ejemplo, F40.01 Trastorno de angustia
con agorafobia {300.21}).
Aparición temporal y aislada de miedo o
malestar intensos, acompañada de cuatro
(o más) de los siguientes síntomas, que se
inician bruscamente y alcanzan su máxima
expresión en los primeros diez minutos:
(1) Palpitaciones, sacudidas del corazón o
elevación de la frecuencia cardiaca.
(2) Sudoración.
(3) Temblores o sacudidas.
(4) Sensación de ahogo o falta de aliento.
(5) Sensación de atragantarse.
(6) Opresión o malestar torácico.
(7) Náuseas o molestias abdominales.
(8) Inestabilidad, mareo o desmayo.
(9) Desrealización (sensación de irreali-
dad) o despersonalización (estar separado
de uno mismo).
(10) Miedo a perder el control o volverse
loco.
(11) Miedo a morir.
(12) Parestesias (sensación de entumeci-
miento u hormigueo).
(13) Escalofríos o sofocaciones.
Agorafobia
Nota: No se registra la agorafobia en un
código aislado. Codificar el diagnóstico
del trastorno específico en que aparece la
agorafobia (por ejemplo, F40.01 Trastor-
no de angustia con agorafobia [300.21] ó
F40.00 Agorafobia sin historia de trastor-
no de angustia [300.22]).
A. Aparición de ansiedad al encontrarse
en lugares o situaciones donde escapar
puede resultar difícil (o embarazoso) o
donde, en el caso de aparecer una crisis de
angustia inesperada o más o menos rela-
cionada con una situación, o bien sínto-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
489
mas similares a la angustia, puede no dis-
ponerse de ayuda. Los temores agorafóbi-
cos suelen estar relacionados con un
conjunto de situaciones características,
entre las que se incluyen estar solo fuera
de casa; mezclarse con la gente o hacer co-
la; pasar por un puente, o viajar en auto-
bús, tren o automóvil.
Nota: Considerar el diagnóstico de fobia
específica si el comportamiento de evita-
ción se limita a una o pocas situaciones es-
pecíficas, o de fobia social si tan sólo se
relaciona con acontecimientos de carácter
social.
B. Estas situaciones se evitan (por ejem-
plo, se limita el número de viajes), se re-
sisten a costa de un malestar o ansiedad
significativos por temor a que aparezca
una crisis de angustia o síntomas simila-
res a la angustia, o se hace indispensable
la presencia de un conocido para sopor-
tarlas.
C. Esta ansiedad o comportamiento de
evitación no puede explicarse mejor por la
presencia de otro trastorno mental como
fobia social (por ejemplo, evitación limi-
tada a situaciones sociales por miedo a ru-
borizarse), fobia específica (por ejemplo,
evitación limitada a situaciones aisladas
como los ascensores), trastorno obsesivo-
compulsivo (por ejemplo, evitación de to-
do lo que pueda ensuciar en un individuo
con ideas obsesivas de contaminación),
trastorno por estrés postraumático (por
ejemplo, evitación de estímulos relaciona-
dos con una situación altamente estresan-
te o traumática) o trastorno de ansiedad
por separación (por ejemplo, evitación de
abandonar el hogar o la familia).
F41.0 Trastorno de angustia sin agora-
fobia [300.01]
A. Se cumplen (1) y (2):
(1) Crisis de angustia inesperadas recidi-
vantes.
(2) Al menos una de las crisis se ha segui-
do durante un mes (o más) de uno (o
más) de los siguientes síntomas:
(a) Inquietud persistente ante la posibili-
dad de tener más crisis.
(b) Preocupación por las implicaciones de
la crisis o sus consecuencias (por ejemplo,
perder el control, sufrir un infarto de mio-
cardio, “volverse loco”).
(c) Cambio significativo del comporta-
miento relacionado con las crisis.
B. Ausencia de agorafobia.
C. Las crisis de angustia no se deben a los
efectos fisiológicos directos de una sustan-
cia (por ejemplo, drogas, fármacos) o una
enfermedad médica (por ejemplo, hiperti-
roidismo).
D. Las crisis de angustia no pueden expli-
carse mejor por la presencia de otro trastor-
no mental, como por ejemplo, fobia social
(por ejemplo, aparecen al exponerse a si-
tuaciones sociales temidas), fobia específica
(por ejemplo, el exponerse a situaciones fó-
bicas específicas), trastorno obsesivo-com-
pulsivo (por ejemplo, al exponerse a la
suciedad cuando la obsesión versa sobre el
tema de la contaminación), trastorno por
estrés postraumático (por ejemplo, en res-
puesta a estímulos asociados a situaciones
altamente estresantes), o trastorno por an-
siedad de separación (por ejemplo, al estar
lejos de casa o de los seres queridos).
F40.01 Trastorno de angustia con ago-
rafobia [300.21]
A. Se cumplen (1) y (2):
(1) Crisis de angustia inesperadas recidi-
vantes.
(2) Al menos una de las crisis se ha segui-
do durante un mes (o más) de uno (o
más) de los siguientes síntomas:
Trastornos propiamente dichos
490
(a) Inquietud persistente por la posibili-
dad de tener más crisis.
(b) Preocupación por las implicaciones de
la crisis o sus consecuencias (por ejemplo,
perder el control, sufrir un infarto de
miocardio, “volverse loco”).
(c) Cambio significativo del comporta-
miento relacionado con las crisis.
B. Presencia de agorafobia.
C. Las crisis de angustia no se deben a los
efectos fisiológicos directos de una sustan-
cia (por ejemplo, drogas, fármacos) o una
enfermedad médica (por ejemplo, hiperti-
roidismo).
D. Las crisis de angustia no pueden expli-
carse mejor por la presencia de otro trastor-
no mental, como por ejemplo, fobia social
(por ejemplo, aparecen al exponerse a si-
tuaciones sociales temidas), fobia específica
(por ejemplo, el exponerse a situaciones fó-
bicas específicas), trastorno obsesivo-com-
pulsivo (por ejemplo, al exponerse a la
suciedad cuando la obsesión versa sobre el
tema de la contaminación), trastorno por
estrés postraumático (por ejemplo, en res-
puesta a estímulos asociados a situaciones
altamente estresantes), o trastorno por an-
siedad por separación (por ejemplo, al estar
lejos de casa o de los seres queridos).
F40.2 Fobia específica [300.29]
A. Temor acusado y persistente que es ex-
cesivo o irracional, desencadenado por la
presencia o anticipación de un objeto o si-
tuación específicos (por ejemplo, volar,
precipicios, animales, administración de
inyecciones, visión de sangre).
B. La exposición al estímulo fóbico pro-
voca casi invariablemente una respuesta
inmediata de ansiedad, que puede tomar
la forma de una crisis de angustia situacio-
nal o más o menos relacionada con una si-
tuación determinada.
Nota: En los niños la ansiedad puede tra-
ducirse en llantos, berrinches, inhibición
o abrazos.
C. La persona reconoce que este miedo es
excesivo o irracional.
Nota: En los niños este reconocimiento
puede faltar.
D. La(s) situación(es) fóbica(s) se evitan o
se soportan a costa de una intensa ansie-
dad o malestar.
E. Los comportamientos de evitación, la
anticipación ansiosa, o el malestar provo-
cados por la(s) situación(es) temida(s) in-
terfieren acusadamente con la rutina
normal de la persona, con las relaciones
laborales (o académicas) o sociales, o bien
provocan un malestar clínicamente signi-
ficativo.
F. En los menores de 18 años la duración
de estos síntomas debe haber sido de seis
meses como mínimo.
G. La ansiedad, las crisis de angustia o
los comportamientos de evitación fóbica
asociados a objetos o situaciones especí-
ficos no pueden explicarse mejor por la
presencia de otro trastorno mental, por
ejemplo, un trastorno obsesivo-compul-
sivo (por ejemplo, miedo a la suciedad
en un individuo con ideas obsesivas de
contaminación), trastorno por estrés
postraumático (por ejemplo, evitación
de estímulos relacionados con un aconte-
cimiento altamente estresante), trastorno
de ansiedad por separación (por ejemplo,
evitación de ir a la escuela), fobia social
(por ejemplo, evitación de situaciones
sociales por miedo a que resulten emba-
razosas), trastorno de angustia con ago-
rafobia, o agorafobia sin historia de
trastorno de angustia.
Especificar tipo:
Tipo animal
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
491
Tipo ambiental (por ejemplo, alturas,
tormentas, agua)
Tipo sangre-inyecciones-daño
Tipo situacional (por ejemplo, aviones,
ascensores, recintos cerrados)
Otros tipos (por ejemplo, evitación fóbi-
ca de situaciones que pueden provocar
atragantamiento, vómito o adquisición
de una enfermedad; en los niños, evita-
ción de sonidos intensos o personas dis-
frazadas).
F40.1 Fobia social [300.23]
A. Temor acusado y persistente por una o
más situaciones sociales o actuaciones en
público en las que el sujeto se ve expuesto
a personas que no pertenecen al ámbito
familiar o a la posible evaluación por par-
te de los demás. El individuo teme actuar
de un modo (o mostrar síntomas de ansie-
dad) que sea humillante o embarazoso.
Nota: En los niños es necesario haber de-
mostrado que sus capacidades para rela-
cionarse socialmente con sus familiares
son normales y han existido siempre, y
que la ansiedad social aparece en las reu-
niones con individuos de su misma edad
y no sólo en cualquier interrelación con
un adulto.
B. La exposición a las situaciones sociales
temidas provoca casi invariablemente una
respuesta inmediata de ansiedad, que pue-
de tomar la forma de una crisis de angus-
tia situacional o más o menos relacionada
con una situación.
Nota: En los niños la ansiedad puede tra-
ducirse en lloros, berrinches, inhibición o
retraimiento en situaciones sociales donde
los asistentes no pertenecen al marco fa-
miliar.
C. El individuo reconoce que este temor
es excesivo o irracional.
Nota: En los niños puede faltar este reco-
nocimiento.
D. Las situaciones sociales o actuaciones
en público temidas se evitan o bien se ex-
perimentan con ansiedad o malestar in-
tensos.
E. Los comportamientos de evitación, la
anticipación ansiosa, o el malestar que
aparece en la(s) situación(es) social(es) o
actuación(es) en público temida(s) inter-
fieren acusadamente con la rutina normal
del individuo, con sus relaciones laborales
(o académicas) o sociales, o bien producen
un malestar clínicamente significativo.
F. En los individuos menores de 18 años
la duración del cuadro sintomático debe
prolongarse como mínimo seis meses .
G. El miedo o el comportamiento de evi-
tación no se deben a los efectos fisiológi-
cos directos de una sustancia (por
ejemplo, drogas, fármacos) o de una en-
fermedad médica y no pueden explicarse
mejor por la presencia de otro trastorno
metal (por ejemplo, trastorno de angustia
con o sin agorafobia, trastorno de ansie-
dad por separación, trastorno dismórfico
corporal, un trastorno generalizado del
desarrollo o trastorno esquizoide de la
personalidad).
H. Si hay una enfermedad médica u otro
trastorno mental, el temor descrito en el
Criterio A no se relaciona con estos proce-
sos (por ejemplo, el miedo no es debido a
la tartamudez, a los temblores de la enfer-
medad de Parkinson o a la exhibición de
conductas alimentarias anormales en la
anorexia nerviosa o en la bulimia nerviosa).
Especificar si:
Generalizada: si los temores hacen refe-
rencia a la mayoría de las situaciones so-
ciales (considerar también el diagnóstico
adicional de trastorno de la personalidad
por evitación)
Trastornos propiamente dichos
492
F42.8 Trastorno obsesivo-compulsivo
[300.3]
A. Se cumple para las obsesiones y las
compulsiones:
Las obsesiones se definen por (1), (2), (3)
y (4):
(1) Pensamientos, impulsos o imágenes
recurrentes y persistentes que se experi-
mentan en algún momento del trastorno
como intrusos e inapropiados, y causan
ansiedad o malestar significativos.
(2) Los pensamientos, impulsos o imágenes
no se reducen a simples preocupaciones ex-
cesivas sobre problemas de la vida real.
(3) La persona intenta ignorar o suprimir
estos pensamientos, impulsos o imágenes,
o bien intenta neutralizarlos mediante
otros pensamientos o actos.
(4) La persona reconoce que estos pensa-
mientos, impulsos o imágenes obsesivos
son el producto de su mente (y no vienen
impuestos como en la inserción del pensa-
miento).
Las compulsiones se definen por (1) y (2):
(1) Comportamientos (por ejemplo, lava-
do de manos, puesta en orden de objetos,
comprobaciones) o actos mentales (por
ejemplo, rezar, contar o repetir palabras
en silencio) de carácter repetitivo, que el
individuo se ve obligado a realizar en res-
puesta a una obsesión o con arreglo a cier-
tas reglas que debe seguir estrictamente.
(2) El objetivo de estos comportamientos
u operaciones mentales es la prevención o
reducción del malestar o la prevención de
algún acontecimiento o situación negati-
vos; sin embargo, estos comportamientos
u operaciones mentales o bien no están
conectados de forma realista con aquello
que pretenden neutralizar o prevenir, o
bien resultan claramente excesivos.
B. En algún momento del curso del tras-
torno la persona ha reconocido que estas
obsesiones o compulsiones resultan exce-
sivas o irracionales.
Nota: Este punto no es aplicable en los
niños.
C. Las obsesiones o compulsiones pro-
vocan un malestar clínico significativo,
representan una pérdida de tiempo (su-
ponen más de una hora al día) o inter-
fieren marcadamente con la rutina
diaria del individuo, sus relaciones la-
borales (o académicas) o su vida social.
D. Si hay otro trastorno del Eje I, el con-
tenido de las obsesiones o compulsiones
no se limita a él (por ejemplo, preocupa-
ciones por la comida en un trastorno ali-
mentario, arranque de cabellos en la
tricotilomanía, inquietud por la propia
apariencia en el trastorno dismórfico cor-
poral, preocupación por las drogas en un
trastorno por consumo de sustancias,
preocupación por estar padeciendo una
grave enfermedad en la hipocondría,
preocupación por las necesidades o fanta-
sías sexuales en una parafilia o sentimien-
tos repetitivos de culpabilidad en el
trastorno depresivo mayor).
E. El trastorno no se debe a los efectos fi-
siológicos directos de una sustancia (por
ejemplo, drogas, fármacos) o de una en-
fermedad médica.
Especificar si:
Con poca conciencia de enfermedad: si,
durante la mayor parte del tiempo del epi-
sodio actual, el individuo no reconoce
que las obsesiones o compulsiones son ex-
cesivas o irracionales.
Depresión
El episodio depresivo F32 en el CID-10,
tanto en su presentación leve, moderada o
grave, se caracteriza porque el paciente su-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
493
fre un decaimiento del ánimo, con reduc-
ción de su energía y disminución de su ac-
tividad. Se deterioran la capacidad de
disfrutar, el interés y la concentración, y es
frecuente un cansancio importante, inclu-
so después de la realización de esfuerzos
mínimos. Habitualmente el sueño se halla
perturbado, en tanto disminuye el apetito.
Casi siempre decae la autoestima y la con-
fianza en sí mismo, y a menudo aparecen
algunas ideas de culpa o de ser inútil, inclu-
so en las formas leves. El decaimiento del
ánimo varía poco de un día al siguiente, es
discordante con las circunstancias y puede
acompañarse de los así llamados síntomas
"somáticos", tales como la pérdida de inte-
rés y de los sentimientos placenteros, el
despertar matinal con varias horas de ante-
lación a la hora habitual, el empeoramien-
to de la depresión por las mañanas, el
marcado retraso psicomotor, la agitación y
la pérdida del apetito, de peso y de la libi-
do. El episodio depresivo puede ser califi-
cado como leve F32.0, moderado F32.1 o
grave sin síntomas psicóticos F32.2 o con
síntomas psicóticos F32.3, según la canti-
dad y la gravedad de sus síntomas.
Existen distintos trastornos depresivos con-
siderados en esta clasificación, pero dentro
de los F34 llamados otros trastornos del
humor (afectivos) persistentes la Disti-
mia F34.1 debe ser mencionada por su fre-
cuencia de presentación tanto en la
población general como en la adolescencia.
Se describe como la depresión crónica del
humor, que dura al menos varios años y
no es suficientemente grave, o bien cuyos
episodios individuales no alcanzan a ser
suficientemente prolongados para justifi-
car el diagnóstico tanto de las formas mo-
deradas y graves como de las formas leves
del trastorno depresivo recurrente (F33)
Los criterios para el episodio depresivo
mayor según el DSM-IV TR son:
A. Presencia de cinco (o más) de los si-
guientes síntomas durante un periodo de
dos semanas, que representan un cambio
respecto a la actividad previa; uno de los
síntomas debe ser (1) estado de ánimo de-
presivo o (2) pérdida de interés o de la ca-
pacidad para el placer.
Nota: No incluir los síntomas que son
claramente debidos a enfermedad médica
o las ideas delirantes o alucinaciones no
congruentes con el estado de ánimo.
(1) Estado de ánimo depresivo la mayor
parte del día, casi cada día según lo indica
el propio sujeto (por ejemplo, se siente
triste o vacío) o la observación realizada
por otros (por ejemplo, llanto).
Nota: En los niños y adolescentes el esta-
do de ánimo puede ser irritable
(2) Disminución acusada del interés o de
la capacidad para el placer en todas o casi
todas las actividades, la mayor parte del
día, casi cada día (según refiere el propio
sujeto u observan los demás)
(3) Pérdida importante de peso sin hacer
régimen o aumento de peso (por ejemplo,
un cambio de más de 5 % del peso corpo-
ral en un mes), o pérdida o aumento del
apetito casi cada día.
Nota: En niños hay que valorar el fracaso
en lograr los aumentos de peso esperables
(4) Insomnio o hipersomnia casi cada día
(5) Agitación o enlentecimiento psicomo-
tores casi cada día (observable por los de-
más, no meras sensaciones de inquietud o
de estar enlentecido)
(6) Fatiga o pérdida de energía casi cada
día
(7) Sentimientos de inutilidad o de culpa
excesiva o inapropiada (que pueden ser
delirantes) casi cada día (no los simples
autorreproches o culpabilidad por el he-
cho de estar enfermo)
Trastornos propiamente dichos
494
(8) Disminución de la capacidad para
pensar o concentrarse, o indecisión, casi
cada día (ya sea una atribución subjetiva o
una observación ajena)
(9) Pensamientos recurrentes de muerte
(no sólo temor a la muerte), ideación sui-
cida recurrente sin un plan específico o
una tentativa de suicidio o un plan espe-
cífico para suicidarse
B. Los síntomas no cumplen los criterios
para un episodio mixto
C. Los síntomas provocan malestar clíni-
camente significativo o deterioro social,
laboral o de otras áreas importantes de la
actividad del individuo.
D. Los síntomas no son debidos a los
efectos fisiológicos directos de una sustan-
cia (por ejemplo, una droga, un medica-
mento) o una enfermedad médica (por
ejemplo, hipotiroidismo).
E. Los síntomas no se explican mejor por la
presencia de un duelo (por ejemplo, después
de la pérdida de un ser querido), los sínto-
mas persisten durante más de dos meses o se
caracterizan por una acusada incapacidad
funcional, preocupaciones mórbidas de inu-
tilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos
o enlentecimiento psicomotor.
Y para el diagnóstico de F34.1 Trastor-
no distímico [300.4] son:
A. Estado de ánimo crónicamente depresivo
la mayor parte del día de la mayoría de los
días, manifestado por el sujeto u observado
por los demás, durante al menos dos años.
Nota: En los niños y adolescentes el esta-
do de ánimo puede ser irritable y la dura-
ción debe ser de al menos un año.
B. Presencia, mientras está deprimido, de
dos (o más) de los siguientes síntomas:
(1) Pérdida o aumento de apetito
(2) Insomnio o hipersomnia
(3) Falta de energía o fatiga
(4) Baja autoestima
(5) Dificultades para concentrarse o para
tomar decisiones
(6) Sentimientos de desesperanza
C. Durante el periodo de dos años (un
año en niños y adolescentes) de la altera-
ción, el sujeto no ha estado sin síntomas
de los Criterios A y B durante más de dos
meses seguidos.
D. No ha habido ningún episodio de-
presivo mayor durante los primeros dos
años de la alteración (un año para niños
y adolescentes); por ejemplo, la altera-
ción no se explica mejor por la presencia
de un trastorno depresivo mayor crónico
o un trastorno depresivo mayor, en re-
misión parcial.
Nota: Antes de la aparición del episodio
distímico pudo haber un episodio depresi-
vo mayor previo que ha remitido totalmen-
te (ningún signo o síntoma significativos
durante dos meses). Además, tras los pri-
meros dos años (un año en niños y adoles-
centes) de trastorno distímico, puede haber
episodios de trastorno depresivo mayor su-
perpuestos, en cuyo caso cabe realizar am-
bos diagnósticos si se cumplen los criterios
para un episodio depresivo mayor.
E. Nunca ha habido un episodio manía-
co, un episodio mixto o un episodio hipo-
maníaco y nunca se han cumplido los
criterios para el trastorno ciclotímico.
F. La alteración no aparece exclusivamen-
te en el transcurso de un trastorno psicó-
tico crónico, como son la esquizofrenia o
el trastorno delirante.
G. Los síntomas no son debidos a los efec-
tos fisiológicos directos de una sustancia
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
495
(por ejemplo, una droga, un medicamen-
to) o a enfermedad médica (por ejemplo,
hipotiroidismo).
H. Los síntomas causan un malestar clíni-
camente significativo o deterioro social,
laboral o de otras áreas importantes de la
actividad del individuo.
Especificar si:
Inicio temprano: si el inicio es antes de
los 21 años
Inicio tardío: si el inicio se produce a los
21 años o con posterioridad
Especificar (para los últimos dos años del
trastorno distímico):
Con síntomas atípicos
Los trastornos de la ingestión de alimentos
(F50) están incluidos en el CID-10 dentro
de los Síndromes del Comportamiento aso-
ciados con alteraciones Fisiológicas y Facto-
res Físicos (F50-F59). Se hará hincapié en la
anorexia y la bulimia por ser los de presenta-
ción más frecuente en la etapa adolescente.
Anorexia nerviosa F50.0
Es un trastorno caracterizado por pérdida
de peso intencional inducida y mantenida
por el paciente. Se presenta habitualmente
en muchachas adolescentes y mujeres jóve-
nes, aunque puede afectar también a mu-
chachos adolescentes y a hombres jóvenes,
al igual que a niños que se acercan a la pu-
bertad y a mujeres mayores, hasta la meno-
pausia. El trastorno se asocia con una
psicopatología específica, en la cual se
mantiene como idea recurrente y sobreva-
lorada un temor a la obesidad y a la flaci-
dez de la silueta corporal, por la cual el
paciente se autoimpone un límite de peso
bajo. Habitualmente hay desnutrición de
grado variable, con alteraciones endocrinas
y metabólicas secundarias y con perturba-
ción de las funciones corporales. Entre los
síntomas se cuenta la elección de una dieta
restringida, el ejercicio excesivo, el vómito
y las purgas inducidas, y el uso de anorexí-
genos y diuréticos. También se considera la
Anorexia nerviosa atípica F50.1 cuando só-
lo reúne algunas de las características de
anorexia nerviosa pero el cuadro clínico ge-
neral no justifica el diagnóstico.
Bulimia nerviosa F50.2
Un síndrome que se caracteriza por acce-
sos repetitivos de hiperingestión de ali-
mentos y por una preocupación excesiva
del control del peso corporal, seguida de
vómitos y uso de purgantes. Este trastorno
comparte muchas características comunes
con la anorexia nerviosa, incluido el exce-
sivo interés en la apariencia personal y el
peso. El vómito repetitivo puede dar ori-
gen a trastornos electrolíticos y a compli-
caciones físicas. A menudo, pero no
siempre, hay antecedentes de un episodio
anterior de anorexia nerviosa, con un in-
tervalo que varía de pocos meses a varios
años. La Bulimia nerviosa atípica (F50.3)
reúne algunas de las características de la
bulimia nerviosa, pero el cuadro clínico
general no justifica ese diagnóstico.
También se hace mención de diagnósticos
como:
F50.4 Hiperfagia asociada con otras alte-
raciones psicológicas
F50.5 Vómitos asociados con otras altera-
ciones psicológicas.
F50.8 Otros trastornos de la ingestión de
alimentos
F50.9 Trastornos de la ingestión de ali-
mentos, no especificado
Criterios para el diagnóstico de F50.0
Anorexia nerviosa [307.1]
A. Rechazo a mantener el peso corporal
igual o por encima del valor mínimo nor-
Trastornos propiamente dichos
496
mal considerando la edad y la talla (por
ejemplo, pérdida de peso que da lugar a
un peso inferior a 85% del esperable, o
fracaso en conseguir el aumento de peso
normal durante el periodo de crecimien-
to, dando como resultado un peso corpo-
ral inferior a 85% del peso esperable).
B. Miedo intenso a ganar peso o a conver-
tirse en obeso, incluso estando por debajo
del peso normal.
C. Alteración de la percepción del peso o la
silueta corporales, exageración de su impor-
tancia en la autoevaluación o negación del
peligro que comporta el bajo peso corporal.
D. En las mujeres pospuberales, presencia
de amenorrea; por ejemplo, ausencia de al
menos tres ciclos menstruales consecuti-
vos. (Se considera que una mujer presen-
ta amenorrea cuando sus menstruaciones
aparecen únicamente con tratamientos
hormonales, por ejemplo, con la adminis-
tración de estrógenos)
Especificar el tipo:
Tipo restrictivo: durante el episodio de
anorexia nerviosa, el individuo no recurre
regularmente a atracones o a purgas (por
ejemplo, provocación del vómito o uso
excesivo de laxantes, diuréticos o enemas)
Tipo compulsivo/purgativo: durante el
episodio de anorexia nerviosa, el individuo
recurre regularmente a atracones o purgas
(por ejemplo, provocación del vómito o uso
excesivo de laxantes, diuréticos o enemas)
Criterios para el diagnóstico de F50.2
Bulimia nerviosa [307.51]
A. Presencia de atracones recurrentes. Un
atracón se caracteriza por:
(1) Ingesta de alimento en un corto espa-
cio de tiempo (por ejemplo, en un perio-
do de dos horas) en cantidad superior a la
que la mayoría de las personas ingerirían
en un periodo similar y en las mismas cir-
cunstancias.
(2) Sensación de pérdida de control sobre
la ingesta del alimento (por ejemplo, sen-
sación de no poder parar de comer o no
poder controlar el tipo o la cantidad de
comida que se está ingiriendo)
B. Conductas compensatorias inapropia-
das, de manera repetida, con el fin de no
ganar peso, como son provocación del vó-
mito; uso excesivo de laxantes, diuréticos,
enemas u otros fármacos; ayuno, y ejerci-
cio excesivo.
C. Los atracones y las conductas compen-
satorias inapropiadas tienen lugar, como
promedio, al menos dos veces a la semana
durante un periodo de tres meses.
D. La autoevaluación está exageradamente
influida por el peso y la silueta corporales.
E. La alteración no aparece exclusivamen-
te en el transcurso de la anorexia nerviosa.
Especificar tipo:
Tipo purgativo: durante el episodio de
bulimia nerviosa, el individuo se provoca
regularmente el vómito o usa laxantes,
diuréticos o enemas en exceso
Tipo no purgativo: durante el episodio
de bulimia nerviosa, el individuo emplea
otras conductas compensatorias inapro-
piadas, como el ayuno o el ejercicio in-
tenso, pero no recurre regularmente a
provocarse el vómito ni usa laxantes, diu-
réticos o enemas en exceso.
Uso y abuso de drogas
Criterios para la dependencia
de sustancias
Un patrón desadaptativo de consumo de la
sustancia que conlleva un deterioro o ma-
lestar clínicamente significativos, expresa-
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
497
do por tres (o más) de los ítems siguientes
en algún momento de un periodo conti-
nuado de 12 meses:(1) tolerancia, definida
por cualquiera de los siguientes ítems:
(a) Una necesidad de cantidades marcada-
mente crecientes de la sustancia para con-
seguir la intoxicación o el efecto deseado.
(b) El efecto de las mismas cantidades de
sustancia disminuye claramente con su
consumo continuado.
(2) Abstinencia, definida por cualquiera
de los siguientes ítems:
(a) El síndrome de abstinencia caracterís-
tico para la sustancia (v. Criterios A y B de
los criterios diagnósticos para la abstinen-
cia de sustancias específicas).
(b) Se toma la misma sustancia (o una
muy parecida) para aliviar o evitar los sín-
tomas de abstinencia.
(3) La sustancia es tomada con frecuencia
en cantidades mayores o durante un pe-
riodo más largo de lo que inicialmente se
pretendía.
(4) Existe un deseo persistente o esfuerzos
infructuosos de controlar o interrumpir el
consumo de la sustancia.
(5) Se emplea mucho tiempo en activida-
des relacionadas con la obtención de la
sustancia (p. ejemplo, visitar a varios mé-
dicos o desplazarse largas distancias), en el
consumo de la sustancia (p. ejemplo, fu-
mar un pitillo tras otro) o en la recupera-
ción de los efectos de la sustancia.
(6) Reducción de importantes actividades
sociales, laborales o recreativas debido al
consumo de la sustancia.
(7) Se continúa tomando la sustancia a
pesar de tener conciencia de problemas
psicológicos o físicos recidivantes o persis-
tentes, que parecen causados o exacerba-
dos por el consumo de la sustancia (p.
ejemplo, consumo de la cocaína a pesar de
saber que provoca depresión, o continua-
da ingesta de alcohol a pesar de que em-
peora una úlcera).
Codificación del curso de la dependencia
en el quinto dígito:
0 Remisión total temprana
0 Remisión parcial temprana
0 Remisión total sostenida
0 Remisión parcial sostenida
2 En terapéutica con agonistas
1 En entorno controlado
4 Leve/moderado/grave
Especificar si:
Con dependencia fisiológica: signos de
tolerancia o abstinencia (p. ejemplo, si se
cumplen cualquiera de los puntos 1 o 2)
Sin dependencia fisiológica: no hay sig-
nos de tolerancia o abstinencia (p. ejem-
plo, si no se cumplen los puntos 1 y 2)
Criterios para el abuso de sustancias
A. Un patrón desadaptativo de consumo
de sustancias que conlleva un deterioro o
malestar clínicamente significativos, ex-
presado por uno (o más) de los ítems si-
guientes durante un periodo de 12 meses:
(1) Consumo recurrente de sustancias,
que da lugar al incumplimiento de obliga-
ciones en el trabajo, la escuela o en casa
(p. ejemplo, ausencias repetidas o rendi-
miento pobre relacionados con el consu-
mo de sustancias; ausencias, suspensiones
o expulsiones de la escuela relacionadas
con la sustancia; descuido de los niños o
de las obligaciones de la casa).
Trastornos propiamente dichos
498
(2) Consumo recurrente de la sustancia
en situaciones en las que hacerlo es física-
mente peligroso (por ejemplo, conducir
un automóvil o accionar una máquina ba-
jo los efectos de la sustancia).
(3) Problemas legales repetidos relaciona-
dos con la sustancia (por ejemplo, arrestos
por comportamiento escandaloso debido
a la sustancia).
(4) Consumo continuado de la sustancia, a
pesar de tener problemas sociales continuos
o recurrentes o problemas interpersonales
causados o exacerbados por los efectos de la
sustancia (por ejemplo, discusiones con la
esposa acerca de las consecuencias de la in-
toxicación, o violencia física).
B. Los síntomas no han cumplido nunca
los criterios para la dependencia de sus-
tancias de esta clase de sustancia.
Trastornos mentales y del comportamien-
to debidos al uso de sustancias psicoacti-
vas F10-F19 según el CID-10
Este grupo incluye una gran diversidad de
trastornos, de diferente gravedad y formas
clínicas, pero todos atribuibles al uso de
una o más sustancias psicoactivas, las cua-
les pueden o no haber sido prescritas por
el médico.
La identificación de la sustancia psicoacti-
va debe basarse en la mayor cantidad po-
sible de fuentes de información. Estas
incluyen el informe del paciente, análisis
de sangre y otros líquidos corporales, sín-
tomas característicos físicos y psicológi-
cos, signos clínicos y del comportamiento
y otra evidencia, tal como la droga que
posee el paciente, o declaraciones de ter-
ceras personas bien informadas. Muchas
personas que utilizan drogas usan más de
una sustancia psicoactiva.
Las siguientes subdivisiones de cuarto ca-
rácter son para ser usadas en este grupo de
categorías.
.0 Intoxicación aguda
Estado posterior a la administración de una
sustancia psicoactiva, que da lugar a pertur-
baciones en el nivel de la conciencia, en lo
cognitivo, en la percepción, en la afectividad
o en el comportamiento, o en otras funcio-
nes y respuestas psicofisiológicas. Las pertur-
baciones se relacionan directamente con los
efectos farmacológicos agudos de la sustan-
cia, y se resuelven con el tiempo, con recu-
peración completa, excepto en los que
hayan surgido daños titulares u otras com-
plicaciones. Entre las complicaciones pue-
den contarse los traumatismos, la aspiración
de vómito, el delirio, el coma, las convulsio-
nes y otras complicaciones médicas. La na-
turaleza de estas complicaciones depende
del tipo farmacológico de la sustancia utili-
zada y de la forma de administración.
