La OMS propuso criterios iniciales para el diagnóstico del síndrome metabólico en 1998 que incluían intolerancia a la glucosa, hipertensión, triglicéridos elevados, colesterol HDL bajo y obesidad abdominal como parámetros principales. La Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos amplió los criterios en 2001 para incluir resistencia a la insulina, acantosis nigricans y otros factores de riesgo cardiovascular.