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OPOSICIÓN AL SISTEMA. EL NACIMIENTO DE LOS NACIONALISMOS PERIFÉRICOS
Tras el fallido intento de instaurar un régimen democ...
3. EL MOVIMIENTO OBRERO
Mientras el republicanismo ejerció una oposición exclusivamente política al régimen
de la Restaura...
4. MOVIMIENTOS NACIONALISTAS
A la oposición al sistema se sumaron en algunas regiones los movimientos
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político conservador, centrado en la lucha contra el corrupto e ineficaz sistema de
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14. oposición a la restauración

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14. oposición a la restauración

  1. 1. OPOSICIÓN AL SISTEMA. EL NACIMIENTO DE LOS NACIONALISMOS PERIFÉRICOS Tras el fallido intento de instaurar un régimen democrático durante el Sexenio, en 1874 se restauró la monarquía borbónica y España volvió al liberalismo moderado. El nuevo sistema ideado por Cánovas del Castillo, se basó en la alternancia en el poder de dos grandes partidos, el conservador y el liberal. La Restauración abarca los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII, durante los cuales se consolidó el régimen constitucional, pero a pesar del establecimiento del sufragio universal masculino en 1890, el régimen nunca llegó a ser plenamente democrático. Estuvo dominado por una burguesía oligárquica que utilizó el caciquismo como forma de controlar el poder. Con el paso del tiempo, los dos partidos se fueron descomponiendo. Durante esta etapa, las fuerzas que se oponían a los principios de la Restauración: republicanos, carlistas, organizaciones obreras y los crecientes movimientos nacionalistas quedaron relegados a la oposición y nunca consiguieron obtener un número suficiente de diputados, por lo que quedan excluidos del sistema. 1. REPUBLICANOS Después del fracaso de la experiencia republicana durante el Sexenio, los republicanos tuvieron que hacer frente a la represión de los gobiernos monárquicos, y además de hallaban fuertemente divididos. La postura más moderada la representa Emilio Castelar, que creó el Partido Republicano Posibilista, mientras que los más radicales, presididos por Ruiz Zorrilla, formaron el Partido Republicano Progresista, que no descartaba las prácticas insurreccionales. Esto provocó la salida de Salmerón de este partido y la creación del Partido Republicano Centrista. Por último, el partido republicanismo con más seguidores fue el Partido Republicano Federal cuyo líder seguía siendo Pi y Margall. El sufragio universal masculino comportó una cierta revitalización del republicanismo y estimuló la formación de alianzas electorales. A pesar de que las alianzas permitieron aumentar los escaños parlamentarios, el republicanismo perdió parte de sus antiguas bases sociales y tuvo que luchar por los votos populares en competencia con el nuevo obrerismo representado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). 2. CARLISTAS La derrota carlista en 1876 supuso la expulsión de España del pretendiente don Carlos de Borbón y el carlismo entró en una grave crisis, después de que destacados miembros de sus filas reconocieran a Alfonso XII. Además, la Constitución de 1876 descartaba de la sucesión al trono a toda la rama carlista de los Borbones. La dirección del carlismo tardó algún tiempo en readaptar su actividad para convertirse en un nuevo partido político capaz de tomar parte en las contiendas electorales. Los carlistas mantuvieron su fuerza en Navarra, el País Vasco y Cataluña, pero su influencia era escasa en el resto del territorio español. La renovación del partido corrió a cargo de Juan Vázquez de Mella, quien en 1886 propuso un programa adaptado a la nueva situación política. La propuesta carlista renovada mantenía la vigencia de antiguos principios como la unidad católica, el fuerismo y la oposición a la democracia, pero ya no se manifestaba a favor del Antiguo Régimen y aceptaba el nuevo orden liberal-capitalista. Sin embargo, en el seno del partido tomó fuerza la disputa religiosa y apareció el Partido Católico Nacional, que dejó de reconocer como rey a don Carlos y se convirtió en un partido católico integrista. El Partido Carlista continuó manteniendo las jerarquías militares y fundó una milicia, el Requeté, que adquirió importancia en la década de 1930.