.1 Uso nocivo
Patrón de consumo de una sustancia psi-
coactiva que causa daño a la salud. El
daño puede ser físico (como en los casos
de hepatitis por la autoadministración de
sustancias inyectables) o mental (por
ejemplo, en los episodios de trastorno
depresivo secundario a una ingestión
masiva de alcohol).
.2 Síndrome de dependencia
Conjunto de fenómenos del comporta-
miento, cognitivo y fisiológico, que se desa-
rrollan luego del consumo repetido de la
sustancia en cuestión, entre los cuales se
cuentan característicamente los siguientes:
un poderoso deseo de tomar la droga, un
deterioro de la capacidad para autocontro-
lar el consumo de la misma, la persistencia
del uso a pesar de consecuencias dañinas,
una asignación de mayor prioridad a la uti-
lización de la droga que a otras actividades
y obligaciones, un aumento de la tolerancia
a la droga y , a veces, un estado de abstinen-
cia por dependencia física. Puede haber sín-
dromes de dependencia de una sustancia
especifica psicoactiva (por ejemplo tabaco,
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
499
alcohol o diazepam), de una clase de sustan-
cias (por ejemplo drogas opioides), o de una
variedad más amplia de sustancias psicoac-
tivas farmacológicamente diferentes.
.3 Estado de abstinencia
Grupo de síntomas de gravedad y grado de
integración variable, que aparecen durante
la contención del uso absoluta o relativa de
una sustancia psicoactiva, luego de una fase
de utilización permanente de la misma. El
comienzo y la evolución del estado de abs-
tinencia son de duración limitada y se rela-
cionan con el tipo y la dosis de la sustancia
psicoactiva utilizada inmediatamente antes
de la suspensión o de la disminución de su
consumo. El estado de abstinencia puede
complicarse con convulsiones.
.4 Estado de abstinencia con delirio
.5 Trastorno psicótico
Conglomerado de fenómenos psicóticos
que ocurren durante o después del consu-
mo de sustancias psicoactivas, pero que no
se explican en función de una intoxicación
aguda pura y no forman parte de un esta-
do de abstinencia. El trastorno se caracte-
riza por alucinaciones (auditivas de forma
característica pero a menudo con más de
una modalidad sensorial), por distorsiones
perceptivas, por delirios (a menudo de na-
turaleza paranoide o persecutoria), por
perturbaciones psicomotrices (excitación o
estupor) y por una afectividad anormal,
que puede variar desde el temor intenso
hasta el éxtasis. Habitualmente el sensorio
se mantiene lúcido, pero puede haber cier-
to grado de obnubilación de la conciencia
que no llega a la confusión grave.
.6 Síndrome amnésico
Síndrome asociado a un deterioro crónico
relevante de la memoria reciente y de la
memoria remota. Habitualmente se con-
serva el recuerdo inmediato y la memoria
reciente está característicamente más per-
turbada que la memoria remota. Por lo
común son evidentes las perturbaciones
del sentido del tiempo y de ordenamiento
de los sucesos, como lo es también el de-
terioro de la capacidad de aprendizaje de
nuevos materiales. La confabulación pue-
de ser notoria, aunque no siempre apare-
ce. Habitualmente, las demás funciones
cognitivas se encuentran relativamente
bien conservadas, en tanto los defectos
amnésicos son desproporcionados en rela-
ción a las demás perturbaciones.
.7 Trastorno residual y de comienzo tardío
Trastorno en el cual los cambios cogniti-
vos, de la afectividad, de la personalidad o
del comportamiento inducidos por sus-
tancias psicoactivas o el alcohol, se pro-
longa más allá del período durante el cual
podría asumirse razonablemente que está
operando un efecto directamente relacio-
nado con la misma. El comienzo debe es-
tar directamente relacionado con el
consumo de la sustancia. Las retrospecti-
vas (flashbacks) deben ser diferenciadas del
estado psicótico en parte por su naturale-
za episódica, por ser frecuentemente de
muy corta duración, y porque reproducen
experiencias previas relacionadas con las
sustancia psicoactiva.
.8 Otros trastornos mentales y del com-
portamiento
.9 Trastorno mental y del comportamien-
to, no especificado
Criterios para la intoxicación por sus-
tancias
A. Presencia de un síndrome reversible es-
pecífico de una sustancia debido a su in-
gestión reciente (o a su exposición).
Nota: diferentes sustancias pueden pro-
ducir síndromes idénticos o similares.
B. Cambios psicológicos o comportamen-
tales desadaptativos clínicamente significa-
Trastornos propiamente dichos
500
tivos debidos al efecto de la sustancia sobre
el sistema nervioso central (por ejemplo,
irritabilidad, labilidad emocional, deterioro
cognoscitivo, deterioro de la capacidad de
juicio, deterioro de la actividad laboral o so-
cial), que se presentan durante el consumo
de la sustancia o poco tiempo después.
C. Los síntomas no se deben a una enfer-
medad médica y no se explican mejor por
la presencia de otro trastorno mental
Criterios para la abstinencia de sustancias
A. Presencia de un síndrome específico
de una sustancia debido al cese o reduc-
ción de su consumo prolongado y en
grandes cantidades.
B. El síndrome específico de la sustancia
causa un malestar clínicamente significa-
tivo o un deterioro de la actividad laboral
y social o en otras áreas importantes de la
actividad del individuo.
C. Los síntomas no se deben a una enfer-
medad médica y no se explican mejor por
la presencia de otro trastorno mental
Existe una categoría diagnóstica dentro de
los F93 Trastornos emocionales de comien-
zo específico en la niñez, que el CID-10 só-
lo la menciona de forma somera, pero que
el DSM-IVTR llama Problema de identi-
dad F93.8 [313.82] y describe que esta ca-
tegoría puede usarse cuando el objeto de
atención clínica es la incertidumbre sobre
múltiples aspectos relacionados con la iden-
tidad, como son los objetivos a largo plazo,
elección de profesión, patrones de amistad,
comportamiento y orientaciones sexuales,
valores morales y lealtades de grupo.
Trastorno de la identidad
Criterios para el diagnóstico de F64.x
Trastorno de la identidad sexual [302.xx]
A. Identificación acusada y persistente
con el otro sexo (no sólo el deseo de obte-
ner las supuestas ventajas relacionadas con
las costumbres culturales).
En los niños el trastorno se manifiesta por
cuatro o más de los siguientes rasgos:
(1) Deseos repetidos de ser, o insistencia
en que uno es del otro sexo
(2) En los niños, preferencia por el trans-
vestismo o por simular vestimenta feme-
nina; en las niñas, insistencia en llevar
puesta solamente ropa masculina
(3) Preferencias marcadas y persistentes
por el papel del otro sexo o fantasías refe-
rentes a pertenecer al otro sexo
(4) Deseo intenso de participar en los juegos
y en los pasatiempos propios del otro sexo
(5) Preferencia marcada por compañeros
del otro sexo
En los adolescentes y adultos la alteración
se manifiesta por síntomas tales como un
deseo firme de pertenecer al otro sexo, ser
considerado como del otro sexo, un deseo
de vivir o ser tratado como del otro sexo o
la convicción de experimentar las reaccio-
nes y las sensaciones típicas del otro sexo.
B. Malestar persistente con el propio sexo
o sentimiento de inadecuación con su rol.
En los niños la alteración se manifiesta por
cualquiera de los siguientes rasgos: en los
niños, sentimientos de que el pene o los
testículos son horribles o van a desaparecer,
de que sería mejor no tener pene o aversión
hacia los juegos violentos y rechazo a los ju-
guetes, juegos y actividades propios de los
niños; en las niñas, rechazo a orinar en po-
sición sentada, sentimientos de tener o de
presentar en el futuro un pene, de no que-
rer poseer pechos ni tener la regla o aver-
sión acentuada hacia la ropa femenina.
En los adolescentes y en los adultos la alte-
ración se manifiesta por síntomas como
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
501
preocupación por eliminar las característi-
cas sexuales primarias y secundarias (por
ejemplo, pedir tratamiento hormonal, qui-
rúrgico u otros procedimientos para modi-
ficar físicamente los rasgos sexuales y de
esta manera parecerse al otro sexo) o creer
que se ha nacido con el sexo equivocado.
C. La alteración no coexiste con una en-
fermedad intersexual.
D. La alteración provoca malestar clínica-
mente significativo o deterioro social, la-
boral o de otras áreas importantes de la
actividad del individuo.
Codificar según la edad actual:
F64.2 Trastorno de la identidad sexual
en niños [302.6]
F64.0 Trastorno de la identidad sexual
en adolescentes o adultos [302.85]
Codificar si (para individuos sexualmente
maduros):
Con atracción sexual por los varones
Con atracción sexual por las mujeres
Con atracción sexual por ambos sexos
Sin atracción sexual por ninguno
F64.9 Trastorno de la identidad sexual
no especificado [302.6]
Esta categoría se incluye para codificar los
trastornos de la identidad sexual que no se
clasifican como un trastorno de la identidad
sexual específico. Los ejemplos incluyen:
1. Enfermedades intersexuales (por ejem-
plo, síndrome de insensibilidad a los andró-
genos o hiperplasia suprarrenal congénita) y
disforia sexual acompañante.
2. Comportamiento transvestista transito-
rio relacionado con el estrés.
3. Preocupación persistente por la castra-
ción o la penectomía, sin deseo de adquirir
las características sexuales del otro sexo.
Z55.8 Problema académico [V62.3]
Esta categoría puede usarse cuando el obje-
to de atención clínica es un problema acadé-
mico que no se debe a un trastorno mental
o que, si se debe a un trastorno mental, es lo
bastante grave como para merecer atención
clínica independiente. Un ejemplo es la
existencia de un patrón gradual de fracaso
o la presencia de pocos logros significativos
en una persona con una capacidad intelec-
tual adecuada en ausencia de un trastorno
del aprendizaje o de la comunicación o
cualquier otro trastorno mental que pudie-
ra explicar el problema.
Criterios para el diagnóstico de F43.1
Trastorno por estrés postraumático
[309.81]
A. La persona ha estado expuesta a un acon-
tecimiento traumático en el que han existido.
(1) y (2):
(1) La persona ha experimentado, presen-
ciado o le han explicado uno (o más)
acontecimientos caracterizados por muer-
tes o amenazas para su integridad física o
la de los demás.
(2) La persona ha respondido con un temor,
una desesperanza o un horror intensos.
Nota: En los niños estas respuestas pue-
den expresarse en comportamientos de-
sestructurados o agitados
B. El acontecimiento traumático es reex-
perimentado persistentemente a través de
una (o más) de las siguientes formas:
(1) Recuerdos del acontecimiento recu-
rrentes e intrusos que provocan malestar y
en los que se incluyen imágenes, pensa-
mientos o percepciones.
Trastornos propiamente dichos
502
Nota: En los niños pequeños esto puede ex-
presarse en juegos repetitivos donde aparecen
temas o aspectos característicos del trauma.
(2) Sueños de carácter recurrente sobre el
acontecimiento, que producen malestar.
Nota: En los niños puede haber sueños
terroríficos de contenido irreconocible.
(3) El individuo actúa o tiene la sensación
de que el acontecimiento traumático está
ocurriendo (se incluye la sensación de es-
tar reviviendo la experiencia, ilusiones,
alucinaciones y episodios disociativos de
flashback, incluso los que aparecen al des-
pertarse o al intoxicarse).
Nota: Los niños pequeños pueden reesceni-
ficar el acontecimiento traumático específico
(4) Malestar psicológico intenso al expo-
nerse a estímulos internos o externos que
simbolizan o recuerdan un aspecto del
acontecimiento traumático.
(5) Respuestas fisiológicas al exponerse a
estímulos internos o externos que simbo-
lizan o recuerdan un aspecto del aconteci-
miento traumático.
C. Evitación persistente de estímulos aso-
ciados al trauma y embotamiento de la
reactividad general del individuo (ausente
antes del trauma), tal y como indican tres
(o más) de los siguientes síntomas:
(1) Esfuerzos para evitar pensamientos,
sentimientos o conversaciones sobre el su-
ceso traumático.
(2) Esfuerzos para evitar actividades, luga-
res o personas que motivan recuerdos del
trauma.
(3) Incapacidad para recordar un aspecto
importante del trauma.
(4) Reducción acusada del interés o la
participación en actividades significativas.
(5) Sensación de desapego o enajenación
frente a los demás.
(6) Restricción de la vida afectiva (por
ejemplo, incapacidad para tener senti-
mientos de amor).
(7) Sensación de un futuro desolador (por
ejemplo, no espera obtener un empleo,
casarse, formar una familia o, en definiti-
va, llevar una vida normal).
D. Síntomas persistentes de aumento de
la activación (arousal) (ausente antes del
trauma), tal y como indican dos (o más)
de los siguientes síntomas:
(1) Dificultades para conciliar o mantener
el sueño.
(2) Irritabilidad o ataques de ira.
(3) Dificultades para concentrarse.
(4) Hipervigilancia.
(5) Respuestas exageradas de sobresalto.
E. Estas alteraciones (síntomas de los
Criterios B, C y D) se prolongan más
de1 mes.
F. Estas alteraciones provocan malestar
clínico significativo o deterioro social, la-
boral o de otras áreas importantes de la
actividad del individuo.
Especificar si:
Agudo: si los síntomas duran menos de
tres meses
Crónico: si los síntomas duran tres meses
o más
Especificar si:
De inicio demorado: entre el aconteci-
miento traumático y el inicio de los sínto-
mas han pasado como mínimo seis meses. ■
PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
503
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PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
1. Verdadero
2. Falso
3. Falso
4. b
5. a
6. d
7. a
8. d
9. c
10. e
11. d
12. d
13. d
14. a
507
INICIAL
RESPUESTAS
A LA AUTOEVALUACIÓN

Pac 4 8

  • 1.
    AVALADO POR COMITÉ EJECUTIVO 2002- 2003 Dr. Marco Antonio López Butrón Presidente Dr. Luis Enrique Rivero Almanzor Presidente Electo Dr. Eduardo Núñez Bernal Secretario General Dr. Omar Kawas Valle Tesorero VICEPRESIDENTES REGIONALES Dr. Aarón Gamez Robles Norte Dr. Jaime Orozco Ibarra Centro Dr. Jesús Orueta Alvarez Sur Dr. Aldo A. Suárez Mendoza Coordinador Editorial Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad LIBRO 8 AUTORES Dr. Jesús del Bosque Garza Mtra. Citlali Suárez Meaney Dr. Eduardo Arroyo García Dr. Félix H. Higuera Romero Dr. Héctor Rodríguez Juárez ESTE ES UN SERVICIO EDUCATIVO APOYADO POR PSIQUIATRÍA-4PSIQUIATRÍA-4 PROGRAMA DE ACTUALIZACIÓN CONTINUA EN PSIQUIATRÍA
  • 2.
    Autores Dr. Jesús delBosque Garza Médico Psiquiatra, Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia Profesor y miembro del Comité Académico de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM Vicepresidente de la Asociación Mexicana de Psiquiatría Infantil Presidente electo de la Asociación Psiquiátrica Mexicana Coordinador Nacional de Salud Mental Infantil Mtra. Citlali Suárez Meaney Maestra en Psicología Clínica, Psicoanalista, Psicóloga Clínica Adscrita a la Coordinación Nacional de Salud Mental Infantil Dr. Eduardo Arroyo García Médico Psiquiatra Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia Adscrito a la Coordinación Nacional de Salud Mental Infantil Dr. Félix H. Higuera Romero Médico Psiquiatra Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia Director del Hospital Psiquiátrico Infantil "Dr. Juan N. Navarro" Dr. Héctor Rodríguez Juárez Médico Psiquiatra Psiquiatra Infantil y de la Adolescencia Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica Profesor invitado de la Facultad de Medicina de la UNAM Secretario técnico de la Dirección General de Salud Mental PAC® PSIQUIATRÍA-4 Primera Edición 2003 Copyright © 2004 Intersistemas, S.A. de C.V. Todos los derechos reservados. Este libro está protegido por los derechos de autor. Ninguna par- te de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en algún sistema de recuperación, o transmitida de ninguna forma o por ningún medio, electrónico o mecánico, incluyendo fotoco- pia, sin autorización previa del editor. PAC® Es una marca registrada de Intersistemas S. A. de C. V. ISBN 970-655-597-8 Edición completa ISBN 970-655-669-9 Libro 8 En función de los rápidos avances en las ciencias médicas, el diagnóstico, tratamiento, tipo de fármaco, dosis, etc., deben verificarse en forma individual; por lo que el autor, editor y patroci- nador no se hacen responsables de ningún efecto adverso derivado de la aplicación de los con- ceptos vertidos en esta publicación, la cual queda a criterio exclusivo del lector. Cuidado de la edición: Dra. Ma. del Carmen Ruíz Alcocer Diseño de portada: DG. Edgar Romero Escobar Diseño y diagramación: DCG. Myriam Escobar Cid Impreso en México Una edición de: Intersistemas, S.A. de C.V. Aguiar y Seijas 75 Lomas de Chapultepec 11000, México, D.F. Tel.: (5255) 55202073 Fax: (5255) 55403764 intersistemas@intersistemas.com.mx www.intersistemas.com.mx www.medikatalogo.com
  • 3.
    Contenido Autoevaluación inicial .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 433 Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 437 Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 439 Sobre el concepto y la historia de la adolescencia . . . . . . . . . . . . . 439 Normalidad y anormalidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 442 Características del proceso adolescente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 444 Separación progresiva de los padres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 449 Conducta en el adolescente . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 453 Qué hacer con un adolescente que tiene problemas de conducta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 460 Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 463 Desarrollo psicosexual normal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 463 Desarrollo psicosexual anormal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 467 Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 472 Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia . . . . . . . 473 Conclusiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 479 Trastornos propiamente dichos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 481 F43.2 Trastornos de adaptación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 481 Esquizofrenia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 485 Ansiedad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 487 Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 503 Respuestas a la autoevaluación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 507
  • 4.
    INSTRUCCIONES PARA OBTENERPUNTAJE CON VALOR PARA RECERTIFICACIÓN La Asociación Psiquiátrica Mexicana avala el Programa de Actualización Continua (PAC) Psiquiatría con puntos válidos para la recertificación de médicos psiquiatras. Para solicitar los puntos es necesario que conteste todas las preguntas inclui- das en el cuadernillo de evaluación que acompaña al libro 10. Anote con claridad los datos de identificación que se le solicitan y entregue el cuadernillo al representante de Pfizer quien lo hará llegar a la Asociación Psiquiátrica Mexicana, donde le expedirán la constancia correspondiente en el caso de que cubra 80% o más de aciertos.
  • 5.
    433 Ver respuestas en lapágina 507 Autoevaluación inicial 1. La diferencia fundamental entre la patología y la normalidad, es la frecuencia e intensidad con la que ocurren las conductas: a) Falso b) Verdadero 2. Si el adolescente duerme demasiado o demasiado poco, tiene dificul- tades para dormir, está demasiado irritable o intranquilo, desea o ma- nifiesta deseos de no querer vivir, humor lábil, muestra desinterés por todo o casi todo, se puede pensar que está desarrollando un trastor- no de conducta: a) Falso b) Verdadero 3. La sexualidad es la suma de conductas sexuales: a) Falso b) Verdadero 4. La conducta del adolescente "típico" como se describe en múltiples ámbitos, sobre todo en los medios masivos de comunicación, es: a) La que describe las conductas del adolescente claramente b) Se cuestiona que represente realmente a los adolescentes c) Los padres la aceptan por ser apegada a la realidad d) a y b son ciertas e) Todas son ciertas 5. Definición de una conducta de riesgo: a) Una conducta que puede comprometer el bienestar, la salud y el curso de la vida de un adolescente; la mayor importan- cia está en la potencialidad de que dichas conductas acarreen consecuencias adversas o resultados negativos b) Una conducta que puede comprometer la salud de un ado- lescente c) Sólo las que acarreen consecuencias adversas o resultados ne- gativos d) Ninguna de las anteriores
  • 6.
    434 6. Los síntomasde alarma o factores de riesgo a ser evaluados podrían ser: a) Ira intensa, ataques de furia o pataletas b) Irritabilidad extrema, impulsividad extrema, muy poca tole- rancia a la frustración c) Conductas repetitivas que pongan en evidencia que no se contemplan los derechos de propiedad ni se tiene considera- ción hacia los demás d) Todas las anteriores 7. Características anatómicas y fisiológicas que indican que el individuo es varón o mujer: a) Identidad sexual b) Orientación sexual c) Identidad de género d) Rol de género e) Conducta sexual tipo 8. La imagen de masculinidad versus femineidad que es comunicada a otros: a) Identidad sexual b) Orientación sexual c) Identidad de género d) Rol de género e) Conducta sexual tipo 9. Los individuos con trastorno de identidad sexual: a) Usualmente intentan mantener el rol de género asignado por el sexo biológico b) Usualmente son adultos c) Usualmente asumen que crecerán como miembros del sexo opuesto d) Usualmente deciden la operación del cambio de sexo e) Obtienen placer sexual cuando se visten con ropa del sexo contrario 10. Una niña con trastorno de identidad de género en la infancia: a) Regularmente tiene comparaciones masculinas b) Rechaza orinar en posición sentada c) Podría aseverar que tiene o le podría crecer el pene d) Presenta conductas masculinas en la adolescencia e) Todas las anteriores PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    435 11. Un bebéque ha nacido con genitales externos ambiguos y en estudios posteriores se observa que ambos ovarios y testículos están presentes, cursa con: a) Síndrome de Klinefelter b) Síndrome de Turner c) Hiperplasia adrenal congénita d) Hermafroditismo e) Síndrome de insensibilidad a los andrógenos 12. Es la capacidad de resistir a la adversidad, y convivir con los factores de riesgo sin involucrarse en los problemas, y salir airoso ante éstos, lo que se asocia a un buen ajuste y una adecuada salud mental: a) Adaptación b) Contención c) Defensa d) Resiliencia e) Autoeficacia 13. Los factores de riesgo y protectores en el adolescente pueden tener un impacto diferente que depende de: a) Etapa de la adolescencia b) Estilo de vida c) Escuela, disciplina, temperamento d) Normas culturales, valores, creencias e) Aparato psíquico 14. Los factores individuales de alto riesgo que pueden provocar trastor- nos del desarrollo psicosocial tienen que ver con: a) Temperamento, sociabilidad, actividad, inteligencia, compe- tencia en habilidades b) Disciplina, temperamento, organización psíquica c) Factores traumáticos en la infancia, ansiedades de separación d) Funciones yoicas, adaptación, funciones mentales superiores e) Impulsividad, agresividad, fantasías y miedos en la infancia Autoevaluación inicial
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    L a adolescencia esuna etapa del ciclo vital con características particulares que la diferencian de cualesquiera de las demás, entre otras razones, por la enorme carga de deseos y aspiraciones, cambios del estado de ánimo, remoción de valores, producción de una nueva con- cepción del mundo interior y exterior, di- ferente enfrentamiento con los principios éticos, religiosos y sociales, nueva valori- zación del pasado y sobre todo del futuro, que colocan al individuo en una situación calificada por muchos como crítica, pro- funda y larga y que despierta un especial interés para muchas personas que siendo o no profesionales, en alguna medida es- tán involucradas en la salud mental o bien tienen contacto más o menos estrecho con sujetos que transitan por este periodo de la existencia. Al revisar la literatura científica, nos en- contramos con infinidad de textos, trata- dos, revistas, artículos de investigación, etc., llamando la atención la falta de uni- formidad en los criterios para definir los límites entre lo normal y lo anormal. Mendiguchia, por ejemplo, califica a esta fase evolutiva como "tempestuosa, crítica y difícil" cual si fuera una enfermedad, se- ñalando que este concepto peyorativo su- frió notable incremento en los años posteriores a la II Guerra Mundial, al pro- ducirse la llamada "revolución juvenil" y la consiguiente "guerra de generaciones". Los condicionamientos ambientales (ali- mentación, temperatura, estructuras polí- tico-sociales, familiares o educativas) hacen que se produzcan variaciones pro- fundas en el proceso adolescente que se verifica entre unos lugares y otros. Ante un tema tan apasionante y controversial, un grupo de profesionales vinculados con la salud mental infantil y de la adolescen- cia nos dimos a la tarea de efectuar una exhaustiva revisión y elaborar el presente trabajo que nos generó muchas más dudas de las que teníamos, pero también la in- quietud y el compromiso de continuar trabajando en el campo para intentar disi- parlas y en todo caso compartirlas. "Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad", título del presente libro, que pretende iniciar la búsqueda de pará- metros más sólidos que permitan al clínico enfrentar con mejores herramientas las complejas vicisitudes que se presentan en esta etapa de la vida en la que fácilmente se confunde lo sano con lo patológico. En la primera parte se hace una revisión histórica de los conceptos de adolescencia y pubertad, de la conducta normal y de la percepción que de ella se tiene por parte de la población general y de la que tienen de sí mismos los propios adolescentes; luego se abordan los estudios sobre las explicacio- nes bioquímicas, sociales y familiares de la conducta adolescente y la perspectiva de ésta desde la frontera de la normalidad has- ta los terrenos francos de la psicopatología, así como el análisis de algunos elementos que pueden ser más o menos comunes en uno y otro lado como son las drogas, los robos y los tatuajes. En el siguiente aparta- do, se describe el desarrollo psicosexual normal en las diferentes fases de la adoles- cencia, la evolución de los intereses sexua- les, los cambios por el funcionamiento orgánico y las disfunciones sexuales. Más adelante, se plantean algunas consideracio- nes acerca del desarrollo de la psicopatolo- gía en la adolescencia desde la perspectiva de la psicopatología del desarrollo. Por último, se presentan los criterios diagnósticos especificados en la Clasifi- cación Estadística Internacional de En- fermedades y Problemas Relacionados Introducción 437 La adolescencia es una etapa del ciclo vital con características particu- lares que la diferencian de cualesquiera de las demás. Aún cuando la literatura es amplia, llama la atención la falta de uniformidad en los criterios para definir los límites entre lo normal y lo anormal. Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad", título del presente libro, que pretende iniciar la búsqueda de parámetros más sólidos que permitan al clínico enfrentar con mejores herramientas las complejas vicisitudes que se presentan en esta etapa de la vida en la que fácilmente se confunde lo sano con lo patológico.
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    438 con la Saluden su Décima Revisión (CIE-10), así como en el Manual Diag- nóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su versión más reciente (DSM-IV-TR), para los trastornos que se manifiestan en la adolescencia. Es enorme la responsabilidad de los pro- fesionales que laboramos en el terreno de la salud mental infantil y de la adolescen- cia, pues debemos entender y atender las múltiples variables que intervienen en el desarrollo, especialmente en la fase ado- lescente, por los riesgos que le son inhe- rentes y estar en condiciones de poder brindar una atención integral que reper- cuta en una mejor calidad de vida y un futuro promisorio. ■ PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    439 SOBRE EL CONCEPTOY LA HISTORIA DE LA ADOLESCENCIA La palabra "adolescente", es un término que proviene de adolescens,-tis, del latín de la primera mitad del siglo XV, que signifi- ca ‘hombre joven’ ‘que está creciendo’, y es el participio activo de adolescere que sig- nifica ‘crecer’ (ad: ‘hacia’, y olescere o ales- cere: ‘ser alimentado’.1 Deriva de adolescentia, que en 1444 signi- ficaba ‘juventud’ y en 1560 Adulto, del la- tín adultus, participio pasivo del propio verbo adolescere y que deriva de adolescere, accrescere, que significa aumentar o crecer (1.1) y está definido por el diccionario de la Real Academia2 como: “1.f. Edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo.” Por otra parte, la pubertad está definida en el mismo diccionario como: “1.f. Pri- mera fase de la adolescencia, en la cual se producen las modificaciones propias del paso de la infancia a la edad adulta.” Pro- viene del latín pubertas, edad viril, virili- dad, hombría, valentía, valor. En el latín más antiguo, se entendía como sinónimo de prima adolescentia, es decir, se encuen- tra en el principio de la adolescencia. Ambas palabras, tanto adolescencia como pubertad, están relacionadas con un pe- riodo de crecimiento que implica la entra- da o el paso a la edad adulta, sin embargo, es pertinente dejar clara la diferencia entre una y otra. La pubertad, como el portal a la vida adulta, ha sido entendida y vivida de esta manera en múltiples sociedades y a lo lar- go del tiempo; Sir James George Frazer3 relata en "La rama dorada" que a finales del siglo XIX, en diversas culturas, la mu- jer pubescente tendía a ser confinada en lugares en los que no pudiera relacionarse con nadie a excepción de algunas mujeres del grupo, en ocasiones encapullada en una hamaca, en otras, internada en una jaula durante años a partir de los primeros signos de pubertad, fundamentalmente la menarca, y a pesar de que las prohibicio- nes a las que se veía sometida variaban de acuerdo a la cultura en cuestión, en la ma- yoría de ellas predominaban la prohibi- ción de pisar el suelo y ver o salir al sol; de hecho, un relato en Camboya habla de que la doncella camboyana en pubertad "entra en la sombra", pues algo podía su- cederle al entorno, a las personas o a las mismas jovencitas de no ser aisladas; de acuerdo con Frazer,3 dicho confinamiento podía ir de unos cuantos días a varios años incluso, y en general era seguido por ri- tuales de purificación y renacimiento, por ejemplo, en la isla de Mabuiag, cuando en una niña aparecían los primeros signos de la pubertad, permanecía tres meses en es- tado de reclusión después de los cuales sus acompañantes la llevaban en brazos, ya que no debía tocar el suelo, a un arroyo cercano en donde era inmersa, para des- pués, en medio de una procesión de mu- jeres, ser llevada a la aldea a comer y bailar con los esposos de las que habían sido sus cuidadoras. (3, p.673). Así mismo, en Ka- badi, cuando las hijas de los jefes estaban próximas a cumplir los 12 o 13 años, eran guardadas durante dos o tres años sin po- der ver el sol y entre los Danom de Bor- neo la niña de ocho a diez años quedaba aislada en un cuarto muy pequeño duran- te largo tiempo, casi totalmente a oscuras, nadie más que una esclava podía verla, y ya que el confinamiento duraba cerca de siete años, y su cuerpo se desarrollaba po- co, al llegar la pubertad salía "pálida como la cera, ahora la muestran al sol, la tierra, Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad
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    440 el río, lasflores y los árboles como si aca- bara de nacer." (3, p.673). De acuerdo con Frazer la prohibición de mirar el sol para las jovencitas era suma- mente extendida, relata una leyenda Sibe- riana en que "Un Kan tenía una hermosa hija encerrada en una casa oscura de hierro para que ningún hombre pudiera verla. Una anciana la cuidaba y cuando la niña llegó a ser mujer preguntó a la anciana: ¿Dónde vas con tanta frecuencia? ‘Niña mía, dijo la vieja dama, allá fuera hay un mundo brillante y en ese mundo brillante viven tu padre y tu madre y toda clase de gentes. Allí es donde voy’. La doncella le dijo ‘Madre buena, yo no le diré a nadie, pero enséñame ese mundo brillante’. De este modo, la mujer anciana sacó a la mu- chacha de la casa de hierro y cuando ella vio el mundo brillante se tambaleó y per- dió el conocimiento; el ojo de Dios cayó sobre ella, dejándola embarazada" (3, p.678). ¿No es esto lo que sigue haciendo la sociedad actual? intentar contener el ím- petu de los jóvenes para que ese "brillante nuevo mundo" no los deslumbre tanto, y que no resulten enfrentados a la adultez de manera temprana sin estar preparados psi- cológica y socialmente para ello. La prohibición de tocar el suelo y de mi- rar o salir al sol, es una prohibición que también se observaba en sacerdotes o re- yes sagrados en culturas como la zapoteca en México, el Mikado japonés y los incas en Perú, entre otros, y dicha prohibición era de tal importancia que en algunas de estas culturas los hombres sagrados que no la acataban podían llegar a perder su caudi- llaje o posibilidades de gobernar.3 Resulta curioso encontrar que a las jóvenes pubes- centes se les atribuyen los mismos rasgos mágicos o de poder que a los hombres sa- grados, lo cual posiblemente, dada su re- lación estrecha con la aparición de la menstruación, está asociado al poder má- gico que se le atribuye a la fertilidad. Sir James G. Frazer hace la referencia de que las prohibiciones antes mencionadas son un intento de mantener a los reprimidos suspendidos entre el cielo y la tierra como un intento de protección para ellos y para los que los rodean, como una manera también de controlar esos poderes mági- cos que se les atribuyen. En los ritos de iniciación para los jóvenes pubertos, el factor común encontrado en los diferentes grupos son los ritos de muer- te y resurrección, a veces son "tragados" por un monstruo que posteriormente los vomita, para dar origen a su renacimiento, "En la tribu Wonghi de Nueva Gales del Sur, los jóvenes, al llegar a la virilidad, son iniciados en una ceremonia secreta(…) [En la cual,] después de la fractura trau- mática de un diente, se les da a los novi- cios nombres nuevos (el subrayado es nuestro), indicadores del paso de la juven- tud a la virilidad" (3, p.776), "Los Ualaroi del Río Alto Darling decían que en la ini- ciación de un muchacho llegaba un espí- ritu que le mataba y le volvía a la vida después como hombre joven" (3, p.776). En otras aldeas existía una casa especial (casa kakiana) para llevar a los chicos al ri- tual iniciático en el que se simulaba que eran tragados por el diablo quien, a peti- ción de el sacerdote y los padrinos, los re- sucitaba y posteriormente "(…) sus padrinos tienen que enseñarles los actos más corrientes de la vida como si fueran criaturas recién nacidas…(el subrayado es nuestro) después de estos ritos (…) ya se les considera hombres hechos y derechos y pueden casarse (…)." (3, p.776). La ma- yor parte de los ritos de iniciación suce- den en la pubertad, hecho que da más sentido al significado de la palabra del la- tín pubertas, que remite a edad viril, viri- lidad, hombría, valentía, valor. En la clase dominante de la Italia del siglo XV, al ser las jovencitas las futuras educa- doras domésticas de la moral y la fe, te- nían que ser educadas "mediante santas enseñanzas, a llevar una vida casta, religio- sa y a entregarse constantemente a traba- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    441 jos femeninos" y"como la madre de fami- lia es a sus ojos la auténtica depositaria de los valores privados, es de desear que se consagre por entero a su defensa y a su transmisión. La educación de las jóvenes habrá de concebirse en consecuencia" (4, p.294). En esta misma época (la Italia de los siglos XIV y XV) ya se observaba que los jóve- nes se relacionaban más fácilmente con jóvenes del mismo sexo, forjando solidari- dades que les servirían en un futuro para movilizarse en su mundo adulto, esta soli- daridad entre los doce a catorce años, mostraba que los muchachos gozaban de mayor libertad para poder escapar del me- dio familiar y forjarse un mundo privado y complementario, ya en esa época se veía que los chicos se organizaban en auténti- cas bandas que se llegaban a convertir en fuente de temor para los adultos. Los muchachos trabajaban ya, y utiliza- ban sus sustanciales sueldos para sus gus- tos como salir, vestir bien y seguir la moda, de acuerdo con Duby,4 más que tratar de romper el ámbito privado infan- til para emerger en la vida pública como adultos, lo que hacía esta estimulación de pandilla era permitirles reconstruir y mul- tiplicar su mundo privado para situarse fuera del control de los padres, conquistar espacio, "…al crecer, los adolescentes no buscan en verdad abandonar el mundo privado que los ha encuadrado exclusiva- mente hasta entonces. Lo que hacen más bien es multiplicar las experiencias de nuevos mundos privados, yuxtapuestos — cada uno con su espacio, su amplitud, sus reglas, sus ritos, su secreto— y a la vez colectivos, en los que la presencia de sus camaradas sostiene la afirmación personal sin vejarla." (4, p.259). Como podemos ver, no es casualidad que la palabra ado- lescente como la conocemos ahora, haya surgido en la Italia de esta época. En estos relatos se encuentran más seme- janzas con la época actual de lo que po- dríamos imaginar, Hesíodo ya decía en el siglo VIII a.C.: "No veo esperanza para el futuro de nuestro pueblo si éste ha de depender de la juventud frívola de hoy, ya que ciertamente todos los jóvenes son pre- cipitados más allá de toda descripción. … Cuando yo era niño, fuimos enseñados a ser discretos y respetuosos con nuestros mayores, pero actualmente los jóvenes son extremadamente necios e intolerantes de cualquier freno."5 Al parecer la pubertad ha sido un tema que ha requerido atención especial en la mayor parte de las culturas, si no es que en todas; el adolescente se encuentra y se ha encontrado siempre suspendido entre dos etapas, entre el cielo y la tierra, entre la infancia y la adultez, no son ya los ni- ños que eran pero tampoco pueden acce- der aún al mundo adulto, dada la necesidad de adquirir una nueva identi- dad, de un periodo de acoplamiento a las nuevas responsabilidades exigidas por el mundo, un momento en el que se tiene que abandonar al niño que se fue y rena- cer como un nuevo individuo, sin ser des- lumbrados antes de tiempo y para ello todas las culturas cuidan y acompañan a sus pubertos. La pubertad se refiere "al proceso físico de cambio que se caracteriza por el desarrollo de las características sexuales secundarias" (6, p.48). Macías-Valadéz describe este proceso como "el conjunto de cambios endocrinos y fisiológicos que aparecen en- tre la infancia y la adolescencia, y que conducen a la madurez sexual y a la repro- ducción". (7, p.14). Un evento biológico, que se puede prolongar por un periodo de dos años, generado por los cambios hor- monales y el crecimiento corporal que de ellos resultan, y que se hace evidente a partir de la aparición de la menstruación en la mujer y la eyaculación en el hombre. La adolescencia es el proceso mental y so- cial de cambio que se ancla en las transfor- Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad La pubertad es un evento biológico, que se puede prolongar por un periodo de dos años, generado por los cambios hormonales y el crecimiento corporal que de ellos resultan, y que se hace evidente a partir de la aparición de la menstruación en la mujer y la eyaculación en el hombre.
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    442 maciones corporales yestá influido por el entorno, abarca de seis a ocho años, se ini- cia en la pubertad y termina en la juven- tud, los autores , aunque difieren en las edades de inicio;6-11 en general dividen este proceso en tres fases: adolescencia incipien- te o temprana, de 12 a 14 años; adolescen- cia media o propiamente tal, entre los 14 y los 16 años y la adolescencia tardía, entre los 17 y los 18 años, sin embargo, hay que aclarar que no se puede o debe fijar en una referencia cronológica exacta, ya que es va- riable la edad de inicio, duración, desarro- llo sexual, psicológico y social (8, p.82). NORMALIDAD Y ANORMALIDAD Algunos autores denominan al periodo de la adolescencia como "confusión adolescen- te"12 o "torbellino",7 o bien, como un "tiempo turbulento aún sin enfermedad",13 de cualquier modo, es tema discutido si el proceso adolescente con floridas manifes- taciones, es normal o anormal. En primer lugar, es necesario establecer el concepto de normalidad. De acuerdo con el diccionario de la Real Academia,2 la pa- labra proviene del latín normalis (regular) y dentro de sus acepciones se encuentran las siguientes: “1.adj.dicho de una cosa que se halla en su estado natural; 2.adj. Que sirve de norma o regla; 3.adj.dicho de una cosa que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fi- jadas de antemano.” Offer9 plantea que las definiciones de nor- malidad pueden ser abarcadas desde cua- tro perspectivas: normalidad como salud —que implica la ausencia de síntomas—; normalidad como utopía —un estado di- fícil de alcanzar por la mayor parte de la gente—; normalidad como promedio o media —la normalidad es la media y los extremos una desviación— y la cuarta, que entiende la normalidad como un sis- tema "transaccional" que enfatiza la con- ducta normal como resultado de la interacción de los sistemas que cambian a lo largo del tiempo y que implica el cons- tante cambio de los individuos y del con- texto en el que viven, esta perspectiva contempla las diferencias individuales que incluyen el temperamento y las experiencias únicas para cada sujeto junto con los patro- nes sociales, incluyendo los determinados históricamente; los patrones particulares adoptados con respecto a la adaptación o al trastorno estarían ligados a la manera en la que se relaciona el sujeto con el medio so- cial a lo largo del tiempo.9 Esta última perspectiva es compartida por otros autores7,14,15 sobre todo en el sentido de ver la adolescencia como un proceso que involucra no sólo los factores intrín- secos de la personalidad del adolescente, sino también la influencia del medio, las exigencias, miedos y expectativas de éste hacia el adolescente, además, por supues- to, de los factores biológicos y cognitivos. A pesar de que algunos autores9,16 han afir- mado que la mayor parte de los adolescen- tes (80%) no experimentan confusión o trastornos psicológicos, estudios realizados en la Isla de Wight, en Nueva Zelanda, Australia, Nueva York y Canadá, entre otros,10,12,17 concuerdan con que la preva- lencia de trastornos de salud mental en es- te periodo de la vida es de entre 14 y 20%, es decir, en uno de cada cinco adolescen- tes, el conflicto es serio y ello está relacio- nado íntimamente con la manera en que se interrelacionan todos los factores en la vida de esos sujetos desde la infancia. No obstante lo anterior, éste es un periodo en el que se incrementa notablemente la pre- valencia de un amplio rango de trastornos de salud mental, como los trastornos del humor, trastornos alimentarios, suicidio y accidentes,11 así como conducta antisocial y uso y abuso de sustancias.18 La discusión sobre la frecuencia y la inten- sidad con la que ocurre "la confusión ado- lescente" y hasta qué punto se debe considerar la misma como regla o norma, ha tenido lugar desde hace muchos años. PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 La adolescencia es el proceso mental y social de cambio que se ancla en las transformaciones corporales y está influido por el entorno, abarca de seis a ocho años, se inicia en la pubertad y termina en la juventud. La prevalencia de trastornos de salud mental en este periodo de la vida es de entre 14 y 20%,
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    443 Los griegos comoAristóteles y Platón veían en el periodo que ahora conocemos como adolescencia, una época de la vida caracte- rizada por la vulnerabilidad y cambio que requería de especial cuidado en la educa- ción y que hacía necesaria la coacción por parte del medio; en 1904 Stanley Hall12 postulaba que en los chicos saludables era normal un periodo de semicriminalidad y Anna Freud habló de que lo anormal en es- te estadio era la consecución de un equili- brio; en años recientes este punto de vista de la adolescencia como algo inherente- mente tormentoso, ha sido atacado por au- tores como Offer, quien considera que se ha hecho una sobregeneralización por par- te de los profesionales de la salud mental y que en realidad la adolescencia es un perio- do de la vida que puede ser transitado con o sin confusión y turbulencia.12 Autores como Steinberg19 y Holmbeck15 concuerdan en que la investigación sobre la etiología, prevención y tratamiento de los trastornos y disfunciones durante la adolescencia debe ser guiada por dos prin- cipios fundamentales: el primero, enmar- cado en el campo de la psicopatología del desarrollo, se refiere a que el estudio de la psicología clínica del adolescente se debe enfocar en la trayectoria de los trastornos que preceden, caracterizan y siguen a la adolescencia. En segundo lugar y enmar- cado ya en la literatura del desarrollo nor- mal adolescente, la psicología clínica de la adolescencia debe proceder reconociendo explícitamente los aspectos biológicos, cognitivos, psicosociales y contextuales como únicos y que definen la adolescen- cia como una etapa del desarrollo y aun- que se ha logrado integrar la psicología clínica del adolescente en el terreno de la psicopatología del desarrollo, aún falta mucho con respecto a la integración del estudio de los fenómenos clínicos en la adolescencia, al conocimiento del desarro- llo normal de este periodo y seguramente más investigaciones de tipo longitudinal, sobre todo, que tomen en cuenta las varia- bles del desarrollo. Holmbeck15 también plantea que para abordar el tema de la adolescencia es ne- cesario un marco psicosocial que con- temple todos los factores que pueden influir en el proceso adolescente, desde los biológicos, cognitivos y sociales, pa- sando por el contexto interpersonal del desarrollo adolescente (familia, pares, es- cuela, trabajo), hasta las resultantes del desarrollo del adolescente como logros, autonomía, identidad, adaptación psico- social y sexualidad, así como las variables interpersonales y demográficas que pue- den moderar los demás factores, es decir, los cambios en el desarrollo de la adoles- cencia impactan las conductas de otros, mismos que influyen en la manera en la que el adolescente resuelve la mayor par- te de las cuestiones de la propia adoles- cencia, por ejemplo "la madurez puberal temprana puede llevar a un temprano comienzo de la vida sexual activa sólo cuando los miembros de la familia reac- cionan ante este hecho de cierta manera, como incrementando las restricciones y la supervisión" (15 p.410) . De acuerdo con King,12 la verdad debe en- contrarse en un punto medio y es necesa- rio primero establecer claramente los términos, conceptos y parámetros para hablar del grado y el tipo de confusión, por ejemplo. La postura de este trabajo al respecto coincide con la de Mauricio Knobel quien postula el Síndrome de la adoles- cencia normal; dicha postura se refiere a un periodo doloroso, lleno de contra- dicciones, confusiones y ambivalencias, caracterizado por fricciones con el am- biente familiar y social, que surge como producto de la propia situación evoluti- va, de la interacción del adolescente con su medio y que incluye toda esta serie de manifestaciones que en ocasiones ad- quieren características patológicas sin serlo necesariamente,14 en donde el de- senlace dependerá de la interacción de todos los factores (Figura 1). Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad
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    444 Entonces ¿cómo puedediferenciarse lo normal de lo patológico en la adolescen- cia? ¿En dónde está el límite? ¿Qué signos debemos identificar como señales de alar- ma de que ese límite se está cruzando?, es justo este tema el que se tratará de esclare- cer a lo largo de este trabajo. En realidad, los límites entre lo normal y lo anormal en este periodo de la vida re- sultan sumamente borrosos, debido a que el mismo está definido por múltiples cam- bios biológicos, psicológicos y sociales que sólo son comparados con los que ocu- rren en la infancia temprana. La adoles- cencia se caracteriza por ser una etapa crítica del ciclo vital en la que se estable- cen las conductas que habrán de manifes- tarse toda la vida y que pueden alterar la trayectoria de los sujetos en forma impor- tante, ya sea en dirección positiva o nega- tiva, y que como consecuencia de ello, la presencia de conflictos es ineludible e in- cluso útil, a pesar de que esto produzca reacciones por parte del medio que rodea al adolescente, aumentando así el carácter conflictivo de este periodo.20,15 No se puede establecer una patología es- pecífica de la adolescencia, sino más bien pueden presentarse manifestaciones pato- lógicas semejantes a las observadas en la infancia y la adultez con "algunos rasgos particulares asociados a los cambios del desarrollo propios de la adolescencia".10 En cualquier etapa de la vida, muy pocos trastornos tienen una sola causa y es más común el interjuego entre los factores de riesgo, lo que aumenta la vulnerabilidad o susceptibilidad; es decir, son múltiples los factores que intervienen tanto para que un sujeto sea resistente a algún tras- tornos como para que sea susceptible.18 Sin embargo, sólo el conocimiento ad- quirido a través de investigaciones longi- tudinales, sobre el desarrollo normal, la psicopatología del desarrollo y las varia- bles que influyen, es lo que proveerá in- formación más precisa para identificar qué cambios son clínicamente significa- tivos, quién necesita de atención, y cuál será la respuesta al tratamiento;15 pues no son los datos epidemiológicos los que es- casean sino "la perspectiva de análisis que permita dar sentido a la vasta infor- mación existente".21 Finalmente, es importante decir que siempre la línea entre lo normal y la pato- logía se relaciona con la frecuencia e in- tensidad con la que aparecen conductas, sentimientos, pensamientos o eventos que pueden formar parte del proceso normal del desarrollo. CARACTERÍSTICAS DEL PROCESO ADOLESCENTE Se enlistan como características del pro- ceso adolescente, una serie de fenóme- nos que mantienen en constante tensión y movimiento a los sujetos que se encuentran en esta etapa y que van dirigidos a que éstos obtengan los prin- cipales logros de esta época de la vida, a saber: la consolidación de la identidad, el cambio de relación con los padres y mayor autonomía en todos los niveles. En este trabajo se pretende hacer una síntesis de los fenómenos que caracteri- zan este periodo, tomando en cuenta que, como en todo proceso, cada uno PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 Figura 1. Medio familiar Medio social Adolescente Determinantes históricos Temperamento y carácter individuales La línea entre lo normal y la patología se relaciona con la frecuencia e intensidad con la que aparecen conductas, sentimientos, pensamientos o eventos que pueden formar parte del proceso normal del desarrollo.
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    445 de los fenómenosque lo conforman se relaciona e influye sobre los otros en un movimiento constante, por lo que la es- quematización sólo tiene fines teóricos. 1. Búsqueda de sí mismo, consolidación de la identidad y desarrollo de una nueva imagen corporal La ropa ya no le queda, de repente tropie- za con todo —ya no calcula cuánto miden sus brazos, o sus piernas—, el rostro y el cuerpo que ve en el espejo ya no son los mismos, el vello en la cara y en el cuerpo ha empezado a crecer y aparecen los para- digmas del descontrol adolescente, la me- narca, las eyaculaciones nocturnas, los olores, el acné... Tantos y tan importantes cambios no ocurren en otra época, y con un monto importante de inseguridad, an- siedad y desconocimiento de sí mismo, aparece la pregunta: ¿Quién soy?.. Y co- mienza la adolescencia. Los cambios que se dan en la pubertad ex- ponen a la mente adolescente a un gran esfuerzo de adaptación ante un nuevo cuerpo, el impulso sexual, las exigencias morales y sociales del medio y la inestabi- lidad yoica, llevando con ello a una de las principales características del adolescente: la inadaptación a la familia, al medio y a su propio cuerpo.7 La consecuencia final de la adolescencia es el conocimiento del sí mismo como enti- dad, pero para conseguirlo, es necesario que el adolescente realice un verdadero proceso de duelo por la pérdida de la identidad infantil, del cuerpo infantil y de los padres de la infancia, que se caracteri- zará, sobre todo, por el cambio de rela- ción del individuo fundamentalmente con sus padres. En un inicio niega dichas pérdidas y tiene dificultad para aceptar las nuevas realidades adultas que se le van im- poniendo, entre las que se encuentran las modificaciones morfológicas y biológicas del propio cuerpo. A lo largo de este periodo, el adolescente tiene que pasar por diferentes momentos: En la adolescencia temprana, ante la ola de cambios y desajustes físicos, los chicos pierden la seguridad infantil y los invade principalmente una sensación de incerti- dumbre y despersonalización que provoca gran inseguridad, angustia e inquietud. La identidad lleva consigo la identifica- ción y por tanto a la búsqueda de figu- ras con las cuales identificarse, aunque éstas no siempre sean figuras positivas, por lo que en ocasiones, como solución ante la ausencia de figuras identificato- rias y a la angustia que ello genera, se busca una identidad que puede ser poco aceptada por el medio, pero que se basa en figuras reales aunque juzgadas como "malas compañías", se opta por la alter- nativa de que es mejor ser indeseable que ser nadie, ya que la necesidad del logro de una identidad se hace imperio- sa para poder abandonar la del niño. La incoordinación muscular debido al disparejo crecimiento músculo-esqueléti- co, la falta de similitud con los que lo ro- dean, y el aspecto desgarbado, generan sentimientos de extrañeza e insatisfacción y de consecuente "despersonalización" unidos a la elaboración psicológica de la identidad, por ello, el cuerpo y el esquema corporal son dos variables íntimamente li- gadas y que deben conocerse en el proce- so de definición del sí mismo y de la identidad. Repentinamente los jóvenes se sienten obligados a aprender a aceptar un cuerpo que ni siquiera pueden controlar y frente a ello pueden reaccionar de diversas ma- neras, ya sea negando lo que está suce- diendo y asiéndose a intereses y formas sociales infantiles; o, por otro lado, sentir- se bien con sus nuevas potencialidades, o como ocurre más frecuentemente, reac- cionar con una mezcla de angustia y eufo- ria, de aceptación de lo que ha acumulado Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad La consecuencia final de la adolescencia es el conocimiento del sí mismo como entidad, pero para conseguirlo, es necesario que el adolescente realice un verdadero proceso de duelo por la pérdida de la identidad infantil, del cuerpo infantil y de los padres de la infancia.
  • 17.
    446 a lo largode su infancia junto con un im- pulso para dominar habilidades que, de ser pasivas se convierten en activas.11 En este rubro es fundamental considerar la importancia de los procesos de duelo con respecto al cuerpo infantil perdido, que obligan a una modificación del esque- ma corporal y del conocimiento físico de sí mismo en una forma muy característica en este periodo que, según Sauceda,11 se resume en "aceptación del cuerpo que cre- ce y cambia" (p.154) a partir de una lucha con el cuidado corporal, la higiene, lim- pieza y orden de sus cosas, insensibilidad ante las necesidades de los demás, así co- mo una intensa preocupación por satisfa- cer las suyas. En la adolescencia media, se inicia la sepa- ración psicológica de la familia, fenómeno que se ve posibilitado por la relación con grupos fuera del núcleo familiar, con lo que se favorece el proceso de conforma- ción de la identidad. Ante el intento y gran necesidad de tomar control activo sobre las experiencias pasi- vas de la pubertad, el adolescente trata de mejorar a partir de cambiar o distorsionar su apariencia, ya sea con peinados, maqui- llajes, ropa, subiendo o bajando de peso, estar a la moda, en fin, hacer cosas que re- sulten "in", o "cool" para el grupo, y es a través de este escenario en donde los chi- cos pueden reorganizar la representación corporal y el significado de su relación con los otros, ya que si la experimentación no llega demasiado lejos, le permite a el o la joven, tomar la responsabilidad de su pro- pio cuerpo, posesionarse del mismo con nueva forma, nuevo olor y nuevos modos. En este momento, y como se explicó an- teriormente, aparece una característica frecuente de este periodo: "el adolescente camaleónico" que adquiere y pasa por nu- merosas identidades y junto con ello se desprende de los aspectos que ya resultan inútiles para entonces poder integrar los nuevos. El proceso de identificación masi- va, hacerse idéntico a un grupo; identifi- carse con un grupo y uniformarse con ellos les proporciona seguridad y estima personal, y explica el proceso grupal en el que participa el adolescente; sin embargo, si el núcleo familiar no provee al chico o chica de los elementos necesarios para en- contrar en él el soporte que necesita, el grupo toma tal relevancia que pueden de- sencadenarse conductas antisociales, que pueden dañarlo a él o a otros, con la fina- lidad de ser aceptado y pertenecer por siempre a dicho grupo. En este periodo puede generarse un alto nivel de ansiedad provocado por la dis- conformidad con la propia identidad y la sensación de descontrol, como conse- cuencia de los múltiples cambios. El ado- lescente vulnerable puede vivir este asunto con el cuerpo como una preocupación y puede llegar a sentir que la vida no tiene sentido porque tiene la cadera muy gran- de, o es muy alto o muy bajo, o muy fla- co o muy gordo, etc. La reorganización de la representación del cuerpo queda entramada en la reorganización familiar y en los mandatos sociales, ya que el cuerpo se convierte en medio y símbolo de la masculinidad o femineidad. A pesar de que la pubertad o el género proveen en sí mismos de una explicación para los tras- tornos alimentarios, tanto mujeres como hombres observan con temor su desarro- llo corporal, el cual puede llevarlos a sen- tir que no podrán con el rol que creen tienen que ejercer y tanto la insatisfacción con el cuerpo como la depresión y las re- laciones familiares perturbadas pueden ju- gar un papel importante en el inicio de dietas y en la persistencia de patrones ali- mentarios inadecuados.18 Para que el proceso de duelo no tenga ca- racterísticas de actuación maníaca o psico- pática, necesita tiempo para ser elaborado. En la adolescencia tardía se consolida la identidad, las dificultades que el adoles- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
  • 18.
    447 cente tiene queenfrentar en esta época giran finalmente en torno a la identidad, para lo cual necesita asumirse como per- sona, así como integrar los cambios cor- porales, aceptar el estatus familiar y social, definir un rol, responsabilizarse por su sexualidad e incorporarse de lleno a la vida social de su entorno, así como poder elegir una vocación y contemplar el futuro como un conjunto de metas a lograr. Cuando existen dificultades para consolidar la identidad será difícil asumir el rol, el género, el estatus o al propio cuerpo, por lo tanto enfrentar las vicisi- tudes y demandas del medio; y entonces puede considerarse el riesgo de un tras- torno. Ver Trastorno de la identidad se- xual (F64.x), problemas de identidad (F93.8).22-24 Es en este momento en que es necesario separarse psicológicamente de los padres, es el tiempo en que el individuo tiene otra oportunidad de resolver conflictos no re- sueltos en la infancia y de acuerdo con Offer9 la mayor parte de este proceso ocu- rre internamente y sólo cuando el adoles- cente ha fallado en su intento por resolverlo es cuando se observan las secue- las conductuales. Si en el camino para consolidar la identi- dad, las estrategias del adolescente, para enfrentarse a esta ola de cambios, fallan; si el medio es demasiado adverso, si la histo- ria del individuo lo hace vulnerable y si no existe ningún factor que sirva como pro- tector, entonces el adolescente está en riesgo de desarrollar una psicopatología tal como trastorno de identidad, trastorno de identidad de género, trastorno de adaptación, trastornos alimentarios, tras- tornos del humor, psicosis, etc. Vale la pena recordar algunas señales de alarma que pueden indicar si está en cur- so el desarrollo de alguno de los trastornos que pueden presentarse en los adolescen- tes, por supuesto, tomando en cuenta los antecedentes en el desarrollo del sujeto. Si el adolescente presenta excesivo interés y preocupación por el cuerpo, dedica gran parte del día a ejercitarse sin ser de- portista, muestra gran inconformidad con su cuerpo, evita comer, cuenta la co- mida y la parte en trozos muy pequeños, vomita o se purga con frecuencia, ha ba- jado mucho de peso y dice estar gordo o gorda, a pesar de una delgadez evidente, podrían estos, entre otros, ser señales de alarma de que se está desarrollando un trastorno alimentario. Si sus exploraciones e identificaciones con un grupo lo están llevando a conductas delictivas, o a transformaciones impor- tantes y permanentes de su cuerpo con tal de recibir la aprobación del grupo, tiene dificultades importantes para relacionarse con sus pares o con los adultos, podría es- tar desarrollando un trastorno de adapta- ción, de identidad, o de conducta. Si duerme demasiado o demasiado poco o tiene dificultades para dormir, demasiado irritable o intranquilo, desea o manifiesta deseos de no querer vivir, humor lábil, muestra desinterés por todo o casi todo, pueden ser signos de alarma de un trastor- no del humor. Si existe incertidumbre sobre múltiples aspectos relacionados con: objetivos a lar- go plazo, elección de profesión, patrones de amistad, comportamiento y orienta- ciones sexuales, valores morales y lealtades de grupo, habrá que pensar en la posibili- dad de un problema de identidad. 2. La tendencia grupal, independencia progresiva de los padres y actitud social reivindicatoria Como un comportamiento defensivo pa- ra encontrar seguridad y autoestima, el adolescente recurre a la búsqueda de uni- formidad a partir del apego a un grupo. De acuerdo con King,12 a lo largo de la educación media los adolescentes cambian Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad Como un comportamiento defensivo para encontrar seguridad y autoestima, el adolescente recurre a la búsqueda de uniformidad a partir del apego a un grupo.
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    448 el género yel tamaño de los grupos en los que se mueven, los más jóvenes buscan grupos formados por integrantes del mis- mo sexo, los de segundo año en díadas del mismo sexo, los de tercero con grupos for- mados por ambos sexos y los más grandes en grupos de parejas heterosexuales. En la adolescencia temprana los chicos y chicas se aproximan a grupos confor- mados por un gran número de pares con reputaciones similares y roles este- reotipados,12 que ya tienen una historia y un sistema de reglas, ello genera diversos sentimientos como satisfacción, inquie- tud, angustia, y en algunas ocasiones ello los lleva a cometer actos delictivos o a consumir drogas para poder ser aceptados en dichos grupos, en otras ocasiones el adolescente tiende a imitar costumbres y vestimentas de algún grupo, lo que le per- mite que en su fantasía se sienta pertene- ciente al mismo.7 La adolescencia media es el momento de efervescencia de esta tendencia grupal, ahora el grupo ejerce mayor influencia e incluso implica un soporte en la confron- tación con los padres, que se incrementa a partir de los 15 años. A pesar de que la in- dignación de los adolescentes es una obje- ción explícita ante cualquier hecho que perciban como una interferencia de su li- bertad por parte de los padres; las conduc- tas para probar límites se convierten, en este momento, en claras invitaciones para que los padres se mantengan involucrados y "tomen cartas en el asunto";11 es decir, se observa la necesidad del adolescente de que los padres detengan al poder destruc- tivo que podrían llegar a tener sus con- ductas, mediante la imposición de límites y por otro lado una petición infantil encu- bierta de interés y cuidado. En la adolescencia tardía los chicos han consolidado su identidad lo suficiente co- mo para poder imponer su propio con- junto de normas morales y a no dejarse influir más por un entorno de valores aje- nos a ellos y tienden a involucrarse en re- laciones más estables y buscar grupos más pequeños de pares que se asemejan en in- tereses, actividades, estatus y edad, de ma- nera que las relaciones individuales cobran mayor importancia que el grupo. Irónicamente, mientras los jóvenes tratan de independizarse de los padres, quedan esclavizados por los valores, preferencias y costumbres de su grupo, lo que puede cambiar el curso de la adolescencia y ser un factor de riesgo para la aparición de un amplio rango de problemas conductua- les.12 Steinberg y Morris en 2001 encon- traron que el tipo de familia y la relación con los padres es un factor que influye en las relaciones que el adolescente estable- ce con sus pares, por ejemplo: los estilos autoritarios de crianza parecen disminuir la influencia negativa de los amigos, mientras que los chicos que provienen de familias menos apegadas están o son pro- pensos a ser más influenciados por su gru- po que por sus padres (citado en 17). Así mismo, en un estudio con 554 adolescen- tes, dedicado a examinar las consecuen- cias de la autonomía emocional y conductual en diferentes aspectos de la adaptación psicosocial en el contexto de cómo es percibido el proceso de crianza por los adolescentes, se encontró que los métodos autoritarios de crianza, se asocia- ron con un patrón positivo de adaptación, mientras que la autonomía se asoció con un patrón negativo. La autonomía emo- cional predijo únicamente altos niveles de angustia interna, mientras que la autono- mía conductual predijo bajos niveles de rendimiento escolar y altos niveles de con- ducta desviada, al menos cuando el auto- ritarismo está parcialmente ausente.25 No obstante lo anterior, un patrón de crianza caracterizado por control excesivo aparece asociado con bajos niveles de autonomía, que a su vez se asocian con altos niveles de problemas conductuales.15 Con esta idea concuerdan otros autores que subrayan la importancia del ambien- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    449 te familiar parala comprensión de los co- rrelatos conductuales de los diferentes ti- pos de personalidad adolescente.26,15 A pesar de que la conducta antisocial ha sido relacionada con altos niveles de an- drógenos y por tanto con una prevalencia mayor en hombres, se ha encontrado que las niñas cuya menarca ha aparecido a edades inusualmente tempranas, son más propensas que otras niñas a verse involu- cradas en conductas desaprobadas social- mente, sin embargo, dichos hallazgos demuestran que aunque el estímulo es biológico, el mecanismo mediador es el social, ya que el efecto sólo se encontró en las niñas de maduración temprana pero que se habían ligado a un grupo de ma- yor edad, que les enseñaba modelos anti- sociales,18 lo cual indica que la manera en que afectan la maduración temprana o el grupo depende de cómo se conjugan los factores que podrían ser de riesgo en mo- mento, sexo, edad, etc. Con respecto a la actitud social reivindi- catoria se puede decir que ésta, manifesta- da en forma de rebeldía, se hace indispensable al brindar la posibilidad pa- ra que el sujeto pueda ir conquistando es- pacio en el mundo de los adultos y desprenderse de situaciones infantiles, a través de identificaciones cruzadas y masi- vas que funcionan como defensa. Estas actitudes son la cristalización de lo que ha ocurrido en el pensamiento. SEPARACIÓN PROGRESIVA DE LOS PADRES Ya se mencionó que uno de los logros fi- nales de la adolescencia es la posibilidad de cambiar la relación con los padres y que uno de los principales duelos es preci- samente por los padres de la infancia; di- cho proceso se ve favorecido por los cambios biológicos que llevan a la genita- lidad con capacidad procreativa, misma que posibilita la separación tanto por par- te del adolescente como de sus padres. Tanto el adolescente como los padres reaccionan con ambivalencia ante la geni- talidad que se expresa en estas nuevas for- mas y la reacción parental determinará en gran parte el trayecto que siga el sujeto a partir de este momento. La internalización de buenas imágenes parentales, con roles bien definidos, per- mitirá una buena separación y un des- prendimiento que hará más fácil el pasaje a la madurez, de no ocurrir así, el sujeto se ve en la necesidad de buscar otras figuras identificatorias en donde perciba mayor consistencia, con lo que puede buscar fi- guras negativas. Las principales señales de alarma en este rubro que podrían indicar un trastorno de conducta, adaptación o de uso y abu- so de sustancias serían las siguientes: Cambios radicales en el comportamien- to, cambios físicos como ojos rojos, mo- vimientos lentificados, afectación del humor, irritabilidad, hurtos en casa, au- sencias de casa, entre otras. Es importante recordar que éstos son sólo algunos signos de algunos trastornos que el adolescente podría desarrollar y que por sí mismos no representan ninguna patología específica. 3. Evolución del pensamiento El pensamiento concreto cede su lugar ca- da vez más a las abstracciones y esta nue- va capacidad también permite utilizar defensas más elaboradas como la intelec- tualización, el ascetismo y la fantasía. En la adolescencia temprana, el chico siente una gran impotencia al enfrentar esta realidad que se le impone de elaborar tantas pérdidas y la imperiosa necesidad de entender y adaptarse a un nuevo cuer- po, nuevos padres, etc., se ve impelido a huir a un mundo interior que le posibili- te el reajuste emocional que necesita. La necesidad de compensar la difícil reali- dad a través de la evasión se vuelve más Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad El pensamiento concreto cede su lugar cada vez más a las abstracciones y esta nueva capacidad también permite utilizar defensas más elaboradas como la intelectualización, el ascetismo y la fantasía.