  2. 2. 3. EL MOVIMIENTO OBRERO Mientras el republicanismo ejerció una oposición exclusivamente política al régimen de la Restauración, el movimiento obrero -entendido como la actividad política y social de los obreros y campesinos para mejorar su situación y defender sus derechos- se opuso frontalmente a todo el sistema. El movimiento obrero en España adquirió madurez y extensión organizativa a partir del Sexenio Democrático. Las dos corrientes de la Internacional, marxismo y anarquismo, encontraron eco en España; pero fue sobre todo la anarquista, por medio de la visita que Giuseppe Fanelli, discípulo de Bakunin, realizó a España, la que adquirió mayor difusión. Creó en Madrid y Barcelona la sección española de la AIT (Federación Regional Española), en 1870. La corriente marxista se aglutinó en torno a un núcleo madrileño que entró en contacto con Paul Lafargue, yerno de Marx, en 1871. A los pocos días del golpe de Estado del general Pavía un decreto disolvía las asociaciones dependientes de la Asociación Internacional de Trabajadores y las obligaba a entrar en la clandestinidad. Esta situación se mantuvo en los inicios de la Restauración, hasta que la llegada de los liberales al gobierno en 1881 permitió la legalización de las organizaciones obreras. 3.1 Los anarquistas En 1881 el anarquismo recuperó la legalidad, creándose la Federación de Trabajadores de la Región Española a la que se incorporaron un gran número de nuevos afiliados. Su mayor implantación se dio en Andalucía y Cataluña. Los desacuerdos dentro de la organización y la constante represión a que eran sometidos favorecieron que una parte del anarquismo optara por el uso de la violencia para atentar contra los pilares del capitalismo: atentados contra Cánovas y Martínez Campos, bombas en el Liceo de Barcelona o durante la procesión del Corpus. Este sector violento fue acusado de estas detrás de la Mano Negra, organización que actuó de forma muy violenta en Andalucía. La represión contra el movimiento anarquista tuvo su momento clave en los procesos de Montjuic, en los que se condenó a muerte a cinco anarquistas. Otro sector dentro del anarquismo se mostraba contrario a la violencia y optaron por formar organizaciones sindicales como la CNT fundada en 1910. 3.2 El socialismo La otra tendencia del movimiento obrero, la socialista, se limitaba en 1874 a unos reducidos núcleos de seguidores de las ideas de Marx entre los que se hallaba Pablo Iglesias que, el 2 de mayo de 1879 fundó el Partido Socialista Obrero Español y creó una comisión encargada de redactar el programa. En su ideario destacan los objetivos marxistas: la conquista del poder político por la clase trabajadora, ya bien sea por la vía electoral (cosa improbable) o bien a través de la revolución obrera. Presentaba también un programa de reformas: derecho de asociación reunión y manifestación, sufragio universal, reducción de la jornada laboral y otras medidas de carácter social. El crecimiento del partido fue lento y se extendió sobre todo por Madrid, el País Vasco y Asturias. La crisis económica de 1887, que trajo consigo cierre de fábricas, incremento del paro, etc., llevó al Partido Socialista a crear un sindicato afín al partido. El resultado fue la fundación en agosto de 1888, en Barcelona, de la Unión General de Trabajadores (UGT).