  • 21.
    450 elaborada en laadolescencia como tal y lleva a los jóvenes a la preocupación por principios éticos, filosóficos y religiosos. Hacia el final de este periodo la fantasía comienza a ceder su lugar a las demandas de la realidad, la cual comienza a diferen- ciarse cada vez más de la realidad interior; y la imaginación ahora es utilizada en pro de la adaptación y los proyectos fantasea- dos pueden servir como motores para la acción del joven adulto. Como consecuencia de los procesos de duelo y de la consecuente despersonali- zación, así como por las características del pensamiento adolescente, los jóve- nes viven una cierta desubicación tem- poral y es precisamente en esta etapa que la dimensión temporal va adqui- riendo lentamente características discri- minativas, se empieza a diferenciar lo infantil de lo adulto, el presente del pa- sado y del futuro, hasta que finalmente se puede reconocer un pasado y formu- lar proyectos a futuro, con capacidad de espera y elaboración en el presente, una vez que se ha podido superar gran parte de la problemática de la adolescencia y se conforma la identidad adulta. Si la combinación de factores sociales, fami- liares e individuales propicia que los procesos de duelo, de despersonaliza- ción y/o la desubicación temporoespa- cial se manifiesten más allá de la expresión normal de esta etapa pueden condicionar la aparición de trastornos tales como: psicosis, trastornos del hu- mor, trastornos de adaptación, cuyas se- ñales de alarma ya fueron descritas previamente. 4. Evolución sexual desde el autoerotismo hasta la heterosexualidad Ya apareció la primera menstruación y la primera eyaculación, así como muchos otros cambios físicos, ha llegado o está pronto a llegar el primer "beso bien da- do", la primera relación sexual, la primera cita e incluso tal vez el primer rechazo y los adolescentes se balancean entre la ge- nitalidad que se está consolidando, el au- toerotismo y la bisexualidad. De acuerdo con Graber, Brooks-Gunn y Galen,27 algunos de estos eventos, situa- ciones y conductas le marcarán para to- da la vida y en ocasiones incluso le proporcionarán su condición de adoles- cente frente al mundo, de hecho la pri- mera relación sexual junto con la pubertad y los eventos escolares son en general tomados como las condicionan- tes claves que marcan la transición a la adultez, es decir, a pesar de que la pu- bertad y la entrada a la educación media definen el periodo de la adolescencia temprana y están ligados al incremento de los intereses sexuales a nivel social y biológico, la mayor parte de la investiga- ciones sobre sexualidad y conductas se- xuales en la adolescencia se enfocan en los años de la adolescencia media y tardía y aunque la mayor parte de los adolescentes transitan de la virginidad a la genitalidad en estos periodos, es fundamental recor- dar el desarrollo de la sexualidad (indivisi- ble del desarrollo de la identidad sexual y del yo, así como del cambio de rol) como un proceso que encierra una serie de tran- siciones relacionadas entre sí, que se dan durante toda la década adolescente y a lo largo de la vida (ibid). Garber y colaboradores27 diferencian los pe- riodos transicionales o procesos de los even- tos que suceden en la vida del individuo en el sentido de que los primeros impli- can o requieren de una reorganización, ya sea estructural o funcional y los even- tos puberales y los cambios de rol entran en este concepto de proceso o punto transicional para una reorganización funcional o conductual en la vida del adolescente. Las reorganizaciones pue- den o no generar discontinuidades con- ductuales en algunos individuos en algunas transiciones. PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 Los adolescentes se balancean entre la genitalidad que se está consolidando, el autoerotismo y la bisexualidad.
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    451 Pickles y Rutter28 examinaronel desarro- llo individual dentro del marco de "pun- tos de transición" que se refieren a aquellos eventos que tienen el potencial de alterar la conducta, el afecto, la cogni- ción o el contexto y resultar en un cambio para toda la vida. El que un evento se convierta en un "pun- to transicional" para un individuo está li- gado a un sinnúmero de condiciones que incluyen: 1. el desarrollo anterior a la transición, 2. el tiempo en el que ésta se da, 3. la experiencia individual de cada evento y 4. el contexto en el que ocurre, es decir, la primera relación sexual, el primer rechazo, el primer beso, marcarán de ma- nera diferente a cada individuo y su vida en adelante, dependiendo de todos los factores antes mencionados, lo que para alguien fue un hito en su vida, para otro pudo pasar incluso desapercibido. Las transiciones y demandas del medio que ocurren en el momento de la transi- ción pueden resultar en diferentes tipos de cambios conductuales, tales como: la apa- rición de nuevas conductas, la desapari- ción, la alteración y el remodelamiento de otras.27 La sexualidad a menudo es vista como la suma de conductas sexuales y no como un proceso que acompaña al individuo a lo largo de toda su vida, que está íntima- mente relacionado con los gustos, mane- ra de ser, rol, autonomía y no sólo se reduce a unas cuantas conductas eviden- temente sexuales. A pesar de que el mundo adulto quiera ignorar la sexuali- dad y su desarrollo, ésta forma parte esencial de la vida del individuo y del desarrollo de su identidad, sobre todo en la vida de los jóvenes, tengan o no expe- riencias tácitamente sexuales. La sexualidad adolescente, producto de la interacción de factores biológicos y socia- les, es una transición normal que forma parte del desarrollo adolescente, confor- mada por una serie de eventos que pueden resultar en una transición que involucra gran variedad de sentimientos pensamien- tos y conductas, dependiendo del contex- to y del factor subjetivo. Algunos signos de alarma que servirían para identificar la posibilidad de un trastorno en esta área serían fundamen- talmente el infantilismo importante, negación o exageración de temas y con- ductas relacionados con la sexualidad. 5. Cambios en la conducta y el humor Una de las características del adolescente es la necesidad de control a través de con- vertir todo en acción, incluso el pensa- miento, y es difícil que él mismo pueda mantener una línea de conducta rígida, permanente y absoluta, a pesar de que lo intente; de hecho, lo esperado es que las manifestaciones conductuales sean fluc- tuantes, mientras que lo atípico se relacio- naría con la rigidez. Depresión y ansiedad, así como senti- mientos de frustración, desaliento y abu- rrimiento acompañan el camino del adolescente, como consecuencia de los duelos por los que tiene que transitar. La elaboración de estos duelos determinará la intensidad de dichos sentimientos. Ante la frustración provocada por la sensación de fracaso por no conseguir satisfacción, el individuo se repliega en sí mismo lo que produce el sentimiento de soledad característico de esta época, por otra parte, los mecanismos de de- fensa que tiene que utilizar frente a to- dos los cambios y pérdidas lo pueden llevar a rápidas y drásticas modificacio- nes de su estado de ánimo, que puede ir de la desesperanza más profunda a la exaltación más exacerbada, una falla en la elaboración puede llevar a trastornos del humor o de la conducta, cuyas seña- les de alarma fueron mencionadas con anterioridad. Adolescencia: límites entre la normalidad y la anormalidad Una de las características del adolescente es la necesidad de control a través de convertir todo en acción, incluso el pensamiento,
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    452 CONCLUSIÓN En conclusión, sepuede afirmar que el adolescente se encuentra en un periodo de cambios constantes en el que no ha deja- do de ser niño pero tampoco es aceptado ni está listo para enfrentar las responsabi- lidades de la adultez y que en consecuen- cia es esperable que esta época sea turbulenta o al menos confusa, sin embar- go, es imprescindible considerar el desa- rrollo anterior, el contexto social, los fac- tores familiares y biológicos como factores que influyen en la manera en la que se vi- virá y resolverá este periodo. Lo normal de lo patológico se diferen- ciará fundamentalmente por la frecuen- cia e intensidad de conductas que pueden ser normales y por la manera en que los diferentes factores interactúen entre sí. ■ PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    453 E xiste un graninterés en nuestra so- ciedad y en especial en el ámbito de la salud mental, por entender la conducta del adolescente; por lo que ne- cesita ser cuidadosamente estudiada en su contexto temporo-espacial y situacio- nal, tomando en cuenta los indicadores de riesgo y así ser analizada y entendida, para poder emitir un juicio de si una conducta es "normal" y propia de esta etapa del desarrollo, en respuesta a su en- torno, o bien se presenta como manifes- tación prodrómica de un padecimiento, o como un síntoma de un trastorno ya establecido. La conducta del adolescente "típico" se describe en múltiples ámbitos, sobre todo en los medios masivos de comunicación, como explosivo con su energía sexual y su humor, frecuentemente deprimido o has- ta suicida, propenso a tener arrebatos de mal genio sobre todo con sus padres, sin reglas, agresivo y desordenado, temerario en la conducción de vehículos, promis- cuo en sus relaciones sociales y sobre to- do sexuales, fumador, bebedor y usuario de drogas ilegales,1 descuidado en su for- ma de comer y con pobre apego a la prac- tica deportiva estructurada. Este cuadro, poco atractivo, se cuestiona que represen- te realmente a los adolescentes. Aun cuando el adolescente tenga un desa- rrollo con base en los parámetros espera- dos para su edad, una inteligencia normal, un ambiente familiar sin conflic- tos frecuentes y/o graves y un estilo de vi- da estable; puede ver afectado su rendimiento académico (laboral), mos- trar datos de inadaptación a los estánda- res sociales, sentirse marginado y poco comprendido por los adultos, así como, reunirse con sus pares, que en múltiples ocasiones se encuentran en circunstancias similares, en busca de la aceptación y comprensión que cree no tener. El concepto de conducta de riesgo lo defi- niremos entonces, como una conducta que puede comprometer el bienestar, la salud y el curso de la vida de un adoles- cente; la mayor importancia está en la po- tencialidad de que dichas conductas, acarreen consecuencias adversas o resulta- dos negativos. Por lo tanto las conductas de riesgo pueden ser consideradas como factores de riesgo para que surjan reper- cusiones indeseables sobre la personali- dad, la socialización y el desarrollo.2 Aunque sabemos que el comportamiento antisocial está definido por características del comportamiento que contravienen las normas sociales, se debe reconocer la he- terogeneidad de éste,3,2 y hay que tomar en cuenta cuatro factores que influyen en el riesgo de que se presenten problemas graves del comportamiento: los indivi- duales, los relacionales, los del contexto comunitario y los relacionados a la es- tructura de la sociedad, que la Organiza- ción Mundial de la Salud llama generales. Dentro de los individuales, que incluyen lo biológico, se encuentran la influencia de los cromosomas, de las hormonas, las lesiones y el funcionamiento cerebral, así como la historia personal que aumenta la posibilidad de que una persona se con- vierta en víctima o perpetradora de actos violentos. Los relacionales, que incluyen el modo en que la relación con la familia, los amigos, la pareja y los compañeros in- fluyen en el comportamiento. En lo que se refiere al contexto comunitario se toma en cuenta cómo se desarrollan las relacio- nes sociales tanto en la escuela, como el vecindario, entre otros, y se intenta iden- tificar cómo las características de estos Conducta en el adolescente La conducta del adolescente "típico" se cuestiona que represente realmente a los adolescentes. Conducta de riesgo es una conducta que puede comprometer el bienestar, la salud y el curso de la vida de un adolescente; la mayor importancia está en la potencialidad de que dichas conductas, acarreen consecuencias adversas o resultados negativos.
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    454 ambientes incrementan elriesgo de que aparezcan trastornos conductuales (por ejemplo, la pobreza, la densidad de pobla- ción, carencias de capital social, altos nive- les de movilidad residencial, existencia de tráfico de drogas en la zona, etc.). Los fac- tores generales se refieren al cómo las nor- mas sociales contribuyen a crear un clima en el que se alienta o inhibe la violencia y hay que poner especial atención a los me- dios de comunicación y la exposición re- petida a medios electrónicos (televisión y videojuegos) así como el contenido y el contexto de los estímulos a los que ha sido expuesto. Ya que entre los extremos de normalidad y enfermedad evidente hay un amplio es- pectro conductual,4 reforzamos la idea de tomar en cuenta y analizar el entorno del adolescente con "problemas de conduc- ta"; para lo cual es importante evaluar varios criterios como los siguientes: inte- rrelación entre los problemas conductua- les, variación de acuerdo a la edad en que se presentan los problemas conductuales, factores de riesgo generales y específicos, variabilidad de los factores de riesgo con la edad y los que predicen al joven con multiproblemas. Se mencionarán a continuación estudios que intentan demostrar cómo los cuatro factores antes mencionados (individuales, relacionales, comunitarios y generales), por separado o en interacción, tienen in- fluencias en el la modulación de la con- ducta, sobre todo en lo que se refiere a la agresión y/o conductas antisociales. Sabemos que numerosos sistemas orgáni- cos intervienen para generar diferentes conductas. La agresión es modulada en varios niveles cerebrales, existen sistemas que bajo algunas condiciones de estimu- lación permiten la aparición de respues- tas agresivas, y por el contrario, existen otros sistemas funcionales que pueden inhibir esas conductas; el sistema límbi- co, en específico la amígdala, el hipotála- mo y la sustancia gris central del mesen- céfalo, desempeñan las funciones más importantes para el control de la agresi- vidad; pero existen además interacciones complejas entre diferentes áreas del siste- ma límbico y otros sistemas neurales y hormonales, que facilitan o inhiben las conductas. Con relación a los neurotransmisores, el más investigado ha sido la serotonina; las investigaciones de los últimos 20 años sugieren una fuerte relación inversamen- te proporcional con la agresión y la im- pulsividad; aunque las influencias de la dopamina, norepinefrina y vasopresina son controversiales, las investigaciones revelan que tienen una relación indiscu- tible con la agresión, sin ser determinan- te de que esa correspondencia sea con un incremento o un decremento de estas sustancias.5 Existen evidencias de cómo algunos movimientos endocrinos tienen repercusión sobre la agresión, por ejem- plo: los niveles elevados de testosterona son un factor adicional en una población predispuesta a desarrollar conductas an- tisociales.6 Con respecto a la herencia, los estudios en gemelos, familias y adoptados, sugie- ren factores genéticamente determinados vinculados a conductas agresivas.1,3,7-9 La complejidad de la interacción entre cerebro, conducta, inmunidad y salud ha sido advertida por siglos, pero es en los últimos años que se incrementa notable- mente el entendimiento de la especifici- dad de las interacciones involucradas. Se ha informado que los productos inmu- nocíticos (citoquinas) tienen efectos neuropsiquiátricos y sobre la conducta, aunados a su papel en la regulación de la respuesta inmune. Los estudios en ani- males y en humanos adultos han aumen- tado nuestros conocimientos pero son pocas las investigaciones que han abor- dado la infancia, donde las interacciones psiconeuroinmunológicas pueden afectar PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 Sabemos que numerosos sistemas orgánicos intervienen para generar diferentes conductas.
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    455 potencialmente un adecuadodesempeño para toda la vida. Las investigaciones de estas interacciones en niños y adolescen- tes actualmente en vías de desarrollo sin duda proveerán de información valiosa.8 Se sabe que los adolescentes que han pa- decido algún tipo de psicopatología du- rante la infancia son más susceptibles de presentar continuidad de la patología y/o algunas otras agregadas: como en el caso del déficit de la atención, que aunque en la adolescencia persiste, también se suele agregar otro trastorno de conducta, de uso y abuso de sustancias o trastornos del humor; así lo demuestran múltiples estu- dios,2 entre ellos los de Hahesy A. et al en los que 62% de los pacientes adultos es- tudiados con un trastorno de uso de sus- tancias, lo habían iniciado antes de los 18 años y 56% de estos, había tenido antes del trastorno por uso de sustancias, otro trastorno psicopatológico, en particular el TDAH, la ansiedad generalizada u otros trastornos disruptivos.10 Los estresores psicosociales (pobreza, ca- rencia de medios, conflictos de pareja, divorcio, desempleo, enfermedad de al- gún miembro de la familia, incorrecto ejercicio de la autoridad e inadecuadas redes de apoyo) se han estudiado para determinar el grado de influencia en la modulación o producción de conductas agresivas y los estudios, sin ser determi- nistas, hacen mención de que la combi- nación de dichos factores, ya sea entre ellos o con otros (biológicos o individua- les), hace más probable la aparición de manifestaciones conductuales problemá- ticas.6,4,11,12 Con la exposición a comportamientos violentos de forma vivida o por medios electrónicos, los estudios de Berkowitz6 demuestran que se intensifican las reac- ciones agresivas de jóvenes frustrados por su falta de habilidad para completar un rompecabezas, y que habían visto una pe- lícula con escenas de agresión explícita. Los efectos de la intimidación sobre el es- tado de la salud mental son innegables, al revisar el estudio de Bond L., et al.13 en el que refieren que "ser victimizada tiene un impacto negativo en el bienestar emocional de las mujeres adolescentes jóvenes, independientemente de sus re- laciones sociales; por lo que la apariencia de "intimidado" puede servir de predic- ción de problemas emocionales en la adolescencia". La combinación de la violencia en los medios, la violencia en la comunidad y la violencia en casa son tres factores que se refuerzan mutuamente.14 La combinación de estresores psicoso- ciales es ampliamente mencionada por diferentes autores, para la aparición de problemas de conducta: por ejemplo Lewinsohn menciona que las variables independientes que parecen predecir trastornos depresivos recurrentes en la adolescencia son: confianza emocional, múltiples episodios de depresión, una historia familiar de episodios recurrentes de trastornos de depresión mayor y altos niveles de síntomas de trastornos limí- trofe o antisocial, y en los hombres un "estilo de atributos positivos", así como en las mujeres síntomas de trastornos de personalidad y un incremento en los conflictos con los padres. El estrés eleva- do y las relaciones interpersonales y con- flictivas, igualmente colocan a los adolescentes en riesgo para el uso de sus- tancias (drogas).15 Ante la frustración provocada por la sensación de fracaso por no conseguir satisfacción, el individuo se repliega en sí mismo, lo que produce el sentimien- to de soledad característico de esta épo- ca, la frustración definida por Dollard (1939) como "una privación o separa- ción de una actividad dirigida a un fin" puede dar lugar a agresión, esto ha sido confirmado en múltiples ocasiones, en diversas circunstancias; además parece Conducta en el adolescente Se sabe que los adolescentes que han padecido algún tipo de psicopatología durante la infancia son más susceptibles de presentar continuidad de la patología y/o algunas otras agregadas. La combinación de estresores psicosociales es ampliamente mencionada por diferentes autores, para la aparición de problemas de conducta.
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    456 que no sóloinduce una conducta dis- ruptiva sino puede desencadenar actitu- des hostiles, aunque también existen investigaciones en las que sólo hay res- puestas agresivas en aquellos menores en quienes anteriormente se había re- forzado esta conducta. A decir de algunos autores, la frustración desencadena reac- ciones de acuerdo a la forma de enfrentar- la. Ya sea la postura freudiana en la que la tolerancia a la frustración implica la no- ción esencial de la capacidad para retardar la satisfacción de todo deseo, en un apego a la realidad como contraparte al placer que implica la satisfacción inmediata del mismo, o la de Rosenzwaig en la que sostiene que la frustración "existe cada vez que el individuo encuentra un obstá- culo más o menos insuperable en la vía que lo conduce a la satisfacción de una necesidad vital cualquiera".16 Con lo an- terior queda claro que no siempre la frustración lleva consigo una reacción agresiva abierta, ya que existen variables que modifican de manera clara la forma de expresarla, sobre todo en circunstan- cias o ambientes en donde la respuesta agresiva no es tolerada; sin por ello dejar de causar una reacción de incomodidad, dolor, ira, etc. cuando no se sabe cómo enfrentarla y de análisis o búsqueda de soluciones factibles cuando el manejo es adecuado. Es por todos conocida la influencia de los padres y del entorno familiar en el desa- rrollo o no de ciertas conductas; es deter- minante para ello, el cómo ejercen los padres su autoridad, la firmeza y cons- tancia de la disciplina o normas estable- cidas, así como la permisividad y falta de límites. Esto se pone en evidencia en el es- tudio de Cherlebois P, Vitaro F, Norman- deau S y Rondeau N. quienes al hacer una intervención en menores disruptivos; el te- ner una previa relación positiva madre-hi- jo, funcionaba como factor de mejor pronóstico y permanencia de las modifi- caciones adquiridas en el primer año del programa.17 La expansión del campo de las conductas de riesgo del adolescente se ha acompa- ñado del crecimiento paralelo de los es- fuerzos para explicarlo.2 En resumen, mencionaremos las conclusiones de Shaffer D, Meyer-Bahlburg H, Stok- man.6 "Existen pruebas de que hay cier- tos individuos, con más frecuencia de sexo masculino que femenino, que son característicamente agresivos durante la adolescencia. Los incidentes que provocan su conducta agresiva son principalmente los que interfieren de alguna forma con la ejecución de alguna acción intencionada, o bien los que producen dolor o humillación. Estos casos pueden producir respuestas agresivas con frecuencia si son experimenta- dos durante estados de activación, que pue- den incluir el haber contemplado escenas violentas en una película, programa de tele- visión o videojuegos, estos son también los principales precipitantes de la conducta agresiva en los niños sin problemas con- ductuales anteriores. Hasta el momento no existe una explica- ción satisfactoria de por qué algunos ni- ños son más agresivos que otros; los estudios de los factores puramente bioló- gicos, tales como el número y tamaño de los cromosomas, los niveles de andróge- nos, la repuesta inmunológica, las ano- malías cerebrales localizadas, etc. no han revelado información suficiente para en- tender el porqué de la agresión. La agre- sión frecuente es más común en los niños de baja inteligencia y entre los niños que tienen relaciones de hostilidad con sus padres. Puede ser que la agresión persis- tente sea más probable cuando el niño tiene un temperamento difícil, es criado en circunstancias que no facilitan el aprendizaje de modelos alternativos de defensa o expresión y que, además, ha experimentado que la conducta agresiva es instrumentalmente ventajosa o sirve para llamar la atención." Los trastornos de conducta se caracteri- zan por conductas persistentes y repeti- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 La frustración desencadena reacciones de acuerdo a la forma de enfrentarla. Es por todos conocida la influencia de los padres y del entorno familiar en el desarrollo o no de ciertas conductas;
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    457 tivas que violanlos derechos básicos de otros o normas trascendentales de la so- ciedad; el curso de los trastornos de conducta es variable, la instauración más común es entre la infancia media y adolescencia media, después de los 16 años es poco común; y el pronóstico es peor mientras más temprana es la ins- tauración. Los síntomas de alarma o factores de riesgo a ser evaluados podrían ser ira in- tensa, ataques de furia o pataletas, irrita- bilidad extrema, impulsividad extrema, muy poca tolerancia a la frustración, conductas repetitivas que pongan en evi- dencia que no se contempla los derechos de propiedad (robar) ni se tiene conside- ración hacia los demás. A continuación vamos a hablar de algu- nas conductas disruptivas como la agre- sión física, las conductas encubiertas, las conductas delictivas como el robo, y el uso de sustancias; que pueden aparecer o hacerse más evidentes en la adolescencia; que por su naturaleza son de difícil mane- jo. Pero no sin antes insistir en que su aná- lisis y la ubicación en su contexto, nos darán indicios para descubrir si la situa- ción del adolescente puede ser manejada con medidas conservadoras enfocadas al ambiente familiar o tiene que ser evalua- do y/o tratado por un especialista en sa- lud mental. El adolescente extremadamente rebelde, que presenta agresión física o tiene con- ductas encubiertas, representa grandes dificultades de manejo y puede compor- tarse de esa manera como una sobreac- tuación de los mandatos sociales, en otras palabras, llevar al límite las capaci- dades de riesgo, de exploración o del ejercicio de la violencia. También como una respuesta a la interrelación con pa- dres desinformados del proceso adoles- cente, que motivan se perpetúe la conducta infantil o esperan el surgi- miento inmediato de conductas "adul- tas". Otra razón para la aparición de conductas de difícil manejo, es la necesi- dad del adolescente de ser "percibido", para lo cual el adolescente debe encon- trar conductas mediante el ensayo, la imitación o la tradición que puedan ser vividas por él y percibidas por los demás como un signo de la opción tomada en cada circunstancia.18 Por ello, defender el honor, asumir los riesgos e imitar al grupo son de las principales tensiones que deben enfrentar los adolescentes va- rones. No se debe pasar por alto que existen jóvenes con multiproblemas de conducta que deberán ser estudiados detenidamente y dirigir los esfuerzos a la búsqueda de aquellos factores de ries- go que se reporta, son fuertes predicto- res de este tipo de adolescentes, como serían: la carencia de culpa, problemas de hiperactividad-impulsividad-inaten- ción, bajos logros, pobre comunicación padre-hijo y estrés parental. También buscar los de baja pero consistente pre- dicción como son: edad mayor para el grado escolar, pobre supervisión, la no inclusión del menor, desdicha en los pa- dres, padres con problemas de conducta o uso de sustancias, padres con ansie- dad/depresión, nivel socioeconómico bajo, familia con asistencia social, mal- trato físico y desacuerdos paternos acer- ca de la disciplina, entre otros. En el caso de los adolescentes que roban, lo hacen por varias razones: para tener cosas iguales a las de sus pares, mostrar valentía, hacer regalos y aumentar su po- pularidad entre los amigos, por recibir mayor atención, expresar su ira en contra de alguien, temor a expresar su depen- dencia, etc. Las medidas que deben ser implementa- das se relacionan con desarrollar o fo- mentar en el adolescente un respeto por la propiedad y consideración hacia los demás: como animar al adolescente a pa- gar o devolver lo robado, asegurarse de que no obtenga beneficios de lo robado, Conducta en el adolescente Los síntomas de alarma o factores de riesgo a ser evaluados podrían ser ira intensa, ataques de furia o pataletas, irritabilidad extrema, impulsividad extrema, muy poca tolerancia a la frustración, conductas repetitivas que pongan en evidencia que no se contempla los derechos de propiedad (robar) ni se tiene consideración hacia los demás. El adolescente extremadamente rebelde, que presenta agresión física o tiene conductas encubiertas, representa grandes dificultades de manejo y puede comportarse de esa manera como una sobreactuación de los mandatos sociales, En el caso de los adolescentes que roban, lo hacen por varias razones: para tener cosas iguales a las de sus pares, mostrar valentía, hacer regalos y aumentar su popularidad entre los amigos, por recibir mayor atención, expresar su ira en contra de alguien, temor a expresar su dependencia, etc.
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    458 no etiquetarlo conadjetivos que deva- lúen, remarcar los valores positivos de la familia y lo inaceptable de esa conducta. Pero si la conducta de robo no es única, es persistente y continúa a pesar de to- mar las medidas sugeridas, probable- mente el robo sea el resultado de un problema grave del desarrollo que habrá de ser evaluado por un especialista en sa- lud mental. Los adolescentes que usan sustancias (drogas) no dejan de estar en gran riesgo cuando las usan por curiosidad (primera vez), ya que una cuarta parte de los que lo hacen así, continúan siendo usuarios.19 El riesgo también lo notamos cuando observamos los porcentajes de adolescen- tes que usan alguna sustancias durante el ultimo año y tienen criterios para depen- dencia a esa sustancia. Los porcentajes informados para nicotina son de 20%, para alcohol de 8%, para marihuana de 14%, y para cocaína de 11%.2 También sabemos que el abuso de cocaína en los adolescentes conlleva a consecuencias más rápidas y graves que en los adultos, ya que el tiempo que transcurre entre el primer contacto y la adicción es de cua- tro años en adultos y de 1.5 años en ado- lescentes.9 Debemos resaltar que entre los adolescentes las sustancias de abuso más frecuentes son alcohol, tabaco, ma- rihuana y cocaína12 y que los rangos de- terminantes para dependencia aparecen entre los 12 y 30 años, con un pico entre las edades de 16 a 19. A pesar de lo antes mencionado no podemos catalogar a un adolescente que ha tenido una intoxica- ción o varios contactos de uso mínimo, como portador de un trastorno estableci- do; para ello existen criterios e indicacio- nes precisas a evaluar y así llegar a un diagnóstico. Lo importante es no dejar de lado que, en múltiples ocasiones, de- be ser tomado en cuenta que los criterios pueden variar según del tipo de sustancia que se esté analizando. Y no hay que ol- vidar que el consumo de sustancias ilega- les que aparece antes de la adolescencia media, hace más probable que el adoles- cente presente posteriormente delin- cuencia, trastornos psiquiátricos graves y conductas antisociales.7,12 Los siguientes datos corroboran como el consumo de drogas ilícitas frecuente- mente comienza entre los estudiantes, en la adolescencia. En el Reino Unido se informa que de 5% a 20% de los estu- diantes consumen drogas, que entre 2% y 5% las consumen semanalmente y que el máximo de prevalencia de consumo se da entre los 14 y 16 años de edad.20 En los estudiantes de Jamaica entre los 15.7- 16.8 años de edad, el estudio del consu- mo de drogas ilegales mostró que 10.2% consumían marihuana, 2.2% cocaína, 1.5% heroína y opio, 1.2%.12 En México, según el doctor Julio Frenk Mora, Secretario de Salud, al presentar la Encuesta Nacional de Adicciones 2002 (26 de junio 2003), la edad de inicio en el consumo experimental de cualquier droga se ubica en promedio en los diez años. Además de que cinco de cada 100 mexicanos mayores de 12 años de edad han probado hasta en cinco ocasiones al- guna droga; de ellos, uno de cada cuatro continúa con este consumo. Los rangos determinantes de dependen- cia para alcohol, tabaco, marihuana y co- caína aparecen entre los 12-30 años con un máximo de representación ente los 15 y 19 años. Los motivos para usar sustancias ilegales pueden ser: la curiosidad, la "necesidad" de experimentar, una conducta explícita de rebeldía, inconformidad, insatisfacción, valor o necesidad de aceptación por el gru- po, solidaridad con pares, autoafirmación o también como manifestación de una ne- cesidad afectiva o de evasión. Se mencionan factores sociales que pue- den influir en el uso de sustancias como son la permisividad del entorno, la facili- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 Los motivos para usar sustancias ilegales pueden ser: la curiosidad, la "necesidad" de experimentar, una conducta explícita de rebeldía, inconformidad, insatisfacción, valor o necesidad de aceptación por el grupo, solidaridad con pares, autoafirmación o también como manifestación de una necesidad afectiva o de evasión.