  3. 3. 4. MOVIMIENTOS NACIONALISTAS A la oposición al sistema se sumaron en algunas regiones los movimientos regionalistas y nacionalistas. La confluencia de los particularismos regionales, el espíritu romántico y el renacimiento cultural que los acompañó permitieron la manifestación espontánea de una diversidad regional o nacional que se hizo especialmente evidente en Cataluña y en el País Vasco, precisamente las regiones con más independencia económica. Los regionalismos periféricos fueron originariamente manifestaciones de las medianas y pequeñas burguesías, más que de las altas, que intentaban recuperar su identidad nacional a través de la defensa de sus históricas peculiaridades forales frente al unificador Estado liberal. Sus objetivos eran en algunos casos, moderados (como la creación de instituciones propias o la consecución de la autonomía administrativa para las regiones), y en otros, más radicales (lograr la independencia de sus territorios, a los que consideraban auténticas naciones). Entre ellos destacaron el nacionalismo catalán y el vasco y, en menor medida, el gallego, el valenciano, el aragonés y el andaluz. 4.1 El nacionalismo catalán La región pionera en desarrollar un movimiento regionalista fue Cataluña, que a lo largo de su historia había sido una entidad política con lengua, leyes y gobierno propio hasta que fueron suprimidos por los Decretos de Nueva Planta en el siglo XVIII. Además, a lo largo del siglo XIX, había tenido lugar un crecimiento económico superior al de cualquier otra región española. La industrialización había hecho de Barcelona y su entorno la primera zona industrial de España y había propiciado el nacimiento de una influyente burguesía de empresarios industriales. Este nuevo grupo social sentía que sus intereses económicos estaban poco representados en los diferentes gobiernos e hizo de la defensa del proteccionismo un elemento aglutinador. El desarrollo socioeconómico de Cataluña coincidió con un notable renacimiento de la cultura catalana y una expansión del uso de su lengua vernácula, el catalán. En este contexto, y a mediados del siglo XIX, nació un movimiento cultural y literario, conocido como la Renaixença cuyo objetivo era la recuperación de la lengua y de las señas de identidad catalanas. De este modo, el catalanismo surgió de la conjunción del progreso económico y el renacimiento cultural. Los primeros movimientos prenacionalistas de carácter político los encontramos en el carlismo y su pretensión de recuperar los fueros, y en el federalismo, de la mano de Pi i Margall. Los dos movimientos, por la situación del momento, fracasaron. Las primeras formulaciones catalanistas con un contenido político vinieron de la mano de Valentí Almirall, un republicano federal decepcionado, que fundó el Centre Català (1882), organización de carácter progresista que pretendía sensibilizar la opinión pública catalana para conseguir la autonomía y que en 1885 impulsó la redacción de un Memorial de Agravios que denunciaba la opresión de Cataluña y reclamaba la armonía entre los intereses y las aspiraciones de las diferentes regiones españolas. Almirall en su obra “Lo catalanisme” defendía la necesidad de respetar y fomentar la "manera de ser y las costumbres tradicionales" de las comarcas forales y reivindicaba las divisiones "naturales" frente a las provincias "artificiales" surgidas del unitarismo liberal. La versión conservadora del catalanismo llegó con la creación de la Unió Catalanista (1891). Su programa quedó fijado en las Bases de Manresa en 1892, que proponía un régimen de autogobierno para Cataluña y un reparto de funciones entre el poder estatal central y el poder regional autónomo. El regionalismo pasó entonces en convertirse en verdadero nacionalismo. La Unió Catalanista, con esta propuesta, intentó unificar todas las tendencias en torno a la burguesía nacionalista, ilustrada y conservadora. En 1901 se crea en 1901 un nuevo partido, la Lliga Regionalista, que contó entre sus principales líderes a Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó. La Lliga presentaba un programa