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    459 dad para conseguirlasy la sensación de poco o nulo peligro y dentro de los fac- tores familiares se puede citar al consu- mo de bebidas alcohólicas o de drogas en la familia y la pobre o nula comunica- ción intrafamiliar. Con lo anterior podemos insistir que se debe realizar una evaluación y vigilancia del adolescente por personal especializa- do, siempre que exista uso riesgoso de al- gún tipo de sustancias ilegales o no y como datos de alarma podemos mencio- nar los siguientes: padecer psicopatología antes de la adolescencia, fracaso escolar y cambios de conducta relacionados con la sospecha de uso de sustancias. Es importante tener en mente otras conductas que podrían ser consideradas como de alarma y que se presentan de for- ma importante en el adolescente de nuestra sociedad actual, entre ellas men- cionaremos: conducir de forma riesgo- sa, el uso de tatuajes, la alimentación poco nutritiva, o la de practicar insufi- ciente ejercicio. Estas conductas no oca- sionan daños directos e inmediatos; pero sí tienen el peligro latente o a lar- go plazo de ocasionar daños a la integri- dad física o en la salud del adolescente; además de las consecuencias sobre lo fa- miliar, social, el desempeño académico/ laboral y no en pocas ocasiones, en asuntos legales. Como ejemplo mencionaremos que mu- chos estudios han demostrado la interrela- ción entre ciertos rasgos de personalidad (rebeldía, alienación, independencia, de- safiante a la autoridad), prácticas riesgosas al conducir (alta velocidad, beber y con- ducir), reducida influencia de los padres, con choques automovilísticos y violacio- nes de tránsito. Encontramos también a quienes "buscan emociones fuertes" co- mo motivación de una forma de condu- cir riesgosa o aquellos que se han visto inmersos en múltiples problemas con- ductuales, como uso de marihuana, fuer- te uso de alcohol y tabaco, problemas le- gales, u otras conductas delictivas. En- tonces es importante reconocer que la forma de conducir de un joven nos debe hacer reflexionar sobre su estilo de vida. Y el intentar cambios sobre algunas ca- racterísticas de este estilo, podrían ser la clave para disminuir o minimizar el ries- go de lesiones al conducir vehículos de motor. En lo relacionado al uso de tatuajes, es- tos han cumplido distintas funciones se- gún la época o la cultura y han sido usados como: señal de identidad, de per- tenencia a un grupo determinado y mar- car a sus miembros; en algunas épocas el tatuaje era un castigo o una señal de es- clavitud, en otras un símbolo de poder y distinción. Ha habido épocas en que los tatuajes eran exclusivos de los marineros y viajeros, de gente "extraña" y supues- tamente de bajo nivel, o tal vez extrava- gante. En los años ochenta la cultura del tatuaje empezó a extenderse en el mun- do del rock, del heavy y del punk; sin embargo, en los últimos años los tatua- jes han ido ganando popularidad entre personas de todos los niveles sociales, de todas las edades y culturas. No es raro observar entonces que los adolescentes adopten esta forma de expresión como un elemento más en la búsqueda de identidad, de pertenencia, o tal vez sólo de seguimiento de modas. Los riesgos en el uso de tatuajes los re- presentan las infecciones (como el VIH) transmitidas por los instrumentos con los que se tatúa al individuo, el sangrado de diferente intensidad, las reacciones alérgicas a los productos usados, la cica- trización queloide, los granulomas como reacción de cuerpo extraño y la insatis- facción por el propio diseño del tatuaje o a largo plazo por lo permanente de éste. Por ello es importante que el adolescente que pretende usar esta técnica deba ser alertado tanto de sus motivaciones como de los riesgos. Conducta en el adolescente Los riesgos en el uso de tatuajes los representan las infecciones (como el VIH) transmitidas por los instrumentos con los que se tatúa al individuo, el sangrado de diferente intensidad, las reacciones alérgicas a los productos usados, la cicatrización queloide, los granulomas como reacción de cuerpo extraño y la insatisfacción por el propio diseño del tatuaje o a largo plazo por lo permanente de éste.
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    460 La alimentación poconutritiva, práctica común en nuestros días, no sólo por los adolescentes, sino por buena parte de la población en general, es motivada por múltiples factores, entre ellos los que se relacionan con los medios masivos de co- municación y la mercadotecnia de los grandes consorcios de alimentación rápi- da (fast- food), aunado a esto la gran de- manda de alimentos propia de esta etapa del desarrollo, hace del adolescente un "seguidor" del consumo de este tipo de productos. Como consecuencia, la pobre nutrición sería un resultado natural, aunque si pensamos en la combinación de otros muchos factores las consecuen- cias podrían ser mayores y dentro de ellas los trastornos de la alimentación y la obesidad ser los más probables. QUÉ HACER CON UN ADOLESCENTE QUE TIENE PROBLEMAS DE CONDUCTA Como las conductas persistentes, la com- binación de múltiples datos de alarma o la integración de un diagnóstico de psicopa- tología no son "normales" a ninguna edad. Una evaluación completa por un profesional de la salud mental, en la que se exploren los diferentes ambientes en los que el adolescente se desenvuelve (bioló- gico, escolar, familiar y social), facilitará una actitud comprensiva y aportará las su- gerencias hacia el adolescente, sus familia- res y otros personajes del entorno. Es importante entender que los proble- mas de conducta tienen su origen en la combinación de múltiples variables, por lo que una solución única no existe; por el contrario, hay que actuar simultánea- mente en varios sectores para prevenir- los, por ejemplo: Hacer frente a los factores de riesgo indi- vidual y adoptar medidas encaminadas a fomentar actitudes y comportamientos saludables en los adolescentes durante su desarrollo y a modificar actitudes y com- portamientos en los menores que ya sean problemáticos o que corren el riesgo de serlo.21 Así que ayudar al adolescente a aprender cómo controlar su ira, a expre- sar su frustración de manera apropiada, asumir responsabilidad en sus actos y aceptar las consecuencias, son medidas adecuadas. Es deseable influir positivamente en las relaciones personales más cercanas y tra- bajar para fomentar un entorno familiar saludable,21 así como brindar apoyo y ayuda profesional a la persona con pato- logía médica psiquiátrica o no psiquiátri- ca, los conflictos de pareja o disfunción familiar. Por lo que propiciar la integra- ción familiar, hacer conciencia en los pa- dres de su papel en la identificación durante el desarrollo del menor y sugerir a los padres que deben fomentar activi- dades sublimatorias, sobre todo de la agresividad, como actividades deporti- vas, que despierten la curiosidad, la soli- daridad y el compañerismo. Se deben intentar acciones hacia la co- munidad en la que se desenvuelve el ado- lescente como la escuela o el vecindario, etc. destinadas a hacer frente a los pro- blemas que pueden conducir o inducir los actos antisociales.21 Al mismo tiempo, que el adolescente participe en reuniones grupales que promuevan la discusión de sus conflictos. Se debe prestar atención a los factores culturales, sociales y económicos que contribuyan en algún grado a la apari- ción, fomento o mantenimiento de pro- blemas de conducta y en lo posible llevar a cabo acciones para modificarlos.21 Es importante mencionar que la apari- ción del comportamiento antisocial en la adolescencia se ve determinada en gran medida por su entorno, no se asocia con hiperactividad y no tiende a persistir en la edad adulta ni a relacionarse con tras- tornos sociales generalizados. ■ PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    461 Conducta en eladolescente Interrelación del dominio conceptual de los factores de riesgo y los factores protectores2 Biología/genética Ambiente social Percepciones Personalidad Conducta ambientales 1.Factores de riesgo 1.Factores de riesgo 1.Factores de riesgo 1.Factores de riesgo 1.Factores de riesgo Historia familiar de Pobreza Modelos de conductas Pobre percepción de Problemas de alcoholismo Ausencia de equivocadas las oportunidades ingesta (ebriedad) normatividad Conflictos de la que ofrece la vida Pobre trabajo Inequidad racial normatividad Baja autoestima escolar Ilegitimidad padre/hijo Propensión a la Oportunidad seducción riesgosa 2.Factor protector 2.Factor protector 2.Factor protector 2.Factor protector 2.Factores protectores Inteligencia elevada Calidad escolar Modelos de conductas Valorar los logros Asistencia a la Cohesión familiar convencionales Valorar la salud iglesia, clubes Recursos vecinales Gran control sobre Intolerancia a lo Inclusión en (Redes de apoyo) conductas equivocado clubes escolares Adultos Interesados equivocadas y voluntarios Conductas de riesgo del adolescente/estilo de vida Problemas conductuales Conductas relacionadas con la salud Conducta escolar Uso de drogas ilícitas Alimentación no saludable Pintas Delincuencia Uso de tabaco Separación Conducir ebrio Sedentarismo Uso de drogas No uso de cinturón de seguridad en la escuela Salud/resultados vitales comprometedores Salud Roles sociales Desarrollo personal Preparación para la adultez Padecimiento/enfermedad Reprobación escolar, Inadecuado auto concepto Limitadas habilidades para el trabajo Aptitudes bajas aislacionismo Depresión/ suicidio Falta de herramientas para conseguirlo Problemas legales Amotivación Partos tempranos
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    463 DESARROLLO PSICOSEXUAL NORMAL Introducción El desarrollosexual ocupa un lugar esen- cial en el desarrollo evolutivo del ser huma- no, tanto por las manifestaciones de la conducta sexual en el entorno social y la re- gulación afectiva, como por las teorías del desarrollo que describen una influencia causal de diversos trastornos emocionales y de la personalidad vinculados al desarro- llo sexual. Para la mejor comprensión del desarrollo psicosexual normal en la ado- lescencia es necesario distinguir los si- guientes conceptos: • Identidad de género: el concepto que un individuo tiene de sí mismo como varón o mujer. • Conducta sexual tipo: se define como el conjunto de características conduc- tuales que diferencian a los sexos. • Orientación sexual: se refiere a la elec- ción del objeto sexual; heterosexual, homosexual, bisexual, etc. Como en otros procesos del desarrollo, el desarrollo sexual en los adolescentes se pue- de ver como un despertar de la identidad sexual de manera conjunta con el incre- mento en el aprendizaje social. Los proce- sos de aprendizaje social estructuran la exploración de la intimidad, expresada por medio de comportamientos que se extien- den desde el escarceo hasta la cópula. La búsqueda de una comprensión más com- pleta del inicio de las relaciones sexuales tempranas ha dado lugar a descripciones de correlaciones más complejas y numerosas entre el pensamiento individual y el con- texto de las variables que influyen sobre la probabilidad de que una persona inicie su actividad sexual. Los resultados de investi- gaciones han descrito un cuadro notable, detallado y complejo de los antecedentes del comportamiento sexual adolescente, sólo que han documentado la relación en- tre las diversas variables, no los procesos o los medios que ocurren en el desarrollo se- xual y su expresión.2 Para una mejor comprensión del desarrollo sexual en el adolescente se deben incluir los contextos sociocultural, políticos, y econó- micos dinámicos en los cuales se expresa. Las influencias de múltiples contextos in- cluyen, pero no se limitan a una sola opi- nión y creencia (Ej., identidad sexual, sensaciones sexuales, noción del amor, etc.) y los mensajes de los adolescentes, mezcla- dos con los cuestionamientos que reciben de sus diversos entornos sociales. El desa- rrollo sexual temprano, como resultado de procesos interactivos, debe ser conceptualiza- do como normativo y formativo por las in- fluencias multidimensionales y complejas.3 Teorías del desarrollo psicosexual. Las teo- rías biológicas afirman que las diferencias sexuales se establecen al comienzo de la vi- da fetal con la influencia de factores gené- ticos y hormonales, lo que sugiere que los mecanismos biológicos participan en di- versas facetas de la sexualidad. Los enfo- ques cognoscitivos vinculan el desarrollo al proceso de organización cognoscitiva, sustentados en la idea de que la adquisi- ción de identidad genérica es resultado del juicio inicial de realidad del niño, además de estar influido por las diversas variables ambientales. Los teóricos del aprendizaje social consi- deran que la imitación o identificación con los modelos del mismo sexo y el re- fuerzo diferencial de las conductas sexua- les tipo constituyen la base del desarrollo psicosexual. Las teorías psicoanalíticas Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
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    464 sustentan que eldesarrollo psicosexual constituye el factor fundamental sobre el funcionamiento de la personalidad. Sus formulaciones se resumen en las etapas psicosexuales (oral, anal, fálica, latencia y genital), la noción de energía libidinal (impulso sexual) y los procesos involucra- dos en la identidad genérica.3 Fase inicial de la adolescencia Cambios físicos. Es un periodo comprendi- do entre los 11 y 13 años en las mujeres y de 11.5 a 14 años en los varones. Es el pe- riodo de cambios biológicos importantes; se produce un aumento de peso y creci- miento longitudinal y se inician los cam- bios en los caracteres sexuales secundarios. La curva de aumento de peso empieza a elevarse. Inicia la acumulación de tejido adiposo en las mujeres y la masa muscular en los varones. El crecimiento esquelético sigue un esquema diferencial en ambos se- xos. En este periodo empiezan a desarro- llar los caracteres sexuales secundarios; crecen las mamas y areolas, aparece el ve- llo púbico y se extiende próximamente. En el varón aumentan la longitud y gro- sor del pene, empiezan a crecen los testí- culos y aparece la pigmentación del escroto, el vello facial y axilar. Puede apa- recer la menarquia en algunas mujeres, el momento de su aparición está relacionado con otros acontecimientos de la pubertad, se relaciona estrechamente con la fase de desaceleración de la curva de aumento de la talla e indudablemente está determina- da por los factores genéticos, nutriciona- les, entre otros. Desde el punto de vista neurofisiológico disminuye el periodo de latencia del sueño y aumenta la somno- lencia diurna, signo que puede ser malin- terpretado por los padres como apatía o pereza.4,7 Cambios psicosociales. El inicio de la ado- lescencia se desarrolla en tres escenarios: en la familia, el grupo de amigos y en la escuela. En cada ambiente se presenta una serie de interacciones que determinan el resultado del desarrollo psicosexual. La ta- rea inicial con la familia es el desarrollo de la independencia y suele ser una etapa en la que más se perturban las relaciones in- trafamiliares, al mismo tiempo en que el adolescente comunica un mayor deseo de intimidad y se produce un distanciamien- to del padre del sexo contrario, al deseo expresado o no por el joven de que sus pa- dres expresen el conflicto, su necesidad de autonomía, que con frecuencia reapa- recen la necesidades parentales no resuel- tas. La tarea con las relaciones amistosas se desarrolla de forma característica con personas del mismo sexo y tienden a cen- trarse más en la actividad conjunta, des- crita como la amistad, carente de profundidad y reciprocidad. En el ámbito escolar el desarrollo parece ser determinado por diversos factores. La sincronía del desarrollo puberal con el de- sarrollo del grupo son determinantes de los ajustes que aparecen en esta etapa. Los varones con desarrollo tardío tienen peo- res resultados académicos y menores ex- pectativas y aspiraciones que aquellos que maduran de manera temprana. Por su parte, las mujeres que maduran tem- pranamente cursan con baja autoestima y mal rendimiento escolar que aquellas que se desarrollan de manera tardía. La aparición de las diferencias sexuales cognoscitivas al inicio de la adolescencia, se describe con mayor aprovechamiento escolar. Fase media de la adolescencia Cambios físicos. Es un periodo compren- dido entre los 12 y 14 años en las muje- res y de 12.5 a 15 años en los varones. Es el periodo de mayores cambios; se pro- duce una aceleración del aumento de pe- so y crecimiento longitudinal y se continúan los cambios en los caracteres sexuales secundarios. La curva de au- mento de peso alcanza su pico máximo, seis meses después la curva del aumento PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
  • 35.
    465 de la tallaalcanza su máximo valor. Au- menta la acumulación de tejido adiposo en las mujeres y la masa muscular en los varones. El crecimiento esquelético sigue un esquema diferencial en ambos sexos, la mayor anchura biacromial en los varo- nes se determina por los andrógenos, mientras que el contorno femenino con mayor diámetro bitrocantéreo depende de la acción de los estrógenos. En este periodo se siguen desarrollando los ca- racteres sexuales secundarios; crecen las mamas y areolas, el vello púbico se oscu- rece, se torna más áspero, se riza y se ex- tiende proximal y lateralmente. En el varón aumentan la longitud y grosor del pene, crecen los testículos y se incremen- ta la pigmentación del escroto, el vello facial y axilar se extiende, y coincide con la aparición del olor corporal, producto del estímulo androgénico, es frecuente que muchos varones sufran ginecomas- tia. El momento álgido de la adolescen- cia en la mujer es la menarquia, si bien en la mayoría de las adolescentes de nuestro medio se presenta a los 12-13 años aproximadamente, el momento de su aparición está relacionado con otros acontecimientos de la pubertad, se rela- ciona estrechamente con el pico máximo de la curva de aumento de peso y con la fase de desaceleración de la curva de au- mento de la talla e indudablemente está determinada por los factores genéticos, estado nutricional, la presencia de enfer- medades médicas, etc. Desde el punto de vista neurofisiológico con la disminución del periodo de latencia del sueño puede mantenerse la somnolencia diurna, señal fisiológica que es malinterpretada por la propia familia.3,4 Cambios psicosociales. Las interacciones con la familia, el grupo de amigos y con la es- cuela son similares a las de la etapa anterior. Aumenta la importancia por la escuela y por el grupo de amigos, empiezan a mani- festarse las diferencias de sexos en las rela- ciones grupales. Las necesidades de los varones están dominadas por las necesida- des de realización y autosuficiencia que se consolidan a través del grupo. En el caso de las mujeres preocupan más las relaciones interpersonales y el sentimiento de amor que se consolidan a través de las relaciones de pareja. En las relaciones amistosas, las mujeres valoran más la lealtad, el compro- miso y la confidencialidad compartida. Los grupos sociales suelen ampliarse y aceptan miembros del sexo opuesto y co- mienza la relación en pareja en diversas fa- ses; suelen salir juntos sin mantener contacto físico o se besan y se acarician con la ropa puesta; en otra fase podrán to- carse los pechos y genitales desnudos o iniciar o mantener relaciones sexuales con un compañero o con varios. Aunque exis- ten diversas variaciones de expresión se- xual, pocos llegan a la relación sexual; si se llega a presentar, el riesgo de embarazos no deseados y de enfermedades de trans- misión sexual es elevado. En esta fase el adolescente suele decidir su vocación y planes futuros, empieza a asimilar los efectos del desarrollo sexual y sus conse- cuencias. Según Erikson, es el periodo de la autoafirmación o del desarrollo de una identidad propia, momento en que se cristaliza la identidad sexual y se desarro- lla el sentido de suficiencia sexual. Fase final de la adolescencia Cambios físicos. En la fase final del desarro- llo de la adolescencia, el cuerpo va adqui- riendo las proporciones y dimensiones adultas. El crecimiento longitudinal es observado, se completa el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, el vello púbico se extiende hacia la cara interna de los muslos de ambos sexos, los genitales del varón alcanzan su tamaño adulto, se completa el tono de voz por acción de la testosterona sobre el cartílago tiroides y cri- coides, y de los músculos laríngeos, y la ca- pacidad reproductiva, las mamas en la mujer alcanzan su configuración adulta, se adquiere la proporción adulta entre el fondo uterino y el cérvix. Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
  • 36.
    466 Cambios psicosociales. Enesta etapa los jó- venes suelen tomas decisiones sobre su fu- turo, la mayoría de las veces definitiva, la rebeldía de las etapas anteriores suele sus- tituirse por un giro gradual hacia la fami- lia, en un plano completamente diferente. Aunque continúan siendo moralistas y con pensamiento absolutista, en esta etapa suelen ser más abiertos al diálogo con los padres. Empiezan a ser capaces de iniciar y mantener relaciones íntimas y empáticas con otras personas que sustituyen a las re- laciones sexuales narcisistas y egoístas de etapas previas. Sobrevaloran la lealtad, la confianza y el apoyo de los amigos en las crisis emocionales. Según Erikson la crisis psicosocial del comienzo de la adolescen- cia es una crisis de identidad, a finales de la adolescencia es la necesidad de desarro- llar la capacidad para intimar con otras personas. Una vez que el individuo tiene algo propio que ofrecer, ya es capaz de compartirlo.9 Evolución de los intereses sexuales El interés por la diferenciación sexual del individuo, por la pertenencia a un grupo, la curiosidad por la procreación y el naci- miento, el interés por los juegos sexuales consigo mismo o con otras personas y el interés sexual por el sexo contrario, cam- bian con la edad. Es evidente que el cono- cimiento de los órganos sexuales es función de la percepción propia o ajena o de su manipulación. La función de los ór- ganos es el resultado de un conocimiento, y el valor que se le atribuye depende en gran medida de la influencia del ambiente que puede ser facilitador u obstaculizador. La actividad autoerótica y masturbatoria está inmersa en el desarrollo de la perso- nalidad que a su vez contribuye a modifi- carla. Los cambios se producen en función del placer y de la actitud del am- biente, provocada al revivir situaciones an- teriores difíciles por la reorganización de la vida adulta. El placer sexual es vivido y es- perado, no por su relación con objetos bien definidos, sino en relación con al- go que hay que renovar. Posteriormen- te, mediante sistemas más concretos, los objetos de satisfacción se localizarán, se valorarán y se definirán con mayor faci- lidad, para convertirse en relaciones ob- jetales y libidinales. La masturbación en la pubertad puede significar algo radicalmente diferente en- tre una y otra persona, pero ya orientada por las fantasías que la acompañan. La elaboración de la fantasía se presentará en el sentido de las representaciones hacia el mismo sexo o el sexo contrario. Permitirá o se imaginará a la persona amada. Más que el resultado de una búsqueda de pla- cer, la masturbación viene dada por un conjunto de circunstancias externas. Fren- te a este fenómeno el individuo responde a una clara incapacidad para establecer re- laciones sociales auténticas, dificultad pa- ra comunicarse y presenta un conjunto de rasgos displacenteros. En la adolescencia la masturbación halla su último significa- do en relación con las vivencias propias de la edad, haciendo pensar en la plena situa- ción afectiva y sexual característica de esta fase del desarrollo. El fenómeno de la masturbación se plan- tea de diversos modos en el varón y la mu- jer. La excitación sexual masculina lleva a una erección y a una posterior eyacula- ción manifiesta, innegablemente existe una relación entre el estímulo y la reac- ción genital. Mientras que en las mujeres, no va seguida de un cambio genital visi- ble, la complacencia y vanidad corporal, la exhibición de determinadas zonas cor- porales, como los pechos, son modos nar- cisistas y exhibicionistas de obtener satisfacción, que contribuyen a esperar el momento de la expresión de amor sexual. Pueden ser diversas las reacciones en la mujer si se masturba en el momento en que inicia su menstruación, la aparición de ésta puede impulsar a la mujer a dejar de masturbarse o, a la inversa, incitarla toda- vía más. En estos casos, la angustia y cul- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
  • 37.
    467 pabilidad relacionarán ala menstruación con ideas de crueldad, dolor y castigo, y pueden desencadenarse regresiones refe- rentes a las diferencias anatómicas y pro- blemas sexuales. La homosexualidad en los adolescentes se observa en condiciones más precisas y di- ferentes a otras edades y se distinguen: los varones que se sienten atraídos por su mismo sexo y se extrañan de no interesar- se por el sexo femenino, pueden inquie- tarse o aceptarla, esta conducta suele ser transitoria en esta etapa. Los adolescentes llevados al psiquiatra por sus padres, ate- rrados por la idea de que su hijo es homo- sexual o corre el peligro de serlo, puede ser un aspecto de desajuste de la personalidad o de la conducta; cuando se expresa la ho- mosexualidad, puede acompañarse de ob- sesiones y compulsiones presentando un rechazo o excesiva aceptación homose- xual. Por otra parte, los cuadros psicóticos del adolescente y específicamente en la es- quizofrenia involucran una temática en que la homosexualidad está presente. Otro caso distinto es la homosexualidad latente que podría estar presente en ado- lescentes con rasgos pasivos, así como la homosexualidad asociada al abuso sexual en etapas previas a la pubertad. Existen otros factores que intervienen en la con- ducta homosexual; en niños que tienen hipererotismo sexual temprano, las rela- ciones homosexuales pueden ser impulsa- das por la facilidad o el condicionamiento. Por último, tanto niños como adolescentes con rasgos antisociales pueden ser seduci- dos por adultos y emplear la homosexua- lidad por razones económicas. La homosexualidad femenina tiene otras características; al inicio de la pubertad una niña puede sentir atracción por otra niña, puede ser una elección amorosa con alguien que se identifica o median- te la cual satisface su amor a sí misma. La relación suele ser inconsistente, pero el acercamiento tiene contenido erótico. Después de la pubertad las relaciones son más complejas, puede ser una amistad su- blimada, o expresar el erotismo y tener el carácter sexual. Suelen formar pequeños grupos en los que se asignan nombres masculinos, las tendencias bisexuales pue- den estar presentes e influidas razones psi- cológicas; por ejemplo el miedo a la heterosexualidad, sobreidentificación con el padre o el hermano, etc. Como parte del desarrollo sexual, en la adolescencia se producen episodios homosexuales junto con conductas heterosexuales, manifesta- ciones que debemos considerar como re- currencias de confusión y dificultad para la diferenciación sexual. Indudablemen- te la influencia del ambiente, específica- mente la interacción de los padres con el hijo, tiene importancia sobre la orienta- ción sexual. El tipo de crianza en un am- biente familiar sexualmente atípico puede inducir a determinada elección sexual; los mecanismos de seducción, psicopatología relacionada con la sexualidad, o la estimu- lación sexual temprana del niño, el miedo de los padres a la homosexualidad, pasivi- dad ante las conductas homosexuales, en- trenamiento del desarrollo donde la orientación no está claramente definida y la educación afectiva en la familia.8 DESARROLLO PSICOSEXUAL ANORMAL El desarrollo anormal en la adolescencia se enfocará sobre dos tipos de hechos: los cambios sexuales por el funcionamiento orgánico y las correspondientes patologías y los trastornos de la identidad sexual. Cambios sexuales por el funcionamiento orgánico Las alteraciones del desarrollo sexual de- bido a una causa médica son la identifica- ción de una alteración sexual considerada que ha sido producida exclusivamente por los efectos fisiológicos de una enfer- medad médica. Son diversas las enferme- dades que pueden producir trastornos sexuales; enfermedades neurológicas (es- Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
  • 38.
    468 clerosis múltiple, lesionesmedulares, neu- ropatías, lesiones del lóbulo temporal), en- fermedades endocrinas (diabetes mellitus, hipotiroidismo, hiper o hipoadrenocostiso- lismo, hiperprolactinemia, padecimientos hipogonadales, alteraciones hipofisiarias), enfermedades vasculares y genitourinarias (trastornos testiculares, enfermedades ure- trales, infecciones o lesiones de genitales internos y externos. La pubertad precoz se refiere a la pubertad anterior a los ocho años en las niñas y a los nueve a diez años en los varones. No dife- rente de la pubertad normal sino por la edad en que se sobreviene y cuyo estímulo obviamente se origina en el centro regula- dor hormonal en el sistema nervioso cen- tral. En el varón muestra un desarrollo simultáneo de pene y testículos, los niveles hormonales hacen aparecer la excreción de FSH con aumento moderado de 17-cetos- teroides, aumento de las células de Leydig y la descendencia de semen. La excesiva producción de hormonas masculinas pro- venientes de la corteza suprarrenal puede regularizarse mediante tratamiento con es- teroides. Las consecuencias psicosociales en el varón si los cambios hormonales no son significativos, regularmente son aceptados sin mayores problemas; la fuerza y capaci- dad atlética, así como la superioridad físi- ca los hace sentir con mayor confianza y seguridad. Contrario a lo que ocurre en el desarrollo tardío, los jóvenes presentan sen- timientos de inadecuación, dificultades pa- ra socializar, comportamiento infantilizado y sentimientos de inseguridad. En las mujeres suele distinguirse la eviden- cia de pubertad precoz, no hay signos viri- lizantes, como suelen darse en falsas pubertades precoces de origen suprarrenal y por la presencia de tumores ováricos. La acción de los estrógenos permitirá el desa- rrollo prematuro de los caracteres sexuales secundarios. En ambos sexos el diagnósti- co diferencial debe hacerse con tumores secretores de hormonas gonadotropinas; corioepitelioma, teratoma o hematoma. Las consecuencias psicosociales en la mu- jer suelen ser diversas, la precocidad no es bien aceptada, pueden ocultar signos ex- ternos visibles, presentan miedo de llamar la atención, debido a su crecimiento ace- lerado surge el temor de engordar y fre- cuentemente se sienten presionadas por varones mayores. Algo distinto ocurre con la maduración tardía, tienen menos pro- blemas emocionales y regularmente su de- sarrollo está al mismo nivel que los varones con desarrollo psicosexual normal. Investigaciones sobre el efecto de la epi- lepsia y los fármacos antiepilépticos en los aspectos físicos y hormonales del desarro- llo sexual de los pacientes masculinos con epilepsia, han reportado que los valores medios del volumen testicular y de la lon- gitud del pene son menores en los pacien- tes en los diversos subgrupos de edad, y el vello púbico apareció tardíamente en los pacientes.14 Los valores medios de los ni- veles de la testosterona, del estradiol, hor- mona luteinizante (LH) y de hormona foliculoestimulante (FSH) eran percepti- blemente más altos, los autores conclu- yen que la reducción en el volumen testicular y la longitud del pene, los valo- res medios perceptiblemente más bajos de la testosterona libre en los pacientes que recibían politerapia en el subgrupo de adolescentes tardíos, fueron más signi- ficativos que en quienes recibieron mo- noterapia; sin embargo, hay retraso en el desarrollo sexual de los pacientes mascu- linos con epilepsia. Pacientes con enfer- medad de Crohn han demostrado un retardo en la maduración sexual.15 Desde la perspectiva de la sexualidad, se han investigado los pensamientos, sensa- ciones, desarrollo físico y la identidad, el impacto de la hemofilia, que influye en las diversas etapas del desarrollo físico y psi- cosexual, con ideas falsas sobre la sexuali- dad y preocupaciones únicas en esta población que incluyen incapacidad físi- ca, preocupación por el VIH, efectos se- cundarios de la medicación y otras PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    469 complicaciones. Las estrategiaspara la discusión, comunicación, esclarecimiento sobre el desarrollo normal e intervencio- nes sobre la educación sexual sobre tópi- cos específicos son necesarias en este grupo de pacientes.16 Investigaciones sobre las conductas sexua- les en el autismo y otros trastornos genera- lizados del desarrollo sugieren una variedad de expresiones del comporta- miento. Sin embargo, el curso del desa- rrollo sexual en autismo es desconocido, lo que plantea preguntas sobre la norma- lidad de comportamientos específicos. Incluso menos se sabe sobre desviaciones del desarrollo sexual y de la incidencia de parafilias en esta población. Pueden pre- sentarse los comportamientos hipersexua- les que usualmente pueden suprimirse con medicación que modula los impulsos. Debido a la falta de programas educativos específicos y terapias conductuales, en al- gunos países usan antiandrógeno inyecta- ble, el leuprolide; los resultados de estos ensayos aún se discuten.13 Trastornos sexuales inducidos por sustancias de prescripción o de abuso Es un grupo de trastornos sexuales secun- darios, se observan con mayor frecuencia en adolescentes mayores y adultos. Con- siste en una alteración clínica que provoca malestar o dificultad en las relaciones in- terpersonales. Según la sustancia consu- mida, el trastorno puede alterar el deseo y excitación sexual, el orgasmo o producir dolor. Generalmente son debidos a los efectos fisiológicos del alcohol, sustancias con acción estimulante (anfetaminas, co- caína), sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, antidepresivos, antihipertensivos, neuro- lépticos, esteroides anabólicos, antiepilép- ticos, entre otros. La intoxicación aguda o el abuso crónico de las sustancias, dismi- nuye el interés por el sexo, pueden apare- cer trastornos de la excitación y los trastornos del orgasmo más frecuente en varones. Las alteraciones sexuales induci- das por sustancias se diferencian de los trastornos primarios por el hecho de que los síntomas se explican por los efectos di- rectos de alguna sustancia.1-3 Anormalidades genéticas La exposición de hembras a exceso de an- drógenos como resultado de la hiperpla- sia suprarrenal congénita causa un grado variable de virilización de los órganos genitales externos. La identidad del gé- nero en tales individuos es generalmente femenina incluso en mujeres virilizadas y a pesar del hecho de los cambios del comportamiento. Las mujeres con hiper- plasia suprarrenal congénita tienen com- portamiento del género masculino, pero éste ocurre generalmente en mujeres se- riamente virilizadas debido al retraso en el diagnóstico, corrección quirúrgica o que se retrasaron con la terapia con glu- cocorticoides. Los niños expuestos a estrógenos exóge- nos o progestágenos durante la gestación tienen fenotipos masculinos o femeninos apropiados; en general, tales agentes tie- nen solamente efectos de menor impor- tancia en comportamiento sexual dimorfo y no influyen sobre la identidad conduc- tual de género. Los hermafroditas verdaderos tienen tes- tículos y ovarios, los pueden tener el va- rón, la hembra, o presentar fenotipos ambiguos. En tales individuos, el com- portamiento del papel del género co- rresponde generalmente al sexo de asignación, aunque muchos de ellos tie- nen características sexuales secundarias anómalas. Las mujeres con disgenesia gonadal tienen fenotipos femeninos y comportamiento femenino del papel de la identidad de género. Puesto que tales mujeres tienen deficiencia de estrógeno, se ha deducido que el estrógeno ovárico desempeña en el mejor de los casos un pa- pel de menor importancia en la evolución de la identidad femenina del género. Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
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    470 La mayoría delos individuos con el sín- drome de Klinefelter tienen fenotipo masculino, comportamiento masculino del papel del género, lo que sugiere que los estrógenos no desempeñan ningún pa- pel de continuación en la identidad de gé- nero después de la época de la pubertad prevista, presentan ginecomastia y signos de hiperandrogenismo, genitales peque- ños, duros e insensibles.16 El síndrome de Turner es un síndrome de agenesia ovárica o disgenesia gonadal. Se caracteriza por apariencia femenina, baja estatura, y múltiples anomalías somáticas, la más característica es el cuello palmeado. Falta de caracteres sexuales en la pubertad, falta de menstruación, genitales externos inmaduros, falta de desarrollo mamario, pilosidad de pubis tardía. Algunos pacien- tes cursan con deficiencia mental, en otros casos su CI es superior, con retraso o debilitación en el desarrollo social y se- xual, los trastornos mentales específicos son ajenos al síndrome. La criptorquidia es una anomalía bastante frecuente, aun contando con que se suele corregir por sí sola en el primer año de vi- da. Al margen de consideraciones psicológi- cas, con el objeto de aplicar un tratamiento quirúrgico temprano, los testículos ectópi- cos sufren cambios degenerativos que llevan a la esterilidad una vez pasados los cinco años, además de ir acompañados de una hernia inguinal, y tras la pubertad, es mu- cho más frecuente una degeneración malig- na testicular. Los padres y sus hijos dan gran importancia al desarrollo testicular y del es- croto, a su papel en el desarrollo afectivo y específicamente lo concerniente al desarro- llo de la identificación sexual. Estudios han informado ansiedad, depresión y pasividad en este grupo de pacientes. Las mujeres XY con la resistencia profun- da del andrógeno debido a las mutaciones del receptor del andrógeno desarrollan un fenotipo femenino y un comportamiento femenino inequívoco. La identidad de gé- nero y su comportamiento corresponden con el desarrollo anatómico predominan- te y por lo tanto con el entorno hormonal prenatal. Esta conformidad puede susten- tar las perturbaciones que incluyen los pa- trones contradictorios en los cuales las mujeres virilizadas o los varones feminiza- dos durante la adolescencia presentan un desarrollo incompleto de las característi- cas sexuales secundarias en la pubertad.11 Las hormonas testiculares podrían ser de- terminantes importantes de la identidad conductual del género, puesto que tam- bién controlan el desarrollo de la identi- dad externa de los órganos genitales (y por lo tanto la asignación del sexo y el sexo anatómico estaría casi invariablemente igual en este grupo de pacientes). En tal sentido, es difícil o virtualmente imposi- ble en la mayoría de los estudios sobre trastornos del intersexo, comprobar el grado en el cual los factores psicosociales y los determinantes endocrinos contribu- yen a este desarrollo; porque la influencia de los factores psicosociales corresponde casi siempre con los factores anatómicos y endocrinos. El comportamiento del papel del género en individuos con pseudohermafroditismo masculino con el desarrollo sexual anormal experimentan un rechazo en comporta- miento del papel del género (y rechazo en identidad del género) en una cierta edad después de que la identidad del género se considera generalmente fija e irreversible. La mayoría de tales individuos son mascu- linos y cursan con falta de virilización de los órganos genitales externos y quienes probablemente les asignaron el sexo feme- nino desde el nacimiento. A lo largo del tiempo la asignación del sexo resulta en es- tigmatización debido a las anomalías ana- tómicas. El cambio en comportamiento del papel del género es generalmente de mujer a varón. Los cambios en el comportamiento en el pseudohermafroditismo femenino del papel PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    471 de género esde varón a mujer; se trata de sujetos provistos de gónadas femeninas, frecuentemente funcionales, cuyo sexo cromosómico y de los órganos genitales internos son generalmente femeninos, pe- ro cuyos genitales externos han sufrido una masculinización en el proceso de la vida fetal.12 Individuos con un trastorno del intersexo a lo largo del tiempo de la asignación del sexo claramente resulta en estigmatización debido a sus anormalidades anatómicas. Sin embargo, la ambigüedad de los órga- nos genitales no puede ser la causa única de cambios en comportamiento del papel del género. Acuden generalmente a la atención médica debido a la virilización en la pubertad o debido a falta de mens- truación. En la evaluación endocrina se encuentran niveles bajos de la testostero- na (para los hombres) y niveles variables del estrógeno. Los pacientes con mielomeningocele (de- formidad toracolumbar) cursan con desa- rrollo cognoscitivo normal y más que presentar perturbaciones psicosexuales, presentan psicopatologías afectivas asocia- das que de alguna manera alteran el funcio- namiento psicosexual. La adaptación psicológica de adolescentes al desarrollo fí- sico y sexual se refiere a la experiencia cor- poral entera. Los estudios demuestran que ante problemas como esta deformidad físi- ca, el desarrollo psíquico puede beneficiar- se con tratamiento psicológico.11 Disfunciones sexuales Las disfunciones sexuales se caracterizan por una alteración del deseo sexual, por cambios psicofisiológicos en el ciclo de la respuesta sexual y por la provocación de malestar y problemas interpersonales. In- cluyen los trastornos del deseo sexual, aversión al sexo, trastornos de excitación sexual en la mujer y de erección en el va- rón, trastornos del orgasmo, trastornos se- xuales por dolor y disfunciones debidas a enfermedades médicas o inducidas por sustancias. Las parafilias se caracterizan por impulsos se- xuales intensos y recurrentes, fantasías o comportamientos que implican objetos, ac- tividades o situaciones poco habituales. Estos trastornos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral, esco- lar o de otras áreas importantes de la activi- dad del individuo. Las parafilias incluyen: exhibicionismo, fetichismo, frotteurismo, paidofilia, masoquismo, sadismo, fetichismo transvestista y voyeurismo. Estos trastornos no son incluidos en las alteraciones del desa- rrollo en los menores de edad.1-3 Trastorno de identidad sexual en los adolescentes En niños o púberes se manifiesta por una marcada preocupación por actividades fe- meninas tradicionales y una atracción fuerte hacia juegos y pasatiempos típicos del sexo contrario. Los adolescentes ex- presan una identificación persistente e in- tensa con el otro sexo, lo cual constituye el deseo de ser o la insistencia de que es del otro sexo. Se manifiesta malestar per- sistente por el sexo asignado, o senti- mientos de inadecuación sobre el papel que desempeña de su sexo. El inicio de las actividades e intereses por el otro sexo se presenta generalmente entre los dos y cuatro años de edad, sólo un pequeño número de niños continuará en etapas posteriores de la adolescencia tardía y la adultez. El diagnóstico debe establecerse en ausencia de enfermedad intersexual, presentar malestar clínicamente significa- tivo o deterioro social, escolar, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. La prevalencia se estima entre uno de cada 30,000 varones y una de cada 100,000 mujeres en población adulta; en menores de edad no existen re- gistros. Debe diferenciarse de los amane- ramientos propios del comportamiento de inconformidad con el papel del propio sexo, que es frecuente en los niños.1 Desarrollo psicosexual normal y anormal de la adolescencia
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    472 CONCLUSIÓN Las diversas líneasde investigación sobre el desarrollo psicosexual y sus alteraciones nos permiten formular afirmaciones con- sistentes sobre la importancia de los diver- sos factores implícitos y explícitos del desarrollo psicosexual. Desde el nacimien- to los genitales del niño son los principales determinantes para ser considerado niño o niña. En la siguiente etapa, el sexo de asig- nación y la educación familiar y social son los principales determinantes de la identi- dad de género, que ocurre alrededor de los tres a cuatro años; sin embargo, pudiera permanecer indeterminada y puede cam- biar bajo circunstancias específicas, tal po- dría ser la conducta sexual tipo (con la que el niño se comporta de una manera espe- rada, se sentirá identificado con ese sexo, lo que viene a reforzar la identidad genéri- ca o puede ser presionado hacia el com- portamiento opuesto). Las influencias parentales y psicosociales que refuerzan las conductas sexuales y el desarrollo de carac- terísticas específicas de la pubertad, dan lugar a ciertos cambios de actitud. Las hormonas sexuales masculinas y feme- ninas juegan un rol importante para el de- sarrollo de las conductas sexuales tipo y en el impulso sexual, sin embargo el rol se- xual se ve influenciado por el entorno am- biental y las normas culturales. También se constituye por los propios atributos y percepciones tanto del aspecto físico co- mo de la identidad de género. En cuanto a las anomalías del desarrollo psicosexual; más que para entender el de- sarrollo normal se enfoca nuestro interés al conocimiento del funcionamiento en condiciones especiales, como en las mal- formaciones genéticas, cromosomopatías, enfermedades médicas que aparecen en el progreso del desarrollo, consumo de sustan- cias de prescripción o de abuso y los trastor- nos de identidad que aparecen a temprana edad. Este grupo de trastornos requiere in- tervenciones multidisciplinarias. Las experiencias sexuales y sociales parecen tener mayor influencia sobre las diferen- cias individuales de intereses y actividades sexuales. Finalmente hay que destacar que el desa- rrollo psicosexual está estrechamente liga- do al desarrollo social y emocional, los problemas interpersonales o la ansiedad social pueden o no, tener consecuencias psicosexuales. ■ PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    473 L a etapa deadolescencia típicamente genera más confusión que la etapa de la infancia y adultez. Arnett1 confirma las áreas de confusión en la ado- lescencia: problemas afectivos, conductas de riesgo y conflictos con los padres. Aunque hay grandes diferencias en estas áreas entre los jóvenes, el hecho de la pro- blemática afectiva y el incremento de la conducta de riesgo no son atípicas duran- te este periodo del desarrollo; sugiere que las conductas asociadas con formas psico- patológicas de internalización y externali- zación están en aumento. Así, el límite entre lo normal y lo psicopatológico o anormal, llega a ser menos claro. Los temas involucrados en la psicopatolo- gía del desarrollo en el adolescente inclu- yen el uso de modelos interdisciplinarios del desarrollo, temas relacionados a la continuidad y discontinuidad del proceso a lo largo de la vida, los límites y enlaces entre lo normal y anormal, adaptación o funcionamiento patológico, la transición que ocurre entre el ambiente y caracterís- ticas personales, los procesos asociados con el riesgo y resiliencia, y la integración de investigaciones básicas desde la preven- ción e intervención oportuna. La Psicopatología del desarrollo considera los conceptos de la inadaptación y los trastornos inherentes al individuo, dentro de un marco conceptual en la relación di- námica entre el individuo y los contextos interno y externo. Más que el defender una teoría singular que explicara para todo un fenómeno del desarrollo, la psicopatología del desarrollo se esfuerza para integrar el conocimiento a través de disciplinas científicas en múlti- ples niveles de análisis y dominios. Ade- más aborda no solamente ciertas diferen- cias en la manifestación de los síntomas en diversos periodos del desarrollo, sino el grado en que estos convergen y divergen en el contexto de la organización biológi- ca, psicológica y social, y cómo están rela- cionados con síntomas y síndromes. Una aproximación del desarrollo, requiere que un tema o asunto de interés sea con- ceptualizado en términos de cómo estaría manifestado en un punto de vista de las capacidades del desarrollo particular y lo- gros del periodo del desarrollo adolescen- te, por ejemplo la capacidad cognitiva y emocional que debe de contener a un adolescente con un evento traumático y lo que éste significa ante la edad. De este modo, las consideraciones a las ca- pacidades del individuo, enlazadas con otros dominios psicológicos y biológicos, son esenciales para entender las expresiones de alguna alteración durante el periodo de este proceso de la adolescencia o para los proce- sos durante algún periodo del desarrollo. Un análisis del desarrollo también requie- re que el funcionamiento actual del ado- lescente sea considerado dentro del contexto de cómo esos niveles de funcio- namiento son transformados sobre el cur- so del desarrollo. Las influencias distantes y su relación dinámica a causas proxima- les, necesitan ser delineadas (ibíd). Un análisis del desarrollo también beneficia no únicamente el conocimiento de la pro- gresión de experiencias prioritarias a la ado- lescencia, sino también el conocimiento de las trayectorias subsecuentes del desarrollo de individuos hacia la adultez. Pueden exis- tir diferentes modelos adaptativos en la adultez. De este modo, la adaptación a lo largo de la vida es trascendental. Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia Los temas involucrados en la psicopatología del desarrollo en el adolescente incluyen el uso de modelos interdisciplinarios del desarrollo, temas relacionados a la continuidad y discontinuidad del proceso a lo largo de la vida, los límites y enlaces entre lo normal y anormal, adaptación o funcionamiento patológico, la transición que ocurre entre el ambiente y características personales, los procesos asociados con el riesgo y resiliencia, y la integración de investigaciones básicas desde la prevención e intervención oportuna.
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    474 La investigación delfuncionamiento psi- copatológico durante la adolescencia no únicamente provee información de pará- metros y origen de un trastorno durante el periodo específico del desarrollo, tam- bién significados de comparación y con- traste a través del curso de la vida, ofrece un "darse cuenta" dentro de las variacio- nes potenciales en procesos causales que pueden operar dependiendo de cuándo se presenta un trastorno; por ejemplo se tie- ne evidencia que los trastornos depresivos en la adolescencia e infancia pueden ser influenciables por factores genéticos y psi- cosociales. Ambos trastornos incrementan el riesgo para las subsecuentes depresiones en la adultez. Estudios longitudinales clínicos y un estu- dio en la comunidad citado por Birmaher2 refiere que en los niños con depresión ma- yor se incrementaron los riesgos de padecer- la en la adolescencia. El promedio de duración del episodio depresivo en niños fue de ocho a 13 meses, y de 50 a 90% de los niños con trastorno depresivo mayor tu- vo franca recuperación. Treinta por ciento de estos niños experimentaron una recaí- da, y 24 a 70 meses después se recupera- ron completamente de su problema. Todos los estudios mostraron que el tras- torno depresivo mayor en la infancia está asociado con mayor riesgo de suicidio, problemas conductuales, abuso de sustan- cias, y problemas sociales, académicos y familiares. El trastorno depresivo en ado- lescentes fue asociado con morbilidad psi- quiátrica (abuso de sustancias, trastornos de personalidad) y psicosocial (pobre ren- dimiento escolar, intentos de suicidio); aquellos adolescentes que experimentaron dos o más episodios con depresión mayor mostraron significativamente aumento en la morbilidad psicosocial y se incrementó el riesgo de recurrencias para suicidio, así como otros problemas psiquiátricos del de- sarrollo como abuso de sustancias. Estos resultados sugieren que los estresores psicosociales juegan un papel muy impor- tante en el inicio de la depresión en la in- fancia, comparado con el inicio de la de- presión en la adolescencia, por lo que se subraya la necesidad primordial de aten- ción, ya que pueden contribuir a la psico- patología durante diferentes periodos del desarrollo. Aplicar el conocimiento del desarrollo del adolescente normal para el estudio de la psicopatología, es decisivo para deli- near en qué proceso del desarrollo se han vertido en forma dispar aquellas mani- festaciones de un trastorno; incluso an- tes de la emergencia del trastorno psicopatológico ciertos caminos señalan o suponen compromisos adaptativos o fallas en el desarrollo normal, que pro- nostican psicopatología comórbida, por ejemplo niños con temperamento difí- cil, con inhibición conductual, niños que han desarrollado un vínculo ansioso y manejado una alta separación de ansie- dad en lo primeros años de vida, pueden consecuentemente desarrollar una pers- pectiva de impotencia en consideración a cambios sociales. Estos niños pueden contribuir a la gran ansiedad que han experimentado, y desarrollar obsesiones, compulsiones y trastornos agregados que se presentan. Los psicopatólogos del desarrollo están interesados en descubrir caminos a la adaptación competente a pesar de la ex- posición a condiciones de adversidad, por ejemplo Masten3 encontró en una inves- tigación longitudinal de los caminos a la resiliencia e inadaptación de niños y ado- lescentes, que muchos adolescentes gra- cias a ciertos recursos parentales y un buen funcionamiento intelectual fueron asociados con resultados positivos a través de la variable del dominio de competen- cia, aun estando en un contexto de adver- sidad importante. La resiliencia es la capacidad de superar la adversidad y salir fortalecido de ella, se ha demostrado que en niños y adolescentes PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    475 expuestos a losmismos factores de riesgo, reaccionan de manera diferente, unos pue- den presentar problemas psicosociales y otros superan éste obstáculo. Tagle4 define a resiliencia como la capacidad de estos adolescentes de resistir a la adversidad, y convivir con los factores de riesgo sin invo- lucrarse en los problemas, y salir airosos ante éstos, lo que se asocia a su vez con un buen ajuste y una adecuada salud mental, así como se relaciona con factores de ries- go y factores protectores. Los factores con probabilidad de mayor riesgo, especialmente si se originan en la misma familia, serían: desacuerdos graves en la familia, nivel socioeconómico bajo, hacinamiento y familia numerosa, crimi- nalidad paterna, trastorno psiquiátrico ma- terno e institucionalización de los hijos; Otros autores señalan la excesiva ansiedad materna, rigidez en las actitudes, creencias o valores de la madre con respecto al desa- rrollo del niño, déficit en el rol de la madre que dificulta la interacción con su hijo, educación materna mínima, poco apoyo familiar y eventos estresantes en la familia. Es imprescindible mencionar algunos de los factores de riesgo que pueden provo- car trastornos del desarrollo psicosocial, como las patologías médicas, abuso de sustancias, alcoholismo, trastornos men- tales, fracaso escolar, desempleo, desajus- tes sociales, y el principal factor de riesgo aislado: la pobreza, con riesgo al acceso li- mitado a la salud y educación, con mayor exposición a peligros ambientales, posibili- dades limitadas de empleo, y otros (ibíd). Los factores individuales de alto riesgo tie- nen que ver con el temperamento, la so- ciabilidad, la actividad, la inteligencia, y la competencia en habilidades. Los factores familiares también dependen de la calidad de los lazos afectivos y situaciones de es- trés que promueven o no el apoyo emo- cional familiar. Así también influyen los factores de apoyo externos de escuela, tra- bajo o instituciones laborales diversas. Cuando existen estos apoyos, se fortalece y reconforta al niño y adolescente, éstos son ya factores protectores. Retomando más de los factores protecto- res dentro del ámbito del adolescente, se pueden mencionar, la comunicación con sus familiares, amigos, compañeros, la re- creación de las madres para ocupar un rol determinado y constante, así como la au- toestima del adolescente. Padres y tutores que favorecen la independencia, fomen- tan reglas, límites y enseñan a adquirir responsabilidades en sus diversas tareas cotidianas, con base en un sentimiento de confianza, y un mensaje claro y constante con el ejemplo, que la adversidad se pue- de superar (ibíd). Es de vital importancia hacer mención de un buen vínculo que debe de establecerse entre los padres y su hijo, el cual está da- do por la identificación, el favorecer la in- ternalización de los valores paternos, la calidez familiar, el fomento de una buena autoestima, así como la actitud de los pa- dres ante cualquier situación reactiva que se presente. La actitud y percepción del adolescente ante cualquier reacción ambiental o pro- blemática, tiene que ver además con la impresión subjetiva que le da el joven, con el significado que ofrece para él. Así, el ni- ño y el adolescente, es desafiado a crear fortalezas o resiliencias, lo que llamamos el modelo de desafío (ibíd). Wolin y Wolin5 proponen siete cualidades protectoras que todo individuo puede te- ner: insight, independencia, interacción, iniciativa, creatividad, humor y moralidad. Estas cualidades, fungirán como protecto- res en conjunto para una persona, ante adversidades del medio, por lo que el ado- lescente será capaz de desarrollarlas para enfrentar las adversidades con mejores ele- mentos y tendrá mayores probabilidades de salir airoso de éstas. Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia La resiliencia es la capacidad de superar la adversidad y salir fortalecido de ella, se ha demostrado que en niños y adolescentes expuestos a los mismos factores de riesgo, reaccionan de manera diferente, unos pueden presentar problemas psicosociales y otros superan éste obstáculo. Los factores con probabilidad de mayor riesgo, especialmente si se originan en la misma familia, serían: desacuerdos graves en la familia, nivel socioeconómico bajo, hacinamiento y familia numerosa, criminalidad paterna, trastorno psiquiátrico materno e institucionalización de los hijos. Los factores individuales de alto riesgo tienen que ver con el temperamento, la sociabilidad, la actividad, la inteligencia, y la competencia en habilidades.
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    476 Desde el puntode vista de la personali- dad, podríamos referirnos a aquellos atri- butos de carácter y temperamento que nos hacen ser lo que somos y diferentes de otros. Estas características de personalidad de un individuo, pueden ser influidas por el aprendizaje, las experiencias y las enfer- medades. Por ello es imprescindible tener siempre presente cualquier vicisitud que ocurra en los ámbitos biológico, sociocul- tural y psicológico, y abordarlos partiendo de las etapas normales del desarrollo. El temperamento es un estilo individual de comportamiento para responder y hacer frente a los estímulos. Chess and Thomas6 han definido nueve categorías de temperamento que son: ni- vel de actividad, ritmicidad, aproxima- ción-retirada, adaptabilidad, intensidad de reacción, cualidad del humor, umbral sensitivo, distractibilidad y persistencia de la atención. Se tienen tres tipos de constelaciones del temperamento, el fácil, difícil, y lento para entrar en confianza. Buss & Plomin7 proponen cuatro factores independientes del temperamento: emo- cionalidad, actividad, sociabilidad e im- pulsividad. Cloninger8 ha propuesto una teoría bio- psicosocial de temperamento y desarrollo de la personalidad, este modelo concep- tualiza la personalidad como una combi- nación de heredabilidad, rasgos básicos neurobiológicos (dimensiones del tempe- ramento) y aprendizaje sociocultural. Por otro lado, Costa & McCrae9 proponen cinco dimensiones de la personalidad refe- ridas como sinceridad, conciencia, extro- versión, afabilidad y estabilidad emocional, apropiadas para los adultos; sin embargo dos más pueden integrarse dentro de estos factores en el curso de la adolescencia y son: irritabilidad y actividad. Diversos estudios en adolescentes han demostrado evidencia por tres tipos de personalidad clasificados como: resilien- tes, sobrecontrolados y subcontrolados.10 Los tipos de personalidad resilientes de- muestran efectiva funcionalidad en su vi- da cotidiana. Evidencias sugieren que en los adolescen- tes, la sensación de autoeficacia y la creen- cia en que se puede contender con los cambios de estilo de vida, pueden ser más importantes que una sensación general de bienestar. Diversos estudios han demos- trado que los factores y efectos protectores de un estilo positivo, aplicados en la pla- neación, son una reflexión, una sensación de poder controlar lo que le ocurre. Un estilo de contención activa es proba- blemente de vital trascendencia,11 enten- diendo como contención la capacidad de padres o tutores de dar apoyo verdadero, involucrando el compromiso con afecto positivo, lo que reforzará la idea en el ado- lescente de que es querido, aceptado y juega un papel importante, del que se es- pera lo mejor de él. Alsaker12 señala que es de suma importancia el impacto que puede tener el desarrollo pu- beral durante la temprana adolescencia y el rol de esta maduración en el ajuste psi- cológico. Recordemos que la maduración puberal está caracterizada por dos cam- bios importantes: incremento de las hor- monas sexuales y cambios físicos. Es esencial tener en cuenta en el proceso del desarrollo del adolescente, el impacto po- sible de estos cambios y relacionarlos con la socialización, para entender los diferen- tes tipos de reacciones que se pudieran ob- servar en estos jóvenes. Para el clínico resulta valioso no perder de vista los cambios puberales y ajustes psi- cosociales que involucran de manera im- portante la imagen corporal, sentimientos al respecto, problemas de internalización y externalización que en esta etapa reto- man un valor importante para la evalua- ción del adolescente. PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 Recordemos que la maduración puberal está caracterizada por dos cambios importantes: incremento de las hormonas sexuales y cambios físicos. Es esencial tener en cuenta en el proceso del desarrollo del adolescente, el impacto posible de estos cambios y relacionarlos con la socialización, para entender los diferentes tipos de reacciones que se pudie- ran observar en estos jóvenes.
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    477 Hay dos prerrequisitosque entran en jue- go como factores que pueden influir en el proceso de socialización en el adolescente, el primero son las normas y los roles que se establecen en la familia, comunidad, es- cuela y el segundo, los agentes que forta- lecen la socialización. Las tareas del desarrollo en términos del proceso puberal cobran importancia con respecto a lo real y lo percibido por ellos mismos, es decir, los jóvenes pueden di- ferir en: 1. La percepción de su propia madura- ción puberal. 2. La interpretación que le dan a los cambios que suceden en ellos. 3. El tipo de expectativas y actitudes que tienen al respecto. 4. Cómo manejan usualmente las tareas y cambios de su propio desarrollo. Los conceptos centrales en este punto de vista son la percepción, interpretación y redefinición de las tareas del proceso pu- beral de la adolescencia (ibíd). Las diferencias en las características del proceso adaptativo de la adolescencia tie- nen que ver con la calidad de la organiza- ción previa del desarrollo y la interacción con los procesos de riesgo y protectores del joven. La calidad de organización en la competen- cia del desarrollo que los adolescentes lle- gan a alcanzar, se debe probablemente a la forma como influyen sus interpretaciones y respuestas ante los riesgos a los que están expuestos en todo momento y el esfuerzo que hacen para alcanzar una autonomía psicológica, misma que implica ser autóno- mos emocionalmente de la dependencia que se tenía con los padres, ser autónomos en sus conductas para funcionar de forma independiente y autonomía de autorresi- liencia (enfrentar y salir avante a las adver- sidades), así como cognitiva, que involucra la toma de decisiones. Estos tipos de auto- nomía se pueden fortalecer mediante la re- lación positiva con los padres. Los adolescentes pueden reaccionar con mayor intensidad ante los periodos de transición (como cambios de escuela, si- tuaciones familiares, etc.) por lo que su sensibilidad ante experiencias estresoras puede ser exacerbada; además el impacto de la transición sobre las capacidades adaptativas, es decir los cambios a los que se está enfrentando, pueden influir fuerte- mente su capacidad de adaptación, lo cual dependerá del grado de embate entre sus necesidades y el contexto en el que se dé. Así, la evolución del cambio puede tener un impacto significativo sobre el curso del desarrollo y ser un punto crítico para la secuencia limitada o total del desarrollo del adolescente. Rodríguez15 refiere que es de relevancia entender y explorar las vicisitudes y ma- nifestaciones propias del síntoma, de vi- tal importancia que el clínico conozca la teoría y desarrollo de la adolescencia, el conocimiento de cierta conducta del adolescente en determinadas condicio- nes; recordemos que la adolescencia co- mo proceso de individuación, es única y diferente en cada adolescente, es un pro- ceso del desarrollo que construye e integra un concepto de sí mismo, una identidad, un proceso biológico de su sexualidad; en el contexto grupal, social, familiar, que si- gue un patrón a la especie, pero también idiosincrásico del individuo, de expansión y desarrollo intelectual, de experiencia académica, de búsqueda de valores, idea- les propios y la aceptación de la persona en concordancia con dichos ideales. Thompson16 manifiesta que para entender el proceso biológico normal durante la adolescencia, deberemos conocer tanto la maduración neurológica global continua, como la corteza prefrontal y la sobrepro- Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia Los adolescentes pueden reaccionar con mayor intensidad ante los periodos de transición (como cambios de escuela, situaciones familiares, etc.) por lo que su sensibilidad ante experiencias estresoras puede ser exacerbada; además el impacto de la transición sobre las capacidades adaptativas, es decir los cambios a los que se está enfrentando, pueden influir fuertemente su capacidad de adaptación, lo cual dependerá del grado de embate entre sus necesidades y el contexto en el que se dé.
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    478 ducción de materiagris previo a la puber- tad; debemos prever valiosos discernimien- tos dentro de los mecanismos que acontecen en la psicopatología, como la in- fluencia del lóbulo frontal sobre la adoles- cencia, al hablar del centro de las funciones ejecutivas como el razonamiento, control de impulsos y planeación. Por ejemplo, en el inicio de la esquizofrenia en la infancia, las imágenes de resonancia magnética han revelado que hay cuatro veces más materia gris perdida en el lóbulo frontal de lo ocu- rre en la normalidad.18 En pacientes con esquizofrenia temprana, la reducción pro- gresa durante la adolescencia. La corteza prefrontal es la más inervada por neuronas dopaminérgicas, hay sufi- ciente información que éstas puedan iner- var en la patología esquizofrénica. Las divisiones regionales más precisas han de- mostrado que hay una asociación entre la anhedonia, abulia y aplanamiento afecti- vo, con la disminución de la sustancia gris ventromedial .Es posible que las estructu- ras aferentes y sus patrones de conexión de los lóbulos frontal y temporal sean los directamente responsables del padeci- miento.19 Recordemos que las neuronas que parecen participar en la planificación se han iden- tificado en la corteza frontal, los déficit funcionales que resultan del daño del ló- bulo frontal humano son diversos, sobre todo si se afectan ambos hemisferios. La corteza frontal incluye un repertorio más amplio de capacidades funcionales que cualquier otra región neocortical, está aso- ciada con déficits conductuales muy di- versos, lo que refleja el papel de esta parte del encéfalo en el mantenimiento de lo que normalmente consideramos la "per- sonalidad" de un individuo. La corteza frontal imbrica la información perceptual compleja desde las cortezas sensitiva y motora y desde las cortezas de asociación parietal y temporal. El resultado en co- mún es una apreciación del individuo en relación con el mundo que permite plani- ficar y ejecutar normalmente las conduc- tas. Cuando esta área se compromete, el paciente tiene dificultad para llevar a cabo conductas complejas que son temporal, espacial e incluso socialmente apropiadas. Se pone de manifiesto en la incapacidad para ajustar la conducta que se va desarro- llando en la adolescencia a las demandas presentes o futuras y se interpreta en for- ma frecuente como un cambio en el "tem- peramento" del sujeto.20 En la adolescencia, como un periodo del desarrollo, se deberán atender los caminos o rutas tempranas emergentes que pueden provocar psicopatología o inadaptación, esto con el fin de entender las variaciones en las trayectorias que operan en los indi- viduos. Los conceptos de multifinalidad y equifinalidad dentro de la teoría general de sistemas son conceptos de importancia para entender estas rutas. La primera se refiere a que los diversos resultados pue- den partir de cualquier punto de origen, pero no exhiben el mismo modelo de de- sarrollo posterior en los resultados, por ejemplo ser hijo de un padre alcohólico puede contribuir a que el adolescente de- sarrolle dependencia y abuso al alcohol. Sin embargo, no todos los descendientes desarrollarán esta dependencia en la ado- lescencia o en un periodo subsecuente.21 La equifinalidad se refiere a que un resul- tado determinado dependerá de diversas variables iniciales, indicando la diversi- dad en el proceso involucrado,22 por ejemplo algunos adolescentes que desa- rrollan un trastorno depresivo pueden te- ner una predisposición genética para ese trastorno, y otros pueden crecer en un ambiente de abuso de sustancias por par- te de sus padres o haber experimentado maltrato infantil. Aunque no se le ha prestado un interés a la influencia de la cultura en la patología del adolescente23 es de vital importancia. La interrelación dinámica de riesgo y proceso protector puede tener un impac- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 Recordemos que las neuronas que parecen participar en la planifi- cación se han identificado en la corteza frontal, los déficit funcionales que resultan del daño del lóbulo frontal humano son diversos, sobre todo si se afectan ambos hemisferios.
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    479 to diferente quedepende de las normas culturales, prácticas, valores y creencias. Así el riesgo y los factores protectores en los cuales transcurren pueden variar de- pendiendo de las prioridades de la cultu- ra. Consecuentemente, la respuesta del individuo ante un evento determinado, estará influida por las características cul- turales, así también puede influenciar el modo de la expresión del síntoma. De este modo, la psicopatología del desarro- llo, el proceso causal y la adaptación, se- rán definidas con influencia de la cultura, así como también el curso de su desarrollo.24 Bullinger25 refiere que la calidad de vida relacionada con la salud en adolescentes es un proceso psicológico que describe as- pectos físicos, sociales y mentales funcio- nales del estado de salud del individuo y de su actividad según su propio punto de vista. Existen cinco variables importantes para describir la calidad de vida en rela- ción con la salud: 1. El trastorno con síntomas de deterioro 2. El tratamiento 3. Características personales del paciente 4. Condiciones de vida y educación en el entorno psicosocial próximo 5. Entorno social y ambiental más amplio. Schmeck and Poustka26 hacen mención de las influencias en la calidad de vida de los niños y adolescentes con trastornos psi- quiátricos, los cuales están descritos en la Figura 1, donde muchos aspectos de la in- tervención en psiquiatría infantil y de la adolescencia están condicionados por el en- torno social inmediato o ampliado del ni- ño, las situaciones psicosociales inmediatas, el tratamiento, las enfermedades, síntomas y déficit del desarrollo y sobre las caracterís- ticas individuales. CONCLUSIONES La adolescencia es una etapa de la vida por naturaleza compleja, que desajusta al individuo; que duele, por la clara separa- Desarrollo de la psicopatología en la adolescencia Figura 1. Influencias en la calidad de vida de los niños con trastornos psiquiátricos. Calidad de vida en los trastornos psiquiátricos del niño Tratamiento: psicoterapia, psicofármacos, intervenciones en el entorno psicosocial Enfermedad, síntomas y déficit del desarrollo (neuroconductuales) Situaciones psicosociales inmediatas, familia, escuela, compañeros Entorno social y ambiental extenso (contaminación, factores generadores de estrés social, como inmigración, discriminación, influencias socioculturales) Características individuales (temperamento, mecanismos de afrontamiento y concepto de sí mismo; etapa del desarrollo, mínimo Bullinger refiere que la calidad de vida relacionada con la salud en adolescentes es un proceso psicológico que describe aspectos físicos, sociales y mentales funcionales del estado de salud del individuo y de su actividad según su propio punto de vista.