  4. 4. político conservador, centrado en la lucha contra el corrupto e ineficaz sistema de Restauración y a favor de un reformismo político que otorgase la autonomía a Cataluña. El nuevo partido recogía el interés de la burguesía catalana por tener su propia representación política, para participar en las instituciones y defender los intereses del catalanismo. Sus éxitos electorales en Barcelona a partir de 1901 la convirtieron en la fuerza mayoritaria en Cataluña hasta 1923. 4.2 El nacionalismo vasco. El nacionalismo vasco surgió en la década de 1890. En sus orígenes hay que considerar la reacción ante la pérdida de una parte sustancial de los fueros tras la derrota del carlismo; pero también el desarrollo de una corriente cultural en defensa de la lengua vasca, el euskera, mezclada con un importante componente religioso y de defensa de las tradiciones. Su gran impulsor fue Sabino Arana, que sentía una gran pasión por la cultura autóctona de Euskalerría. Arana creyó ver un gran peligro para la subsistencia de la cultura vasca en la llegada de inmigrantes procedentes de otras regiones de España a la zona industrial de Bilbao. Pensaba que esta población de maketos (inmigrantes no vascos), ponía en peligro el euskera, las tradiciones y la etnia vasca. Las propuestas de Arana fueron acogidas sobre todo entre la pequeña burguesía, y en 1895, se creó en Bilbao el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Arana popularizó un nombre para su patria, Euzkadi, y también diseñó la ikurriña o bandera nacional vasca. Estas ideas se identificaban con una línea de pensamiento católica y antiliberal que se resumía en el lema “Dios y ley antigua”. A partir de 1898, el nacionalismo vasco osciló entre el independentismo radical y la integración del País Vasco como entidad autónoma dentro de España. Pero el partido no fue capaz de conseguir nada mientras se mantuvo en la órbita de los primeros seguidores de Arana -la pequeña burguesía bilbaína tradicionalista-, por lo que se vio obligado a ampliar sus bases hacia una burguesía más moderna e industrial. El progreso electoral del PNV fue constante en las primeras décadas del siglo XX. Su principal rival en la defensa de la identidad vasca fue el carlismo. 4.3 Otros movimientos nacionalistas. Además de estos dos grandes movimientos nacionalistas, catalán y vasco, surgieron en esta etapa otros movimientos de carácter regionalista y nacionalista en otras regiones de España donde no alcanzaron tanta implantación como los anteriores. Entre estos nacionalismos destaca el galleguismo, que tuvo un carácter estrictamente cultural hasta bien entrado el siglo XX. El galleguismo dio lugar al nacimiento de la corriente llamada Rexurdimiento, que aspiraban a recuperar el gallego como lengua culta. La figura literaria de mayor influencia fue la poesía de Rosalía de Castro. Unas minorías cultas, empezaron a responsabilizar del atraso económico a la subordinación política de Galicia, que forzaba a muchos gallegos a la emigración. En la última etapa de la Restauración, el galleguismo fue adquiriendo un carácter más político, pero este movimiento se mantuvo muy minoritario a pesar del prestigio de algunos de sus componentes. Otro fue el movimiento valencianista, que nació como una corriente cultural de reivindicación de la lengua y la cultura propias. El nacimiento del valencianismo político hay que situarlo a principios del s. XX, con la creación de la organización Valencia Nova (1904) que reclamaba la autonomía. El aragonesismo, surgió en la segunda mitad del siglo XX, en el seno de una incipiente burguesía que impulso la defensa del Derecho Civil aragonés, la reivindicación de valores culturales particularistas y la recuperación romántica de los orígenes del reino y de sus instituciones medievales. El creador del andalucismo fue el notario Blas Infante que fue heredero de los movimientos republicanos y federalistas del s. XIX. Esta iniciativa logro escaso respaldo popular.
  5. 5. El auge de todos estos movimientos políticos, que constituyen la oposición a la Restauración, contribuyó a la crisis del sistema. A pesar de que en la última década del siglo se mantuvo el turno pacífico de partidos, estos fueron sufriendo un deterioro por su excesiva dependencia de la personalidad de sus líderes y por su incapacidad para ampliar sus bases y permitir la entrada de nuevas fuerzas como el movimiento obrero y el republicanismo. Además, la manipulación electoral y las prácticas fraudulentas, llevaron al desencanto de una buena parte de la población, lo que se concretó en un elevado abstencionismo electoral. La crisis del sistema se agudizó con la pérdida de las últimas colonias (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), en el llamado “desastre del 98”. Como reacción a esta situación de crisis y decadencia, surge el regeneracionismo, que defendía la necesidad de reformas para modernizar y regenerar el país.

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