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    ción de lavida infantil e inicio de la edad adulta, que confunde al joven en un in- tento por rescatar algo de lo que se le es- capa de las manos y alcanzar a la vez de forma ávida procesos más avanzados de su vida. Es un periodo de transición en el que el más mínimo elemento de anorma- lidad puede juzgarse como normal, o vice- versa, una etapa en la que se confunde lo sano y lo patológico, un periodo de la vi- da en el que el individuo se hace tan sus- ceptible para tomar caminos equivocados, con posteriores consecuencias. Si partimos de estas premisas, deberemos entonces tener cuidado y ser muy meticu- losos al abordar a un adolescente para en- caminarlo en un óptimo tratamiento, que lo lleve tal vez, no por el sendero ideal en el que no exista ninguna vicisitud, pero sí acercándonos o acercándole a lo más sano posible de sus opciones. Es importante te- ner presentes distintos factores como son sus cambios biológicos propios de su edad, su desarrollo psicosocial y dinámica fami- liar, las capacidades propias para enfrentar adversidades, el apoyo de su entorno social, y valorarlo como un individuo, un todo. Enorme responsabilidad se tiene en ma- nos de profesionales de la salud mental infantil y de la adolescencia, que debe- rán atender todos estos aspectos, para poder otorgar una atención integral e impactar en su calidad de vida presente y futura. ■ PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8 480 Es importante tener presentes distintos factores como son sus cambios biológicos propios de su edad, su desarrollo psicosocial y dinámica familiar, las capacidades propias para enfrentar adversidades, el apoyo de su entorno social, y valorarlo como un individuo, un todo.
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    481 L os trastornos desalud mental, que se relacionan con manifestaciones propias de la adolescencia se men- cionarán a continuación; primero se men- cionará la categoría a la que pertenecen en la Clasificación Internacional de Enfer- medades (CIE-10) para después incluir los criterios diagnósticos propuestos por la APA en el Manual Diagnóstico y Esta- dístico de los Trastornos Mentales, el DSM-IV TR…con ello tratamos de dar continuidad al tema, se mencionará pri- mero a los trastornos que más frecuente- mente se pueden presentar en esta etapa de la vida, y posteriormente a aquellos menos frecuentes pero que por sus carac- terísticas y formas de presentación se rela- cionan con la adolescencia, abarcando así, todos los trastornos a los que se ha hecho referencia en los capítulos previos. La Clasificación Internacional de Enfer- medades (CIE-10) en su apartado -F43 - titulado Reacción al Estrés Grave y Trastornos de Adaptación, incluye trastor- nos identificables no sólo basados en su sintomatología y evolución, sino también a la existencia de una u otra de las siguien- tes dos influencias causales: un suceso vi- tal excepcionalmente estresante que produce una reacción aguda de estrés o un cambio vital significativo que induce cir- cunstancias desagradables prolongadas, el cual da como resultado un trastorno de adaptación. F43.2 TRASTORNOS DE ADAPTACIÓN Estados de angustia subjetiva y de pertur- bación emocional, que habitualmente in- terfiere con el funcionamiento y con el desempeño social, que surgen en la fase de adaptación a un cambio vital significativo o a un suceso vital estresante. El factor es- tresante puede haber afectado la integri- dad de la red de relaciones sociales de la persona (duelo, [notar que el DSM lo considera como categoría aparte] expe- riencias de separación escuela [excepto el ts. de ansiedad de separación en la infan- cia]), puede haber alterado el sistema más amplio de sus fundamentos y valores so- ciales (migración, condición de refugia- dos), o bien puede haber representado una transición o una crisis importante en su desarrollo (ingreso a la escuela, paterni- dad, fracaso en la obtención de una meta personal esperada, jubilación). La predis- posición o la vulnerabilidad individual desempeñan un papel importante en el riesgo de presentación y en la configura- ción de las manifestaciones de los trastor- nos de adaptación, si bien se acepta que la afección no habría surgido sin la acción del factor estresante. Las manifestaciones clínicas pueden variar notablemente. Según el DSM-IV TR los criterios son los siguientes: A. La aparición de síntomas emocionales o comportamentales en respuesta a un es- tresante identificable tiene lugar dentro de los tres meses siguientes a la presencia del estresante. B. Estos síntomas o comportamientos se expresan, clínicamente del siguiente modo: (1) Malestar mayor de lo esperable en res- puesta al estresante (2) Deterioro significativo de la actividad social o laboral (o académica) C. La alteración relacionada con el estrés no cumple los criterios para otro trastor- no específico del Eje I y no constituye una Trastornos propiamente dichos
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    482 simple exacerbación deun trastorno pree- xistente del Eje I o el Eje II. D. Los síntomas no responden a una reac- ción de duelo. E. Una vez que ha cesado el estresante (o sus consecuencias), los síntomas no per- sisten más deseis meses . Especificar si: Agudo: si la alteración dura menos de seis meses Crónico: si la alteración dura seis meses o más. Por definición, los síntomas no pue- den persistir durante más de seis meses después de la desaparición del estresante o de sus consecuencias. La especificación crónica se aplica cuando la duración de la alteración es superior a seis meses en res- puesta a un estresante crónico o un estre- sante con consecuencias permanentes. F43.20 Con estado de ánimo depresivo [309.0]. Este subtipo debe usarse cuando las manifestaciones predominantes son síntomas del tipo del estado de ánimo de- presivo, llanto o desesperanza. F43.28 Con ansiedad [309.24]. Este subtipo debe usarse cuando las manifesta- ciones predominantes son síntomas como nerviosismo, preocupación o inquietud; o, en los niños, miedo a la separación de las figuras con mayor vinculación. F43.22 Mixto, con ansiedad y estado de ánimo depresivo [309.28]. Este subtipo debe usarse cuando las manifestaciones predominantes son una combinación de ansiedad y depresión. F43.24 Con trastorno de comporta- miento [309.3]. Este subtipo debe usarse cuando la manifestación predominante es una alteración del comportamiento, en la que hay una violación de los derechos de los demás o de las normas y reglas sociales apropiadas a la edad (por ejemplo vagan- cia, vandalismo, conducción irresponsa- ble, peleas e incumplimiento de las responsabilidades legales). F43.25 Con alteración mixta de las emo- ciones y el comportamiento [309.4]. Es- te subtipo debe usarse cuando las manifestaciones predominantes son tanto síntomas emocionales (por ejemplo ansie- dad y depresión) como trastorno del com- portamiento. F43.9 No especificado [309.9]. Este subtipo debe usarse para las reacciones des-adaptativas (por ejemplo quejas so- máticas, aislamiento social, inhibición académica o laboral) a estresantes psicoso- ciales que no son clasificables como uno de los subtipos específicos de trastorno adaptativo. CONDUCTA Los trastornos de conducta en el CID-10 son abordados de la siguiente manera: pa- trón repetitivo y persistente de conducta asocial, agresiva o desafiante. Es necesario que este comportamiento alcance niveles importantes de violación de la conducta socialmente esperada para la edad del pa- ciente, razón por la cual debe ser más gra- ve que la travesura infantil corriente o la rebeldía de la adolescencia y suponer un patrón perdurable de comportamiento (de seis meses o más). Los rasgos de tras- torno conductual pueden ser también sintomáticos de otras afecciones psiquiá- tricas, en cuyo caso debe ser preferido el diagnóstico subyacente. Entre los ejemplos sobre los cuales se fun- damenta el diagnóstico se cuentan niveles excesivos de pelea y de fanfarronería, crueldad hacia las demás personas y hacia los animales, destrucción grave de la pro- piedad, conducta incendiaria, robo, men- tira repetitiva, falta a la escuela y fuga del hogar, y rabietas y desobediencia extraor- dinariamente frecuentes y graves. PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
  • 53.
    483 Cualquiera de estasconductas, si es mar- cada, es suficiente para el diagnóstico, pe- ro no lo son las acciones asociales aisladas. Los subtipos que se mencionan son: F91.0 Trastorno de la conducta limitado al contexto familiar F91.1 Trastorno de la conducta insociable F91.2 Trastorno de la conducta sociable F91.3 Trastorno opositor desafiante F91.8 Otros trastornos de la conducta F91.9 Trastorno de la conducta, no espe- cificado Los criterios para el diagnóstico de Trastorno disocial F91.8 [312.xx] se- gún el DSM-IV TR son: A. Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los de- rechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad, manifestándose por la presencia de tres (o más) de los siguientes criterios durante los últimos 12 meses y por lo menos de un cri- terio durante los últimos seis meses : Agresión a personas y animales (1) A menudo fanfarronea, amenaza o in- timida a otros (2) A menudo inicia peleas físicas (3) Ha utilizado un arma que puede cau- sar daño físico grave a otras personas (por ejemplo, bate, ladrillo, botella rota, nava- ja, pistola) (4) Ha manifestado crueldad física con personas (5) Ha manifestado crueldad física con animales (6) Ha robado enfrentándose a la víctima (por ejemplo, ataque con violencia, arreba- tar bolsos, extorsión, robo a mano armada) (7) Ha forzado a alguien a una actividad sexual Destrucción de la propiedad (8) Ha provocado deliberadamente incen- dios con la intención de causar daños graves (9) Ha destruido deliberadamente propie- dades de otras personas (distinto de pro- vocar incendios) Fraudulencia o robo (10) Ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona (11) A menudo miente para obtener bie- nes o favores o para evitar obligaciones (esto es, “tima” a otros) (12) Ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (por ejem- plo, robos en tiendas, pero sin allana- mientos o destrozos; falsificaciones) Violaciones graves de normas (13) A menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones pa- ternas, iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad (14) Se ha escapado de casa durante la no- che por lo menos dos veces, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustituti- vo (o sólo una vez sin regresar durante un largo periodo) (15) Suele hacer novillos en la escuela, ini- ciando esta práctica antes de los 13 años de edad B. El trastorno disocial provoca deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral Trastornos propiamente dichos
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    484 C. Si elindividuo tiene 18 años o más, no cumple criterios de trastorno antisocial de la personalidad Codificar en función de la edad de inicio: Tipo de inicio infantil {312.81}: se ini- cia por lo menos una de las características de criterio de trastorno disocial antes de los diez años de edad Tipo de inicio adolescente {312.82}: ausencia de cualquier característica crite- rio de trastorno disocial antes de los diez años de edad De inicio no especificado {312.89}: no se sabe la edad de inicio Especificar la gravedad: Leve: Pocos o ningún problema de com- portamiento exceden de los requeridos pa- ra establecer el diagnóstico y los problemas de comportamiento sólo causan daños mí- nimos a otros (por ejemplo, mentir, hacer novillos, salir de noche sin permiso) Moderado: El número de problemas de comportamiento y su efecto sobre otras personas son intermedios entre “leves” y “graves” (por ejemplo, robos sin enfrenta- miento con víctima, vandalismo) Grave: Varios problemas de comporta- miento exceden de los requeridos para es- tablecer el diagnóstico o los problemas de comportamiento causan daños conside- rables a otros (por ejemplo, violación, crueldad física, uso de armas, robos con enfrentamiento con víctima, destrozos y allanamiento) Y para el diagnóstico del F91.3 Trastor- no negativista desafiante [313.81] (no- tar, corresponde al Trastorno opositor desafiante del CID-10) A. Un patrón de comportamiento negati- vista, hostil y desafiante que dura por lo menos seis meses, estando presentes cuatro (o más) de los siguientes comportamientos: (1) A menudo se encoleriza e incurre en pataletas (2) A menudo discute con adultos (3) A menudo desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus demandas (4) A menudo molesta deliberadamente a otras personas (5) A menudo acusa a otros de sus errores o mal comportamiento (6) A menudo es susceptible o fácilmente molestado por otros (7) A menudo es colérico y resentido (8) A menudo es rencoroso o vengativo Nota: Considerar que se cumple un crite- rio sólo si el comportamiento se presenta con más frecuencia de la observada típica- mente en sujetos de edad y nivel de desa- rrollo comparables. B. El trastorno de conducta provoca dete- rioro clínicamente significativo en la acti- vidad social, académica o laboral C. Los comportamientos en cuestión no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno psicótico o de un trastor- no del estado de ánimo D. No se cumplen los criterios de trastor- no disocial, y, si el sujeto tiene 18 años o más, tampoco los de trastorno antisocial de la personalidad Y para el F91.9 Trastorno de comporta- miento perturbador no especificado [312.9] Esta categoría incluye trastornos caracteri- zados por un comportamiento negativista PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
  • 55.
    485 desafiante que nocumple los criterios de trastorno disocial ni de trastorno negati- vista desafiante. Por ejemplo, incluye cua- dros clínicos que no cumplen todos los criterios ni de trastorno negativista desa- fiante ni de trastorno disocial, pero en los que se observa deterioro clínicamente sig- nificativo. ESQUIZOFRENIA En el grupo de la esquizofrenia, los trastor- nos esquizotípicos y trastornos delirantes (F20-F29) se han reunido a un grupo de trastornos psicóticos agudos y transitorios. Se hará mención de la esquizofrenia en su calidad de integrante más persistente. F20 Esquizofrenia Los trastornos esquizofrénicos se caracte- rizan, en general, por distorsiones funda- mentales y típicas del pensamiento y de la percepción, junto con una afectividad inadecuada o embotada. Habitualmente se mantienen tanto la lucidez de la con- ciencia como de la capacidad intelectual, aunque con el transcurso del tiempo pueden desarrollarse ciertas deficiencias intelectuales. Entre sus fenómenos psico- patológicos más importantes se encuentra el pensamiento con eco, la inserción o el robo del pensamiento, la difusión del pensamiento, la percepción delirante y los delirios de control, la influencia y la pasi- vidad, voces alucinatorias que comentan y discuten al paciente en tercera persona, trastornos del pensamiento y síntomas de negativismo. La evolución puede ser continua o episó- dica, con déficit progresivo o estable, o bien puede haber uno o más episodios, en remisión completa o incompleta. No se debe hacer diagnóstico cuando haya sín- tomas depresivos o maníacos extensos, a menos que haya quedado en claro que los síntomas esquizofrénicos antecedieron a la perturbación afectiva. Tampoco debe diagnosticarse esquizofrenia cuando existe una edad cerebral manifiesta, ni durante los estados de intoxicación o de abstinen- cia de drogas. Los trastornos similares que se desarrollan cuando hay epilepsia u otra enfermedad cerebral deben ser clasifica- dos en F06.2, y aquellos inducidos por substancias psicoactivas, en F10-F19 con cuarto carácter común.5 Los criterios para el diagnóstico de es- quizofrenia según el DSM-IV TR son: A. Síntomas característicos. Dos (o más) de los siguientes, cada uno de ellos presente durante una parte significativa de un pe- riodo de un mes (o menos si ha sido tra- tado con éxito): (1) Ideas delirantes. (2) Alucinaciones. (3) Lenguaje desorganizado (por ejemplo, descarrilamiento frecuente o incoheren- cia). (4) Comportamiento catatónico o grave- mente desorganizado. (5) Síntomas negativos, por ejemplo, aplanamiento afectivo, alogia o abulia. Nota: Sólo se requiere un síntoma del Cri- terio A si las ideas delirantes son extrañas, o si las ideas delirantes consisten en una voz que comenta continuamente los pensa- mientos o el comportamiento del sujeto, o si dos o más voces conversan entre ellas. B. Disfunción social/laboral. Durante una parte significativa del tiempo desde el ini- cio de la alteración, una o más áreas impor- tantes de actividad, como son el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado de uno mismo, están claramente por de- bajo del nivel previo al inicio del trastor- no (o, cuando el inicio es en la infancia o adolescencia, fracaso en cuanto a alcanzar el nivel esperable de rendimiento inter- personal, académico o laboral). Trastornos propiamente dichos
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    486 C. Duración. Persistensignos continuos de la alteración durante al menos seis meses . Este periodo de seis meses debe incluir al menos un mes de síntomas que cumplan el Criterio A (o menos si se ha tratado con éxito) y puede incluir los periodos de sín- tomas prodrómicos y residuales. Durante estos periodos prodrómicos o residuales, los signos de la alteración pueden manifes- tarse sólo por síntomas negativos o por dos o más síntomas de la lista del Criterio A, presentes de forma atenuada (por ejemplo, creencias raras, experiencias perceptivas no habituales). D. Exclusión de los trastornos esquizoafec- tivo y del estado de ánimo. El trastorno es- quizoafectivo y el trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos se han descartado debido a: 1) no ha habido ningún episodio depresivo mayor, ma- níaco o mixto concurrente con los sínto- mas de la fase activa; o 2) si los episodios de alteración anímica han aparecido du- rante los síntomas de la fase activa, su duración total ha sido breve en relación con la duración de los periodos activo y residual. E. Exclusión de consumo de sustancias y de enfermedad médica. El trastorno no es de- bido a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia (por ejemplo, una droga de abuso, un medicamento) o de una en- fermedad médica. F. Relación con un trastorno generalizado del desarrollo. Si hay historia de trastorno autista o de otro trastorno generalizado del desarrollo, el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se realizará si las ideas delirantes o las alucinaciones también se mantienen durante al menos un mes (o menos si se han tratado con éxito). Clasificación del curso longitudinal: Episódico con síntomas residuales inte- repisódicos (los episodios están determi- nados por la reaparición de síntomas psicóticos destacados): especificar también si: con síntomas negativos acusados. Episódico sin síntomas residuales inte- repisódicos Continuo (existencia de claros síntomas psicóticos a lo largo del período de obser- vación); especificar también si: con sínto- mas negativos acusados. Episodio único en remisión parcial; es- pecificar también si: con síntomas nega- tivos acusados Episodio único en remisión total Otro patrón o no especificado Menos de un año desde el inicio de los primeros síntomas de fase activa. Subtipos de esquizofrenia Los subtipos de esquizofrenia están defini- dos por la sintomatología predominante en el momento de la evaluación. Si bien las implicaciones pronósticas y terapéuticas de los subtipos son variables, los tipos pa- ranoide y desorganizado tienden a ser, res- pectivamente, los de menor y mayor gravedad. El diagnóstico de un subtipo en particular está basado en el cuadro clínico que ha motivado la evaluación o el ingreso más recientes y, por tanto, puede cambiar con el tiempo. Es frecuente que el cuadro incluya síntomas que son característicos de más de un subtipo. La elección del subtipo se apoya en el siguiente algoritmo: se asigna el tipo catatónico siempre y cuando haya síntomas catatónicos (F20.2x/295.2) acu- sados (independientemente de la presencia de otros síntomas); se asigna el tipo desor- ganizado (F20.0x/295.10) siempre que predomine un comportamiento y lenguaje desorganizados, y que sea patente una afec- tividad aplanada o inapropiada (a menos que aparezca en el tipo catatónico); se asig- na el tipo paranoide (F20.0x/295.30) en caso de que predomine una preocupación PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    487 causada por ideasdelirantes o cuando existan alucinaciones frecuentes (a menos que se den en el tipo catatónico o el de- sorganizado). El tipo indiferenciado (F20.1x/295.90) es una categoría residual que describe cuadros en los que predomi- nan síntomas de la fase activa que no cumplen los criterios para los tipos catató- nico, desorganizado o paranoide. El tipo residual (F20.5x/295.40) es para aquellos cuadros en los que hay manifestaciones continuas de la alteración, sin que se cum- plan ya los criterios para la fase activa. ANSIEDAD Los padecimientos relacionados a la an- siedad se incluyen en el CID-10 en el apartado de los trastornos neuróticos, trastornos relacionados con el estrés y los trastornos somatomorfos F40-F48; por su amplia variedad y al haber incluido ya los trastornos de adaptación sólo men- cionaremos los que se consideran como de mayor presentación en la adolescencia. F-40 Trastornos fóbicos de ansiedad Grupo de trastornos en los cuales la ansie- dad es provocada exclusiva o predominan- temente por ciertas situaciones bien definidas, que por lo común no son peli- grosas. Como resultado, estas situaciones son típicamente evitadas, o son soporta- das con pavor. La preocupación del pa- ciente puede centrarse en síntomas particulares, como palpitaciones o sensa- ción de desvanecimiento, y a menudo se asocia con temores secundarios a la muer- te, a la pérdida del control y a la locura. La previsión del ingreso a una situación fóbica genera habitualmente ansiedad con anticipación. A menudo coexisten la an- siedad fóbica y la depresión. Las categorías de este grupo son: F40.0 Agorafobia F40.1 Fobias sociales F40.2 Fobias especificas (aisladas) F40.8 Otros trastornos fóbicos de ansie- dad F40.9 Trastorno fóbico de ansiedad, no especificado. El apartado para otros trastornos de ansie- dad F41 contempla aquellos en los cuales la manifestación de ansiedad es el síntoma principal y no está restringida a una situa- ción específica del entorno. Puede haber también síntomas depresivos y obsesivos, e incluso algunos elementos de ansiedad fóbica, a condición de que estos sean cla- ramente secundarios o menos graves. Los padecimientos que se incluyen son: F41.0 Trastorno de pánico {ansiedad pa- roxística episódica} F41.1 Trastorno de ansiedad generalizada F41.2 Trastorno mixto de ansiedad y de- presión F41.3 Otros trastornos de ansiedad mix- tos F41.8 Otros trastornos de ansiedad espe- cificados F41.9 Trastorno de ansiedad, no especifi- cado En su apartado F42 se contempla al Tras- torno Obsesivo-Compulsivo cuyos rasgos fundamentales estriban en la presencia de pensamientos obsesivos, o de actos com- pulsivos, ambos recurrentes. Los pensa- mientos obsesivos son ideas, imágenes o impulsos que penetran la mente del pa- ciente una y otra vez, en forma esterioti- pada. Estos pensamientos son casi invariablemente angustiantes y el pacien- te afectado intenta a menudo rechazarlos, sin tener éxito en su empeño. A pesar de esto, son reconocidos como pensamientos propios, incluso aunque sean involunta- Trastornos propiamente dichos
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    488 rios y amenudo repugnantes. Los actos o ritos compulsivos son comportamientos estereotipados, repetidos una y otra vez. No son intrínsecamente agradables, ni tie- nen como fin el cumplimiento de tareas inherentemente útiles. Su función es pre- venir algún suceso objetivamente impro- bable, a menudo un daño causado al o por el paciente, que éste teme que, de otro modo, pueda ocurrir. Habitualmente el paciente reconoce que este comporta- miento no tiene sentido o que es ineficaz, dado lo cual realiza intentos repetidos pa- ra resistirse a él. Casi invariablemente hay ansiedad, la cual empeora si los actos compulsivos son resistidos. Las variedades de presentación son las siguientes: F42.0 Predominio de pensamientos o ru- miaciones obsesivas F42.1 Predominio de actos compulsivos {rituales} F42.2 Actos o ideas obsesivos mixtos F42.8 Otros trastornos obsesivo-compul- sivos F42.9 Trastorno obsesivo-compulsivo, no especificado El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales Texto Revisado DSM-IV-TR incluye las siguientes cate- gorías dentro de los trastornos de ansie- dad y sus criterios diagnósticos son: Crisis de angustia (panic- attack) Nota: No se registran las crisis de angus- tia en un código aislado. Codificar el diagnóstico del trastorno específico en que aparece la crisis de angustia (por ejemplo, F40.01 Trastorno de angustia con agorafobia {300.21}). Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros diez minutos: (1) Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardiaca. (2) Sudoración. (3) Temblores o sacudidas. (4) Sensación de ahogo o falta de aliento. (5) Sensación de atragantarse. (6) Opresión o malestar torácico. (7) Náuseas o molestias abdominales. (8) Inestabilidad, mareo o desmayo. (9) Desrealización (sensación de irreali- dad) o despersonalización (estar separado de uno mismo). (10) Miedo a perder el control o volverse loco. (11) Miedo a morir. (12) Parestesias (sensación de entumeci- miento u hormigueo). (13) Escalofríos o sofocaciones. Agorafobia Nota: No se registra la agorafobia en un código aislado. Codificar el diagnóstico del trastorno específico en que aparece la agorafobia (por ejemplo, F40.01 Trastor- no de angustia con agorafobia [300.21] ó F40.00 Agorafobia sin historia de trastor- no de angustia [300.22]). A. Aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada o más o menos rela- cionada con una situación, o bien sínto- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    489 mas similares ala angustia, puede no dis- ponerse de ayuda. Los temores agorafóbi- cos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las que se incluyen estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer co- la; pasar por un puente, o viajar en auto- bús, tren o automóvil. Nota: Considerar el diagnóstico de fobia específica si el comportamiento de evita- ción se limita a una o pocas situaciones es- pecíficas, o de fobia social si tan sólo se relaciona con acontecimientos de carácter social. B. Estas situaciones se evitan (por ejem- plo, se limita el número de viajes), se re- sisten a costa de un malestar o ansiedad significativos por temor a que aparezca una crisis de angustia o síntomas simila- res a la angustia, o se hace indispensable la presencia de un conocido para sopor- tarlas. C. Esta ansiedad o comportamiento de evitación no puede explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental como fobia social (por ejemplo, evitación limi- tada a situaciones sociales por miedo a ru- borizarse), fobia específica (por ejemplo, evitación limitada a situaciones aisladas como los ascensores), trastorno obsesivo- compulsivo (por ejemplo, evitación de to- do lo que pueda ensuciar en un individuo con ideas obsesivas de contaminación), trastorno por estrés postraumático (por ejemplo, evitación de estímulos relaciona- dos con una situación altamente estresan- te o traumática) o trastorno de ansiedad por separación (por ejemplo, evitación de abandonar el hogar o la familia). F41.0 Trastorno de angustia sin agora- fobia [300.01] A. Se cumplen (1) y (2): (1) Crisis de angustia inesperadas recidi- vantes. (2) Al menos una de las crisis se ha segui- do durante un mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas: (a) Inquietud persistente ante la posibili- dad de tener más crisis. (b) Preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ejemplo, perder el control, sufrir un infarto de mio- cardio, “volverse loco”). (c) Cambio significativo del comporta- miento relacionado con las crisis. B. Ausencia de agorafobia. C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustan- cia (por ejemplo, drogas, fármacos) o una enfermedad médica (por ejemplo, hiperti- roidismo). D. Las crisis de angustia no pueden expli- carse mejor por la presencia de otro trastor- no mental, como por ejemplo, fobia social (por ejemplo, aparecen al exponerse a si- tuaciones sociales temidas), fobia específica (por ejemplo, el exponerse a situaciones fó- bicas específicas), trastorno obsesivo-com- pulsivo (por ejemplo, al exponerse a la suciedad cuando la obsesión versa sobre el tema de la contaminación), trastorno por estrés postraumático (por ejemplo, en res- puesta a estímulos asociados a situaciones altamente estresantes), o trastorno por an- siedad de separación (por ejemplo, al estar lejos de casa o de los seres queridos). F40.01 Trastorno de angustia con ago- rafobia [300.21] A. Se cumplen (1) y (2): (1) Crisis de angustia inesperadas recidi- vantes. (2) Al menos una de las crisis se ha segui- do durante un mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas: Trastornos propiamente dichos
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    490 (a) Inquietud persistentepor la posibili- dad de tener más crisis. (b) Preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ejemplo, perder el control, sufrir un infarto de miocardio, “volverse loco”). (c) Cambio significativo del comporta- miento relacionado con las crisis. B. Presencia de agorafobia. C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustan- cia (por ejemplo, drogas, fármacos) o una enfermedad médica (por ejemplo, hiperti- roidismo). D. Las crisis de angustia no pueden expli- carse mejor por la presencia de otro trastor- no mental, como por ejemplo, fobia social (por ejemplo, aparecen al exponerse a si- tuaciones sociales temidas), fobia específica (por ejemplo, el exponerse a situaciones fó- bicas específicas), trastorno obsesivo-com- pulsivo (por ejemplo, al exponerse a la suciedad cuando la obsesión versa sobre el tema de la contaminación), trastorno por estrés postraumático (por ejemplo, en res- puesta a estímulos asociados a situaciones altamente estresantes), o trastorno por an- siedad por separación (por ejemplo, al estar lejos de casa o de los seres queridos). F40.2 Fobia específica [300.29] A. Temor acusado y persistente que es ex- cesivo o irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o si- tuación específicos (por ejemplo, volar, precipicios, animales, administración de inyecciones, visión de sangre). B. La exposición al estímulo fóbico pro- voca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacio- nal o más o menos relacionada con una si- tuación determinada. Nota: En los niños la ansiedad puede tra- ducirse en llantos, berrinches, inhibición o abrazos. C. La persona reconoce que este miedo es excesivo o irracional. Nota: En los niños este reconocimiento puede faltar. D. La(s) situación(es) fóbica(s) se evitan o se soportan a costa de una intensa ansie- dad o malestar. E. Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar provo- cados por la(s) situación(es) temida(s) in- terfieren acusadamente con la rutina normal de la persona, con las relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien provocan un malestar clínicamente signi- ficativo. F. En los menores de 18 años la duración de estos síntomas debe haber sido de seis meses como mínimo. G. La ansiedad, las crisis de angustia o los comportamientos de evitación fóbica asociados a objetos o situaciones especí- ficos no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental, por ejemplo, un trastorno obsesivo-compul- sivo (por ejemplo, miedo a la suciedad en un individuo con ideas obsesivas de contaminación), trastorno por estrés postraumático (por ejemplo, evitación de estímulos relacionados con un aconte- cimiento altamente estresante), trastorno de ansiedad por separación (por ejemplo, evitación de ir a la escuela), fobia social (por ejemplo, evitación de situaciones sociales por miedo a que resulten emba- razosas), trastorno de angustia con ago- rafobia, o agorafobia sin historia de trastorno de angustia. Especificar tipo: Tipo animal PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    491 Tipo ambiental (porejemplo, alturas, tormentas, agua) Tipo sangre-inyecciones-daño Tipo situacional (por ejemplo, aviones, ascensores, recintos cerrados) Otros tipos (por ejemplo, evitación fóbi- ca de situaciones que pueden provocar atragantamiento, vómito o adquisición de una enfermedad; en los niños, evita- ción de sonidos intensos o personas dis- frazadas). F40.1 Fobia social [300.23] A. Temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por par- te de los demás. El individuo teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansie- dad) que sea humillante o embarazoso. Nota: En los niños es necesario haber de- mostrado que sus capacidades para rela- cionarse socialmente con sus familiares son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social aparece en las reu- niones con individuos de su misma edad y no sólo en cualquier interrelación con un adulto. B. La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que pue- de tomar la forma de una crisis de angus- tia situacional o más o menos relacionada con una situación. Nota: En los niños la ansiedad puede tra- ducirse en lloros, berrinches, inhibición o retraimiento en situaciones sociales donde los asistentes no pertenecen al marco fa- miliar. C. El individuo reconoce que este temor es excesivo o irracional. Nota: En los niños puede faltar este reco- nocimiento. D. Las situaciones sociales o actuaciones en público temidas se evitan o bien se ex- perimentan con ansiedad o malestar in- tensos. E. Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar que aparece en la(s) situación(es) social(es) o actuación(es) en público temida(s) inter- fieren acusadamente con la rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien producen un malestar clínicamente significativo. F. En los individuos menores de 18 años la duración del cuadro sintomático debe prolongarse como mínimo seis meses . G. El miedo o el comportamiento de evi- tación no se deben a los efectos fisiológi- cos directos de una sustancia (por ejemplo, drogas, fármacos) o de una en- fermedad médica y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno metal (por ejemplo, trastorno de angustia con o sin agorafobia, trastorno de ansie- dad por separación, trastorno dismórfico corporal, un trastorno generalizado del desarrollo o trastorno esquizoide de la personalidad). H. Si hay una enfermedad médica u otro trastorno mental, el temor descrito en el Criterio A no se relaciona con estos proce- sos (por ejemplo, el miedo no es debido a la tartamudez, a los temblores de la enfer- medad de Parkinson o a la exhibición de conductas alimentarias anormales en la anorexia nerviosa o en la bulimia nerviosa). Especificar si: Generalizada: si los temores hacen refe- rencia a la mayoría de las situaciones so- ciales (considerar también el diagnóstico adicional de trastorno de la personalidad por evitación) Trastornos propiamente dichos
  • 62.
    492 F42.8 Trastorno obsesivo-compulsivo [300.3] A.Se cumple para las obsesiones y las compulsiones: Las obsesiones se definen por (1), (2), (3) y (4): (1) Pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experi- mentan en algún momento del trastorno como intrusos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar significativos. (2) Los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones ex- cesivas sobre problemas de la vida real. (3) La persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos. (4) La persona reconoce que estos pensa- mientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente (y no vienen impuestos como en la inserción del pensa- miento). Las compulsiones se definen por (1) y (2): (1) Comportamientos (por ejemplo, lava- do de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales (por ejemplo, rezar, contar o repetir palabras en silencio) de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar en res- puesta a una obsesión o con arreglo a cier- tas reglas que debe seguir estrictamente. (2) El objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales es la prevención o reducción del malestar o la prevención de algún acontecimiento o situación negati- vos; sin embargo, estos comportamientos u operaciones mentales o bien no están conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir, o bien resultan claramente excesivos. B. En algún momento del curso del tras- torno la persona ha reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan exce- sivas o irracionales. Nota: Este punto no es aplicable en los niños. C. Las obsesiones o compulsiones pro- vocan un malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (su- ponen más de una hora al día) o inter- fieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones la- borales (o académicas) o su vida social. D. Si hay otro trastorno del Eje I, el con- tenido de las obsesiones o compulsiones no se limita a él (por ejemplo, preocupa- ciones por la comida en un trastorno ali- mentario, arranque de cabellos en la tricotilomanía, inquietud por la propia apariencia en el trastorno dismórfico cor- poral, preocupación por las drogas en un trastorno por consumo de sustancias, preocupación por estar padeciendo una grave enfermedad en la hipocondría, preocupación por las necesidades o fanta- sías sexuales en una parafilia o sentimien- tos repetitivos de culpabilidad en el trastorno depresivo mayor). E. El trastorno no se debe a los efectos fi- siológicos directos de una sustancia (por ejemplo, drogas, fármacos) o de una en- fermedad médica. Especificar si: Con poca conciencia de enfermedad: si, durante la mayor parte del tiempo del epi- sodio actual, el individuo no reconoce que las obsesiones o compulsiones son ex- cesivas o irracionales. Depresión El episodio depresivo F32 en el CID-10, tanto en su presentación leve, moderada o grave, se caracteriza porque el paciente su- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
  • 63.
    493 fre un decaimientodel ánimo, con reduc- ción de su energía y disminución de su ac- tividad. Se deterioran la capacidad de disfrutar, el interés y la concentración, y es frecuente un cansancio importante, inclu- so después de la realización de esfuerzos mínimos. Habitualmente el sueño se halla perturbado, en tanto disminuye el apetito. Casi siempre decae la autoestima y la con- fianza en sí mismo, y a menudo aparecen algunas ideas de culpa o de ser inútil, inclu- so en las formas leves. El decaimiento del ánimo varía poco de un día al siguiente, es discordante con las circunstancias y puede acompañarse de los así llamados síntomas "somáticos", tales como la pérdida de inte- rés y de los sentimientos placenteros, el despertar matinal con varias horas de ante- lación a la hora habitual, el empeoramien- to de la depresión por las mañanas, el marcado retraso psicomotor, la agitación y la pérdida del apetito, de peso y de la libi- do. El episodio depresivo puede ser califi- cado como leve F32.0, moderado F32.1 o grave sin síntomas psicóticos F32.2 o con síntomas psicóticos F32.3, según la canti- dad y la gravedad de sus síntomas. Existen distintos trastornos depresivos con- siderados en esta clasificación, pero dentro de los F34 llamados otros trastornos del humor (afectivos) persistentes la Disti- mia F34.1 debe ser mencionada por su fre- cuencia de presentación tanto en la población general como en la adolescencia. Se describe como la depresión crónica del humor, que dura al menos varios años y no es suficientemente grave, o bien cuyos episodios individuales no alcanzan a ser suficientemente prolongados para justifi- car el diagnóstico tanto de las formas mo- deradas y graves como de las formas leves del trastorno depresivo recurrente (F33) Los criterios para el episodio depresivo mayor según el DSM-IV TR son: A. Presencia de cinco (o más) de los si- guientes síntomas durante un periodo de dos semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa; uno de los síntomas debe ser (1) estado de ánimo de- presivo o (2) pérdida de interés o de la ca- pacidad para el placer. Nota: No incluir los síntomas que son claramente debidos a enfermedad médica o las ideas delirantes o alucinaciones no congruentes con el estado de ánimo. (1) Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (por ejemplo, se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (por ejemplo, llanto). Nota: En los niños y adolescentes el esta- do de ánimo puede ser irritable (2) Disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u observan los demás) (3) Pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (por ejemplo, un cambio de más de 5 % del peso corpo- ral en un mes), o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota: En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables (4) Insomnio o hipersomnia casi cada día (5) Agitación o enlentecimiento psicomo- tores casi cada día (observable por los de- más, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido) (6) Fatiga o pérdida de energía casi cada día (7) Sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva o inapropiada (que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabilidad por el he- cho de estar enfermo) Trastornos propiamente dichos
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    494 (8) Disminución dela capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena) (9) Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación sui- cida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan espe- cífico para suicidarse B. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto C. Los síntomas provocan malestar clíni- camente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. D. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustan- cia (por ejemplo, una droga, un medica- mento) o una enfermedad médica (por ejemplo, hipotiroidismo). E. Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (por ejemplo, después de la pérdida de un ser querido), los sínto- mas persisten durante más de dos meses o se caracterizan por una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inu- tilidad, ideación suicida, síntomas psicóticos o enlentecimiento psicomotor. Y para el diagnóstico de F34.1 Trastor- no distímico [300.4] son: A. Estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día de la mayoría de los días, manifestado por el sujeto u observado por los demás, durante al menos dos años. Nota: En los niños y adolescentes el esta- do de ánimo puede ser irritable y la dura- ción debe ser de al menos un año. B. Presencia, mientras está deprimido, de dos (o más) de los siguientes síntomas: (1) Pérdida o aumento de apetito (2) Insomnio o hipersomnia (3) Falta de energía o fatiga (4) Baja autoestima (5) Dificultades para concentrarse o para tomar decisiones (6) Sentimientos de desesperanza C. Durante el periodo de dos años (un año en niños y adolescentes) de la altera- ción, el sujeto no ha estado sin síntomas de los Criterios A y B durante más de dos meses seguidos. D. No ha habido ningún episodio de- presivo mayor durante los primeros dos años de la alteración (un año para niños y adolescentes); por ejemplo, la altera- ción no se explica mejor por la presencia de un trastorno depresivo mayor crónico o un trastorno depresivo mayor, en re- misión parcial. Nota: Antes de la aparición del episodio distímico pudo haber un episodio depresi- vo mayor previo que ha remitido totalmen- te (ningún signo o síntoma significativos durante dos meses). Además, tras los pri- meros dos años (un año en niños y adoles- centes) de trastorno distímico, puede haber episodios de trastorno depresivo mayor su- perpuestos, en cuyo caso cabe realizar am- bos diagnósticos si se cumplen los criterios para un episodio depresivo mayor. E. Nunca ha habido un episodio manía- co, un episodio mixto o un episodio hipo- maníaco y nunca se han cumplido los criterios para el trastorno ciclotímico. F. La alteración no aparece exclusivamen- te en el transcurso de un trastorno psicó- tico crónico, como son la esquizofrenia o el trastorno delirante. G. Los síntomas no son debidos a los efec- tos fisiológicos directos de una sustancia PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    495 (por ejemplo, unadroga, un medicamen- to) o a enfermedad médica (por ejemplo, hipotiroidismo). H. Los síntomas causan un malestar clíni- camente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Especificar si: Inicio temprano: si el inicio es antes de los 21 años Inicio tardío: si el inicio se produce a los 21 años o con posterioridad Especificar (para los últimos dos años del trastorno distímico): Con síntomas atípicos Los trastornos de la ingestión de alimentos (F50) están incluidos en el CID-10 dentro de los Síndromes del Comportamiento aso- ciados con alteraciones Fisiológicas y Facto- res Físicos (F50-F59). Se hará hincapié en la anorexia y la bulimia por ser los de presenta- ción más frecuente en la etapa adolescente. Anorexia nerviosa F50.0 Es un trastorno caracterizado por pérdida de peso intencional inducida y mantenida por el paciente. Se presenta habitualmente en muchachas adolescentes y mujeres jóve- nes, aunque puede afectar también a mu- chachos adolescentes y a hombres jóvenes, al igual que a niños que se acercan a la pu- bertad y a mujeres mayores, hasta la meno- pausia. El trastorno se asocia con una psicopatología específica, en la cual se mantiene como idea recurrente y sobreva- lorada un temor a la obesidad y a la flaci- dez de la silueta corporal, por la cual el paciente se autoimpone un límite de peso bajo. Habitualmente hay desnutrición de grado variable, con alteraciones endocrinas y metabólicas secundarias y con perturba- ción de las funciones corporales. Entre los síntomas se cuenta la elección de una dieta restringida, el ejercicio excesivo, el vómito y las purgas inducidas, y el uso de anorexí- genos y diuréticos. También se considera la Anorexia nerviosa atípica F50.1 cuando só- lo reúne algunas de las características de anorexia nerviosa pero el cuadro clínico ge- neral no justifica el diagnóstico. Bulimia nerviosa F50.2 Un síndrome que se caracteriza por acce- sos repetitivos de hiperingestión de ali- mentos y por una preocupación excesiva del control del peso corporal, seguida de vómitos y uso de purgantes. Este trastorno comparte muchas características comunes con la anorexia nerviosa, incluido el exce- sivo interés en la apariencia personal y el peso. El vómito repetitivo puede dar ori- gen a trastornos electrolíticos y a compli- caciones físicas. A menudo, pero no siempre, hay antecedentes de un episodio anterior de anorexia nerviosa, con un in- tervalo que varía de pocos meses a varios años. La Bulimia nerviosa atípica (F50.3) reúne algunas de las características de la bulimia nerviosa, pero el cuadro clínico general no justifica ese diagnóstico. También se hace mención de diagnósticos como: F50.4 Hiperfagia asociada con otras alte- raciones psicológicas F50.5 Vómitos asociados con otras altera- ciones psicológicas. F50.8 Otros trastornos de la ingestión de alimentos F50.9 Trastornos de la ingestión de ali- mentos, no especificado Criterios para el diagnóstico de F50.0 Anorexia nerviosa [307.1] A. Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo nor- Trastornos propiamente dichos
  • 66.
    496 mal considerando laedad y la talla (por ejemplo, pérdida de peso que da lugar a un peso inferior a 85% del esperable, o fracaso en conseguir el aumento de peso normal durante el periodo de crecimien- to, dando como resultado un peso corpo- ral inferior a 85% del peso esperable). B. Miedo intenso a ganar peso o a conver- tirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal. C. Alteración de la percepción del peso o la silueta corporales, exageración de su impor- tancia en la autoevaluación o negación del peligro que comporta el bajo peso corporal. D. En las mujeres pospuberales, presencia de amenorrea; por ejemplo, ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecuti- vos. (Se considera que una mujer presen- ta amenorrea cuando sus menstruaciones aparecen únicamente con tratamientos hormonales, por ejemplo, con la adminis- tración de estrógenos) Especificar el tipo: Tipo restrictivo: durante el episodio de anorexia nerviosa, el individuo no recurre regularmente a atracones o a purgas (por ejemplo, provocación del vómito o uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas) Tipo compulsivo/purgativo: durante el episodio de anorexia nerviosa, el individuo recurre regularmente a atracones o purgas (por ejemplo, provocación del vómito o uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas) Criterios para el diagnóstico de F50.2 Bulimia nerviosa [307.51] A. Presencia de atracones recurrentes. Un atracón se caracteriza por: (1) Ingesta de alimento en un corto espa- cio de tiempo (por ejemplo, en un perio- do de dos horas) en cantidad superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un periodo similar y en las mismas cir- cunstancias. (2) Sensación de pérdida de control sobre la ingesta del alimento (por ejemplo, sen- sación de no poder parar de comer o no poder controlar el tipo o la cantidad de comida que se está ingiriendo) B. Conductas compensatorias inapropia- das, de manera repetida, con el fin de no ganar peso, como son provocación del vó- mito; uso excesivo de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos; ayuno, y ejerci- cio excesivo. C. Los atracones y las conductas compen- satorias inapropiadas tienen lugar, como promedio, al menos dos veces a la semana durante un periodo de tres meses. D. La autoevaluación está exageradamente influida por el peso y la silueta corporales. E. La alteración no aparece exclusivamen- te en el transcurso de la anorexia nerviosa. Especificar tipo: Tipo purgativo: durante el episodio de bulimia nerviosa, el individuo se provoca regularmente el vómito o usa laxantes, diuréticos o enemas en exceso Tipo no purgativo: durante el episodio de bulimia nerviosa, el individuo emplea otras conductas compensatorias inapro- piadas, como el ayuno o el ejercicio in- tenso, pero no recurre regularmente a provocarse el vómito ni usa laxantes, diu- réticos o enemas en exceso. Uso y abuso de drogas Criterios para la dependencia de sustancias Un patrón desadaptativo de consumo de la sustancia que conlleva un deterioro o ma- lestar clínicamente significativos, expresa- PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
  • 67.
    497 do por tres(o más) de los ítems siguientes en algún momento de un periodo conti- nuado de 12 meses:(1) tolerancia, definida por cualquiera de los siguientes ítems: (a) Una necesidad de cantidades marcada- mente crecientes de la sustancia para con- seguir la intoxicación o el efecto deseado. (b) El efecto de las mismas cantidades de sustancia disminuye claramente con su consumo continuado. (2) Abstinencia, definida por cualquiera de los siguientes ítems: (a) El síndrome de abstinencia caracterís- tico para la sustancia (v. Criterios A y B de los criterios diagnósticos para la abstinen- cia de sustancias específicas). (b) Se toma la misma sustancia (o una muy parecida) para aliviar o evitar los sín- tomas de abstinencia. (3) La sustancia es tomada con frecuencia en cantidades mayores o durante un pe- riodo más largo de lo que inicialmente se pretendía. (4) Existe un deseo persistente o esfuerzos infructuosos de controlar o interrumpir el consumo de la sustancia. (5) Se emplea mucho tiempo en activida- des relacionadas con la obtención de la sustancia (p. ejemplo, visitar a varios mé- dicos o desplazarse largas distancias), en el consumo de la sustancia (p. ejemplo, fu- mar un pitillo tras otro) o en la recupera- ción de los efectos de la sustancia. (6) Reducción de importantes actividades sociales, laborales o recreativas debido al consumo de la sustancia. (7) Se continúa tomando la sustancia a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos o físicos recidivantes o persis- tentes, que parecen causados o exacerba- dos por el consumo de la sustancia (p. ejemplo, consumo de la cocaína a pesar de saber que provoca depresión, o continua- da ingesta de alcohol a pesar de que em- peora una úlcera). Codificación del curso de la dependencia en el quinto dígito: 0 Remisión total temprana 0 Remisión parcial temprana 0 Remisión total sostenida 0 Remisión parcial sostenida 2 En terapéutica con agonistas 1 En entorno controlado 4 Leve/moderado/grave Especificar si: Con dependencia fisiológica: signos de tolerancia o abstinencia (p. ejemplo, si se cumplen cualquiera de los puntos 1 o 2) Sin dependencia fisiológica: no hay sig- nos de tolerancia o abstinencia (p. ejem- plo, si no se cumplen los puntos 1 y 2) Criterios para el abuso de sustancias A. Un patrón desadaptativo de consumo de sustancias que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, ex- presado por uno (o más) de los ítems si- guientes durante un periodo de 12 meses: (1) Consumo recurrente de sustancias, que da lugar al incumplimiento de obliga- ciones en el trabajo, la escuela o en casa (p. ejemplo, ausencias repetidas o rendi- miento pobre relacionados con el consu- mo de sustancias; ausencias, suspensiones o expulsiones de la escuela relacionadas con la sustancia; descuido de los niños o de las obligaciones de la casa). Trastornos propiamente dichos
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    498 (2) Consumo recurrentede la sustancia en situaciones en las que hacerlo es física- mente peligroso (por ejemplo, conducir un automóvil o accionar una máquina ba- jo los efectos de la sustancia). (3) Problemas legales repetidos relaciona- dos con la sustancia (por ejemplo, arrestos por comportamiento escandaloso debido a la sustancia). (4) Consumo continuado de la sustancia, a pesar de tener problemas sociales continuos o recurrentes o problemas interpersonales causados o exacerbados por los efectos de la sustancia (por ejemplo, discusiones con la esposa acerca de las consecuencias de la in- toxicación, o violencia física). B. Los síntomas no han cumplido nunca los criterios para la dependencia de sus- tancias de esta clase de sustancia. Trastornos mentales y del comportamien- to debidos al uso de sustancias psicoacti- vas F10-F19 según el CID-10 Este grupo incluye una gran diversidad de trastornos, de diferente gravedad y formas clínicas, pero todos atribuibles al uso de una o más sustancias psicoactivas, las cua- les pueden o no haber sido prescritas por el médico. La identificación de la sustancia psicoacti- va debe basarse en la mayor cantidad po- sible de fuentes de información. Estas incluyen el informe del paciente, análisis de sangre y otros líquidos corporales, sín- tomas característicos físicos y psicológi- cos, signos clínicos y del comportamiento y otra evidencia, tal como la droga que posee el paciente, o declaraciones de ter- ceras personas bien informadas. Muchas personas que utilizan drogas usan más de una sustancia psicoactiva. Las siguientes subdivisiones de cuarto ca- rácter son para ser usadas en este grupo de categorías. .0 Intoxicación aguda Estado posterior a la administración de una sustancia psicoactiva, que da lugar a pertur- baciones en el nivel de la conciencia, en lo cognitivo, en la percepción, en la afectividad o en el comportamiento, o en otras funcio- nes y respuestas psicofisiológicas. Las pertur- baciones se relacionan directamente con los efectos farmacológicos agudos de la sustan- cia, y se resuelven con el tiempo, con recu- peración completa, excepto en los que hayan surgido daños titulares u otras com- plicaciones. Entre las complicaciones pue- den contarse los traumatismos, la aspiración de vómito, el delirio, el coma, las convulsio- nes y otras complicaciones médicas. La na- turaleza de estas complicaciones depende del tipo farmacológico de la sustancia utili- zada y de la forma de administración. .1 Uso nocivo Patrón de consumo de una sustancia psi- coactiva que causa daño a la salud. El daño puede ser físico (como en los casos de hepatitis por la autoadministración de sustancias inyectables) o mental (por ejemplo, en los episodios de trastorno depresivo secundario a una ingestión masiva de alcohol). .2 Síndrome de dependencia Conjunto de fenómenos del comporta- miento, cognitivo y fisiológico, que se desa- rrollan luego del consumo repetido de la sustancia en cuestión, entre los cuales se cuentan característicamente los siguientes: un poderoso deseo de tomar la droga, un deterioro de la capacidad para autocontro- lar el consumo de la misma, la persistencia del uso a pesar de consecuencias dañinas, una asignación de mayor prioridad a la uti- lización de la droga que a otras actividades y obligaciones, un aumento de la tolerancia a la droga y , a veces, un estado de abstinen- cia por dependencia física. Puede haber sín- dromes de dependencia de una sustancia especifica psicoactiva (por ejemplo tabaco, PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    499 alcohol o diazepam),de una clase de sustan- cias (por ejemplo drogas opioides), o de una variedad más amplia de sustancias psicoac- tivas farmacológicamente diferentes. .3 Estado de abstinencia Grupo de síntomas de gravedad y grado de integración variable, que aparecen durante la contención del uso absoluta o relativa de una sustancia psicoactiva, luego de una fase de utilización permanente de la misma. El comienzo y la evolución del estado de abs- tinencia son de duración limitada y se rela- cionan con el tipo y la dosis de la sustancia psicoactiva utilizada inmediatamente antes de la suspensión o de la disminución de su consumo. El estado de abstinencia puede complicarse con convulsiones. .4 Estado de abstinencia con delirio .5 Trastorno psicótico Conglomerado de fenómenos psicóticos que ocurren durante o después del consu- mo de sustancias psicoactivas, pero que no se explican en función de una intoxicación aguda pura y no forman parte de un esta- do de abstinencia. El trastorno se caracte- riza por alucinaciones (auditivas de forma característica pero a menudo con más de una modalidad sensorial), por distorsiones perceptivas, por delirios (a menudo de na- turaleza paranoide o persecutoria), por perturbaciones psicomotrices (excitación o estupor) y por una afectividad anormal, que puede variar desde el temor intenso hasta el éxtasis. Habitualmente el sensorio se mantiene lúcido, pero puede haber cier- to grado de obnubilación de la conciencia que no llega a la confusión grave. .6 Síndrome amnésico Síndrome asociado a un deterioro crónico relevante de la memoria reciente y de la memoria remota. Habitualmente se con- serva el recuerdo inmediato y la memoria reciente está característicamente más per- turbada que la memoria remota. Por lo común son evidentes las perturbaciones del sentido del tiempo y de ordenamiento de los sucesos, como lo es también el de- terioro de la capacidad de aprendizaje de nuevos materiales. La confabulación pue- de ser notoria, aunque no siempre apare- ce. Habitualmente, las demás funciones cognitivas se encuentran relativamente bien conservadas, en tanto los defectos amnésicos son desproporcionados en rela- ción a las demás perturbaciones. .7 Trastorno residual y de comienzo tardío Trastorno en el cual los cambios cogniti- vos, de la afectividad, de la personalidad o del comportamiento inducidos por sus- tancias psicoactivas o el alcohol, se pro- longa más allá del período durante el cual podría asumirse razonablemente que está operando un efecto directamente relacio- nado con la misma. El comienzo debe es- tar directamente relacionado con el consumo de la sustancia. Las retrospecti- vas (flashbacks) deben ser diferenciadas del estado psicótico en parte por su naturale- za episódica, por ser frecuentemente de muy corta duración, y porque reproducen experiencias previas relacionadas con las sustancia psicoactiva. .8 Otros trastornos mentales y del com- portamiento .9 Trastorno mental y del comportamien- to, no especificado Criterios para la intoxicación por sus- tancias A. Presencia de un síndrome reversible es- pecífico de una sustancia debido a su in- gestión reciente (o a su exposición). Nota: diferentes sustancias pueden pro- ducir síndromes idénticos o similares. B. Cambios psicológicos o comportamen- tales desadaptativos clínicamente significa- Trastornos propiamente dichos
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    500 tivos debidos alefecto de la sustancia sobre el sistema nervioso central (por ejemplo, irritabilidad, labilidad emocional, deterioro cognoscitivo, deterioro de la capacidad de juicio, deterioro de la actividad laboral o so- cial), que se presentan durante el consumo de la sustancia o poco tiempo después. C. Los síntomas no se deben a una enfer- medad médica y no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental Criterios para la abstinencia de sustancias A. Presencia de un síndrome específico de una sustancia debido al cese o reduc- ción de su consumo prolongado y en grandes cantidades. B. El síndrome específico de la sustancia causa un malestar clínicamente significa- tivo o un deterioro de la actividad laboral y social o en otras áreas importantes de la actividad del individuo. C. Los síntomas no se deben a una enfer- medad médica y no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental Existe una categoría diagnóstica dentro de los F93 Trastornos emocionales de comien- zo específico en la niñez, que el CID-10 só- lo la menciona de forma somera, pero que el DSM-IVTR llama Problema de identi- dad F93.8 [313.82] y describe que esta ca- tegoría puede usarse cuando el objeto de atención clínica es la incertidumbre sobre múltiples aspectos relacionados con la iden- tidad, como son los objetivos a largo plazo, elección de profesión, patrones de amistad, comportamiento y orientaciones sexuales, valores morales y lealtades de grupo. Trastorno de la identidad Criterios para el diagnóstico de F64.x Trastorno de la identidad sexual [302.xx] A. Identificación acusada y persistente con el otro sexo (no sólo el deseo de obte- ner las supuestas ventajas relacionadas con las costumbres culturales). En los niños el trastorno se manifiesta por cuatro o más de los siguientes rasgos: (1) Deseos repetidos de ser, o insistencia en que uno es del otro sexo (2) En los niños, preferencia por el trans- vestismo o por simular vestimenta feme- nina; en las niñas, insistencia en llevar puesta solamente ropa masculina (3) Preferencias marcadas y persistentes por el papel del otro sexo o fantasías refe- rentes a pertenecer al otro sexo (4) Deseo intenso de participar en los juegos y en los pasatiempos propios del otro sexo (5) Preferencia marcada por compañeros del otro sexo En los adolescentes y adultos la alteración se manifiesta por síntomas tales como un deseo firme de pertenecer al otro sexo, ser considerado como del otro sexo, un deseo de vivir o ser tratado como del otro sexo o la convicción de experimentar las reaccio- nes y las sensaciones típicas del otro sexo. B. Malestar persistente con el propio sexo o sentimiento de inadecuación con su rol. En los niños la alteración se manifiesta por cualquiera de los siguientes rasgos: en los niños, sentimientos de que el pene o los testículos son horribles o van a desaparecer, de que sería mejor no tener pene o aversión hacia los juegos violentos y rechazo a los ju- guetes, juegos y actividades propios de los niños; en las niñas, rechazo a orinar en po- sición sentada, sentimientos de tener o de presentar en el futuro un pene, de no que- rer poseer pechos ni tener la regla o aver- sión acentuada hacia la ropa femenina. En los adolescentes y en los adultos la alte- ración se manifiesta por síntomas como PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    501 preocupación por eliminarlas característi- cas sexuales primarias y secundarias (por ejemplo, pedir tratamiento hormonal, qui- rúrgico u otros procedimientos para modi- ficar físicamente los rasgos sexuales y de esta manera parecerse al otro sexo) o creer que se ha nacido con el sexo equivocado. C. La alteración no coexiste con una en- fermedad intersexual. D. La alteración provoca malestar clínica- mente significativo o deterioro social, la- boral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Codificar según la edad actual: F64.2 Trastorno de la identidad sexual en niños [302.6] F64.0 Trastorno de la identidad sexual en adolescentes o adultos [302.85] Codificar si (para individuos sexualmente maduros): Con atracción sexual por los varones Con atracción sexual por las mujeres Con atracción sexual por ambos sexos Sin atracción sexual por ninguno F64.9 Trastorno de la identidad sexual no especificado [302.6] Esta categoría se incluye para codificar los trastornos de la identidad sexual que no se clasifican como un trastorno de la identidad sexual específico. Los ejemplos incluyen: 1. Enfermedades intersexuales (por ejem- plo, síndrome de insensibilidad a los andró- genos o hiperplasia suprarrenal congénita) y disforia sexual acompañante. 2. Comportamiento transvestista transito- rio relacionado con el estrés. 3. Preocupación persistente por la castra- ción o la penectomía, sin deseo de adquirir las características sexuales del otro sexo. Z55.8 Problema académico [V62.3] Esta categoría puede usarse cuando el obje- to de atención clínica es un problema acadé- mico que no se debe a un trastorno mental o que, si se debe a un trastorno mental, es lo bastante grave como para merecer atención clínica independiente. Un ejemplo es la existencia de un patrón gradual de fracaso o la presencia de pocos logros significativos en una persona con una capacidad intelec- tual adecuada en ausencia de un trastorno del aprendizaje o de la comunicación o cualquier otro trastorno mental que pudie- ra explicar el problema. Criterios para el diagnóstico de F43.1 Trastorno por estrés postraumático [309.81] A. La persona ha estado expuesta a un acon- tecimiento traumático en el que han existido. (1) y (2): (1) La persona ha experimentado, presen- ciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muer- tes o amenazas para su integridad física o la de los demás. (2) La persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Nota: En los niños estas respuestas pue- den expresarse en comportamientos de- sestructurados o agitados B. El acontecimiento traumático es reex- perimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas: (1) Recuerdos del acontecimiento recu- rrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensa- mientos o percepciones. Trastornos propiamente dichos
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    502 Nota: En losniños pequeños esto puede ex- presarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma. (2) Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: En los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible. (3) El individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de es- tar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al des- pertarse o al intoxicarse). Nota: Los niños pequeños pueden reesceni- ficar el acontecimiento traumático específico (4) Malestar psicológico intenso al expo- nerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático. (5) Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbo- lizan o recuerdan un aspecto del aconteci- miento traumático. C. Evitación persistente de estímulos aso- ciados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas: (1) Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el su- ceso traumático. (2) Esfuerzos para evitar actividades, luga- res o personas que motivan recuerdos del trauma. (3) Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma. (4) Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas. (5) Sensación de desapego o enajenación frente a los demás. (6) Restricción de la vida afectiva (por ejemplo, incapacidad para tener senti- mientos de amor). (7) Sensación de un futuro desolador (por ejemplo, no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definiti- va, llevar una vida normal). D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (arousal) (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas: (1) Dificultades para conciliar o mantener el sueño. (2) Irritabilidad o ataques de ira. (3) Dificultades para concentrarse. (4) Hipervigilancia. (5) Respuestas exageradas de sobresalto. E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de1 mes. F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, la- boral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Especificar si: Agudo: si los síntomas duran menos de tres meses Crónico: si los síntomas duran tres meses o más Especificar si: De inicio demorado: entre el aconteci- miento traumático y el inicio de los sínto- mas han pasado como mínimo seis meses. ■ PAC PSIQUIATRÍA-4 ■ Libro 8
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    503 ADOLESCENCIA: LÍMITES ENTRELA NORMALIDAD Y LA ANORMALIDAD 1. Gómez de Silva G. Breve diccionario eti- mológico de la lengua española, Colegio de México y Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 2001. 2. Corominas J. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, GREDOS, 3a edición, 1973, (10a reimpresión), Madrid, 2000. 3. Real Academia de la Lengua Española. Diccionario 2001 [en red], disponible en: http://www.rae.es/ 4. Frazer JG. La rama dorada magia y religión, Fondo de Cultura Económica, segunda edi- ción, decimotercera reimpresión, México, D.F., 1951. 5. Duby G, Barthélemy D, De la Roncière CH. Cuadros. La vida privada de los notables toscanos en el umbral del renacimiento. En: Aries P, Duby G. Historia de la vida privada, tomo 2. De la Europa feudal al Renacimiento, Taurusminor, España, 2001. 6. López G, Isaías M. La encrucijada de la ado- lescencia I. Psicología de la adolescencia nor- mal. Hispánicas, 2ª. Edición, México, D.F., 1990. 7. Kaplan H, Sadock B. Sinopsis de psiquia- tría, ciencias de la conducta, psiquiatría clínica. Editorial médica panamericana, (Williams and Wilkins) 8a Edición, España, 2000. 8. Macías-Valadéz TG. Ser adolescente. Editorial Trillas, México, D.F., 2000. 9. Blos Peter, Mortiz Joaquín. Psicoanálisis de la adolescencia. México, D.F., 1971. 10. Offer D, Boxer AM. Normal adolescent devel- opment: Empirical research findings. En: Lewis, Melvin. Child and adolescent psychia- try a comprehensive textbook, Cap. 21, Williams and Wilkins, 1991, USA. 11. Sauceda García JM. Normalidad y psicopa- tología en la adolescencia. Revista Mexicana de Pediatría 1994;61:153-7. 12. Marans S, Cohen D. Child psychoanalitic theories of development. En: Lewis, Melvin, ed. Child and adolescent psychiatry. A com- prehensive textbook. Lippincott Williams and Wilkins, 3rd Ed. Philadelphia, USA, 2002. 13. King RA. Adolescence. En: Lewis, Melvin, ed. Child and adolescent psychiatry. A com- prehensive textbook. Lippincott Williams and Wilkins. 3rd ed. 2002. Philadelphia, USA. 14. Creswell C, Christie D. Boylan James. Ill or adolescent? Developing group work on an ado- lescent medicine unit. Clinical Child Psychology and Psychiatry, England 2001; 6:351-62. 15. Aberasturi A, Knobel M. La adolescencia nor- mal: un enfoque psicoanalítico. Paidós edu- cador, 1ª. Edición, 2ª. Reimpresión, México, D.F., 1988. 16. Holmbeck GN. A Developmental perspective on adolescent health and illness: An introduc- tion to the special issues. Journal of Pediatric Psychology 2002;27:409-15. 17. Graham P. Child psychiatry a developmental approach. Oxford University Press, 3rd ed. Nueva York, 1999. 18. Young J, Gerald y Ferrari P. Designing mental health services and systems for children and adolescents. A shrewd investment, the book series of the International Association for Child and Adolescent Psychiatry and Allied Professions, 1998. 19. Rutter M. Development and psychopatholo- gy. En: Rutter Michael, Taylor Eric, ed. Child and adolescent psychiatry. Blackwell Science Ltd., 4th ed. Oxford. 2002, UK., 309-324. 20. Steinberg L. Clinical adolescent psychology: What is, and what it needs to be. Journal of Consulting and Clinical Psychology; 2002; 70/1:124-8. 21. González-Forteza C, Villatoro J, Pick S, Collado MA. El estrés psicosocial y su relación con las respuestas de enfrentamiento y el malestar emocional en una muestra representa- tiva de adolescentes del sur de la Ciudad de México: Análisis según su nivel socioeconómi- co. Salud Mental 1998;21:37-45. 22. Aguirre R, Güell P. Hacerse hombres. La con- strucción de la masculinidad en los adoles- centes y sus riesgos (síntesis de estudios cuali- tativos sobre salud sexual y reproductiva de adolescentes y jóvenes varones en países selec- cionados de América Latina). División de Promoción y Protección de la Salud, Programa de Salud de la Familia y Población, Unidad de Desarrollo de Adolescentes y Jóvenes, Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud, 2002. [En red] disponible en: http://www.paho.org. 23. Asociación Psiquiátrica Americana. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos men- tales. (DSM-IV). 4a ed., Masson, S.A., México D.F., 1995. 24. Asociación Psiquiátrica Americana. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos men- Referencias
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    1. Verdadero 2. Falso 3.Falso 4. b 5. a 6. d 7. a 8. d 9. c 10. e 11. d 12. d 13. d 14. a 507 INICIAL RESPUESTAS A LA AUTOEVALUACIÓN